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CIVISMO

La confrontación crítica y sus consecuencias

Por JesRICART - 16 de Septiembre, 2009, 13:56, Categoría: CIVISMO

La confrontación crítica y sus consecuencias en el constelograma personal.

Por definición un portador de verdad es un maldito al que se le crucifica. Viene a incordiar para quienes tienen sus chiringuitos montados aprovechándose de las miserias ajenas. Puesto que los carpinteros en construir cruces no están en las páginas amarillas las formas sacrificiales son más sutiles. Al maldito se le deja de lado, se le hace el vacío, no se le contesta, se le ignora. Todo eso son maneras de castigo. La experiencia de la sinceridad castigada lleva al sujeto represaliado por ser sincero a repensarse sus posteriores formas de intervención. La verdad es que termina participando de la comedia social y de la superficialidad. Si andamos escasos de héroes es porque raramente hay alguien que dice lo que piensa y lo dice por sistema y como principio rector de su vida..  Con suerte de vez en cuando alguien (como Gaspar Llamazares) sigue presentado la batalla contra los poderes de la inutilidad y cuestiona en la grada del parlamento al titular de la presidencia gubernamental que eso de seguir enviando tropas a Afganistán indica una falta de lógica interpretativa del significado del terrorismo y que supone doblegarse a la estrategia de los estadounidenses. Sí, esas confrontaciones criticas en las arenas políticas y en los macro discursos sigue existiendo. Los enemigos están perfectamente posicionados y todos saben de sobras que no van a convencer, bastante hacen los críticos en hacer valer sus voces para que la sociedad tenga en cuenta argumentos que no dicen los malos de la historia, pero la confrontación crítica es algo determinado en toda clase de circunstancias y no solo las políticas con resonancias mediáticas. En todas partes y ámbitos hay motivos para la confrontación. Razones para cuestionar situaciones y conductas.

Por suerte, cada día hay menos gente que se calla y más que razona sus protestas. Esa extensión creciente de la crítica con un proceso paralelo de concienciación han ido cambiando la faz de muchos lugares. Estamos consiguiendo poder salir a la calle o tramitar gestiones institucionales y al menos no sufrir por las colas y los caos. También estamos consiguiendo que la ignorancia se repudie y las opiniones no se traguen sin más por el hecho del rol de poder de quien las dice. Estamos en un momento que desde las instancias de poder incluso se viene dando un cierto reconocimiento (por tanto una cierta autocrítica) que las cosas para que cambien necesiten reformas estructurales. Hasta Montilla, titular de la presidencia de la Generalitat, lo dice. Falta el atrevimiento a especificar esas reformas estructurales.

De la demanda histórica de cambiar la estructura de un sistema económico-político que está echando a perder el planeta y no solo ha enviado a la miseria a miles de millones de personas, representantes de los poderes (votados y no votados) se hacen eco de ellas como si fueran los primeros en anunciarlas. De todos modos ¡bravo! mejor esto que  no decir ni mu. Nos da igual que los personajes que reciben los honores y pasen a la renovación del santoral antes de que termine el siglo sean de un signo u otro, con tal de que lleven a termino propuestas consecuentes para resolver el drama de vivir en esta sociedad y con humanos tan ambiciosos y sin escrúpulos que son la vergüenza de todas las culturas. Esos humanos están en listas, son tipos conocidos. Han hecho  y siguen haciendo sus fortunas a costa de la especulación. Juegan las reglas del juego del capital que tan bien conocen y lo triste es que se mantienen incluso dentro de la legalidad autorizada.

Desde hace ya tiempo el concepto del libre mercado vive en colisión con la de la intervención del estado en la regulación de este mercado. El sistema capitalista se distingue por ese doble discurso. Por un lado hace de paraíso para el enriquecimiento, de otro permite que ese enriquecimiento de unos signifique el desastre para otros. Mientras los estados van entendiendo que el lucro con efectos colaterales de miseria es un acto criminal, desde la ciudadanía que nos valemos y nos manejamos con los pequeños números lo que nos importa es saber la verdad de las cosas y poder vivir en paz los uso con los otros.

