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CALIDADdeVIDA

Expolio y consumo

Por Néstor Estebenz Nogal - 27 de Abril, 2010, 14:59, Categoría: CALIDADdeVIDA

Para la protesta sistemática funcional. Expolio y consumo. El ciudadano moderno accede a la mayoría de edad mental cuando comprende que todo en su existencia lo ha preparado para ser la víctima propiciatoria del expolio continuo. Lo es por partida doble: como empleado asalariado sometido a procesos laborales que lo alienan (en los que es excluido de los planes de empresa) y lo es como consumidor teledirigido para muchos consumos de los que podría prescindir y por los que paga en exceso. A las plusvalías que genera en la primera parte las completa con los pagos excesivos por lo que contrata o compra en la segunda. El sistema está montado de tal forma para la que no tiene, en apariencia, escapatoria. Doblemente burlado y explotado le quedan unos resquicios para creerse que la vida es el mejor de los dones y que la sociedad es la que vive es la menos mala de las conocidas si las compara en siglos pasados en que hubo pestes y cruentas guerras. El lavado de cerebro es tal que se cree que el mundo avanza y que a cada año se resuelven las tragedias del anterior. Su dosis de hipnotización (por no decir idiocia) es tal que va consintiendo con todo lo que le va cayendo encima. Como reo del poder o súbdito de la esclavitud moderna conoce las reglas de la cancha de juego. Puede protestar hasta cierto punto pero a menudo sus hojas de reclamaciones y quejas o protestas callejeras solo van a actuar de catarsis momentánea porque a menudo las propuestas de solución para los problemas le serán bloqueadas. Escribir un texto e insertarlo en la red no deja de ser una forma de catarsis, cuya intelectualización, puede incluso ir en contra del usuario al pretender cambiar el mundo (al menos el comercial) con ello cuando puede inferir a priori que al estado y al sistema de mercado se la sudan protestas genéricas si no van acompañadas de denuncias nominales concretas (las de los malos) que hacen andarlo mal todo. Esos malos ya no son los cacos que esperaban con alevosía y nocturnidad en las esquinas para birlarte la cartera sino personal contratado (asalariados también, mira por dónde, que a su vez son también explotados por las empresas para las que trabajan) que representa la estafa organizativa de la que dan la voz atencional. La tipa que me acaba de atender, perdón desatender, al infofono 902 de Fecsa Endesa para reclamar por un par de asuntos de los que ya deberían tener constancia, uno desde hace 16 meses y otro desde hace 5 simplemente me ha colgado el teléfono. Mi tema la superaba. Cortada la llamada, zanjada la cuestión. Decía ser una una tal Sara, porque esos que atienden tienen la orden de dar el nombre, pero lo hacen limitando a dar el de pila o entre balbuceos inaudibles. (suelo pedir nombre y apellidos del operador que toma el fono para una consulta de servicios de no importa qué compañía se trate, esta vez se me ha pasado y no lo hecho). De tener sus apellidos ahora los estarían mencionando aquí. Es muy distinta la crítica generalizada a una compañía de servicios como la omnipotente de electricicidad a la crítica acompañante a aquellos individuos de su organización por su comportamiento inservicial. ¿Qué pasa con Fecsa Endesa de la que todo el mundo tiene quejas y no solo durante catástrofes y tiende a empeorar sus prestaciones? ¿Es tan complicado cambiar la dirección de envío del correo o tanto venir a revisar el panel de contadores donde el temporizador se quedo estropeado señalando una hora de facturación alta del kilowatio? (problemas ambos uno de nuestro apartamento y otro de nuestra escalera de comunidad). Uno de los derechos legítimos de cada consumidor es protestar por aquello que no cumple lo contratado y esperado. Un simple ticket de compra hace las funciones de contrato en una transacción comercial. Cuando compras algo y solo en tu casa adviertes con su desenvoltorio que no funciona o te han dado gato por liebre entonces toca regresar (una pérdida de tiempo, sí) y cambiarlo o devolverlo pidiendo la devolución del dinero. Ni siquiera esto tan razonable y elemental está siempre regulado. Muchos comerciantes se desentienden del producto una vez sale de sus dependencias o se las ingenian para que la garantía que dicen tener cubra un desperfecto que venía de origen. Puesto que la conciencia social ante el mercado es disminuida la oferta comercial abunda en la estafa tácita. El comercio tiene por una de sus definiciones una forma de robo legalizada. Si bien la diferencia entre una empresa de servicios (que el recurso que vende es a través de líneas o de información o productos de fluido como el agua) y una empresa con la que se tiene un trato puntual para una reparación o comprar un objeto es considerable, ambas tienen el común denominador de un compromiso en aquello que dan para que cumpla con lo que di ce ser. Cuanto más complejo sea un producto más dificultades tienen el usuario en su autonomización para gestionarlo por su cuenta. Después de haber tenido varios ordenadores que fallan, de adquirir otros aparatos eléctricos que se rompen al poco tiempo y compañías abusivas (la de Agua, la de Electricidad, las de telefonía y cobertura internáutica) he llegado a una conclusión terrible: no es una proporción minoritaria la de defectos que hay en el mercado sino una pauta mayoritaria. El mercado –en particular el de la sofisticación- es la organización sistemática de la estafa. Ya no sé si hubo un tiempo en que no era sí o la mayoría de mercaderes no eran así. En la actualidad, en volumen de capital, los negocios más poderosos están basados en el enredo. Como que mercado es la más alta expresión de la sociedad resulta prácticamente imposible vivir en ella sin formar parte de aquél. Todo el mundo prefiere el consumo de la electricidad y del agua corrientes y del gas enviado por tuberías que volver a las antorchas y candiles, al pozo con una polea y cuerda, o al fuego de carbón. La civilización tiene por sinonimia una sofisticación que lleva a una separación importante entre el consumidor y sus puntos de suministro. Eso le invalida para resolver in situ y directamente los problemas con los que se encuentra. La complejidad de los suministros o de las maquinas requieren especialistas. Estos están al amparo de empresas que los diluyen. La responsabilidad -cuando al fin se admiten responsabilidades por crasos errores con consecuencias graves para clientes y usuarios- es de la empresa no la del operario o comercial que actúa en su nombre. Mientras no se pongan nombres y apellidos a los responsables de cada comisión de cada error añadiendo las cuentas del largo collar que nos impide una vida de calidad, la hipótesis de las soluciones será eso: una hipótesis. Cabe lamentar la presencia de cuantiosos empleados que trabajan para compañías de las que están al corriente de sus agravios comerciales pero que las necesidad de sus empleos les lleva a no criticarlos cuando no a reproducirlos y extenderlos. Ese es un detalle más de la profunda división en la que vive la clase trabajadora. A fin de cuentas la lucha contra los grandes empresariados pasa por el enfrentamiento con sus subordinados que son los que les toca dar la cara por aquellos. Mientras las listas de malos no paran de aumentar desde distintos puntos de denuncia vivir bajo el yugo del mercado requiere una atención vigilante continua. Hay que revisar cada pago, cada anomalía en cada objeto contratado, cada desperfecto de algo que se paga por nuevo. Las compañías de suministros son repetidamente denunciadas y criticadas por facturar servicios que no funcionan o por modificaciones unilaterales del contrato. Aiún asi hay resquicios legales o posibilidades enormes para la alegalidad que permiten la perpetuación de los errores un año tras otro. Todo el mundo sabe que con poderosas organizaciones de defensa de la calidad del consumo eso no sucedería. Bastaría algo tan sencillo como preparar una batería de huelgas o boicots de de consumos específicos coordinadas sucesivamente a escala estatal (una para la gasolina, otra parta la electricidad, otra para la cobertura internáutica, otra para el transporte público…) para que los precios se rebajaran y el respeto a los clientes mejorara. Esto siendo enormemente complejo desde el punto de vista organizativo seria mucho más eficaz que las cantinelas periódicas de convocatorias a huelgas nacionales políticas que nunca se siguen y que de hacerlo enviarían al caos a lo poco que funciona. La práctica fraudulenta de servicios de consumos necesarios además de ser protestada colectivamente lo debe ser individualmente. Los departamentos de atención al cliente se han convertida en partes importantes de las imágenes de empresa. No consiguen mejorarla por mucho que al final de cada atención los de Telefónica te pidan que te quedes un rato mas para contestarles a su pregunta de encuesta de imagen (¿el rol de comparas encima? No hace falta puntuarles con cero o una cifra próxima a cero por actuaciones de las que ya son conscientes que no son las correctas. ). No se entiende que la atención al cliente siga haciéndose telefónicamente con números de pago específico por el servicio de estas llamadas. O sea se tiene que pagar para protestar por facturas donde se pagan facturaciones indebidas. ¿Puede haber mayor contrasentido? El caso es que la tecnología comunicativa permite hacer las consultas vía email sin coste especifico por hacerla. Cuando he enviado emails a empresas de servicios generalmente no recuerdo ninguno que haya contestado. Esta es otra característica de los tiempos modernos (Chaplin se quedó corto en la crítica que merecían): la perpetuación de distintas sagas de estados de no respuesta: desde los silencios administrativos que no significan consentimiento a lo pedido a los no acuse de recibo. Los consumidores estamos peleándonos en dos campos: por los errores del sistema y por los lacayos que uno a uno los perpetúan. Marcus Jacobson dijo que la ciencia puede descubrir lo que es cierto pero no lo que es justo bueno y humano. Pues bien, la indagación rigurosa lleva a conclusiones escalofriantes en cuanto a la burla de las formas dominantes de consumos con un enunciado tremendo: las propuestas serviciales sirven en primer lugar al amo de lucro y en muy remoto lugar a complacer las necesidades de la sociedad. Incluso funcionando en el umbral legal de su comercialización en el trato directo con las empresas quedan al descubierto al menudo por su falta de humanidad, su predisposición malévola y su nula justicia.

