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COSASdelCONSUMO

Supan: Detalle del Despilfarro

Por YASHUAbcn - 21 de Agosto, 2009, 14:52, Categoría: COSASdelCONSUMO

 

Supan: Detalle de Despilfarro.

El despilfarro a pequeña escala esecialmente obedece al mismo criterio de descuido que el que se hace a gran escala. El alcance de la responsabilidad y del impacto medioambiental es completamente distinto en un caso que en otro pero la mentalidad de los individuos responsables es la misma. Para muestra un botón: Supan, un establecimiento con gusto decorativo en el que clienteamos de tarde en tarde, a pleno mediodía y con luz natural sobrante que entra por las cristaleras, tiene sus luces eléctricas encendida: unas de bajo consumo y otras halógenas, de alto. Mientras tomábamos nuestros tés nos preguntábamos sobre las cuestiones de la vida cotidiana y las formas de consumo en cuanto a intervenir en asuntos ajenos cuando se trata de pequeños detalles como estos. Pequeños o no, la cuestión es que el exceso de consumo eléctrico ha venido justificando la instalación de centrales nucleares las últimas décadas con su conocido historial de peligrosidad. Mi acompañante y yo nos hemos dicho que cuantas más interacciones vives con los demás más motivos de réplica y protesta se acumulan pero que la necesidad supervivencial de tener la fiesta en paz conduce a callar las propias impresiones y que, en todo caso, publicar una nota-comentario como ésta ya es una forma de intervención. A la hora de pagar el plus de 0,40e por las 4 gotas de leche al 1,25  al pedir un té con leche sin duda justificados por la cuenta de la factura eléctrica sí hemos comentado la falta de rampa de acceso para silla de ruedas, déficit este que mi compañera no se olvida de señalar en los establecimientos a los que va. Como suele pasar, lo más que dice la empleada en esos comentarios es que ya lo comentará a su jefe pero como que nunca lo ha visto, lo más probable es que la próxima vez que vayamos al mismo establecimiento (el de Bona Sort en Cedeuve) la rampa siga sin ser hecha. De los empleados en general de establecimientos al público hay que decir que no se identifican con el espacio en el que trabajan, es cosa de sus dueños o propietarios, pero como estos no siempre son accesibles a alguien hay que decirle los comentarios.

El local (en realidad es una cadena) tiene su elogio (sillas de madera clásicas, mesas de mármol, decoración muy original con madera sin pulir, recortes de periódico cubiertos por cristaleras) comentado ya en otra ocasión pero eso no quita el detalle de la incerteza que un ventilador de aspas de estos que va moviéndose su eje ocasiona al ver que las puntas de las palas pasan a escasos 4 cms de una de las vigas de madera.

No es el único local público que hace despilfarro de la luz en pleno día. Forma parte del doble discurso de la mentira. De un lado, se protesta por la crisis y por la  pérdida de riqueza y de la  economía a l baja  pero de otro, los detalles de los gastos superfluos siguen siendo evidentes. Grosso modo no es así, los campings han vuelto a experimentar la demanda de formas de veraneo en extinción trayendo las propias tiendas de camping por formar parte de la recursividad más barata y es posible que haya un incremento en el uso de la bicicleta (que además de facilitar un transporte más económico se practica ejercicio físico) frente al incremento exagerado del  precio de combustible.

Por lo que hace a un local como el caso de Supan, que es granja atendiendo a publico también que no se sienta y que entra a comprar repostería o pan, a su imagen decorativa con buen gusto  le falta una pizca de consideración ecológica con el medio ambiente no despilfarrando el consumo eléctrico.

Caixa de Pensions. Las racanerías de la Caixa.

Por YASHUAbcn - 10 de Mayo, 2009, 1:10, Categoría: COSASdelCONSUMO

Caixa de Pensions. Las racanerías de la  Caixa.  

El descrédito de la banca a lo grande se extiende a las cajas de ahorros a pesar de sus inversiones obligadas en obras sociales.  Ese descredito se convierte en tirria declarada aunque inevitablemente tengamos que usar sus servicios porque los calcetines bajo la cama hace tiempo que dejaron de ser un buen sistema de custodia aparte de que el valor adquisitivo del dinero tiende a la baja y hay que tenerlo en alguna parte para neutralizar su devaluación en relación a los precios de mercado.  La Caixa de Pensions pese a su fama y al estrellato de la estrella de Miró (¿por cierto pagan derechos de autor a alguien de los herederos del pintor por ese detalle? ¡Ah! ¿No era de él?, pura coincidencia. Vale, dejemos eso) en su logo recauda todo lo que puede con menudeos que confirman aquello de la famosa racanería catalana. Veamos pagamos 1 euro mensual  en concepto de mantenimiento y otro más en concepto de envío de correo. Total 24 año, 240 cada década. Eso multiplicado por el número de millones de clientes de la entidad da un pico considerable. Alguien debe tenerlo calculado en alguna parte. No es cualquier bagatela. Una vez un millonario (de euros) me dijo que los bancos ganan con el menudeo. No era difícil creerle. Pero esos menudeos indican lo ruin del caso. Indican la incapacidad para los negocios y la sirla de lo pequeño solo que multiplicado por millones de personas dan cifras astronómicas.