Esto no es tan fácil, nacemos, crecemos y morimos en sociedades predispuestas al conflicto en las que hay una invitación continua a ser conformistas y no preocuparnos por nada, delegando psicológica y políticamente a los supuestos expertos en bienestar común a que hagan el trabajo por todos. Tan pronto alguien se permite opinar recibe distintas definiciones que lo estigmatizan porque opta por buscarle las pulgas a todo o por la rebelión, aunque sea desde la cortesía y la elegancia, la única por otra parte que se puede hacer. Ya no hay agendas con citas para la insurgencia pero sí criterios mentalizados para no dejar pasarse a quien actúa de maneras fraudulentas y engañosas. La dignidad es incompatible con las escenas equivocadas, muchos más con la intencionalmente erróneas. Si admitimos que hay individuos que extienden la fatalidad social justificando la suya propia (gorrillas sevillanos que sabotean los coches de los conductores que no les pagan su impuesto, trileros que justifican no tener trabajo con timar –perdón, robar- a incautos, vecinos que arrancan las notas de interés público para la comunidad, restaurants que dan bazofias por menús no baratos, calles desarregladas por décadas a causa de ayuntamientos que no saben gestionar el presupuesto, conocidos que no están a la altura de lo mínimamente esperable en el trato, colegas o socios que no cumplen con los compromisos adoptados, amigos -.incluso- que caen en trampas ideológicas,…). En cuanto se pasa –o se complementa- la confrontación por los grades temas de país y de mundo (ecológicos, industriales y bélicos) a la confrontación los no tan pequeños temas de la vida cotidiana con quienes nos encontramos, coincidimos en las calles o en los aparcamientos, en el vecindario y en la localidad, sucede que incluso los más radicales sufren una curiosa inhibición. El problema de enfrentarse a un vecino a diferencia de un desconocido es que con aquel se va a coincidir otras muchas veces y se va a tener que soportar su despecho. Si a una persona consciente ya le resulta difícil soportar una crítica a una ignorante no solo no la soporta, además no la entenderá y de alguna manera se vengará. La retirada de saludo ya es una forma de venganza.

Dejar de decirle a alguien algo aun siendo molesto o negativo para la coexistencia es una versión no tan light de la cobardía. Estamos lejos de la tesis tan popularizada de si alguien la hace la paga. Frase que recuerda de tanto en tanto un paseante diario que ramblea y esta mas al corriente de quienes son los mal factores que se aprovechan de los demás que la propia policía urbana. La sociedad se ha acostumbrado a la filo delincuencia sistemática, nutrida por multitudes que no han aprendido lo que es el honor ni querrán aprenderlo nunca (afirmación rabiosa pero repensada minuciosamente y confirmada en multitud de coyunturas). Del crimen  a distintos grados se viene haciendo espectáculo al que contribuye una impresionante cantidad de personal cada cual con su cuota de escabrosidad: desde carteristas que justifican sus actos porque (pobrecitos) la vida los ha empujado a delinquir a asesinos que meten sus víctimas en el congelador  o madres que siguen deshaciéndose de sus bebés. Por suerte, salvo algún mangante del periódico o revista al que estas suscrito o alguien que recibe un envío postal a tu nombre y se lo queda sin decírtelo, entrevecinos la chusma puede intentar ser neutralizada. Eso pasa por la objeción crítica. El crítico es el primero que sufre las derivaciones en forma de peajes indirectos de la crítica lanzada. El peor problema del crítico es que tenga razón, que presente un hecho nefasto y enfrente su actor a asumirlo. Descubierto ante los demás, pero también ante sí mismo (el mentecato creía que podía ir de esa guisa porque los demás éramos tontos aceptándolo) no te va a perdonar nunca que sepas quien –lo qué- es. Si el personaje objetado forma parte del circulo más vinculado a tu persona experimentarás a corto plazo que te irá dejando de lado. Participar de la vigilancia crítica lleva a la soledad. No le des más vueltas. Si quieres estar rodeado de mucha gente, tener amigos de sobras, tienes que callarte. O dicho de otra manera, quien luce de tener muchos amigos es porque sabe callar sus verdaderas opiniones, es decir, no es sincero. La vida social te pone siempre y con distintas versiones renovadas ante la misma tesitura. ¿qué eliges? ¿luchar para qué las cosas sean mejores o callar para seguir el simulacro de una vida sin problemas convirtiéndote en cómplice de todos los males de los que seas testigo?

Lo curioso de las confrontaciones es que el que es puesto en evidencia se escapa del tema aludiendo a otras cuestiones laterales o lejanas. Se disgustará por la forma de ser increpado, por el tono, incluso se sentirá molestado por decirle que no escupa en tu suelo, que se lave porque apesta o conduzca correctamente para que no te mate. Si le dices que no vaya de soldadito a ninguna guerra a Asia  te pegara un discurso patriótico y si le echas el alto a alguien que está tratando de robar a otro te hará un par de agujeros en el suéter. La cosa está cruda. Por suerte la confrontación no tiene porque ir más allá de las palabras, pero la hipótesis de que llegue a las manos disuade a muchos que se meten bajo el edredón. Ante sus consecuencias que pasan por sufrir una modificación en el constelograma personal perdiendo gente que se la reubica en el único lugar donde puede estar: en el desencuentro, me pregunto si no es hora de que los planes educacionales y la pedagogía escolar no trabaje en simulacros reales de lo que es la vida social para preparar a los futuros adultos a vivir conciliados los unos con los otros pero sin rehuir de sus verdades y, especialmente, de sus responsabilidades. La tan cacareada educación en valores es esto. No sirven de mucho los certificados escolares (como tampoco lo universitarios) sin que una institución docente pueda garantizar eso de sus estudiantes.

