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ACUSEdeRECIBO
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Vicisitudes de un doctorando

Por JesRICART - 29 de Marzo, 2009, 15:00, Categoría: ACUSEdeRECIBO

Diatribas y vicisitudes de un doctorando.

La de Meto. 1997 verano.

Es lunes  14,15h.  Antes   de dos horas he de estar en el aula 106 de la facultad de filosofía y Letras de la UAB para continuar con las clases de Metodología  para la Investigación Científica. Pomposo enunciado de unos materiales que se supone otorgan herramientas suficientes para descubrir verdades en laboratorios y calles. Titulo que nos empequeñece a la mayoría de mortales. La profesora  provoca el debate, pero la confluencia de licenciados en Económicas, Sociología, Filosofía y Psicología (únicamente yo) genera un panorama  de controversia no precisamente con resoluciones operativas. En cualquier caso, la profe, es una provocadora con atractivo. Suele hacer su dictum de pie, a la altura de los asientos del aula y no en la tarima, ligeramente curvada hacía atrás apoyándose con un codo sobre la mesa y con una rodilla doblada por apoyar el pie a una cierta altura. Parece ser la pose que más resultados le da para sus desarrollos verbales.

   Estoy en un programa de doctorado, donde no sé muy bien por donde voy a desarrollarlo. Tengo  algunas ideas de investigaciones, pero todavía no las he contrastado a fondo con potenciales directores de tesis. La profa  promociona -¿cómo no?- y pide que sea comprado su libro como material de referencia para el curso.  Lo adquiero, aunque no termino de leerlo nunca, o al menos queda en stand bye para hacerlo en algún calendario remoto mucho después de terminado el curso y el programa. No son muchos créditos, pero sí obligados. Su posición de dicente hace escuela. Apoyada  de pie sobre su codo izquierdo en la mesa que tiene detrás, habla y habla con dominio de la materia: una de esas materias cuyo teoricismo está  condenado a quedar en el baúl de los desrecuerdos tan pronto sea superada como escaño del proceso del curso. La materia no me parece despreciable y la sigo con atención. Sin embargo las clases funcionan como clases: en un aula tradicional y con una fórmula tradicional, a pesar de que ella aparenta ser no-tradicional. Lo justifico, para mí, diciéndome que las paredes y el espíritu de la infraestructura dominan cualquier intencionalidad de sujeto.  Eso sí hay una cierta obligación participativa y finalmente cada doctorando debe hacer una exposición en clase sobre un tema preseleccionado y  someterlo a debate. El que me toca lo expongo medianamente bien, y como suele sucederme con todas las obligaciones que me imponen, lo preparo de prisa y corriendo unas horas antes de presentarlo, aún así doy el pego. Soy el único licenciado en psicología y tal vez el único sospechoso de estar en lugar equivocado. Mi programa es de filosofía, con lo cual entiendo que eso puede ser el lugar de convergencia de una colección de multi-saberes.al final del curso sabré que me he equivocado: a nadie le interesa el multi-saber, dudo que le interese el saber en singular. El riesgo no obstante  es el de caer en un magma de letras que no dé lugar a nada. Yo me mantengo al pairo de  las exposiciones y caigo en el sopor ya clásico de contactar con nuevos autores elegidos por interés y gracia del docente de turno y no por mi propio interés. Definición de profesor: alguien que ha llegado antes que tú a hacer determinadas lecturas que elige como las cruciales por las que tú tienes que pasar.