Los del Top-manta

Por YASHUAbcn - 21 de Enero, 2010, 18:27, Categoría: CALIDADdeVIDA

 A veces, el paseo de la tarde de verano en una avenida marítima o de mediodía de invierno con el sol invitando a darlo coincide con una doble hilera de vendedores de baratillo que extienden sobre telas en el suelo un montón de chucherías que en realidad a nadie sirven pero que hacen de modus vivendi de los vendedores. Senegaleses, en su mayoría, se diría que son la misma sección de los mismos almacenes repetida tantas veces como tantos sean en este momento a la espera de que se les compre algo. Consiguiendo una o dos ventas ya les permite pasar el día. Su ocupación de la via publica para ese menester ha sido y sigue siendo motivo de polémica. Los pequeños comerciantes están en contra de su presencia porque les quitan clientela y además no pagan impuestos. Es cierto, no pagan impuestos y la venta ambulante está prohibida, entre otras razones, por ésta, ya que los ayuntamientos no sacan tajada con sus transacciones. Pero el problema no es éste, tampoco lo es que la clientela se reparta entre las tiendas tradicionales y esos nuevos vendedores supercargados de lo que se lleve en esa temporada, sino la calidad de lo vendido, es decir su falta de calidad, por un lado; y de otro, el hecho de la misma ocupación espacial callejera que condiciona el paseo de los viandantes.

En casos extremos como el de MexicoDF, los del top-manta convierten la calle en su territorio porque es su mercado y entuban el paso de la gente al andar. Por si fuera poco se ponen como asesinos rabiosos si les pisas sus telas o tratas de andar detrás de ellos por la acera.

Al principio, los subsaharianos que extendían sus telas en el suelo vendían artesanía de madera y telas bonitas. Hace ya muchas temporadas que les salen mas a cuenta vender cinturones, relojes y bolsos de mujer, todo de imitación y de muy mala calidad. La ultima ocasión en que me he dejado enredar por su presencia ha sido adquriendo un par de cinturones, supuestamente de cuero, a 5e cada uno. (en el paseo del Marisco de PuertodeSantaMaria). Nada más estrenar uno se cuarteó teniendo sus días contados. Vale, lección aprendida: el gasto lo cambié de capitulo, en lugar de ser una compra de una prenda había sido una donación a alguien que necesita el dinero más que yo.(eso no me quitó la sensación de tonto estafado). Pero si de eso se trata, de ayudar, no me hacia puñetera falta pasar por los roles de una transacción comercial fraudulenta, el del vendedor vendiendo material visualmente maqueado para dar el pego, pero sin, como digo, ninguna calidad, y el comprador, absteniéndose de regatear el precio del producto para darle alas al africano en su periodo de integración a Europa. Se trata de cantidades misérrimas y no merece la pena perder el tiempo en discutir nada. Si alguna vez te encuentras tras una venta de algo que no cumple su funcion, todo lo que puedes decirle al vendedor que no le volverás a comprar nunca más nada. Pero no puedes reclamarle que te devuelva el dinero a diferencia del pequeño comercio al que sí puedes ir a discutirle que te haya colocado un producto falsificado. No hablo de marcas sino de la calidad del mismo producto. Más importante que extender el enfado al vendedor de materiales malos vale la pena aprender la lección para uno mismo y no volver a caer en la misma trampa una siguiente vez.

Personalmente no me afecta que haya gente que se busque la vida vendiendo sus artículos en plena calle pero comprendo parte de las razones del enfado de los comerciantes en esa clase de competencia, también de los diseñadores de marcas que ven como sus productos son copiados. La primera vez que me encontré con Lacostes plagiados en Istambul llevaban un pegote de cocodrilo tan mal hecho que movían a risa. Los imitadores no se han perfeccionado tanto desde entonces. Tampoco quiero valorar la marca sino el producto en sí. No es tan seguro que un producto de marca sea necesariamente bueno, depende de la marca. Y al revés no siempre productos de marcas nuevas o no conocidas no tienen porque ser malos. Vayas al establecimiento que vayas o sea quien sea el vendedor lo interesante es evaluar el objeto que vas adquirir. No se puede decir que lo caro es bueno como tampoco automatizar que lo barato es malo. Algo pagado a bajo precio (como mi cinturón) es supercaro ya que lo he usado menos de una semana y otro a un precio 3 o 4 veces superior no lo es porque durante un montón de años.

Se sabe que para moverse en este mundo hay que salir con escafandra para que sus múltiples contaminantes y practicas de deshonor no te afecten tanto. La curiosidad antropofolclórica nos ha llevado a acoger con cierta conmiseración a quienes extienden sus trastos en la acera, a veces de tal manera que irrumpen el paso peatonal. Si bien es cierto que en alguna época las diferencias de puesto a `puesto llevaban al entretenimiento y a preguntar la repetición de lo mismo es como ver el mismo puesto multiplicado por cien. Los espacios dedicados al asueto, al paseo, a las conversaciones no deberían estar copados por la insistencia comercial (tampoco la de quienes tienen sus tiendas legalizadas y pagan impuestos y sacan sus cacharros en la acera molestando el tránsito) que condiciona el comportamiento del paseante y ademas lo lleva a colisionar con esos otros que con griteríos, insistencias y obstáculos molestan. Esa es una consideración sibarita. Desde el punto de vista mercantil cualquiera que quiera vender cosas de utilidad (eso ya nos llevaría a otra gran discusión para dirimir cuales son) para ganarse la vida debería optar a un espacio o una nave donde hacerlo. A los órganos de administración local les cuesta todavía articular las propuestas que faciliten el trueque, el intercambio y el reciclaje pero en todos los municipios hay un espacio u otro que se podria habilitar para eso, al ,mismo estilo que se habilitan los mercado semanales para la venta ambulante. Para los que llegan al país y no tienen trabajo y quieren empezar con la venta no es la mejor opción apuntarse a la rueda de ese comercio fraudulento que copia artículos pero no sus calidades. Existen alternativas para integrar toda esa fuerza de trabajo parasitaria que esperan a que se les compre algo sabiendo lo malo que es aquello que venden pero que el sistema en su forma ácrata de desarrollo no acepta impulsar.

Salir a Pasear

Por YASHUAbcn - 10 de Agosto, 2009, 23:17, Categoría: CALIDADdeVIDA

Salir a Pasear. La calle peatonal y sus obstáculos. 

Hoy dia pasear casi se ha convertido en una gymkhama para sortear obstáculos. Explórese cualquier ciudad turística de la costa brava y otras costas. El espacio de acera en calles peatonales ocupado por tiendas y tienduchas es considerable. Es un epifenómeno del comercialismo de nuestros tiempos. Nadie se queja, si hay alguna queja la he avistado  por la zona de Calafell en tienderos que protestan ante la perspectiva de volver con sus bártulos de puertas para adentro.

El tendero arrinconado en su boutique esperando que le entrara clientela quiso despertar los estímulos  de ésta primero sacando una cartelera, después un colgador de pañuelos, luego un expositor de zapatería, finalmente sacándolo casi todo. El despliegue de la mercancía en la calle es tal que se diría que sus clientes están más motivados por lo que se encuentran de cara en esta calle que no por lo que hay dentro. Esa conquista de la acera le supuso al comerciante  tener que poner ojos en el exterior o contratar un vigilante de más para que la clientela, a la postre, mangante si la ocasión se lo permite, no le redujera la mercancía sin aumentarle los beneficios. Una parte importante de ésta viene amarrada para que los manos largas no se la lleven sin pasar por caja (por cierto hay que decir que lo que está en la calle es de los que callejean. Legal y estrictamente coger algo de un expositor o que está en el suelo de la acera no es entrar a robar un establecimiento sino reciclar algo que uno se encuentra o choca con sus pies). Prosigamos. El paseante que ya se había habituado a pasear por medio de las terrazas de bares y restaurantes ocupando la vía pública en noches de verano, luego tuvo que aprender a zigzaguear en medio de los comercios que no cierran hasta altas horas.