Hay muchas causas nobles por las que seguirnos peleando con quienes sabotean la coexistencia social en demasiados de sus pasos (la paz, la concordia, el respeto al medio…). Institucionalmente se ha articulado un eslogan que apoyo: la revolución de los pequeños gestos. Basta que cada día cada persona haga una sola intervención con un pequeño gesto para contrarrestar las conductas nefastas para que un mundo mejor sea posible antes de terminar el próximo año.

La bici pinchada

Por YASHUAbcn - 12 de Febrero, 2009, 11:21, Categoría: CIVISMO

El día que me pincharon las ruedas de la bicicleta

Cuando vivía en la calle Roselló, no la de Barcelona Ensanche sino la de Hospitalet  casi en el término municipal entre ambas ciudades, estába(mos) en una escalera de pocos vecinos, unas 4 plantas con dos viviendas en cada uno. Por aquel entonces yo usaba una bicicleta para moverme por ambas ciudades. La bici es el modo de locomoción más rápido que hay por dentro de una ciudad, incluso una como Barna que está levantada sobre  un plano inclinado. El inmueble no tenia ascensor y la escalera era estrecha, con lo cual durante la noche la dejaba debajo de la escalera en un espacio en que no molestaba a nadie, también había un carrito de los de bebé. Salía disparado un cuarto de hora antes de la hora de empezar el trabajo. Cierta mañana, al tratar de hacerlo me encontré con la bici pinchada. Eso me hizo llegar tarde y me ocasionó una seria frustración. No podía entender como alguien decidió hacerme eso sin preavisarme si tanto le molestaba la bicicleta en el lugar. No había tenido ningún problema con ningún vecino al respecto. Tan pronto como pude llamé a todas las puertas preguntando quien lo había hecho sabiendo por supuesto que la mentira era todo l oque obtendría por respuesta pero al menos hice propaganda del agravio y de las consecuencias negativas que me ocasionó este atentado. Redacté algún texto de protesta sobre el tema y me di por rendido. Por aquellas fechas el portabicis encima de mi coche trataron de robarlo en la misma calle.  Mientras el pobre saboteaba al pobre los ricos se iban hinchando de más riquezas. Tuvo que pasar mucho tiempo antes de que las normativas municipales empezaran a contemplar la instalación de cuartos en el vestíbulo para bicicletas o carros de bebé, algo que ya venían haciendo desde décadas países europeos menos anclados en el pasado.

La discusión por un minuto

Por YASHUAbcn - 12 de Febrero, 2009, 11:19, Categoría: CIVISMO

La coquista de un miuto contra el acomodador secuaz.

 Febrero del 2005. Recital entrañable con Georges Moustaki, Paco Ibañez y Marina Rossell en el Palau de la Música. empieza hacía las 9:30 y termina casi a las 12.00 de la noche. las canciones y las voces nos retrotraen a otros tiempos, a los de la utopía y el sueño, a los de la libertad creída y la solidaridad humana. El público llena todos los asientos disponibles. Al terminar, como es lógico se necesita una cierto tiempo para desalojar el fastuoso edificio. Nosotros que hemos estado en la antepenúltima hilera del segundo piso, nos tomamos tiempo permaneciendo en el lugar mientras la multitud va desalojando el anfiteatro. Cuando nos levantamos todavía hay un taponamiento considerable en el hall del primer piso. Decidimos tomar asiento en una de  las mesas de mármol de bar. Inmediatamente viene uno de los acomodadores diciéndonos que ahí no podemos estar. Es posible que haya pensado que habíamos decidido montar nuestro campamento o quedarnos como ocupas. Le contestamos que hay un embotellamiento en el pasillo y que en un minuto nos vamos. Antes de pasar ese período de tiempo (recuérdese, son 60 segundos) vuelve el susodicho afirmando que  el tapón de gente se ha extinguido y que ya podemos irnos. Nos miramos mi acompañante y yo con cara de perplejidad mientras el “..je declare l´etat de bonheur permanente..” resuena en nuestro oídos, y optamos por no contestar al empleado enhiesto. El mismo, según  apenas recordamos, nos ha indicado donde estaba la fila de nuestros asientos. Permanecemos en nuestros asientos. El tipo decide irse, un tanto a la carrera, como si fuera en ayuda de algún pelotón no sé si de grises o gris en cualquier caso, para echarnos a la fuerza.. Pasa el tiempo que habíamos estimado en un principio para que se despejara la escalera de bajada, nos levantamos y marchamos sin tener que andar apretados en las escaleras hasta el vestíbulo de la planta baja. El microepisodio nos da oportunidad de hacer algo de reflexión como tentenpié en tanto  vamos en busca de nuestro vehículo. Probablemente el empleado, harto de sinfonías y conciertos, tiene un pentagrama vacío de notas en su mollera y no puede alcanzar la sutilidad sensible de un público devoto de unas canciones y mensajes que forman parte de sus mismas autobiografías. Concedido. Probablemente el hombre, por el hecho de pertenecer a otra generación nacida, algunos con certificados de conformidad entre los labios pensara que la sensibileria de la música tenia otro revés, el de los tramoyistas y currantes físicos que tienen limpio el local donde tradicionalmente la burguesía hay ido a cultivarse con sonidos. Concedido. Probablemente el tipo cobra un sueldo fijo, y cuando antes cierren las puertas de la calle, antes podrá irse a casa y reunirse con quienes más le importan, los suyos y sus familiares, fuera de canciones fuera de tiempo y de lugar, si eso piensa. Concedido.  Hay tantas probabilidades que probablemente el acomodador  es un santo varón al cual habría que homenajear cada noche tras sesiones de acompañamiento a público, levantar butacas de asientos o indicar donde están los lavabos. Probablemente el acomodador no debería serlo y estar interpretando a Bach en la tarima de abajo. Probablemente el asalariado vive una intensa contradicción en tener un lugar de trabajo en un espacio donde para otros hay un lugar de goce.  Probablemente el  joven tenga muy claro que trabaja por una determinada cantidad de horas y ni un minuto más y no puede conceder que la gente tras un concierto salga flotando por la música o por las voces.

