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SOLIDARIDAD

PIRMIs

Por YASHUAbcn - 12 de Noviembre, 2008, 15:34, Categoría: SOLIDARIDAD

PIRMIs: Beca para los más pobres

 

Pîrmi es una sigla que se ha substantivizado y ha despegado con vuelo propio como fonema que describe a aquellos  marginados que viven del Sistema. Su sonoridad encierra una pomposa proclama:programa de reinserción de renta mínima. El estado (las comunidades autónomas) asume la financiación temporal de la existencia de sus ciudadanos sin recursos a cambio de que se reinserten social y productivamente y se puedan independizar de tal ayuda. La sociedad del bienestar exige antes que nada una solidaridad interna con los más necesitados. El estado paga unos mínimos para que la gente no tenga que limosnear o robar. A cambio  esa bolsa de subsidiados  deben reciclarse, formarse y hacer gestiones de búsqueda de trabajo. En la práctica lo que es una medida transitoria se tiende a permanentizar, habiendo concesiones de pirmis de varios años de duración sin que haya cambios en el panorama  laboral de los atendidos. Claro que alguna vez, de cuando en cuando puedan hacer algunos trabajos en negro o incluso un contrato de breve duración que se hará incompatible con la  paga institucional..Puesto que la paga del pirmi es diminuta (menos de 50mil pts/300 euros)si alguien tiene unas fuente de ingresos en paralelo;no la declarará, convirtiendo aquella paga no en un programa de reinserción sino en una beca complementaria para llegar a finales de mes. El departament de Benestar Social o el que se tercie según las comunidades querrá creer que  a mayor presión a los subsidiados mayores resultados obtendrán por lo que hace a su enteléquica reinserción. Al mismo tiempo no presenta estadísticas de progreso de una reinserción creciente.todo lo contrario la bolsa de los necesitados no para de crecer. Paradójicamente para controlarlos ha de pagar a otros filofuncionarios o empresas intermedias de cursos que acaban llevándose una cantidad de dinero que tendría mejor reciclaje en incrementar las becas y dignificar a los becados, pues a fin de cuentas eso son los pirmis:becados por su pobreza.

La cita con el Vampiro

Por Jesus Ricart - 16 de Noviembre, 2007, 22:21, Categoría: SOLIDARIDAD

8 am. Sala de extracciones en el Cap de las Fontestas. Silencio absoluto. Deben estar concentradas una cincuentena de personas. Todas en ayuno. Silencio sepulcral únicamente roto por la voz afelpada de la auxiliar o enfermera llamando grupos de nombres. Los nombrados van pasando en capilla, ese par de minutos previos a pasar por el box donde una experta en agujas clavará una en  el pliegue del brazo. Los que esperan pueden ver como los pinchados van saliendo con el brazo descubierto y apretando el algodón fuertemente no sea que un torrente de sangre ponga a perder el suelo. Los más exagerados, gente mayor, salen haciendo muecas de disgusto, alguno se queda a media palabra de protesta tal vez porque su vena se la buscaron el lado del hueso. A mi turno le pregunto a la profesional que tal le va en su trabajo, no sé porque lo hago, una especie de resorte interior me lleva a hablar. La veo con la cara contrita, la piel apergaminada y más seca que una baguette puesta al sol durante una semana. Inconscientemente pienso que si le digo algo la aliviará y en lugar de atravesarme con el pincho me tratará con inmaculada maestría. He exagerado, apenas noto la clavada aunque advierto que la aguja no es precisamente de las más finas, como las de insulina, observo que mi sangre sale lentamente y llena primero un tubo y después otro, es negra y me identifico con ella. Mi sangre es yo. Se quedará en la bandeja para llevarla al laboratorio. Por un rato me siento confortable en un sillón reclinable de eskay, la mujer interrumpe toda posible especulación sobre quedarme a reposar un rato, Le doy también un tubo con la primera orina mañanera. Solo había tapón para un solo tubo, le informo; sí, a veces vienen con un solo tapón pero los del laboratorio ya se apañarán con ésta. Salgo al exterior. El resto del grupo que va detrás de mi número sigue expectante. Nadie habla. A nadie le ha dado tiempo de empezar una conversación. Todos son desconocidos en una sala de náufragos. Me  pregunto si el personal en espera en no importa que sala del mundo éste hace lo mismo. Los náufragos reales en una catástrofe real  tampoco hablan, la ansiedad les puede y en todo caso producen gritos de horror. Aquí no hay para tanto solo  es una copichuela de sangre. Si Nosferatu fuera nuestro invitado se quedaría descontento. No entiendo porque la gente no habla. Hablar ayuda a relajar la tensión. Vivimos en el tiempo de la apología de la risoterapia y de otras modernísimas técnicas de expansión personal y en cambio en los actos cotidianos la gente ha dejado de hablar. Hay mucho de lo que hablar. Cualquier congregación humana debería ser un pretexto para la asamblea. Seguro que todo el mundo tenia cosas qué decir acerca del mismo centro sanitario, de la sanidad en general, del trato de los profesionales, de la tardanza en los análisis (el mío que pide extras: análisis de próstata y vih y hepatitis A, necesitan quince días) tanta que uno puede palmarla entre tanto y de esa forma industriosa con que funciona la medicina oficial.