Con lo del concepto de mantenimiento ya nos peleamos en alguna ocasión y fracasamos. Aquí todos los clientes pagan  por este concepto, nos dijo Carlos Toda, el director de la sucursal donde tenemos la libreta. Seguro que si un cliente suficientemente forrado pone la tesitura al banquero de ir al banco de enfrente si le cobra por ese concepto, el de la Caixa se lo repiensa y le hace un trato especial.

Veamos: la libreta es un objeto inerte que se mantiene a sí misma, nadie tiene que ir con un vaso de agua o una capsula de proteínas para que se mantenga en pie o guardada en un cajón, tampoco para adjuntarle dígitos impresos en el cajero automático o en la impresora del empleado de mostrador. No genera absolutamente ningún trabajo de mantenimiento y si lo que se quiere es cobrar por el objeto físico en si mismo pues se paga una vez y basta. Lo mismo se puede decir de las tarjetas de crédito o de débito. El concepto de mantenimiento es el as del tramposo que se ha sacado bajo de la manga para jugar la partida. Además es un objeto, sigo refiriéndome a la libreta, que no tiene estómago ni necesita cartilla de la seguridad social para seguir operativo. A pesar de todo esto se os obliga a pagar por el objeto y como es tan poco dinero (acabamos de ver que no) pues se lo toleramos. Veamos lo siguiente. La libreta es totalmente es prescindible y en todo caso es el documento que proporciona el banco para tener una memoria grafica del seguimiento de las operaciones. Actualmente este seguimiento se puede hacer por banca digital y desde hace tiempo se podía hacer con hojas impresas desde el cajero automático. Es decir es un objeto totalmente prescindible. Hay bancos que no proporcionan libretas ni falta que hace para las cuentas, otros, también Caixas que no obligan al pago de esa cantidad mensual. La Caixa, la famosa Caixa se luce, cabe insistir, por este detalle.

Hay otro concepto de pago mensual que es el de correspondencia, es decir el del envío de correspondencia con todos los recibos de pago por domicilio de facturas. Bien, volvemos a lo mismo. Se trata de un servicio por iniciativa propia de la entidad. Siempre me ha parecido un trabajo totalmente superfluo, un atentado ecológico por despilfarro de papel y la contratación de gente para el reparto de esos documentos (con un inmediatismo sorprendente) que podrían emplearse en otros trabajos más útiles para la sociedad. La mayor parte de esos papelajos se van a la basura, ya que confirman operaciones de las que ya se está al corriente por la consulta por internet o por el registro de la memoria en la libreta. Es una información redundante.

Después de más de un año de no contacto con la cuenta a la vista que tenemos en la nos encontramos con ese nuevo cargo no autorizado. De pronto la entidad decide eso y si no avisas de lo contrario te cargan el monto. ¿Por qué no hacéis las cosas bien, es decir justo al revés? Proponer que el servicio de info postal sea de pago y lo solicite quien esté interesado y no meter el gol por la espalda pasándolo a cobrar sin haberlo autorizad. El detallito no es cualquier tontería. Es una pasta, estos 12 euros mensuales por unos papelajos que van a la basura y que vienen a confirmar las operaciones que ya conocíamos los podemos emplear en cosas más  útiles en la vida. Planteado el tema al mismo director citado nos dice que solo puede reintegrarnos las últimas tres cuotas pero no las siguientes. ¿Razones? Ninguna. Es ilegal, sencillamente ilegal. Se nos cobra por un servicio no solicitado. Es exactamente el mismo caso que cuando vas a una cafetería chic (por ejemplo el Centre de Lectura de Reus) pides un té y te sirven la infusión con un melindro. Tú dices, mira que bien, que simpáticos son, que detalle, que regalía, luego pagas el té y el melindro, es decir el doble, así reflejado en el ticket con todo el descaro. ¿En qué quedamos? ¿Gentileza o manipulación?  Por supuesto lo segundo. Efectivamente se os reintegran tres cuotas pero al siguiente mes se vuelve a cargar por el mismo servicio como si no hubiéramos protestado. A quien le dio la orden se le olvido apretar una tecla. Actualmente la diferencia entre la sonrisa y un grrrrhh es la del olvido de un simple clic.

Debería haber procedimientos civiles de urgencia, algo así como ventanillas para interposiciones telegráficas para denunciar detalles de este tipo. La Caixa se pirra de sus clientes porque le consta que salvo cuatro literatos en paro nadie  dedica tiempo personal a perder el tiempo para discutirse por un euro. Teniendo en cuenta que una vez me discutí por un céntimo de euro (lo repito, sí, 0,01€) con la Caixa de Terrassa donde tuve un deposito por años porque marcaban esa cifra por un desajuste informático en el programa de cálculo de su ordenador entidad de ahorro no veo porque no protestar por una cantidad cie veces mayor.