Salir a pasear por aéreas peatonales se ha con vertido en una antigua evocación del significado pasear. Si bien caminar es posible, siempre con la mirada distraída por la cantidad de estímulos (esa forma de mirar sin ver), hacerlo ya forma parte de las curiosidades modernas del ocio. Los paseantes legítimos  han quedado reducidos a otras variedades de viandantes más enérgicos: acompañantes de perros (por cierto el perro acompañando al amo es una combinación obsoleta ahora es el amo el que acompaña al perro), marchadores atléticos, senderistas en prácticas recuperando senderos e bosques transitables…

Volvamos a los paseos estándar en las ciudades costeras. Después de un día en las playas-tostadero,  por la noche apetece salir para tomar el fresco, verse con otras caras, refrescarse por dentro  y por fuera, sentarse en alguna parte y pasar a hacer de extra del panorama general. Para conseguir un poco de tranquilidad lo mejor es volver a la playa que a esa hora no hay gente salvo los que no tienen habitación y tienen urgencia de kikis o de vivacs. Los paseos marítimos son  la alternativa a la densidad de los dédalos de calles enjutos y atiborrados. Se pueden alcanzar después de sortear un buen número de obstáculos. Una de las curiosidades callejeras es ese hábito del personal que tiene en bloquear acercas cuando un grupo decide montar una asamblea de campaña (técnicamente asamblea de acera) y se dedica a la dale que te pego, a la sin huesos, sin observar que está bloqueando el paso a otros viandantes. Invariablemente cuando les dices ¡excuse-me! (una especie de palabra abracadabra y la única útil que te ha quedado de dos clases de inglés mal aprendidas) el glomérulo humano se deshace y te deja pasar.  Pata quien es enano, bajito, viaja en silla de ruedas o triciclo eléctrico continuamente tiene que estar abriéndose paso entre estas barreras humanas que no se enteran. La calle está para ocuparla, cierto, y la densidad humana existe porque hay una necesidad intrínseca del sujeto a compartir el espacio con los demás. Reconozcámoslo: la proximidad le apetece, aunque sus psico-corazas y los miedos le mantengan "a salvo" de relaciones más comunicativas. De todas las paradojas de la cruzada humana en el planeta tierra una de las más curiosas es ese llamado de la jungla de gente llamando a gente para juntarse y masificarse, no para construir grandes hazañas o retomar los congresos de la palabra. La hipótesis de la comunicación sigue siendo fundamentalmente eso: una hipótesis.

En la escena de un telefilme en que el espectador sabia que el chico de la siguiente anécdota que voy a contar era el malo, propone a un grupo de chicas de la mesa de al lado si las puede invitar. Una de ellas, sin mediar palabra, se acerca a él le coge el batido o lo que sea que esté tomando y se lo echa en los pantalones con la risotada de las demás. Vale sabemos que el injuriado es un psicópata y en principio quiere seducir a chicas para freírlas en una sartén, pero ellas no son telépatas para saber esto. Su respuesta no es elusiva o de ignorarlo es de ataque. Ataca contra una invitación simple y formal.  Vale, es el fragmento de un telefilme a cuyo guionista se le ha ido la mano. El malo es castigado antes de hacer de malo y sin que su castigadora  lo sepa. Vale.

Volvamos a la realidad. La gente sale a pasear, se relaciona y va a los sitios de relación, pasea por donde otros pasean, lo hace a las mismas horas. Resultado: hasta el paseo se ha convertido en un proceso estandarizado. Hay horas y lugares que se reparten las distintas funciones humanas. El personal pedestre va a comentar las mismas lunas nocturnas o la belleza del mar si tiene sensibilidad para eso o como les ha ido el día con frases y comentarios parecidos. Para los chicos sin imaginación les basta llevar una trompetita de oído para copiar las frases que se dicen la pareja de al lado para implementarlas en el cortejo de su ligue.

Para cuando suena la hora de los paseos personalizados en los que ya no hay nadie por el lugar de hacerlo, es demasiado tarde el cuerpo esta fatigado y los halos  astrales de los durmientes juegan a los dados si las tienen todas consigo para viajar una noche tras otra.

Hay otro modo de pasear calles escogiendo aquellas horas en que el ajetreo humano está en declive o prácticamente ausente y el/la paseante puede observar fachadas y rincones, cruzar la mirada con un gato, poner atención a la brisa, poner atención también a quien le habla si comparte el paseo. En vez de eso, predomina el gusto por estar con la multitud, formar parte de ella, no sentirse solo aunque no se sepa exactamente de qué sirve esa compañía. En el modo de estar en la calle, barrando el paso a los demás, converge un concurso de personalidades. Casi se pueden inferir formas culturales y procedencias nacionales. Una de los tests tópicos para demostrar que las personas no tienen conciencia de pertenencia a una sociedad  es por hechos tan simples como las formas de estar y evolucionar por locales y espacios públicos. El piquete asambleario que se reúne a la salida de un local impidiendo el paso de los que están por salir o impidiéndolo a los que están andando es uno de los fenómenos más típicos. El acto conversacional pide todos los sentidos, tantos que los absortos en su tema se olvidan de que pueden molestar a los demás. El análisis de los pequeños egoísmos da a lugar as conjeturas para otros grandes egoísmos. Para ventura común la gente solo es gente, un relleno paisajístico en la red viaria.

A esa mayoría de contactos visuales con los que uno se va a mezclar a la hora del paseo no se van a convertir en contactos verbales y aun menos epidérmicos. Eso lo sabemos todos de todos, es estadística mundana elemental. Pero aun sabiéndolo, inconsecuentemente repetimos los mismos espacios de escarceos y salidas y movidas para seguirnos equivocando, tropezándonos los unos con los otros. Para pasear hay muchos lugares a los que ir y los amantes de los paseos tranquilos esperan los momentos tranquilos para hacerlo.

 Personas que no pueden correr o hacer gimnasia siguen fielmente la recomendación médica de una hora de paseo diario. Las piernas que caminan tienen  mejor pronostico de salud para el resto del cuerpo que las que solo van del despacho/casa al coche. Pasear deja de ser una forma de relax y de curioseo para ser también la forma más cómoda de hacer una mínima gimnasia del movimiento. Lo ideal es salir temprano a pasear el perro si se tiene o quedar con otros con la misma receta de  facultativo e irse a caminar por el paseo marítimo para respirar el aire renovado en una hora en que el sol despunta y no quema, o hacerlo por el parque o por el bosque. Los paseos en mareas comerciales no son verdaderos paseos, la mente esta demasiada distraída con los estímulos que invitan al consumo, sea el de los restaurantes o el de las chancletas.

Todo depende de lo que se busca. El/la paseante también es alguien que busca suministros, bebidas, coincidencias o nuevos contactos humanos. Un rato de distracción no hace daño a nadie, pero miles de ratos con la idéntica distracción hacen la vida aburrida y la paraliza en inercias tontas. Soy un asintótico que prefiero pasear por sitios no concurridos y en mi condición de caminante  urbano me molesta que tanto  comercialista lace sus ataques con toda regla contra paseantes que solo quieren pasear. A juzgar por las miradas del personal que no ven calles ni personas sino los artículos de venta de los expositores, deben/mos ser una minoría los que nos gusta caminar en paz. Alguna vez algún loco arrasará con los obstáculos que encuentra a su paso. Lo detendrán y lo juzgaran por atacar a la propiedad privada. Tal vez el abogado de oficio que le toque, si ese día se ha preparado una frase para el evento diga a los togados: el pedestre era antes que los obstáculos, él tiene la prioridad histórica de que no se le barre el paso.

Recuerdo una mañana soleada en el centro de DF México donde todo es un comercio. La densidad humana era tanta que no podía avanzar. Por su parte los comerciantes sin tienda, los del suelo, se habían apropiado de las aceras impidiendo el paso de los peatones por ellas. Cuando quisimos avanzar en nuestra ruta entrando en una de ellas casi nos acuchillan por ivadirles “su”  dominio.

El sherpa

Por JesRICART - 22 de Junio, 2009, 13:02, Categoría: CALIDADdeVIDA

El sherpa.JesRicart

El sherpa, éste del que voy a hablar un poco, soy yo. Los sherpas son un grupo que fue conocido por su colaboración con los escaladores de los picos del Himalaya.  Estos se llevaban la fama y su nombre circulaba por revistas especializada;  aquellos,  conocidos como montañeros natos  eran los encargados de portear los materiales y no  se atribuían meritos especiales por eso i por alcanzar alturas.  Empecé a usar la denominación para mí en mi doble condición de compañero y ayudante de Vic, mi compañera, que en su situación de minusvalía por secuelas de polio necesita/ba atenciones especiales. Al principio nos elogiábamos mutuamente por la relación delicada que teníamos. Yo cultivé mi paciencia por acomodar mis pasos a su ritmo y ella apreció mi colaboración. No sospechaba que con el tiempo mi rol derivado de esa situación me fuera cargando tanto en una pesadez de acciones y tempos más y más insoportables para mí. Vic sumaba años, los mismos que yo, y perdía agilidad física. Yo había sospechado siempre que un día u otro quedaría definitivamente postrada en una silla de ruedas y debería ocuparme de todo de ella. El salto de su verticalidad –se ha valido siempre de muletas a pesar de tener unas piernas descarnadas de musculación- a su –para ella- postración en una silla no le ha gustado en modo alguno. Por su parte lo que más amaba era su independencia y sus decisiones de compras de aparatos iban en esta dirección.: hasta 3 sillas de ruedas manuales, una moto eléctrica, más de media docena de parejas de  bastones, varios  bitutores para reforzar sus piernas que se quedaron infradesarrolladas y débiles, un triciclo manual  usado que no usó más de 3 veces y que le advertí de no adquirirlo por poco práctico y que le costó 2000euros. Muchas de nuestras discusiones venían  y siguen viniendo dadas  a propósito de compras inadecuadas, sin haber valorado sus ventajas técnicas.