El ciudadano-tipo suele obedecer a su médico. Generalmente su historial es un conjunto de pruebas pedidas pro este y un sumario de informes. Raramente hay esfuerzos por introducir hábitos distintos de vida. Por ejemplo el mundo hospitalario vive de espaldas a las empresas alimentarias y al revés. La mayoría de enfermedades se cuecen en las cocinas. La salud comunitaria es también una cuestión política. Sale del cerco de los intereses individuales para comprometernos a todos.  No estaría de más cursos abiertos de salud comunitaria que corrigieran hábitos ciudadanos. Desde alternativas a los guisos cárnicos (el consumo de la carme, es decir la industria que lo prepara, tiene la responsabilidad de un alto porcentaje en la emisión del CO2 a la atmosfera, según se puede consultar en Cuerpo y Mente)  por el lado vegetariano a reeducación en los hábitos de trabajo y lúdicos, algo de los que el poder civil se podría ocupar. En las OMIC, oficinas municipales de información al consumidor, también se podría incluir la información sobre efectos nefastos de determinadas prácticas curativas como consumos excesivos y descolocados de fármacos. Volviendo a nuestro relato, se puede prescindir de un poco de sangre. En realidad todos deberíamos ser donantes regulares para su renovación y articularlo desde los centros sanitarios, con el análisis periódico incluido como recompensa, La idea social dominante  de no compartir nada hace que mucha gente padezca más de sus dolencias por niveles insuficientes en los hemobancos. Continuará.

La Madre violenta.

Por YASHUAbcn - 3 de Noviembre, 2007, 10:55, Categoría: SOLIDARIDAD

Una mamá  joven, nacida después de los años 70, al salir de un establecimiento comercial da un golpe impresionante al culo de su crío de no más de 5 años, que a mí, al pasar y verlo me duele y me llena de perplejidad. Le digo “señora esto no es legal”. La mujer ni me mira ni me contesta como si la cosa no fuera con ella, aunque luego  oigo que se lo comenta con otra mujer que la acompaña también llevando a un crío de la edad del otro. Por su parte mi acompañante me dice ·” ¿pero que te pasa?” cuestionando la conveniencia de mi comentario. ¿Hasta donde podemos intervenir ante terceros y sus cuitas públicas? Le pregunto. Debemos esperar a que la violencia sea de un determinado tono para decir algo. ¿Tiene que llegar la sangre al río para darnos cuenta que mana? Si no consentimos que un hombre abofetee a su mujer en la vía pública u otras expresiones de la violencia ¿porqué consentirlo de una madre contra su hijo? ¿Es que el niño con su edad hizo algo tan terrible que merecía ese tremendo golpe o fue la madre que desbordada por el nerviosismo fue incapaz de reconducir alguna  situación incómoda?

Autostopista desagradecido.