Lo único que nos vincula a la Caixa y la razón de la única cuenta que tenemos es porque venimos pagando la hipoteca mensual ahí, Por una razón que no comprendo el domicilio de cada pago no puede ser transferido a la cuenta de otro banco ya que la Caixa fue la entidad con la que conseguimos el crédito. Parece que no tenemos escapada. Tras el último pago de la hipoteca cancelaremos la cuenta. La entidad preferirá perder clientes a modificar hábitos ruines como los referidos. Hay otros detalles por los que ya nos enfadamos con la misma entidad que nos supusieron una considerable pérdida de dinero. Para quienes trabajan para la entidad, a los que conocemos y con quienes simpatizamos, tiene que ser duro no poder retener clientes porque les toca seguir políticas internas inflexibles de trato.

La Caixa, creo recordar, invitaba a sugerencias. Publicar esta info en internet es  un modo de hacerla ¿no es así?

Felicitaciones de Navidad

Por JesRICART - 5 de Diciembre, 2008, 1:10, Categoría: COSASdelCONSUMO

Hacia el 20 de diciembre se prodigan las  felicitaciones navideñas. Según lo relacionado que estés recibes más o menos. Ahora con un solo envío electrónico se puede felicitar a docenas de personas. Con el mismo disparo se caza la atención de cien pájaros. Las frases son las acostumbradas, nada personalizado, nada del otro mundo. Me recuerda la época pre-internet en la que se hacía lo mismo con pequeños o grandes sobres con dibujos más o menos absurdos y con frases más que estandarizadas. ¿Hemos cambiado en algo? Resulta curioso que gente de la que esperabas acuses de recibo de cartas o de otras asuntos sobre temas solidarios, te dedique un recuerdo en las fiestas navideñas (¿una modalidad para acabar el año si asuntos pendientes?). De adolescente ya me parecía un poco absurdo eso de felicitarse al final del año por dictado tradicionalista con gente con la que no se  había tenido ningún trato a lo largo del mismo. A veces quien te felicita por internet  solo te ha visto una vez y otras ni siquiera sabes de quien se trata. Para abreviar suelo contestar a quien me envía algo parecido  haciendo acuse de recibo y también  le deseo  buen cambio de año. Es la frase que me caracterizada. No sé lo que significa felices navidades. No hay mucho por lo que felicitarse durante los diciembres, el mundo no celebra ninguna paz y ni siquiera se hacen las treguas en el matar que antes se contemplaban. Me parece más apropiada las expresiones de felices fiestas o felices días, también, me repito,  la de buen cambio de año, o que el siguiente no sea peor que el anterior. De crío pensaba que la gente que tiene limitada su capacidad de texto a reproducir frases estándares como las usadas durante estas fechas era sospechosa de carencias comunicativas graves. De adulto, pienso lo mismo pero con mayor conocimiento de causa. Antes, la gente extendía las tarjetas de navidad en el vestíbulo o en una mesilla del salón (aún lo hace) y con tal despliegue hacía ostentación de las muchas relaciones que tenía o de la enorme cantidad de gente que la quería, ahora con el email no hay forma ostentosa de hacerlo, pero el rito es semejante. Prefiero un texto personalizado y sentido y espontáneo que no la monserga ordinaria y en clave de cliché de todos los años. A mí no se me ocurriría utilizar el pretexto de las Navidades para felicitar o saludar a alguien. Es como utilizar la excusa contextual para tener un motivo de recuerdo. ¿Recordarnos para qué? Preferiría ser recordado por mi mismo y no metido en una lista de saludo genérica. Pero admito que no deja de ser un pretexto para el recuerdo de gente de la que no sabes apenas nada. Su estandarización se asemeja demasiado a la de los almacenes de los que eres cliente que para estas fechas también te envían una tarjeta de saludo (incluso estos lo hacen cuando es tu aniversario, algo que las relaciones personales recuerdan menos).

Saludémonos sí pero para hablar no para expresar deseos huecos.

 

 

 



[1] http://disc.server.com/discussion.cgi?disc=201407;article=2789;title=Hoyenelmundo

Significado de la propina

Por Jes RICART MORERA - 15 de Agosto, 2008, 21:34, Categoría: COSASdelCONSUMO

 