Para ella cada aparato  -el peor del mercado  también- simboliza la independencia, aunque detrás haya un fabricante malévolo que la limite al slogan de propaganda pero no lo asegure en el diseño y en los materiales empleados. Por mi parte valoro las dos cosas su independencia y su eficacia para los dos. Mover una moto eléctrica en los trasiegos de cargarla y bajarla del vehículo,  para el sherpa  con un episodio ya severo de lumbalgia que lo tuvo inutilizado por 3 semanas o algo más es más complicado que usar una manual, pero mientras la manual coloca a la usuaria en el  sentimiento de ser un paquete de transporte porque yo la empujo, la eléctrica la hace sentirse  directiva.  No son pocos los enfrentamientos a propósito de los objetos domésticos. Según va pasando los años advierto, a mi pesar (jamás creí que pudiera estar escribiendo o confesando algo parecido), que cada vez que tropiezo con sus aparatos y su parafernalia me produce molestias. Cuando se lo digo y declaro que me siento maltratado por ella porque a costa de imponer su autonomía impone mi condicionjmiento acude a la opción de la separación. Esta idea es a menudo mencionada entre nosotros por ambas partes. Sabía que cuando una pareja acude a esa idea una vez le toma gusto y la va repitiendo hasta que un día u otro la ejecuta. Hablar de separación no es más que poner distancia a las causas de los problemas.  Me siento exhausto tanto físicamente por estar acarreando siempre cosas como psicológicamente por no poder compartir mi sentimiento. Sabía a lo que me exponía pues ahora me lo estoy encontrando en toda su crudeza. He estrenado este año con una deformación en mis manos, más exactamente e mis dedos, que atribuyo a mis portes repetidos y continuados y a mi forma de hacerlo, cargando más de lo que, evidentemente, puedo.  La epicondilitis que tuve unos años atrás en ambos codos también la atribuí al gesto de levantar -a modo de palanca- la silla con ella a bordo para sortear los bordillos. Eso se hace  haciendo la palanca con las manos ya que o una y pedal para hacerlo con el pie, mucho más práctico. Esa silla más ligera y bonita la impuso ella, pero es menos práctica para el que empuja, yo.

Vic es una persona de temperamento autoritario. Nada más levantarse por la mañana está dándote indicaciones de lo que  debes de hacer. Exagero, claro que exagero, pero hay muchos días que es así, lo vivo así. Mi psicología se ha rebelado desde siempre a la obediencia y no paro de vivir situaciones en la que experimento tensiones por un dominio ajeno. No está tan lejos la lucha por la libertad de la que me sentía orgulloso participar  como un objetivo macro a la lucha por poder ser tú en el marco privado de lo doméstico y personal. 

Siempre había creído en mi dedicación al otro, a los demás, como algo característico de mi naturaleza  que no necesitaba ser revisado. Era algo suficientemente pensado. En lo fundamental sigue siendo así. Abracé el altruismo como lo más lógico y el principio de solidaridad como la condición crucial con la que cambiar las cosas del mundo y este mundo. Llegué a creer que todos los males desaparecerían de un plumazo si cada persona dedicara un poco de tiempo, un minúsculo tiempo diario de su vida, adoptando una actitud deferencial pues, a la solidaridad. Ese era el nombre de la alterativa. Evidentemente me equivocaba, cuando tuve los números en mis manos vi que esa dedicación altruística no contrarrestaba en absoluto las supuestas minorías dedicadas con consciencia o no a hacer el mal. Posiblemente vivimos en la actualidad en el mundo más solidario en comparación a otras épocas anteriores, pero todo el voluntariado internacional y todas las inversiones millonarias, todas las campañas de ayuda no consiguen frenar el imperio de una tendencia autodestructiva de la fatalidad de la condición humana.

La solidaridad es de distintas tintas según sea dedicada a las grandes causas (las que hablan de millones de hambrientos, enfermos, represaliados, refugiados y explotados) o  las causas de tamaño menor, aunque en lo esencial es lo mismo: una forma de concretar el amor al prójimo. En cuanto a la primera versión son muchos los estudios –refiere Luis Rojas Marcos[1] citando a varios autores[2]- que demuestra que el voluntariado actúa como paliativo del dolor crónico y de la depresión, es decir de dos enfermedades universales y generalidades generadas desde causas físicas y psicológicas. Antes de ser estudiado científicamente la observación empírica ya indicaba que el rol de la intervención en la ayuda ajena tenia por correlato una autoafirmación del yo del altruista creándose una curiosa relación de retroacción mutua. En última instancia el pobre, el menesteroso, el enfermo, represaliado justificaba la razón de ser del misionero, del colaborador, del voluntario, del filántropo. ¿Qué hubiera sido del humanismo abnegado sin todos esos motivos para  las dedicaciones de ayuda? En muchos tipos de ayuda la dialéctica subyacente es la de un intercambio de necesidades: el que necesita ayuda material o comprensivo-psicológica y la recibe, a su vez ayuda con su cromo a que quien se la da, que necesita encontrar una razón existencial de su vida, encuentre la horma de su zapato en ese ayudado para, a su vez, ayudarse a sí mismo. Las imágenes que se convirtieron en leyenda de los misioneros colonizando las mentes de pueblos indígenas, significándolos con el bautismo en los ríos y cubriéndolos sus desnudeces son muy demostrativas de esa dialéctica. Unos venían a salvar a los otros a cambio de imponerles su cultura y su dios y con eso ganar su cielo ¿Quién ayudaba a quien? Se sabe que la ayuda en muchas latitudes ha convertido a los ayudados en indigentes a perpetuidad, contaminándolos y desnaturalizándolos, desproveyéndolos de su dignidad. Las empresas petroleras en la Amazonia (Repsol por ejemplo) pueden dar lección de psicología social práctica desde esas posiciones de la manipulación.

Volvamos a la relación de ayuda del tú a tú en el caso particular que nos ocupa. Cuento con la premisa de que las ayudas unidireccionales no son tan útiles como se podría pensar y que de hecho las relaciones humanas, todas, son transacciones e intercambios a un nivel u otro. Lo que está siempre en discusión es quién da más y qué da cada quien. La relación con una persona que requiere atenciones especiales debido a su movilidad reducida genera una gama de sutilidades por ambas partes. A quien empuja la silla porque puede tomar decisiones de control no consensuadas y a quien es empujado sobre ella por sentirse como un fardo que es trasladado de un sitio a otro sin ser consultado.

Generalmente las reflexiones que se hacen han sido desde el punto de vista del protagonista con necesidades evidentes pautando a la persona auxiliar (al sherpa) a que tenga en cuenta un prodigioso numero de detalles tanto por lo que hace a seguridad física como a deferencialidad, en cambio hay pocas reflexiones sobre el lugar que ocupa ese ayudante que a la que se descuide puede quedar a la sombra por el protagonismo o imperatividad del otro.

Mi condición de compañero de intimidades y de biografía de una persona con secuelas de polio ha marcado también mi rol así como las limitaciones físicas de ella ha marcado el suyo. Pasear con alguien que se vale de unas muletas para mantener el equilibrio determina el ritmo de desplazamiento, hacerlo cuando va con una silla de ruedas manual que necesita ser empujada marca una serie de diferencias. Cualquier pequeño detalle cuenta para crear una sensación de igualdad dentro de la diferencia. (explicaré un poco esto: todas las personas somos individuadas y por tanto distintas pero queremos ser tratadas desde la igualdad de oportunidades y derechos. Esto vale tanto para quien con todas las evidencias corporales padece una minusvalía o déficit funcional como para quien no tiene tales evidencias pero tiene sus propios déficits ocultos). 