Los autores no añaden nada nuevo a mi desiderátum profesional ni teleológico y sigo con cara de póker los acontecimientos. Debo estar algo disminuido, porque aunque participo asistencialmente en un debate extra-lectivo sobre la causalidad en la ciencia, en un aula de alcurnia,  no participo en la polémica, que solo discurre entre los profesores a los que quiénes estamos en condición de estudiantes escuchamos como si fueran los dioses de la palabra infalible. Después de ese pequeño acontecimiento con  un profesor de renombre pero que no recuerdo venido de la Universidad de Múnich  expresamente  para hablarnos del lenguaje y sus límites y del autor del Tractatus y una tal  Cartwrigt habiéndonos dado plantón, hay un refrigerio, que a mí me sirve de comida, por aquello de que todo esfuerzo intelectual debe ser compensado estomacalmente. En ese espacio, hay una especie de tú a tú con la titular de la materia, pero la cosa no pasa de algunas frases simpáticas. Los créditos quedan validados tomando la opción de examen o de trabajo. Uno siempre opta por lo segundo porque prefiero el desarrollo argumentativo que el juego a los dados o el sí-no de posible respuesta a preguntas capciosas. Me meto a fondo en mi trabajo, sin haber leído el texto de autora de la profa que mantiene guardia en mis estanterías bibliográficas dedicadas a la filosofía, y sumo páginas y más páginas a mi ordenador. Debo de tener unas 50 en cuerpo 10 y letra de tipo helvético: unas 35mil palabras por lo bajo. Según mi criterio he hecho un seguimiento de ensamblajes temáticos relacionados  con la psicóloga de la Gestalt, que es mi objeto de estudio (para el cual incluso hago una peque–a investigación de campo con entrevistas directas a uno de sus profesionales destacados.). Marcelo, un conocido mío que trabaja como psicoterapeuta gestáltico,  me da las claves, al informarme de la artesanía individual de cada terapeuta. Detecto una falta de método científico y sin embargo una constatación de resultados positivos. Lo traslado al papel y lo tengo todo listo, no con un convencimiento ortodoxo de que presento un producto acabado, sino un producto, que a fin de cuentas es lo que esperan en la facultad, para cubrir el expediente de qué se hacen cosas. Tal vez me lo creo en exceso y no deparo en mi forma presentativa. La cuestión es que está todo listo para ser llevado al despacho de la titular. La elaboración la he convertido en un solo documento y le doy la orden de print a la style-wrighter y me voy a comer -dentro de la misma casa- pero no en el despacho donde está el ordenador. Al cabo de un rato me levanto para ver cómo está la cosa, y resulta que el aparato se ha quedado sin tinta.  Trato de resolver la cuestión e impensadamente y sin darme cuenta pierdo todo el documento. Se evapora, desaparece. Partes del mismo tengo duplicados y consigo hacer una reconstrucción parcial: absolutamente impresentable y desconexa. Eso, después de pasarme una noche entera con la aplicación del disk Norton para tratar de recuperar lo desaparecido. Unos días después de la entrega del texto posible, me llama la titula para decirme que no considera que aquello sea un estudio de la materia dada y que no puede darlo por válido a pesar de que he escrito cosas muy interesantes. Me quedo de pasta de boniato. Trato de averiguar cosas y me entero que los trabajos entregados por otros son de tipo ordinario. No gran cosa: algunos autores citados  de los estudiados y cháchara. Me siento descompensado. Recapitulo y recuerdo que la titular es una causalista y que finalmente eso aplicado al campo de la psicología una biodeterminista: una corriente de pensamiento en la que quedan entrampadas las mentes mecánicas que entienden que todo efecto E es manipulable y resolvible si obedece a una causa C. Posición reduccionista que no comparto, desde antes de entrar en la universidad, pero especialmente desde que la vengo  conociendo por sus interioridades. Recuerdo haber tenido una cita posterior de despacho con ella para avergonzarme de haberle concedido mi tiempo de estudiante a ella como profesora. Cuando reúno estas notas para dejarlas como anécdota ordinaria trato de recordar su nombre que de entrada no consigo. Parece que finalmente su nombre sale de algún lugar oscuro de mí memoria: Anna Estany. Estoy en deuda con ella: gracias a constituirse en obstáculo  práctico para mi doctorado (no fue la única) le debo haber decidido no continuarlo y no haber continuado perdiendo el tiempo en el antro universitario: uno de los lugares menos apropiados para la dedicar la energía reflexiva a la contribución del pensamiento a pesar de que muchos autores destacados deben sus ociosidades y creatividades a ser sus ilustres miembros en una u otra universidad reputada.

Manfred, la muerte redignificada

Por YASHUAbcn - 13 de Enero, 2009, 13:59, Categoría: ACUSEdeRECIBO

Manfred ha sido calificado como la primera víctima de la última marea negra frente a las costas gallegas. Un alemán que eligió a principios de los 60 la cota da Morte como su lugar de residencia renunciando a su Alemania natal y  adoptando una vida de comunión con la naturaleza.  Su muerte ha sido desgarradora porque ha sido una muerte poética. Incapaz de asistir al espectáculo terrible de la destrucción del mar y el atentado a su belleza no ha resistido seguir en vida. Hay catástrofes naturales que destruyen vidas humanas por el desencadenamiento de la furia de los elementos que arrasan lo que encuentran a su paso. Hay otras catástrofes naturales como la  del Prestige ordenado a ir mar adentro para hundirse y contaminar las aguas cuya responsabilidad es únicamente humana.  Para alguien que renuncia a los lujos urbanos y sus artificios para vivir en un espacio natural, ver como los alquitranes van llegando hasta la puerta de su casa o de su cueva o de su intimidad es algo mortal de necesidad. Vivimos en un tiempo en que se muere de accidentes, de enfermedades o de balazos por eso la muerte de alguien que lo hace por sensibilidad, poesía y rechazo a  una sociedad que fracasa repetidamente y que no sabe gestionar sus transportes tóxicos  y peligrosos con seguridad, es una muerte que rediginifica el morir y que convierte a su muerto en un héroe del silencio.