La propina y la compra de atención especial

La propina es una dádiva inicialmente espontanea y voluntarista que corona un servicio dado. Los  ámbitos estándar de su escenografía están encabezados por la Hostelería, en sus distintos espacios: barmans y camareros de mesa de bar o restaurant, camareras de habitaciones,..Y sigue de cerca el mundo de los espectáculos. La figura del acomodador que te acompaña hasta el único sitio  libre del patio de butacas después de cruzar la oscuridad  es  como un salvador que te rescata de tu  absoluta nulidad. Es así que el espectador a parte de haber pagado la entrada en la taquilla del establecimiento se encuentra en deuda con ese acomodar que le ha proporcionado una atención especial y que compensa con una moneda. El acto dadivoso se extiende a otros espacios, en los que generalmente alguien  aparentemente con más poder adquisitivo da unas monedas con más o menos discreción a quien lo ha atendido en un sinfín de operaciones: abrirle la puerta del coche, o la puerta giratoria del hotel o  por  traer el periódico a casa. Ante la propia casa incluso hubo quien la institucionalizara: carteros y basureros acostumbraron a las gentes caseras a  recibir sus postalitas de refraneros con más o menos gracia para  que soltaran prenda o pasta a modo de aguinaldo. En fin, la cantera de las situaciones es más extensa, pero sirva las referidas para enmarcar este tema de consideración. El hecho de que una gente da propina  y otra la recibe. En la mayoría de los casos, la relación entre unos y otros se establece en un marco laboral, servicial y/o profesional. Y tal fenómeno ha tenido tal envergadura que los salarios de determinados ámbitos se han ido arrastrando a la baja[1]  porque las patronales contaban con los pluses extraordinarios que cobraban sus empleados con  las regalías de la clientela. Detengámonos en el hecho de dar una propina: generalmente un suelto en monedas de una devolución pagada con dinero. Con ella se está compensando un servicio y de alguna manera se está comprando  la continuidad del mismo trato para posteriores ocasiones en que se le solicite o se acuda a ese establecimiento determinado. La generalización y popularización de la propina es tal, que los sujetos serviciales quedan a la espera de cobrarla y los paganos presuponen su inclinación a hacerlo sin  reflexionar realmente en ello. Se ha convertido en un tic social. Y al mismo tiempo en una manera de demostrar tácitamente distintos rasgos de personalidad de los clientes. Se ha heredado la idea de que supuestamente los clientes tienen más dinero  que los empleados que les sirven. Pero modernamente esto ya no es así. El empleado con empleo, mucho más el que lleva un restaurant, maneja un taxi o  es manager de un hotel, con toda probabilidad puede tener unos dividendos superiores a los de sus  clientes por separado. Si es así, ¿por qué sigue persistiendo la idea de dar un plus a los servidores? La sola pregunta ya pondrá´ en aprietos a quienes dan propinas por sistema. De entrada les tocará reconocer un cierto automatismo conductual, que si bien pudo estar justificado en alguna época histórica ya no lo está tanto. Pero si siguen reflexionando se pueden encontrar que bajo el acto de la propina hay una prepotencia escondida en quien puede pagarla y una humillación directa en quien la recibe. De hecho, todo empleado honesto y con suficiente orgullo propio debería negarse a recibir esa clase de dádiva, puesto que le obliga a un agradecimiento y a la hipoteca de su espíritu crítico. Un trabajador  puede servir mesas o prestar servicios de cualquier tipo a los demás, lo cual no le obliga a rendirse a los caprichos neuróticos de ellos. Claro que el dinero es dinero proceda de donde proceda y el balance de un regalo económico viene a completar las carencias de un salario deplorable. En esa transacción entre  quien  da una muestra de su agradecimiento en forma de propina y quien la recibe se  crea una alianza tácita para no hablar de la verdad de los hechos circunstanciales de la carencia que lleva a aceptarla y de la prepotencia que lleva a darla. El que propina una dádiva en el fondo está simbolizando su rol de amo y quien la recibe el suyo de esclavo.  La fuerza de la costumbre  evita que las partes en transacción hablen o reflexionen de ello. “siempre  se ha hecho así” opinarán  el uno y el otro. Y no hacerlo es motivo de sospecha. De hecho la inercia a dar propinas es una de esas preinscripciones de la cultura y la tradición que vincula a  las personas con esa clase de conducta desde mucho antes que opinen su acuerdo o desacuerdo. El acomodador acostumbrado a la dádiva en lugar del  agradecimiento verbal por su servicio probablemente refunfuñará ante quien no acate la norma de la tradición. Por su parte quien se ha acostumbrado a pagar los servicios ordinarios o extras con la propina bajo manga, pensará que de no continuar haciéndolo se enfrentará un servicio peor del recibido. ¿Qué está pasando exactamente en la transacción que nos ocupa? La persona acostumbrada a dejar un  cambio en la bandeja de pago, en la mesa o en el mostrador, o lo que es más grotesco, al dependiente, al gasolinero, al acomodador  o al  censor del padrón, en realidad está pidiendo un mimo o un trato especial. Por consiguiente a más propina más derecho adquirido en ésta orientación. Lo cual significa reducir el derecho de otras personas que acuden a ese servicio. Implícitamente quien da propina está esperando un trato preferente y, consiguientemente, desigualatorio en relación al recibido por los demás que no dan la propina suficiente o que no la pagan. Se trata de un ilusionismo porqué un establecimiento no vive de las monedas de las propinas ni de sus clientes más  generosos en ellas, si no de muchos más a los cuales se debe en cuanto a trato correcto. Por otra parte, si el servicio conseguido ha de ser mantenido a base de mimos dadivosos se está cuestionando la profesionalidad del mismo servicio, le cual es esperado impecablemente por el contrato tácito de pago al encargarlo.