La deferencia creciente por la persona con minusvalía en culturas que han cuidado esto a veces choca con la indiferencia total hacia la persona auxiliar que la acompaña. De hecho esa auxiliariedad ya la coloca en un segundo plano. Una vez hicimos el estudio rudimentario de campo de observar la mirada de todas las personas que nos cruzábamos por la calle  mientras mi compañera iba en la silla y yo empujando (algo que por cierto hago poniéndome a su lado manejando la silla desde una de sus empuñaduras con una sola mano siempre que sea posible, en aceras llanas y sin obstáculos) para determinar cuanta gente la miraba a ella y solo a ella, quienes pasaban sin mirar, quienes me miraban a mí y solo a mí, y quienes nos miraban a los dos, primero a uno y después a otro. Resultados: una minoría pasaba sin mirar, la mayoría solo la miraba a ella, casi nadie me miró solamente a mí, y una pequeña minoría nos miró a los dos. La calle es un laboratorio barato que proporciona muestras heterogéneas que permiten ser estudiadas para comportamientos elementales de este tipo. No tengo la menor duda que el mismo estudio, metodologizado y con el control riguroso de todas las variables, con muestras elegías por sectores y por culturas, confirmarían esas cuatro categorías  precisando, eso sí, los porcentajes exactos.

La imagen del sujeto imposibilitado -o que así la tiene retratada el inconsciente colectivo-  no deja de ser una imagen mas llamativa (a pesar de su generalización) que la del acompañante. La sensibilidad de este puede ser tocada por esa deferencialidad mayor para la persona que, en principio, mas la necesita no por las atenciones especificas que necesite sino por la discriminación atencional.

En la lucha por la supervivencia y adaptación de una persona con  déficit motriz severo, lo que no consiguió con el movimiento lo suplió con su fuerza de carácter. Ahí donde no llegaban sus manos para obtener cosas llegaba su voz para hacer que las manos de otros se las trajeran. Hubo también toda una configuración de personalidad carismática para ocupar el centro de la escena. Si alguien no puede  ir a los lugares hay que ingeniárselas para que los lugares vengan a uno. He tenido la suerte y el privilegio de conocer, amar y convivir con una de las personas más fuertes que he conocido y si lo pienso detenidamente he de decir: la más fuerte. Es una paradoja: alguien con la inestabilidad corporal que se ha caída varias veces por que le fallaron sus bitutores o sus piernas con fracturas de sus huesos frágiles tiene más fuerza que otras personas con una musculatura impresionante y una corporeidad indiscutiblemente sólida.

Eso que es un valor indiscutible pudo tener riesgo de convertirse en una amenaza para la convivencia por actitudes de imposiciones continuadas. La lucha interterritorial también es cuerpo a cuerpo y no hay una sola pareja convivencial que no pueda informar de sus pequeños (o no tan pequeños) problemas por el modo de tratarse entre si y el modo de tratarse con el espacio que comparten y lo que contiene.

En la relación particular de una pareja con ritmos físicos completamente distintos el uno del otro atendiendo a esas limitaciones crónicas a las desavenencias tópicas de las parejas hay que añadirle los pluses derivados de la condición limitativa. El único modo de vivir (que no sobrevivir) con una limitación tan dura, en el que cada día el solo hecho de levantarse, vestirse y ducharse es ya de un tamaño esfuerzo tal que la agotaría a la mayoría de los mortales y les haría tirar la toalla, es con una extraordinaria dosis de alegría y triunfalismo, saber que todo es posible. Si alguien ha conseguido vivir con una polio, moverse y no dejar de hacer nada en su vida (una carrera universitaria, postgrados,30 años de profesión como docente, deporte de élite, viajes por el mundo, tener parejas y gozar de la vida y del cuerpo) colocándose en esa privilegiada atalaya que proporciona tener más de medio siglo memorizado en cada rincón del cuerpo es porque por encima de la anatomía está el sentido del ser, por encima  del movimiento corporal restringido está la inquietud viajera de la mente, por encima de la noción dominante de los límites de los demás permanece el poder subjetivo de la extralimitación. Todo eso es un canto a la libertad que el sherpa no puede por menos que atestiguar un día tras otro y un año tras otro en el que apenas hay desfallecimiento y donde los peores momentos se salvan con una frase comprensión, una sonrisa o una mirada serena. El síntoma que no hace el sujeto limitado lo puede hacer ese otro, que por cansancio y trasiegos desfallezca.

Después de haber hecho muchos quilómetros por todos los paseos y avenidas marítimas de un impresionante número de ciudades, después de haber ido a todas partes, superando barreras arquitectónicas, subiendo a metros y aviones, con una furgo-camper por carreteras estropeadas; después de haber acarreado con fardos, arriba y abajo en todos los alojamientos, haciendo de brazos y piernas de la persona auxiliada, el sherpa se convierte en el brazo mecánico-articulado de aquella. Su elección en ese papel de apoyo se puede convertir en una losa. Es distinta la relación de una persona que se hace acompañar por otra a la que contrata, imagen que los últimos años se  está generalizando. Ahí hay un rol de mando claro y otro de asistente asalariado. En la relación de pareja hay dos poderes que concurren y que pueden tener chispas no por cuestionar el hecho de las ayudas  en sí mismas sino por  el margen de libertad de cada uno. Sin que lo advierta la persona con minusvalía, por paradójico que sea, puede quitarle el protagonismo a la otra (nos encontraría en el reverso de lo que sucedió en otra época en que la figura imposibilitada no se la tenía en cuenta y antes de dirigirse a ella, como si de una mema se tratara, se preguntaba a su acompañante).

El crecimiento de la tasa de minusvalía es un hecho. Los países subdesarrollados la siguen teniendo por patologías víricas o contagios o uso profesional negligente de la medicina (pinchazos equivocados en el sistema nervioso por intrusos o falsos expertos no formados) y los países desarrollados la tiene por el incremento de accidentados por irresponsabilidades en la conducción. En esos segundos se ha generado toda una industria de nuevas maquinas que vienen alternativizando con las clásicas sillas de ruedas manuales y también las eléctricas.  Concurre todo un abanico de iniciativas proponiendo formas de locomoción en las que la forma tópica del minus tiende a ser disimulada. Varios de esos ofertantes se aprovechan de la gran necesidad psicológica que tiene el minus para  conseguir su autonomía y aparentar una normalidad, que  lleva a colocar productos en el mercado no suficientemente comprobados, excesivamente caros y que no dan el resultado esperado. El sherpa vive consigo mismo el conflicto de su rol perpetuándose como un sujeto subsidiario pero también el de no ser requerido como tal por  otras formas de autonomía, las cuales, a pesar de sus defectos técnicos, contribuyen a cambiar la escenografía. Es incomparablemente mejor ir al lado de una persona con un triciclo eléctrico que se autopropulsiona que no tener que ocuparse de empujarla. Para ella también es lo mejor porque se detiene en cuanto quiere y para lo que quiere sin tener que pedírselo a nadie. Esa necesidad psicológica de la autonomía personal sin embargo lleva a querer hacer más de lo que realmente puede con percances concretos como consecuencia,  incluso en el incremento de su accidentabilidad.

La auto denominación de sherpa es, por supuesto, una exageración pero aclara los conceptos y los roles de cada cual. Hay personas que aceptan la relación con quienes ruedan en silla pero no es gusta empujarles lo que no significa que no sean deferentes con ellas y al revés, hay abutacado-rodantes  que no tienen problemas en relacionarse con otros andantes y no aceptan ser empujados por ellos. Como que para la posibilidad de esa segunda elección se necesitan espacios sin barreras y una buena forma física no siempre es posible ir a todas en partes. En realidad  todavía una mayoría de minus se ven limitados para ir a una mayoría de lugares. El sherpa es la figura puente que neutraliza barreras y ambos hacen de tándem para discutirlas a los responsables de las mismas ahí donde las haya que estén en su camino. Hacen de pareja combinada cuya entente depende siempre de la finura particular en la comprensión del otro. De hecho, el respeto estable y garantizado es posible cuando hay una comprensión de las necesidades y deseos reales del otro, sea cual sea su condición física o su rol concreto. En la particular y estrecha relación de pareja entre una persona con minusvalía y su compañero que termina por hacer de sherpa, (a no ser que contrate  a algo  que no solo pueda permitírsela sino también quiera para que se ocupe de esos menesteres) toda la deferencia al límite de uno no va a impedir la discusión al extralimite del otro por las necesidades extraordinarias del primero.



[1] En Corazón y Mente. Claves para el bienestar físico y emocional. Con Valetín Fuster como coautor.Planeta España Barcelona 2008 p.180

[2] Arnstein, Vidal, Wells-Federman, Musick,John Wilson,..