 

Las citas incumplidas

Por YASHUAbcn - 15 de Agosto, 2008, 22:43, Categoría: ACUSEdeRECIBO

Los comunicantes nos ponemos de acuerdo para hacer y deshacer componentes de nuestras realidades próximas o lejanas. Nuestra forma de relacionarnos viene pasando por acordar encuentros definidos por dos parámetros: el del tiempo y el del lugar. Son las dos dimensiones que nos acompañan a lo largo de nuestra existencia, las dos constantes maestras que rigen nuestra materialidad. Casi siempre en nuestras construcciones gramaticales citamos ubicaciones y momentos para referirnos a temas y personajes.  Hacer construcciones comunicativas sin esa doble mención resulta algo que escapa a lo concreto y que nos lleva a la abstracción. Si  mantenemos la comunicación  en lo específico nos movemos en este par de ordenadas. Cuyo escenario tiene el nombre de  lugar para quedar o cita. La cita clásica es la de acordar un día, una hora y un punto físico donde reunirse. Las citas  son lo que llenos las agendas de trabajo, los programas de visitas, los itinerarios culturales y los contactos lúdicos.  Y de una primera cita a una última va un recorrido de perfección y de conocimiento reciproco. Cada relación (sin contar las convivenciales y coincidentes por espontaneidad o aproximación natural) pasa ineludiblemente por pactar encuentros. Y una buena parte de des-relaciones pasa contrariamente por no cumplirlos. La incomparecencia es la manera inelegante, fría y evasiva para no enfrentar una mirada. Ni siquiera hay porque tener temor a una crítica, una reprimenda o una amonestación severa por parte de la persona defraudada. El hecho de saber que uno incumple en un acuerdo ya está creándole una desazón. No acudir a la cita pactada o no preavisar de su incumplimiento pudiéndolo hacer, descoloca  tanto a la persona que espera como a la misma persona que no acude. Aquella porque lo puede llegar hasta a vivir ofensivamente y ésta  porque tendrá que vivir la colisión entre sus promesas, sus creencias, sus valores y la contradicción de su conducta que no está a la altura de su personalidad. Es algo que afectará a su autoestima en un futuro  próximo.  Para atenuarlo cabe añadir ¿quien no ha incumplido una cita alguna vez[1] ?El error es humano-decimos auto justificándonos- pero la cuestión no es equivocarse de día, hora, lugar o incluso de entrevista, sino la de no acudir sin preaviso habiendo tomando la decisión de incumplir, porque eso agrava la situación posterior[2] . La persona que incumple[3] ,sobre todo se incumple a sí misma, daña su autoimago, y con el paso de los días, si no asume la evidencia de su falta formal comunicándola en particular a la otra persona que ha quedado esperando una explicación, añade arena a su lastre y cada vez le costará más dar tal paso.

El encadenamiento ordenado y lógico de las tramas sociales, es decir de las interacciones entre comunicantes, es la de preparar la sinergia e imbricaciones entre los unos y los otros en los lugares y momentos pensados y acunados para ello. No respetarlos manteniendo el concierto de los ritmos de encuentro es otra forma más de apostar por la incomunicabilidad general[4] , a la que no se puede responsabilizar a  empresas o personajes importantes del mundo comunicativo: desde Einaudi[5]  a Turner[6] .La acción comunicativa a escala socio-general pasa por su eslabón más elemental: la del encuentro particular para el tándem básico del decirse las cosas.es en esa cita donde se mueve el universo social. Y es en su incumplimiento donde  sucumben  perspectivas y posibilidades, cualitativamente más significativas que la pérdida de un tiempo previsto, comprometido o planificado para algo que no va a convertirse en evento. Eso no significa que todas las citas sean cumplibles o se deban acatar por el hecho de haberlas comprometido, tal vez, con demasiada anticipación. Entre una cita y la siguiente pueden suceden  novedades que la hagan superflua. Pero si es así ¿por qué no desconvocarla? La diferencia entre el acto formal de hacerlo o el informal de no hacerlo, es la condición del poder psicológico o no de enfrentar al otro y al propio yo.



[1] Aunque gente de la vieja guardia o de otras generaciones se jubilaban bajo la oración de "jamás he fallado un solo día de mi vida al trabajo" o "jamás transgredí mi palabra empeñada" o "nunca dejé de acudir donde se me esperaba sin avisar" y otra semántica complementaria. ¿porqué razón no debe seguir siendo gente modelo de un comportamiento social?

[2] en la psicología de las relaciones humanas el incumplimiento de cita, no como acto fallido sino como acto  preparado, simboliza mucho más que un resultado de incomparencia.según sea el estado de la relación determinadas citas  falladas  que habían sido sobrecargdas en su función, ya no dieron lugar a ninguna otra  tentativa de contacto.

[3]  el vínculo social opera de muchas maneras distintas y obviamente un buen numero de interactos humanos no pasan por la cita precisa sino por el espacio de coincidencia entre unos umbrales (horarios y ubicacionales). A esos les corresponde otros modos de mayor lasitud para quedar comprobada una informalidad, pero esta es también contemplada por muy informal que sea el ambiente de pertenencia, y finalmente imperdonada de no quedar comprendida.

[4]  El gran fenómeno malignizado del que todo el mundo pretende huir pero al que tampoco deja de contribuir en parte.

[5] Einaudi,Giulio.editor.fundador de la mítica editorial italiana q lleva su nombre,integrada en Finbinvest de Berlusconi,del que antine como gran patrón,. una independencia.

[6] Turner.Ted, magnate de la comunicación que en 1997 donó 1000 millones de dólares en concepto de inversiones de solidaridad.

diari A Fons

Por entreveïns - 5 de Mayo, 2006, 15:40, Categoría: ACUSEdeRECIBO

 

COMUNICACIÓ

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