Un espacio de observación  rico en costumbrismos y conductas automatizadas e insanas es en los restaurants de una cierta categoría cuando ha sido  un grupo abigarrado el que ha encargado una comilona. A la hora de pagar y hace los repartos de la cuota correspondientes generalmente se redondea a la alta y el resto queda como bote propinario. A veces  tal bote es suculento ya que ningún comensal atiende realmente a las cuentas. Siempre hay alguien  experto en contabilidad que se ocupa más del tema y que decide por todos la cantidad de propina a dejar. Esa resolución arrastra a quienes no  llevan esta clase de conducta en su modo de ser como consumidores y crea una situación delicada en la que plantearle al propinario que la propina la pague él/ella pero no calcule la parte  que les toca a los demás de la misma puede hacer pensar a los demás que quien plantea tal cosa va de pobre o de rata. Se trata de esa clase de situaciones anecdóticas en las que se renueva el repertorio de sutilezas entre quiénes´ se colocan en posiciones serviles de quienes  tratan de defender con justicia  el pago exacto y el precio justo por lo contratado. Quien está vinculado a la figura transaccional de la propina en realidad es el amo que  para mantenerse en esa posición se  reafirma como esclavo de su costumbre y esclavo  de esa necesidad de ser tenido especialmente en cuenta. La curiosidad de eso es que  tal solicitud  se corresponde con una inmadurez  relativa y un victimismo cultural. Con el paso del tiempo y la colección de crisis económicas las conductas han ido ajustándose más a los hechos librándose de la pulsión dadivosa. Y de hecho los propios establecimientos prefieren clientes continuados que no clientes beneficiarios de una sola vez. Tal vez al principio la imagen de no encontrar la propina de un a parte de la vuelta resulte extraña. Pronto deja de serlo cuando dejarla o no ya no está ligado a  la satisfacción. Un cliente insatisfecho no suele repetir, uno satisfecho, sí. De hecho la mejor propina y regalo es la continuidad de uso de un servicio determinado. 

Hay otra razón por la que se dejan propinas. Para no ser señalado como  avaro. Y en tanto que se trata de un pequeño porcentaje en relación al total de una minuta, mejor dejarla que correr el riesgo de ser señalado. En algunos establecimientos se había  practicado dar un campanazo o una señal acústica cada vez que alguien  daba algo para el bote de las propinas. Ese gesto por parte del establecimiento reforzaba a la prepotencia de quien la había dado y lo estimulaba para otros gestos de este tipo.

Entre dejarlas y no dejarlas el mundo de las relaciones comerciales-y por lo tanto, serviciales- camina hacía el campo de las transacciones entre iguales. En consecuencia llega a tener tan poco sentido que un cliente de una propina extra por un servicio, como que un comercial le pague a un cliente por venir a visitarlo. La autentificación de las relaciones humanas pasa por pagar realidades y contenidos, no favores  y actitudes especiales, pues haciéndolo se promueve una clase de  desprofesionalización en la que los serviciales  sólo  actúan adecuadamente frente a la perspectiva de un plus en sus dividendos. Por su parte el organizador de las propinas y quien se acostumbra a las suyas continuadas si se detiene un poco en el análisis  de las razones por las que las da, encontrará una profunda incerteza en sí mismo, por la que necesitará acudir para todo al dinero[2]  para conseguir cubrir sus necesidades, incluidas las de ser reconocido por los demás, en este caso, por quienes le sirven puntualmente en tanto que desconocidos.



[1] No siempre es así, las noticias-aunque contradictorias- de los repartidores de butano, es que empleados pakistaníes aceptan trabajar sin salario, únicamente contando con las propinas.

[2]  Incluso parao obtener información:una escena muy abundante en las películas  made in usa  de detectives.

Por Espacios de Trueques

Por Sussana Maraselva Reina - 7 de Diciembre, 2007, 20:29, Categoría: COSASdelCONSUMO

Converters. Un gran nombre comercial para una empresa carroñera.

Me gusta mercadear y cuando viajo, no importa donde ni a qué país, dejarme llevar por la densidad humana de un mercado ambulante es una experiencia inigualable. Te llena de información sensorial del lugar donde estás, te permite conocer los precios reales del mercado de verdad, al que va la gente oriunda, y por si fuera poco te llena de notas de color y anécdotas. Esto vale tanto para los mercados con artículos de primera mano como para los rastros donde el cambalache, el trueque y el reciclaje integran el grueso de cosas de segunda mano. Antes de que se hablara de reciclaje y se diera publicidad a la filosofía de la triple R (reducir, reutilizar y reciclar) ya había mercados en los que tácitamente  unos compradores usaban cosas desechadas por unos vendedores que o bien hacían de intermediarios o incluso se las sacaban directamente de encima por sobrarles. Estos mercados han sido y son ampliamente populares. Son los mercados de los pobres, raramente se ve que aparezcan clientes forrados de pasta en ellos, aunque recuerdo que en algunas tiendas dels Encants de las Glorias en alguna tienda de ropa usada se podía ver gente de una cultura dignísima y de una elegancia extrema que iban a buscar ropas exquisitas que no se encontraban en otros lugares o que podían servir como atrezo para sus representaciones.