Para nuestro punto de vista, resulta  de una nota desagradable que cuando todavía hay gente en los asientos los empleados celosos de sus empleos estén achuchando a la gente para que abandone el sitio. Resulta ser una anécdota sin importancia pero que indica que la gestualidad anticultural empieza en los mismos espacios de culto a la cultura. El bedel de cualquier parte, de un instituto, una escuela de adultos o una facultad o un ateneo es el contrapunto de las sagradas palabras que se dictan entre sus paredes. El portero de hotel, con o sin chistera, es la contraimagen de lo que se supone se tiene como garantía de tranquilidad y control en su interior. El conserje es el símbolo del aduanero de la realidad: el que nunca permitirá contrabandear con  la pasión sentimental, con el sueño romántico o con el idealismo social. En definitiva el poder del subalterno, del subordinado, del lacayo, no es el de su rebeldía potencial desde la bajura de su  humildad o en su condición de explotado (por mucho que hayamos querido creer en eso)sino la representación de la realidad que hace. Su figura principia la realidad en tanto te recuerda, que no te puedes sentar ni siquiera un minuto - porque emocionalmente lo necesitas por estar bajo la influencia de un concierto apasionante- y te recita la cartilla. Su principio de realidad es tal que te puede malograr los resultados de un acto cultural robusto y echar a perder los 30 euros que has pagado por él. Alternativa: no entrar en el discurso no solicitado y persistir en la actitud propia desde la dignidad del silencio.

Puesto que la vida en sociedad está llena de gente que va recordando las normas (o su lectura de las mismas) a los demás, valdrá la pena seguir perfeccionando la técnica de no intervención ante las actitudes tozudas del personal postizo que estropea los  decorados hermosos.

 

 

¿Qué hacer con los escombros?

Por JesRICART - 13 de Enero, 2009, 13:37, Categoría: CIVISMO

 Sigue habiendo carteles que prohíben- bajo el aviso de  sanciones económicas de 600e- echar escombros o restos de podas en explanadas, junto a caminos o en extremos de urbanizaciones. Son carteles que están perfectamente visibles en la zona de la playa de las 3 piedras en Chipiona. Ante una explanada desnuda y sin otro uso o a la espera de su reurbanización el vecino que no sabe que hacer con su cargamento lo echa ahí donde puede si pensárselo dos veces, generalmente con nocturnidad y alevosía. Si hay que evaluarlo no diremos de su comportamiento que sea la de un vecino modélico, más bien es la del vecino que solo piensa en sus necesidades olvidando las ajeas. Los escombros junto a las chatarras  representan el detritus inorgánico más visible de una sociedad industrial en crecimiento. La expansión de las urbanizaciones con segundas casas (que constituyen una de las curiosidades del sobre consumo) pasan por un fenómeno conocido: toda construcción genera unos restos de los que se deshacerse. Esto es previsible. El orden interno de un espacio pasa por deshacerse de todo lo que le perturba. El problema aparece cuando todos estos elementos perturbantes son lanzados impunemente ala calle para incrementar las molestias ajenas. Cada resto inservible ha de tener un tratamiento diferente para minimizar su impacto ecológico o para eliminarlo por completo. Para eso se ha inventado los nuevos basureros con una organización de reciclaje. Estos son o empiezan a ser la alternativa para que nadie caiga en el acto criminal o anti solidario acudiendo a estropear el panorama deshaciéndose de materiales que sabe que su destino final no puede ser la explanada o la calle. Los escombros inutilizan un terreno y lo afean. Por mucho que se trate de una explanada municipal sin uso alguno esto no justifica echarlos ahí. Sin embargo lo que explica ese fenómeno es la falta de lugares instrumentados por los gobiernos locales para estos desechos. Casi todos los materiales que no sirven en un jugar pueden servir en otro, también los materiales de obra inservibles que pueden servir de base para hacer áridos o integrarlos en la base de otros firmes. Es cuestión de organizarlo y preverlo. El cartel referido mete en un todo objetos completamente distintos: mientras la broza y los materiales orgánicos son energía potencial para abono madurándolos como compost, cuya tecnología para eso no es tan complicada, los inorgánicos requieren de una maquinaria de transporte y tratamiento algo más complicada.