Estación de Sants.Reclamación obstaculizada

Por N.Estebenz - 15 de Mayo, 2009, 12:39, Categoría: CALIDADdeVIDA

Obstáculos a la Reclamación. N.Estebenz

Contexto: andenes de la estación de Sants de la Renfe. A la llegada de un Talgo  voy a recoger  a mi compañera a la que ayudo  con el equipaje. Ella se desplaza con muletas porque sus piernas están afectadas de polio. Subimos a la cabina del ascensor  tras otros pasajeros que lo han intentado y no les ha funcionado. efectivamente no funciona.Llamamos por el interfono.Nadie responde. En el resto del andén no hay ningún otro ascensor. Volvemos a probar botones.Nada.No hay nadie que atienda.Tampoco hay ningún empleado a la vista. Optamos por subir por la escalera mecánica.En el intento casi nos caemos hacía atrás lo cual nos hubiera ocasionado  n grave accidente. Nos dirigimos a la llamada oficina de atención al cliente para protestar.Pedimos a una de las chicas del mostrador que nos proporcione las hojas de reclamación. Nos pregunta para qué asunto. Le contestamos que podrá leer los detalles  en la misma hoja y que es a propósito del ascensor averiado. No nos las  da  y nos hace esperar a un encargado.Este al cabo de un rato n os vuelve a preguntar de qué se trata.se lo decimos. No nos cree y dice que lo acompañemos para verificarlo in situ, como si fuéramos unos paletos y no supiéramos apretar los botones de un ascensor.Nos negamos y le decimos que vaya él.Va y vuelve asegurando que funciona correctamente. Nos enfadamos con él por este segundo motivo de poner en duda nuestra palabra y le pedimos un doble juego de hojas de reclamaciones;uno por el asunto inicial y otro por su resistencia a facilitárnoslas. Una vez concluida y tamponada la gestión nos vamos para casa con una experiencia desagradable más de trato con al realidad. al cabo de unos días recibimos una carta de la dirección de la compañía diciéndonos que hechas las averiguaciones, el ascensor funcionaba. Nos acabamos convenciendo  de que somos tontos y que en el ascensor en cuestión no apretamos los botones debidamente.

 

El coche: prolongación del ego

Por W.Sumionda - 15 de Mayo, 2009, 12:37, Categoría: CALIDADdeVIDA

El coche: prolongación del Ego.  Walkiria Sumionda.

Un vehículo a motor es el producto estrella en el mercado de la sociedad capitalista. Todo el mundo quiere, o acaba por tener el suyo. No importa las docenas de muertos semanales en accidentes de tráfico. Ninguna cifra de mortandad o destrucción disuade a los consumidores para dejar de serlo. Tener coche es indispensable en la cultura del automóvil y  la historia personal de cada conductor se mide por el número de coches que ha tenido a los que puede recordar por nombre de marca, quilómetros realizados y valor,también sentimental, que tuvo en un período de sus vidas. Hay quien se endeuda para pagar coches de precios astronómicos. Todo se puede explicar cuando el coche no se limita a ser una máquina para desplazamientos o viajes;sino para prolongar el yo de su propietario. El vehículo es una extensión del ego. La ostentación pública de un estatus y una personalidad. Antes era el vestir, el lujo de la casa o los niños matriculados en determinadas escuelas de pago. Ahora lo es fardar de un vehículo. Los héroes ya no son los que conducen coches atropellando, o haciendo correr, a gente que cruza pasos cebra sino los que van a pie o manejan bicis. Qué triste comprobar como tanta gente en sus edades de la creatividad malgasten su tiempo, energia y dinero en la pamplina de sus cuatroruedas. Hasta donde sabemos los coches no están hechos para pensar pero muchso de sus usuarios tampoco. Me gustaría soñar en qué un dia las administraciones locales valorarán más la calidad de vida que no la entrada de impuestos y dejarán de conceder arbitrios de circulación a partir de un cierto numero de vehiculos rodantes. Incluso más: me gustaría pensar que un dia algún politicantro (=político en su antro) podrá introducir legislación para limitar la emision de contaminantes de los vehiculos particulares y valorará su derecho al uso en función de las necesidades persona a persona para su adquisición de un carro, dejando de lado su poder adquisitivo para hacerlo. Tocar el tema de la circulación automobiística es impopular por eso la clase política lo valora en general sin hacer nada para transformar realmente las cosas.

El Aparcamiento en el territorio público

Por JesRICART - 15 de Mayo, 2009, 12:24, Categoría: CALIDADdeVIDA

El aparcamieto en el territorio público. JesRICART

Dime los verbos que usas y te diré la clase de individuo que eres. Alguien deja un papelajo en el parabrisas de mi furgo  Ni siquiera es una hoja de un bloc de notas. Está mal cortado, puede ser un pedazo de papel de envoltorio que lo acababa de coger del suelo. Lo veo desde lejos desde mi otro coche al pasar por el lugar del estacionamiento. A los dos días cuando voy a desaparcar la furgo, un día de lluvia, leo esa nota. Dice así:”Estás chafando mi guardabarros. Gracias. Vivo enfrente. Te estaré vigilando” Chafar, chafar…si, presionar sobre un volumen rígido y hundirlo. No,  yo no he chafado nada, no has abollado ningún coche, me dice mi memoria. No te preocupes no has hecho ningún daño me dice mi conciencia. El chaval autor de esa nota, (supongo inmediatamente que ese solo puede ser un vocabulario masculino) tiene una caligrafía que lo propondría  para ser rescatado en una escuela de adultos. (seguro que le harían descuento) pero lo realmente indicativa es un gracias de agradecimiento tatamente fuera de lugar y como la palabra mayor. Lo preocupante es lo de quedarse en posición vigilante desde su ventana para ver como desaparcaba mi vehículo, ¿no era mucho trabajo ese? ¿Por qué no bajar y poner su vehículo 30 cms mas atrás del mío si tanto temía que le pudiera hacer daño? Todo sucedió porque elegí como aparcamiento la distancia justa entre un container de basura y ese coche suyo. Tuve que hacer tres tentativas para ajustar el  ángulo de introducción hasta estacionarlo correctamente. Puesto que el espacio era muy ajustado tuve que maniobrar varias veces hasta colocarlo. Dejando unos 30 cms por delante del morro del lado del container y ninguno por el lado de atrás. Los estudios de campo demuestran que los conductores de coches no toleran que sus maquinas sean tocadas lo más mínimo. Un coche dejó de ser un vehículo de transporte para convertirse en la prolongación del pene cuando la velocidad que proporcionaba y la grandilocuencia de su tamaño (el del cacharro no el del apéndice anatómico) permitían la sublimación de otras frustraciones biográficas entre ellas no ligar o ligar poco y mal. Si no quieres tener problemas con tu vecino no toques su coche, ni siquiera con la mano, puede darle un patatús.

Un coche es tan importante en la psique del propietario que la representación de su imagen le puede implicar la mayor parte de los circuitos. Uno se puede andar con descuidos porque un adepto a su máquina lo menos que te va a decir es “no me andes con chiquitas”. Si lo haces, yo, el ojo de dios, el gran hermano te controla desde mi nido de ametralladoras y no vivirás para contarlo. En un vecindario aunque los residentes tengamos una alta cuota de anonimato podemos distinguirnos los vehículos aunque no los relacionemos con los usuarios. El vehículo llega prácticamente cada día y el vehículo callejero tiene que competir con otros para conseguir un lugar donde ubicarlo. Hasta la actualidad no hay noticias que la gente deje sus autos en medio de la calzada impidiendo paso a los demás, los deja mal estacionados, sí, en rampas, pasos peatonales, en rotondas, en plazas reservadas para minus, junto a puertas dificultando la salida pero todavía no los deja en mitad de la vía, ya que su retirada por una grúa seria una actuación preferente, Lo que sí hace al estacionar en los lugares pensados para eso en los lados de las calles es no tener siempre en cuenta hacerlo dejando sitio suficiente para el siguiente. Hay conductores que todavía aparcan ocupando dos plazas en lugar de una. Tampoco es el caso que me ocupa. Una furgo tiene una envergadura mayor que un vehículo normal. En todo caso cuando tratas de estacionar entre dos vehículo o dos objetos sin apenas tener sitio es casi inevitable dar unos toquecitos a uno y otro para ubicar tu automóvil, esos toquecitos no pretenden acabar con la integridad de los otros vehículos, tan solo son putos de referencias. Los coches salen de fabricación con un guardabarros que ya es para  eso. La delicada psicología de los conductores no lo prevé. Y algunos se levantan varias veces durante la noche para vigilar la posición de su coche no sea que alguien lo haya rozado.

No es nada agradable ir a por el tuyo y encontrártelo dañado. Una vez, un día de lluvia esa misma furgo que fui a retirar tenia uno del os retrovisores laterales completamente roto. En otra ocasión, otro vehículo tenia u bollo en el morro. Otra vez hace mucho tiempo, e un polígono industrial, el de Buen Pastor (¡vaya nombre!) al abrir la puerta de mi 850 me quedé con ella en la mano, probablemente un camión al girar había chocado con ella, el conductor no me dejó ninguna tarje de visita.