Admitido que el mundo del trueque y en general de la compraventa de materiales y artículos usados debería ser más potenciado examinemos un caso particular. Converters, un comercio de compra-venta en la carretera de Barcelona a su paso por Sabadell en Creu de Barberà,  nos fue recomendado para deshacernos de una silla de ruedas que en su momento -por una fractura de fémur- compramos y nunca hemos usado. Eso costó más de 300 euros en la época en que todavía circulaba la peseta. Una primera visita al establecimiento nos dio cuenta de los precios que manejaban, efectivamente asequibles para todo el mundo. Hecha nuestra propuesta quedamos en que iríamos con la silla para ver que precio ofrecían. Podíamos habernos evitado el viaje. Antes de ir tenían ya una tasa máxima de oferta: 25 euros. Fue todo lo que conseguimos. Es decir la décimo quinta parte de lo que costó. El rato de negociación, sin embargo, fue suculento. En el establecimiento perfectamente pueden cuadruplicar o quintuplicar el precio sin tener que hacer ningún esfuerzo, por nuestra parte nos sentimos ante una política de empresa absolutamente carroñera. Por un momento pensamos en llevar el aparato al hospital más próximo y donarlo (hemos donado otros objetos auxiliares de minusvalías: bitutores y muletas en otras ocasiones a otros establecimientos como la Cruz Roja). Bien ya que estábamos ahí admitimos esa contraprestación por el viaje y el tiempo perdido, la silla fue regalada. Esperamos que quien la compre pueda adquirirla por no mas de 50euros.No hicimos ningún negocio simplemente nos deshicimos de un objeto que no usábamos. La otra alternativa en la que habíamos pensado de aprovechar nuestro próximo viaje a África para donarla a un hospital de Mali suponía cargar con el enojo de la maquina durante un mes largo.

La experiencia nos sirvió para cuestionarnos nuevamente el tema del trueque. Habida cuenta que cada vez la sociedad produce más objetos que pueden ser reutilizados tal cual están, debería pensarse en instrumentar espacios o naves permanentes de exposición y trueque. Todo el mundo tiene cosas que le sobran y que puede amortizarlas intercambiándolas por otras que no tiene. Es un principio fundamental de economía simple y primaria, tan sencilla que su poder alternativo está al alcance de todos, de todos menos de los comerciantes que piensan en términos de beneficio.

La sociedad industrial debería contener el rugido de las máquinas productivas y hacer más balances de todo lo que tiene almacenado y que no usa. La filosofía de la reutilización está aun por rehabilitar. Se habla de contaminación atmosférica y desastres ecológicos en perspectiva pero se sigue sin cambiar de modelo productivo. Todos los perímetros municipales contienen espacios infrautilizados. Un aprovechamiento de alguno de ellos podría ser el del mercado del trueque como algo regular. Hay localidades que lo hacen como algo episódico una vez al año. La rebusca que es otra versión de este mercado con el que mucha gente sobrevive podría ser su parte complementaria. No necesariamente habría que intercambiar una cosa por la otra sino hubiera una otra que se deseara. El. Dinero evidentemente circularía como instrumento de pago pero el mismo hecho de la posibilidad del trueque en el entorno seria un contenedor de precios.

Los ladrones domésticos silenciosos

Por Suso Ricmor - 7 de Diciembre, 2007, 9:15, Categoría: COSASdelCONSUMO

Cuando te instalas a vivir en un apartamento o compras una vivienda, además de pagar por  un espacio: un suelo demarcado por  un techo y  unas  paredes,  quedas vinculado al mantenimiento de un tipo de consumos determinados por los electrodomésticos que han sido elegidos por el constructor, cuyo negocio o chanchullos está por encima de la lógica del hábitat.  Es así que  tienes que soportar, como es nuestro caso, el volumen ocupado de un gigantesco termo de 150 litros, un enorme calefactor o  la placa de vitrocerámica además del horno. No se te ha consultado al respecto y ni siquiera eres del todo consciente de la victimidad que te espera por tener que cargar con estos artículos de la modernidad. Además de ocupar  unos cuantos metros cúbicos considerables en tu salón o galería te hacen entrar en una dinámica de gasto energético anti ecologista y superfluo. Luego al incorporar a la lista de errores un  frigorífico también de gran tamaño completas el ciclo que te gradúa como imbécil al cubo. Los próximos 10, 20, 30 o los años que sean vas a estar permitiendo calentar todo un volumen del termo que en la práctica diaria solo usaras en su 10ma o 20sema parte a no ser que seas un despilfarrador y dejes los grifos abiertos, vas a recalentar el ambiente excesivamente o vas a usar el horno solo de tarde en tarde. En cuanto al frigo puede contener en el congelador comida que se convierta en un problema para terminar de usar. Los ritmos de gasto son completamente distintos si se trata de un grupo familia de 5 o más componentes a si se trata de uno o dos. También es distinto el ritmo para familias deseducadas en el uso de los suministros al de residentes que sabe que detrás del consumo eléctrico o de agua hay facturas que pagar y que aunque sobre el dinero para pagarlas  no hay razón alguna para malbaratar el suministro.

Las viviendas también vienen con objetos obsoletos que obedecen a antiguas inercias tales como el fregadero o el bidet o enormes lavabos que no se justifican por lo que se hace en ellos. Nosotros arrancamos los dos primeros  para ganar espacio y a la larga deberíamos arrancar el otro sustituyéndolo por uno de tamaño más lógico. Estos son males menores en comparación al coste de mantenimiento de los aparatos eléctricos. Lo que realmente produce gasto innecesario es recalentamiento de agua hasta la saciedad. El termostato sirve para mantener el agua a punto a cada momento en que el usuario mal acostumbrado a las temperaturas la necesite. La prepotencia del civilizado, a menudo manifestada inconscientemente, lo convierte en un anti ecologista a cada paso que da sin darse cuenta.