Este tipo de carteles de aviso los vengo viendo desde hace décadas (con las cifras de la sanción cambiadas pero con el mensaje del aviso de amenaza claro). En Catalunya hay muchos lugares (a menudo en el bosque) utilizados como vertederos que tienen carteles como clausurados. Dudo que alguna vez se eligieran como tales por el municipio siendo solo la descarga incívica de los vecinos que no sabían que hacer con ellos.

Para el caso concreto de cada autónomo doméstico que hace obras y que le sobran restos -botes secos de puntura, sacos de cemento inservibles, trozos de ladrillos, azulejos o tochanas, escobajos inutilizados y otros elementos desagradables a la vista y totalmente sobrantes del espacio doméstico- no siempre estaban organizadas las soluciones. Raramente había lugares proponiendo la admisión de ellos. Desde que hay containers o sacos de recogida no hay excusa para tirarlos en cualquier parte aunque, claro está, toca pagar por sus servicios. El escombro es una variedad de la basura y como tal es seguro que se puede reciclar. Compararla a retos de poda es una ligereza. Estos se pudren y acaban siendo engullidos por la tierra o adecuadamente tratados se convierten en compost.  Los ayuntamientos pautan a sus poblaciones para que no cometan actos incívicos pero no siempre dan soluciones para los reciclajes.

Una de las curiosidades de tirar las cosas o sacarlas fuera de casa es la noción dominante de la propiedad. Por lo general los residencialistas aman sus casas  y las construyen como concreción de sus sueños. Representan los lugares donde ubicar sus descansos y privacías, tratan de que no les falte detalle e impresionan a sus visitantes. De puertas para fuera la calle simboliza el mundo y todo lo que no quieren para dentro lo echan para fuera agorando que el valor de una casa también pasa por la calidad del contorno y de su estética.

Un detalle  inherente del fenómeno de tirar  los escombros ahí donde le apetece al infractor es que expresa una forma social excesiva de descuidado con el prójimo. Hay una buena cantidad de conductas humanas que integran lo desagradable de los panoramas que nos toca compartir a todos. Cuando se habla de un mundo imperfecto toca contabilizar el buen número de imperfecciones producidas por las conductas lesivas extendidas de la gente.

Interesante detalle éste de pasarse los fines de semana construyendo la segunda residencia en zonas periurbanas, varias de éstas extendidas ilegalmente aunque toleradas. Si la gente dedicara una parte de lo que dedica a sus segundas casas a arreglar el mundo de afuera, éste estaría algo mejor.

Esa predilección filo criminal por tirar el escombro en cualquier parte es propio de gente que vacía sus ceniceros del coche tirándolos por la ventanilla en cualquier parte o contradice su sentido de la limpieza interna con incrementar la suciedad de puertas para afuera. Antes de ensuciar la calleo el espacio público en cualquier versión de basura hay que recordarle a quien hace eso que:

1.contribuye a la contaminación ambiental

2.al desastre estético

3.a generar trabajo ajeno que con una organización correcta sería innecesario.

4. y al aumento de impuestos para paliar los problemas ocasionados.

En última instancia el que echa la suciedad si control fuera de casa está obligando a incrementar los impuestos para la limpieza municipal. Los recogedores de los detritus ajenos saben perfectamente si una ciudad o zona residencial es más cívica que otra según como tratan sus residentes a sus basuras.

Los escombros pueden servir para crear solares o firmes lo mismo que cualquier clase de plásticos y cauchos pueden servir para un tipo de mobiliario urbano  previamente convertidos en virutas y re aglomerados en piezas de construcción.