Los espacios de aparcamiento público  en principio gratis, aunque todos tienden a ser zonas azules, de pago, o verdes de acceso restringido representan la parte del territorio público compartido. Nadie puede decir que un espacio de aparcamiento sea suyo a no ser que tenga una placa por la que paga con el número de matrícula reservándola. En muchas partes del mundo también hay la curiosidad ante comercios de gente que pone conos, sillas u obstáculos porque no les apetece que les aparquen al lado. La calle representa las ansias, miedos y demonios del colectivo social. Los principios tácitos del civismo pasan por respetar a los demás y a sus propiedades a cambio de recibir el mismo trato. Eso es un acuerdo funcionalista, no tiene nada que ver con la cultura socialista y tampoco comunitaria.  Es de sentido común estacionar correctamente y hacerlo sin tocarle un pelo al otro vehículo. Su dueño con unos prismáticos puede estar al acecho con la ametralladora cargada. Raramente me han dejado notas en el parabrisas. Creo que la anterior, unos 20 años atrás, era la de otro vecino, yo tenía otro auto, que decía algo así como: “cerdo, no aparques encima de la acera”. Tenía razón, dejé el auto varias noches encima de la acera y me lo lleva antes de las 7, hora en que los guripas ponía fin al  horario de tolerancia y empezaban a multar. Siempre me ha interesado mucho las notas anónimas, expresan las autenticas fieras que rezuman del inconsciente de sus autores apasionados. Mientras solo sean notas y nos las emprendan a pedradas o a pinchazos es soportable. No llegan a revés pero sí a  intuir en qué clase de pantano estás viviendo. No pasa nada, te tomas una cianobacteria, la espirulina procarionte, la arthrorpira platensis por ejemplo y con su fuente proteica puedes aguantar cualquier toque de atención.  

CAP Premià de Dalt. Una fractura no diagnosticada

Por JesRICART - 9 de Mayo, 2009, 21:39, Categoría: CALIDADdeVIDA

Una fractura de peroné no diagnosticada. JesRICART CdV 2009 mayo 9 

Siguiendo el criterio de que la calidad de vida social del mañana es directamente proporcional a la denuncia de los déficits, errores, negligencias, imperfecciones, errores, ataques, intrusiones, agresiones e imperdonables del ahora nos ponemos manos a la obra con una otra anecdótica mas del estado de nuestro sistema sanitario público. MHM, es decir Misse Hinojosa Medina, (HIME 1 500916 00 6 y di 37650935G) mi amiga en cuyo nombre escribo (es un poco vaga para estos asuntos) a vuelapluma esta noticia-denuncia, tuvo una caída de escalón al salir de su casa, sin duda por atolondramiento y prisas y por el imperio del reloj, todavía regente en nuestras vidas de adultos que no hemos aprendido del todo que no se vive más por correr más sino por atender mejor al detalle de cada instante. El caso es que cayó, con sus casi 70 kilos de mujer maciza y estupenda de altura proporcional, a un suelo duro que precisamente no le dijo:" ¡hola! ¿Qué cuentas vieja?". Una vez en el suelo, su perro Totxi, otro amigo, solo que de los que no hablan, extrañado por ese alud humano confundió la caída con una invitación sexual, con lo que no paró de saltar sobre ella. Eso paradójicamente le dejo más morados que la misma caída. En su posición supina se libró como pudo del animal y llamó para ser auxiliada por un familiar. Fue de urgencias el día 30 de abril por la mañana de urgencias sobre las 10 y algo al ambulatorio de Premià de Dalt. Allí fue atendido por una doctora no sabemos si en prácticas o iniciándose a la carrera médica que ¡mira por donde! también se estaba reponiendo de una caída parecida (no nos consta que en la suya el personaje perro concurriera). Su ojo de buen cubero le permitió diagnosticar que no hubo rotura sin pasar la parte anatómica dañado por rayos equis y que además en tres días ya podría apoyar el pie al suelo. Remató su intervención con un vendaje simple y una malla de sujeción.  ¡Venga para casa! ¡El siguiente!  Cuando vi el vendaje me recordó los que hacían los muchachos de prácticas en un curso de mañana  de socorrismo cuando hice la mili.

La accidentada aceptó el veredicto médico como la inmensa mayoría de ciudadanos panoli que siguen viendo a los profesionales de la medicina como dotados de infalibilidad  papal. A pesar de eso desde el primer momento sospechó una fractura. Hizo reposo 7 días si abandonar del todo esa hipótesis con un vendaje mejorada con una venda elástica que le proporcionamos y con elementos auxiliares como una silla de ruedas, unas muletas y una cama con almohadas para tener la pierna descansada en alto. La convaleciente no es una mujer para tenerla clavada en una cama salvo para las actividades de reposo nocturno  y las otras de alta actividad energética. Necesita ver mundo y es todo un culo inquieto que necesita husmear las culturas urbanas, no hubo día en este primer tramo de convalecencia  que no dijera de ir a un sitio u otro, de hecho salimos casi todos los días y a pesar de nuestras  indicaciones (sus amigos)   de no hacerlo apoyaba un poco el pie en el suelo, por las noches le dolía. Descarté la tesis de la fractura y todos supusimos que en una semana volvería a recuperar fuerza. Yo recordé mi esguince en un pie por el que anduve con una muleta fabricada durante 7 o 10 días hasta que me repuse, me repuse del pie pero me quedé con la secuela de la axila dolorida para una temporada, pero no hablemos de mí volvamos a la protagonista. Durante estos días la convaleciente llegó a soñar que se le gangrenaba la pierna. El inconsciente hablaba. Yo le hice el test de fractura. A ver mueve los dedos, aprieta la planta de tu pie contra mi mano. No le dolía. Hice un leve giro no le dolía, no noté ningún  crec-crec. Sin embargo no aprecié una señal que dio_ la radiación de un dolor hasta bajo la rótula por el lado del peroné. Lo atribuí a las aprehensiones de todo sujeto convertido en paciente a la fuerza. Cada vez que anteponemos la hipótesis de la aprehensión del herido o de la víctima al diagnóstico concreto de las señales cometemos un error de método. El protocolo era desde el primer momento pasar por radiología. Por no gastarse 4 pesetas el centro sanitario quedó a la altura del betún y a la chica que se ocupó de la demandante para ser reciclada reenviándola a la facultad  o quitándola de la responsabilidad de ese puesto.

Sigue la historia: a los 7 días en una visita rutinaria a su traumatólogo, el dr.Fernando Maya Trujillo, Mutua Universal en la Clínica Delfos por otro asunto  cronificado, un déficit en su supraespinoso por un accidente laboral (es que tiene la negra) le sopesó el daño de su pierna, le hizo la foto  e hizo el diagnostico que la profesional anterior no fue capaz de advertir. Con el pie de la convaleciente cuidadosamente vendado, ahora sí con un vendaje compresivo e impecable, toda una bota de  lujo de esquimal, con su notable edema más equimosis extensa en fase de reabsorción y la lógica impotencia funcional pero con la suerte al menos (el angelito de la guarda de la chica no la ha abandonado aunque no dudo que lo haga en el futuro al ritmo que lleva) de una fractura no-desplazada del maléolo peronal  volvimos a casa para empezar la segunda etapa de reposo, unos 7 días más a la espera de que el hinchazón bajara, tras lo cual tocaba una nueva radiografía y una escayola y unas 5 semanas de meditación tranquila.

Salimos de la Delfos con el propósito de dar a conocer el hecho al CAP en cuestión para que alguien tome las medidas oportunas para reeducar a la subprofesional que atendió el tema. Os hacen falta buenos médicos y médicas y deseamos enormemente que las noticias parecidas a estas desaparezcan de nuestras referencias y comentarios. Queremos una vida de calidad no veros empujada a la desconfianza continua de quienes nos atienden porque nos atienden mal. Otra comocida xxx (cuyo nombre elimino del texto inicial a solicitud de ella) operada de un tumor en la muñeca, en la que hicieron un raspado, perdió la sensibilidad en varios dedos que al informar de ello no fue tomado en serio hasta pasados 6 meses en que le ha afectado la vida cotidiana y profesional  en que su especialista empezó a reconocerle que tata demora en la recuperación no era normal. No hablaremos de su caso, me traería un tercero y un cuarto y así podría dedicarme el resto del fin de semana, del mes, del año. Ir al médico se ha convertido en ir a la tómbola a jugar a la lotería. Te puede tocar alguien bueno, ahí está el Dr Maya o alguien malo, ahí está el objeto de nuestra denuncia, cuyo nombre al tratar de averiguarlo no lo hemos conseguido porque si las cosas ya estaban mal acabamos de comprobar que están peor porque el numero de código de la tarjeta sanitaria de la víctima es identificado como erróneo por el sistema para hacer la reclamación en la fantástica web de l" Institut Català de la Salut. Lo cual lleva directamente esta protesta a la selva digital y a vehicularla desde otro CAP para que llegue al destino que corresponda (gracias a quien lo lea si lo facilita).

La próxima semana de reposo va a ser una incertidumbre sobre lo que le va a pasar a ese pie. En todo caso tiene una demora considerable en el protocolo de reparación de fracturas. Las dos partes del hueso espontáneamente tienden a unirse, se puede producir un callo con tanto trasiego. A parte de las disculpas (no hay nada personal contra la chica de urgencias que atendió el tema por primera vez, era simpática, aunque la simpatía no es una coartada que justifique el déficit profesional) el sistema sanitario compensará de alguna manera esa demora en la recuperación. Debe haber algún capitulo al respecto para indemnizar a la victimas involuntarias del sistema sagitario (fuego amigo). Estos fallos han de servir para que la autogestión de calidad del servicio dado se supere pero alguien tiene que pagar el plato roto. No es cuestión de pedir cien mil euros para el asunto, tampoco 1 como acto simbólico.  ¡Dejémoslo en la mitad!  Vale ¿Una tercera parte?, ¿una cuarta?...o se hable más, menos de 1/10  no es aceptable.