La alternativa pasa por una reeducación y una revisión de cada objeto en si mismo deshaciéndose de los que  admiten sustituciones por otros mejores. Evidentemente el constructor no admitirá la devolución de aquellos que han sido incluidos en el lote aunque se demuestre que se trata de un latrocinio sutil y de un oportunismo de mercado por su parte además de una negligencia profesional por parte de los que eligen esos monstruos. Eso convierte a los espacios domésticos en agujeros permanentes en los bolsillos de sus propietarios/usuarios. Nuevos estilos de la construcción proponen viviendas con las cocinas desnudas de mobiliario para que sean elegidas a gusto de los comprados. Todo un detalle. Eso no abarata los precios pero al menos permite la libertad estética y funcionalista del que va a vivir a un lugar y pasarse media vida.

Para un tipo de vida funcionalista cuanto menos aparates chupen del torrente eléctrico para consumos que no se vayan a hacer tanto mejor para la economía doméstica. Reducir el tamaño de la aparatología permite una vida más desahogada y de mayor calidad.

Elle, La moda en un ladrillo.

Por W.Sumionda - 23 de Junio, 2006, 13:26, Categoría: COSASdelCONSUMO

 Elle, es una revista a todo color dedicada a la moda femenina. Su número 224 de mayo del 2005 contiene 466 paginas con un cuantioso número de fotografías y notas breves de estilos y diseños que convierte al ejemplar en un peso pesado (de metáfora nada, peso real de ladrillo). Sólo hay dos artículos. (¿para disimular?). Han sido lo único que he leido. Una entrevista a Vicente Amigo y un texto crítico de cienciología  por A.Villamor y L.Pérez (por cierto, ¡felicitaciones!).

La revista estaba en nuestra casa. Alguien se la había dejado un año atrás y nunca vino a recogerla. Su precio de 3 euros por tanto papel a costa de someter a las lectoras a una superdosis de publicidad era una cantidad que podia perderse. Antes de deshacerme del objeto he decidido darle una ojeada. Confieso que mis brazos se han cansado de tanto voltear páginas para tan poca cosa. Admito que hay mujeres sin ideas propias, ni estilo, ni autoestima, que necesitan acudir a las páginas de esta revista, o de otras parecidas, para tomar modelo de cómo vestir, cómo sonreír o cómo pintarse los labios. A pesar de eso creo que es un insulto a la condición femenina esperar a que expertos de turno en estética marquen sus pautas. 

A fuerza de decir a las mujeres como se ha de  estar y cómo vestirse, el verdadero glamour desaparece  repentinamente. La industria cosmética y del tejido para vestir idiotiza el comportamiento de la gente, la estandariza en sus olores y formas y finalmente la homologa en una sola ortodoxia de pensamiento. ¡Son tan parecidas unas conversaciones a otras! A veces las veladas sensuales son tan similares que las citas con las chicas tienen un extraño parecido con la experiencia de masticar chicle de la misma marca y sabor.

Para terminar, he aquí una demanda: la de mujeres auténticas, sin trampa ni cartón, sin potingues, sin estar contaminadas por los lanzamientos de moda de cada temporada. Las mujeres y  los hombres saldremos ganando, también los árboles que no prestarán sus materiales como soporte para tanta inutilidad  como ésta dedicada al grafismo.

Me abstengo de opinar de la trayectoria de Elle, que no conozco ni deseo conocer. Este contacto con el número referido ha sido suficiente para no volver a repetirlo con ningún otro ejemplar. En cuanto al referido ya está en la papelera camino del container de reciclado.

 

El Potencial de Eficacia de una nota directa

Por Ricardo Moreira Mitra - 20 de Junio, 2006, 11:54, Categoría: COSASdelCONSUMO

 

En ocasiones el poder de la palabra concreta queda demostrado cuando  al señalar un error sirve para que sea subsanado. Ese ha sido el caso del MP3-MP4 comprado a El país, como una oferta promocional, y que  no  nos fue servido en su momento de acuerdo con su promesa. Haber enviado una nota de protesta (Cuando el error suena a fraude) no solo como Carta al director y a su magazine EPS sino también a otros medios de comunicación en paralelo hizo que inmediatamente fuera tomada en cuenta y que  en 12 horas nos aseguraran el envío del objeto pagado  para el siguiente lunes.  Lo curioso del tema es que las personas encargadas del envío no hubieran detectado por su cuenta que había objetos pagados y no entregados (el plural es supuesto) a domicilio tal como había sido establecido y que no lo hubieran resuelto por iniciativa propia. Bueno, más vale tarde que nunca. Animamos a que se siga empleando la palabra escrita para resolver desajustes comerciales y transaccionales o del tipo que sean y no presuponer que las cosas van a resolverse espontáneamente. A menudo la función ajena necesita un empujoncito.

Comercio y Estafa.