 

 

 

Un padre energúmeno

Por YASHUAbcn - 7 de Agosto, 2008, 23:33, Categoría: CIVISMO

 

Cuando el padre es un energúmeno. Gasteiz 30abril2006

 Un energúmeno por padre da una bronca descomunal a su hijo de unos 8 años con el que acaba de cruzar una calle junto con la mamá y otra criatura. Al hacerlo, sin esperarles , ha obligado a  parar el autobús. El hombre se siente muy dolido porque su hijo lo ha puesto en evidencia. Se da la curiosidad urbana que un doble semáforo en ámbar permanente indica la atención con la que deben ir los conductores y que el lugar es una zona de centro y área peatonal dando la prioridad a éstos. Las palabras de gilipollas y de inútil resonarán  en el cráneo del niño durante un cierto tiempo de su vida  y no hay que descartar que el origen de odios futuros hacia su padre esté en esas palabras. Luego un día se irá de casa y apenas llamará por teléfono. ¿Qué le pasa a este chico? Se preguntarán sus tutores ¿qué le hemos hecho? se lamentarán con una evidente falta de memoria.

A menudo los adultos se creen más responsables e inteligentes que sus vástagos pero  lo hacen peor, mucho peor que éstos cuando confunden la corrección educativa con su propio miedo.

 

Una lección de decencia

Por YASHUAbcn - 7 de Agosto, 2008, 23:31, Categoría: CIVISMO

 Iruña. Paseo de la Media Luna. En el urinario público. Descenso con ascensor. Impecable instalación .Limpieza y organización. Tras su uso un intento de entregar una propina recibió una negativa amable pero contundente. La profesional encargada del lugar dio una lección magistral de decencia con un simple “no, por favor, yo tengo mi salario, estos servicios son gratuitos”. Durante décadas una subcultura de hábitos de favor se ha acostumbrado a pagar los servicios de empleados subalternos con una dádiva. Es así que los  necesitados de afirmar su condición de bien servidos han contribuido a crear una legión de subsidiarios que aceptan propinas a modo de salario complementario. Indirectamente  los unos contribuían a que los salarios de los establecimientos en los que había y hay esa práctica, tuvieran los salarios más bajos de la clase obrera en comparación a otros  sectores. Todavía se está pagando las secuelas de esto. El que da(ba) la propina en el fondo más que gratificar el servicio lo que espera(ba) era que fuera reconocido una siguiente vez para ser atendido con deferencia y preferencia. De su parte el que la recibía, cuando alguien no se la daba lo miraba entre ceja y ceja y le dirigía sus increpaciones en lugar de reconducir su rabia contra el patrón que lo empleaba con una paga misérrima. La anécdota descrita habla a favor de una profesional dispuesta a renunciar a dinero a cambio de legitimarse como trabajadora. Dentro de su no hay toda una filosofía de la que todavía, desafortunadamente, muchos empleados públicos en instituciones o en empresas de servicios les queda mucho que aprender. Su no  me recordó el tiempo en que siendo empleado de un comercio negué repetidas veces la inercia de algunos clientes a dar propinas cuando se les ayudaba a cargar las mercancías compradas en sus autos no entendiendo el valor del orgullo al hacerlo.

 

Més sobre l´Educació Elemental

Por Gerard d´Alba - 1 de Diciembre, 2007, 23:20, Categoría: CIVISMO

 

Moltes converses sobre incivisme conclouen en  que cal més educació per previndre un millor futur.  Tot i així quan es posa el dit en la nafra senyalant

 comportaments poc educats, sigui l’aparcament en doble fila dels pares davant els col·legis a les hores d’entrada i sortida de la mainada  o qualsevol altre detall semblant dels errors dels adults davant dels seus fills,  sempre hi ha algú que creu que t’has passat per la banda de la rigidesa. Resulta que dels detalls petits es desprenen grans conclusions i l’educació no es quelcom que comença i acaba a l’aula sinó que continua en tot moment i amb tots els fets de la vida. De fet, la font d’aprenentatge principal de la criaturada és el mimetisme en vers a les conductes dels principals adults pels que està rodejada.