Lo más importante es que se tomen medidas para que esas cosas no ocurran. El responsable subsidiario del error del  profesional es la institución que lo contrata. En cuanto a esa profesional  el mínimo apunte psicoanalítico que se puede  decir es que confundir el síntoma de una paciente con su propio síntoma por haber sufrido una caída similar con su pie afectado es una extraña relación entre el médico y el lesionado que nos lleva a la vieja metáfora  de que la cura cuanto menos cuente con los matasanos mejor.

Las Motos y las Aceras

Por Néstor Estebenz - 27 de Abril, 2009, 13:04, Categoría: CALIDADdeVIDA

Cuado fui motero decía cosas como que la  velocidad se goza más con una moto que no con otros vechiculos con parabrisas. Me parecía que el contacto con los elementos me mantenía más despierto y próximo a las verdades de las naturalezas. Ahora prefiero ver el viento fuera de mi vehículo y gozarlo como una moviola desde el confort estable. De la velocidad no hago gozo sino un dato del desplazamiento y de la fórmula matemática de la que forma parte me interesa más el tiempo y el espacio que ella misma. En principio tengo el tiempo para ir a todos los sitios, la velocidad la supedito a ello. Debió ser por eso que terminé por preferir los coches a las motos después de tener unas cuantas: una osa, una ducati, una vespa,…bueno… Siempre me quedó un bonito recuerdo como motero e incluso una cierta admiración por esos escuderos que venían de Germania a tomar el sol hispano con sus atuendos negros, sus manos puestas incómodamente a la altura de sus cabezas y sus jackets con eslóganes a la espalda o el icono de algún infiernillo.

Reconozco las múltiples ventajas de una moto por moverse por las ciudades. Son los que se cuelan poniéndose en primera línea de semáforo y los primeros en salir, son los que se burlan de los atascos en las carreteras, son los que emulan mas la libertad, el poder llegar más lejos y más rápido con un vehículo mas pequeño y en principio con menos coste de consumo. Esas y otras razones han popularizado la moto. La moto garantiza llegar a tiempo a la cita, más que el coche en una ciudad infestada de tráfico.

Sus elogios terminan cuando el motero con prisas te ralla el coche por colarse como puede entre dos carriles o te abate el retrovisor externo; se acaba  cuando estaciona su máquina en la acera, más exactamente junto al bordillo, de tal manera que al aparcar un coche al lado el conductor o el acompañante encuentran  dificultades para abrir la puerta y para salir. Uno de mis vecinos en su afán de custodia de la suya la puso en la puerta de entrada peatonal de la escalera. Otro vecino y yo que coincidimos en ese momento, nos ayudamos mutuamente para sacarla fuera arrastrándola. Hay gente que no aprende si no es enseñándola exactamente cómo se hacen las cosas, es decir cómo deben hacerse. El dueño de aquel vehículo no repitió la fechoría. Otro la pone (es la E 7481 DGP) junto a un árbol y al bordillo de tal modo que siempre impide el acceso a los coches. Le dejamos una nota en el manillar  diciéndole que ahí molestaba. Caso omiso. La tiene metida ahí siempre todo el día. Es posible que le dejemos una segunda nota por si no leyó la primera. No habría una tercera. Darle una patada y tumbársela seria una lección expeditiva pero no es cuestión que la gente tenga que aprender las cosas de esta manera, o sea que seguiremos convirtiendo su desconsideración en nuestra molestia. Pero si alguien opina de manera distinta y da esa patada y la echa sobre el asfalto no seré yo quien me ponga a levantársela.

Si ya sé que los moteros no lo tienen fácil para aparcar sus vehículos. Si dejan las motos en los lugares de aparcamientos de coches impiden la maniobra para aparcar de estos, aunque es el lugar legal donde ubicarlas si no optan por alquilar plazas de parking, si las dejan en las aceras molestan a los peatones sin dejar de molestar a los conductores ya que; como digo, tienen dificultades en acceder o descender sus coches.  ¿Qué hacer?  Repartirnos el espacio más cómoda y civilizadamente entre todos. ¿Cómo? Buscando sitios para ubicar las motos, pero claro por mucho que haya donde estacionarlas o todas podrán estar  junto a la puerta del edificio en el que se vive. Los encargados de gestionar la locomoción rodada tienen que ubicar aparcamientos reservados, pintados y señalizados para motos pero si no lo hacen los moteros tampoco pueden ir de pavos dejándolas de tal modo que molesten. ¿Es que no podéis caminar unos cuantos metros a pie y dejarlas donde no molesten? A veces, en algunas aceras hay tantas juntas que hacen un parapeto en forma de línea continua. ¡Por favor! Lo que un solo obstáculo puede ser sorteado multiplicado por docenas se convierte en una pesadilla. Por su lado los peatones afectados son más considerados de lo que caben. Acatan la afrenta y callan. Sabe que las motos no deben estar ahí pero se acostumbran. Alguna vez chocan con ellas o tienen que sortearlas cuando se tienen las manos ocupadas con bultos, pero bueno ¿qué se le va hacer? Pincharlas o agujerear los depósitos o tumbarlas no, eso ya se ha dicho. No es lo correcto, además el pobre muchacho la debe estar pagando a plazos y farda con ella pero oiga ¿no puede ser un poco más considerado? ¿No tiene sitio? ¿Es que no hay una explanada un poco más lejos, o una acera más ancha sin que moleste tanto al otro lado del paso cebra? Vega, venga, piensa un poco y encontrarás una solución.

Todas las fricciones determinadas por la cuestión del uso del espacio son un barómetro del individualismo reinante. El egómetro (la medición del ego superlativo de cada cual) pasa por observar la imposición de las propias cosas en el reino soberano de los demás. Pues no, ten tus juguetitos pero no nos toques los colgajos con ellos.

Cuando la ciudad vuelve a despertar

Por YASHUAbcn - 21 de Marzo, 2009, 12:56, Categoría: CALIDADdeVIDA

Siguiendo una idea clásica, la de que quien no lucha no conquista, (versión por cierto adaptada de la idea primigenia: quien no llora no mama) y tomando de buen grado las propuestas compañeras Menea tu pueblo /Cerdanyola,moute, parece que este año nuestra ciudad está registrando efemérides que prometen arraigo y futuro.  La constante de la manifestación de los jueves contra el incremento de los impuestos, las conferencias masivas de la campaña contra la deuda externa , otro programa de conferencias como el que sigue el CCU centro cristiano universitario  en la parroquia de Avda.Espanya, el bullicio semanal en el Ateneu  con múltiples actividades, dan cuenta de cientos de personas no adormecidas con ganas de avanzar en calidad de vida y en conciencia social.

Una ciudad son  sus organizaciones, sus coexistencias y culturas, sus luchas paralelas, su nivel de vida, su  solidaridad interior, su capacidad de solidaridad con los de afuera, su  capacidad de movimiento y protesta, su bienestar social,su renta per cápita, sus ritmos culturales, su salud pública y su proyecto de  felicidad colectiva. Una ciudad es la suma y resta de aspiraciones y desidias de sus ciudadanos. Si predominan las dimensiones reivindicativas y los deseos de transformar las cosas por encima del bloqueo a las novedades, entonces la realidad cotidiana se va transformando a la medida de los intereses y gustos de quienes la compartimos. Si predomina las tesis y actitudes  del “no se puede hacer nada” “, toda la vida esperando soluciones y seguimos como siempre” “, los mismos perros con distintos collares”, “pagar y achantar”  y  un largo etcétera de este tipo, entonces la ciudad  de uno  es una ciudad muerta desprovista de energía y pasión por ser mejor. Ser cañeros para poner puntos en las íes y mencionar verdades que puedan  molestar es una  tarea tan necesaria como ingrata... Ahora que la más izquierda  está murria  después de su debacle electoral y en una fase de replanteamiento de todo su ser; ahora que es más demostrativo que nunca que el electoralismo no lo soluciona todo; ahora que contingentes numerosos de gentes sin partido toman/mos la realidad colectiva como algo propio en lo que se debe de incidir; es ahora que hace falta  la belleza o la fealdad de todas las prosas de la calle para avanzar en autoorganización y en un sentimiento de fuerza popular. Al fin y al cabo  quienes pagamos todo el engranaje somos el pueblo llano. ¿Qué sería de los profesionales del poder-o sea de sus asalariados- si no recibieran sus prodigadas pagas, tomadas de nuestros impuestos? ¿Seguirían interesados en la cosa pública, en el bien estar comunitario, en los demás, en el progresismo social? ¿Seguirían interesados en nosotros, en los paganos? No hace falta consultar a una bola de cristal para saber que la nómina de verdaderos interesados en el progresismo decrecería ostensiblemente.

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