Por Jordi Sar - 10 de Mayo, 2006, 15:20, Categoría: COSASdelCONSUMO

La idea de la figura del estafador es aquel que piensa en términos de timo. La imagen clásica es la del tipo astuto que busca un incauto con cara de tonto para colocarle cualquier cosa inútil haciéndole creer que compra una ganga. Es así que ha habido espabilados con suficientes habilidades verbales para vender un ladrillo envuelto haciendo creer que se trataba de un lingote de oro, o en versiones más reconocibles, gitanas que vendían cajas comerciales de videos con un tarugo de madera dentro como magnetoscopios nuevos y flamantes. El timador en tierras hispanas ha prosperado de una manera sobresaliente, forma parte de las categorías urbanas sin piedad a las que no tiene acostumbrados esta geografía cultural con ricas tradiciones en bandidajes y asaltadores de toda clase. Claro que ese timador, el que ofrece duros a cuatro pesetas, cuenta con un factor psicológico esencial: el de la ambición subyacente de su víctima potencial que cree que está tratando con un tonto cuando realmente el estúpido es él. Visto así el timador, se constituye, aunque esa no sea su intención, en un detector público de la malicia social de la que, quien más quien menos, se corrompe poco o mucho. A priori todo el mundo sabe que nadie da duros a cuatro pesetas pero cuando alguien los ofrece, a pesar de todas las advertencias, se detiene a escuchar para cerciorarse si eso es cierto o no.  El timador tiene algo de picaresco y encarna una figura tradicional casi mítica de la cultura patria, magistralmente representado por Toni Leblanc en más de una película, medio ratero y medio mangante pero en el fondo buena persona, capaz en un momento dado de devolver  el coche substraído, con un maletín de relojes caros de muestra dentro, al mismo lugar que lo robara  unos minutos antes de que su dueño  vaya a  recogerlo.

Pero hay otra clase de timo más organizado y sistemático que trasciende a la oportunidad callejera para ser una venta fraudulenta sistemática. El comercio, el pequeño o gran comercio, el de tienda de esquina o de hiper, va asociado a la idea de estafa cuando el vehículo comercial de la venta, el establecimiento y sus vendedores, se ven a sí mismos como simples intermediarios o expendedores y no asumen ante el cliente la garantía del producto vendido. La garantía, es algo de la empresa fabricante y lo más que asume el comercio es comprometerse al plazo de ella para devolver el producto si no funciona a la firma para su reparación. Todo parece impecable cuando un objeto nuevo deja de funcionar después de un uso de unos cuantos meses. ¿Pero qué pasa cuando el objeto nada más ser desenvalado viene defectuoso? Pues que el comercio no asume el problema  y lo carga al cliente. Este considera tener mala suerte y acepta el via crucis de devolver algo el día después de haber sido comprado y esperar la demora de su entrega en perfecto estado. ¿Perfecto estado? Nada de eso. La garantía que proporciona el fabricante tampoco es tal y trata de mejorar el producto defectuoso no de cambiarlo por uno nuevo. El cliente está defraudado. Eso pasa tanto con una radio portátil como con un coche todo terreno. Parece que la legislación tiene lagunas y ampara este procedimiento. He cargado con objetos que no han funcionado desde el principio, como una pantalla TFT de Acer, comprada en uno de los establecimientos más baratos de informática en calle Sepúlveda de Barcelona  y que parpadea arbitrariamente y con vehículos, más de una vez, con defectos de fabricación. El dinero ya no paga las cosas de alta calidad, simplemente paga cosas sin garantía por muchos certificados que vengan con ellas. El comerciante se constituye en un timador tácito en tanto que en el lugar de un aparato electrodoméstico esta proporcionando un ladrillo que lo simula, es decir un aparato con todos los cables y nombres pero que no funciona. Se comprende que una cierta cantidad de productos de una industria que produce las cosas en serie no pasen por verificación y alcancen el mercado con desperfectos. Imaginémonos lo mismo para un avión que no ha sido revisado cada vez que zarpa y sale al aire con los tornillos o los remaches del fuselaje desaflojados. Si bien el desperfecto es algo perfectamente previsible en un proceso industrial, no es nada aceptable que no pase por la verificación suficiente. Lo mismo una prenda de vestir que una  tuerca.

En la misma planta de producción hay, o debe haber, bancos de pruebas. Así mismo en el establecimiento comercial debe contar con la posibilidad de productos devueltos inmediatamente por imposibilidad de uso según lo acordado o prometido y ser sustituidos in situ por unos nuevos. De lo contrario el comercial y el estafador pertenecen a la misma familia de delincuentes.

Té indio perfumado.

Por entreveïns - 10 de Mayo, 2006, 15:10, Categoría: COSASdelCONSUMO

La Maquinista. Un local de franquicia.  Seducidos por el anuncio de la pizarra de consumiciones pedimos un  té indio perfumado por el exotismo de su expresión. La taza no tiene trazas de un brebaje distinto a cualquier otro de cualquier otra cafetería, y el perfume es un par de gotas sacadas de una botella de licor. El precio en cambio sí difiere sustancialmente del de otros establecimientos de la misma categoría. Pagamos el error de percepción y lo apunto en mi lista de conductas para no repetir  quedándonos con un signo de exclamación flotando en nuestra mesa mientras hacemos de tontos sin que quien nos ha servido se crea responsable del equívoco.

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