 Reclamem un món just amb el respecte als valors fonamentals però quan posem la mirada en detalls quotidians nefasts o impertinents sempre t’ensopegues en qui li treu importància al detall i prefereix silenciar-lo (potser perquè els seus propis costums incívics el porta a tolerar els dels altres?). Fiquem cullerada a la qüestió de tolerància-intolerància en relació a educació. Proposo una fórmula: la tolerància és tan més possible quant mes educades són les persones i menys practicable quan menys educades estan. Sembla senzill d’entendre. Hi ha conductes que tenen tolerància zero i altres que es poden admetre a una certa dosi, encara que les seves conseqüències  deixaran de ser acceptades tan bon punt facin un mal de veritat. No en tenim prou en ser comprensius. La comprensió demanada per qui te pressa i comet un acte incívic es una roda inacabable. La tolerància a l’error aliè el que amaga realment és una autojustificació del propi per no dir una consolidació d’un símptoma pitjor: la irrespetuosidad. Una cosa es tolerar un gest puntual i un altre es tolerar una actitud permanentitzada. ¿qui posa el límit i qui marca la ratlla entre una cosa i l’altra? No tenim un estri decisiu, tampoc un instrument o agent d’ordre impecable que posi la diferencia. El que per un esta ben fet per un altre es una falta de cortesia absoluta. Amb aquest relativisme no resolem res. Tothom sap quan fa una cosa deliberadament mal feta. Si jo estaciono on no dec, encara que sigui per cinq minuts estic fent un greuge multiplicat que tampoc puc mesurar al moment. Si li parles al teu fill de valors com llibertat, dignitat i respecte i ets el primer en no practicar-los en els teus gests quotidians estàs, implícitament, contribuint a que el teu fill sigui un petit monstre. El crio rebrà informació contradictòria i farà un curtcircuit mental. Després et queixaràs que l’escola no funciona o que la televisió subministra porqueria ideològica però no t´’adonaràs de la teva responsabilitat en consolidar una línia de conducta equivocada.  Un petit error reproduït centenars de vegades al mateix moment o reiterat en diversos moments és un gran error.

L’educació és l’alternativa però la societat està capficada més per altres coses com preparar nois i noies per ocupar llocs de treball i guanyar-se la vida o trobar bons partits. El que menys importa són els valors ideològics i socials.  Efectivament en el bast camp educatiu venen fracassant escoles i famílies. Les AMPES no ha resolt la dissociació entre un àmbit i l’altre. És ja un tradició el joc mut al pimpong entre Pares i Mestres. Els uns creuen que els professionals de l’educació son els altres i aquest pensen que poc poden fer si els valors transmesos en un espai d’informació de teoria es contradit pels estils de vida en l’altre espai. La qüestió de la mesura és la cosa decisiva. És la dosi  la que converteix una experiència en un perill, una provatura en un verí, un gest en un atac. Tot no està previst i les coses funcionen –quan funcionen- perquè la gent de bona voluntat les fa funcionar. N’hi ha prou en que algú abusi de la confiança col·lectiva perquè tot se’n vagi a orris. Discutir hàbits és indispensable si volem fer les coses millor.  L’educació està en cada gest i pel que fa a la mainada l’acte quotidià de l’acompanyament a escola està transmetent valors contradictoris. Els llasts que porten a les esquenes els escolars i  altres detalls d’individualisme com nanos i nanes acompanyats pels seus pares enlloc d’organitzar-se els familiars per fer torns d’acompanyament són tants altres gests deseducatius. El cert es que la criaturada puja en un món d’accions individualistes i de desconfiances. Les taquilles no són segures per guardar els llibres i llibretes i l’escola compleix una funció bàsicament de control. Funció, no ho oblidem,  que els familiars l’hi deleguen.

Afortunadament un nou moviment de nous pares crítics de l’educació reglada oficial proposen  i practiquen alternatives d'ensenyament desescolaritzades.

A las puertas del Cole

Por YASHUAbcn - 3 de Noviembre, 2007, 10:55, Categoría: CIVISMO

Un día cualquiera entresemana. Alrededor de las 9am. Ha empezado el curso. Ante un colegio de enseñanza primaria un montón de madres con sus pequeños, y algunos padres ídem, están apelotonados frente a las puertas. Cada cual lleva a uno o dos chavales. Bastantes  están cogidos de la mano y la mayoría permanecen junto a sus adultos. Hasta que no  se abre la verja no empiezan a entrar al recinto los pequeños. Por los alrededores un montón de coches estacionados indebidamente. Unos encima de las aceras u obstruyendo pasos zebra otros en paralelo obstruyendo el tráfico en general y en particular el de camiones pesados o de mercancías. Es una hora característica.  Despues de 20 minutos la zona volverá a cobrar su aspecto normal. Durante este rato, el análisis de las formas de comportamiento revela unas cuantas curiosidades: los adultos que llevan a la escuela a sus vástagos para que aprendan entre otras cosas a ser socializados y a dominar los valores del respeto lo hacen con conductas absolutamente irrespetuosas e individualistas. ¿Es que las prisas de los adultos justifican los atentados al código de circulación en una hora de por sí estresante? ¿Es que los padres después de más de un siglo de acompañar sus hijos a las escuelas no han aprendido que podrían repartirse por turnos- a modo de encargados del cuidado- el tiempo de espera del comienzo del horario escolar en lugar de quedarse todos como pasmarotes hasta la apertura de puertas? ¿Es que un grupo tampoco no tan numeroso no sabe que la vía pública es de todos y la acera tiene que dejar holgura para que pasen otros viandantes? Las preguntas podrían seguir. ¡No hay para tanto! Se nos dirá, ¡sólo han sido cinco minutos!. Paradoja: los niños empiezan un día más de clase, otro cualquiera, con influencias no tan subliminales de la mentira social en un mundo fundado en el irrespeto recíproco.