Por Jordi Sar Dyola - 3 de Noviembre, 2007, 10:47, Categoría: SOLIDARIDAD

En una carretera local catalana bajando de Andorra al Vallès vemos una figura de hombre que parece que hace autostop o pide ayuda. No es una figura habitual el autostop es  una práctica caduca. Su gesto no es seguro ni es el del puño cerrado con el pulgar extendido. Paramos, porque por principio solemos parar a los autostopistas o nos detenemos a ayudar a alguien si está en apuros.  Se dirige a Manresa por una ruta inusual. Aceptamos que suba. Desde el primer momento despotrica contra dios y su madre, contra todos, por un momento está a punto de hacerlo también contra los catalanes pero se calla no fuera el caso que nosotros lo seamos. Lleva 16 días en la zona procedente de Algeciras buscando trabajo. Tiene 59 años, todo le sale fatal. Todo el mundo es malo. Lo han engañado con falsas promesas de trabajo. Se dirige a un seminario de curas que le echaron  una mano a pesar de ser anticlerical. Se da por derrotado y ha decidió volver a su casa en Andalucía. Ahí esta su mujer y su hijo de 19 años que tampoco tienen trabajo. Siempre ha sido jornalero y ahora tiene una edad en que no lo aceptan como trabajador. Los moros se llevan todas las plazas disponibles. Es un tipo malcarado y disgustado. No cree en nadie. Todos los políticos son malos, toda la gente es mala. Los Mossos le han dicho que está prohibido hacer autostop y le han dicho que su problema es de él, han pasado varios coches vacíos durante las dos últimas horas sin recogerlo siendo nosotros los primeros en auxiliarle.

Se toma nuestras preguntas interesadas por su caso, no más de tres o 4, como un interrogatorio. Una de ellas nos da la clave del personaje: “yo no me preocupo por nadie, bastante problema tengo con mis problemas”. Nos dice airado sintetizando una larga tradición de individualismo. Cuando llegamos a su cruce después de Igualada lo dejamos en la cuneta de la autovía sin molestarnos a salir hasta la rotonda de arriba y reentrar. El hombre se va diciendo que está harto con la música que llevamos puesta (de un cd de Brahms, sintonizada nada alta) y hablando para sí mismo sin que ya lo oigamos. No dudamos que nos  haya  metido en la lista de gente que no le ha ayudado. Por un momento durante su descarga de malaleche, resentimientos y frustración he pensado en ayudarle dándole alguna información o incluso dinero. Me he precipitado.

El hombre nos ha dejado un saber a su pesar: a partir de ahora antes de subir a alguien más a nuestro vehículo haremos un poquito de sondeo para ver si merece la pena ser ayudado. No es la primera vez que nos hemos encontrado con autoestopistas rarísimos y no solo desagradecidos. En el último verano después de recoger docenas de ellos ya adquirimos el criterio de decir que íbamos a una distancia corta para que en función de cómo fuera la persona llevarla más trecho del asegurado en nuestro sentido de ruta si coincidía con el suyo. El principio de solidaridad como todo lo llevaremos al taller de revisiones y la solidaridad por importante que sea tampoco puede ser tan incondicional si no quieres pasar por ser un tonto ante ti mismo.

Morir por ser Desatendido

Por S.Maraselva - 18 de Mayo, 2006, 8:39, Categoría: SOLIDARIDAD

 

Morir por ser desatendido.

Si de algo nos sirve la democracia, esta democracia, es que al menos nos enteramos de cosas de las que antes se nos impedía toda información. No, no es que nos enteremos de todo. El estado-gran-hermano todavía filtra qué cosas se pueden decir y qué otras no, pero obras trágicas de cuantía menor, por llamarlo de alguna manera, como el hombre de 63 años que acudíó por tres veces al hospital de Alcorcón aquejado de una dolencia en el estómago y que no se le hizo el menor caso muriendo a la tercera por un tumor que era benigno cuya operación preventiva le habría salvado la vida nos hace recapitular sobre la clase de vocación que hay en la sanidad.  Resulta que una enorme cantidad de problemas sociales concretos son el resultado directo de negligencias profesionales continuadas. La inasistencia en caso de necesidad es un delito. Lo es tanto si es con una negativa explícita como ya ha sucedido en otras ocasiones en otros hospitales, como si lo es con una negativa velada, en el caso en cuestión el paciente fue reconducido a un servicio de psiquiatría y devuelto a casa sin ninguna ecografía. Una simple mirada a su estómago le habría salvado la vida y permitido que viviera matemáticamente otros 25 años más. Lo terrible de estos asuntos es que nadie se siente responsable, nadie se siente implicado, nadie es el criminal.

Lo único que nos es dado a los ciudadanos de base es tomar buena nota de las noticias, no olvidar los nombres de donde suceden, recordar en este caso este Hospital. Lo lamentable es que la lista de sospechosos va en aumento. La lista de errores desequilibra la armonía social. El arma de la conciencia es verificar las informaciones y no olvidarlas. Quien olvida los errores cometidos por los demás, por los centros,  por las empresas de servicios, por los hospitales propende a perdonárselos y con eso a volver a recibir el impacto de su flagelo en una siguiente ocasión.  El observatorio de la vida cotidiana se convierte en una epopeya magistral para estar al acecho de todos los actos que nos agreden directa o indirectamente.

 

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