Observación tomada en el Can Xarau del carrer sta Ana en Cerdanyola pero que se repite hasta la saciedad en cualquier otro colegio.

El pulsador para abrir la puerta de la calle

Por JoeLuisArco - 23 de Junio, 2006, 13:31, Categoría: CIVISMO

[1].

El sonido de apertura automática de la puerta de entrada suena insistentemente. Salgo y observo que son los vecinos contiguos de rellano los que lo mantienen pulsado. Les explico que no es necesario hacerlo. Basta con pulsar una vez para que la cerradura se mantenga abierta durante unos instantes, tiempo suficiente para que se abran. Es una familia argentina que me explica que ese no es el caso en su país, que allí hay que mantenerlo pulsado durante todo el rato Parece que entienden la explicación  -me dan las gracias -y eso les modifica la conducta para sucesivas veces. Tras la presión del pulsado de la apertura a distancia en realidad hay una inseguridad de que el visitante pueda cruzar la o las puertas hasta llegar a destino. Pienso durante un rato que una parte de nuestros gestos no están justificados por la lógica ni por ninguna necesidad técnica. Son los tics que nos personalizan.  Las características de la conducta están llenas de inercias superfluas y de hábitos acostumbrados que al no ser sometidos a revisiones se dan por los más válidos o los únicos posibles. Necesitamos siempre miradas externas que nos recuerden los errores que tenemos tan interiorizados y mecanizados  que ni siquiera los advertimos.

 



[1] http://www.20minutos.es/carta/69211/l/#comentarios

Un sillín atado a un poste.

Por YASHUAbcn - 10 de Mayo, 2006, 15:22, Categoría: CIVISMO

 

 

Andando por la ciudad a menudo tropiezo con una imagen que me llama la atención: un fragmento de bicicleta está atado  a un poste de farola o a un árbol, del resto ni se sabe. Se supone que el ladrón se ha hecho con ella y se ha tenido que limitar a comprar la parte que falta. El exceso de confianza del dueño ha dado por supuesto que su máquina privada es inviolable y que nadie la codiciará. No es así. El robo de bicicletas y de motos alcanza una cota espectacular. Hay que tomar nota para atar una bicicleta y asegurarla contra robo hay que atar todos las partes móviles cuando menos entre sí y el conjunto a un ancla; el poste o la argolla en la pared. Corren tiempos de cacos y maleantes. La tradición pícara está cargada de gente amiga de lo ajeno y que además se siente orgulloso de quitárselo sin hacer el menor esfuerzo en pagarlo. Me han robado varis bicicletas en mi vida y he perdido otras; es algo que me sensibiliza. Me solidarizo con la persona que al llegar a donde dejó su bici se encuentra simplemente con el sillín y la cadena porque no advirtió que el sillín es de quita y pon con facilidad y quiso asegurar ingenuamente la bicicleta en su totalidad a través de él. En el lado opuesto recuerdo una vez que una amiga alemana me contaba que dejó su bicicleta frente al gran estacionamiento de bicis que había frente a la  estación de Zurich. La dejó sin atar y se ausentó por tres meses. A la vuelta todavía estaba allí. Dos distintos puntos de vista culturales y de respeto público.

Andando por la ciudad a menudo tropiezo con una imagen que me llama la atención: un fragmento de bicicleta está atado  a un poste de farola o a un árbol, del resto ni se sabe. Se supone que el ladrón se ha hecho con ella y se ha tenido que limitar a comprar la parte que falta. El exceso de confianza del dueño ha dado por supuesto que su máquina privada es inviolable y que nadie la codiciará. No es así. El robo de bicicletas y de motos alcanza una cota espectacular. Hay que tomar nota para atar una bicicleta y asegurarla contra robo hay que atar todos las partes móviles cuando menos entre sí y el conjunto a un ancla; el poste o la argolla en la pared. Corren tiempos de cacos y maleantes. La tradición pícara está cargada de gente amiga de lo ajeno y que además se siente orgulloso de quitárselo sin hacer el menor esfuerzo en pagarlo. Me han robado varis bicicletas en mi vida y he perdido otras; es algo que me sensibiliza. Me solidarizo con la persona que al llegar a donde dejó su bici se encuentra simplemente con el sillín y la cadena porque no advirtió que el sillín es de quita y pon con facilidad y quiso asegurar ingenuamente la bicicleta en su totalidad a través de él. En el lado opuesto recuerdo una vez que una amiga alemana me contaba que dejó su bicicleta frente al gran estacionamiento de bicis que había frente a la  estación de Zurich. La dejó sin atar y se ausentó por tres meses. A la vuelta todavía estaba allí. Dos distintos puntos de vista culturales y de respeto público.

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