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ARTESUMA

Hacia una televisión alternativa

Por JesúsRicart - 11 de Febrero, 2009, 22:37, Categoría: ARTESUMA

 Desde la década de los 50 y durante una larga penuria oscurantista sólo dispusimos en territorio español de la televisión estatal. Luego, con la libertad de prensa y de expresión, empezaron a constituirse nuevos canales, incluso televisiones locales y regionales. Con el tiempo la oferta de canales ha ido aumentando considerablemente, en especial con la posibilidad de recursos técnicamente posibles con la ayuda de la antena parabólica y los decodificadores primero y la de cable después. La oferta de programas es tanto mayor cuanto mayor es la cantidad de canales. Ese número en crecimiento en lugar de asegurar una mayor calidad de contenidos por lo general aportan más de lo mismo, incrementando aquellos tics más deplorables pero que proporcionan más audiencia.  Para la producción de los mismos no importa tanto el qué como el cuanto. Los contenidos son condicionados por la aceptación pública dándose una curiosa ecuación: a los temas de más calidad les corresponde un menor interés público y viceversa, los temas más mediocres son los que tienen más aceptabilidad. Aún así los temas menos públicos pueden tener algunos millones de seguidores, suficientes para pensar en una televisión alternativa. ¿Quien se atreve? Mensaje para un productor quijotesco: invierte en un canal de televisión no político, no deportivo, no negativo, no violento ni en los diálogos, ni en los debates, ni en las noticias. Una televisión que hable de lo bueno que tiene el mundo, que algo le debe quedar al respecto y no de todas sus atrocidades. Una televisión que haga cruz y raya con las farándulas y las galerías de los famosos, que no nos meta políticos ni figurines en la sopa y que habla de la otra realidad existente y no de la aparente, la estrafalaria o la tonta. ¿Existe este productor? Hasta ahora las organizaciones políticas de izquierda que hablan de alternativas no se han puesto manos a la obra al respecto. Hay el producto en la calle de algunas revistas intelectuales  y hubo famosas estaciones de radio con las que seguir paso a paso la realidad callada, hay emisiones de radio actuales que solo emiten música selecta pero no hay una televisión alternativa. Tenemos que buscar programas en distintos canales que sean realmente interesantes, formativos y denunciativos y se nos dan a cuentagotas.  Pero, claro, una televisión depende de los patrocinadores que hay detrás y no siempre los publicistas van a estar interesados en sufragar una estación que emita programas de cultura y de interés minoritario para un país todavía demasiado inculto. Reescribiremos la carta de este deseo dentro de un par de  lustros por si hay suerte.

Hundirse ante la indiferecia y la burocracia

Por JesRICART - 20 de Enero, 2009, 19:03, Categoría: ARTESUMA

El asfalto del tándem Narciso Ibáñez Serrado-Ibañez Menta fue una composición extraordinaria pasada por la televisión en blanco-negro  de la época franquista, con un protagonista central: un hombre que atraviesa una calle recién asfaltada y en la que se queda pegado y un repertorio de actores secundarios cuya indiferencia predominante lo llevan a morir. Es una crítica mordaz a los fetiches fundamentales de la sociedad: el individualismo reinante, el celo profesional de cada cual en su parapeto, la burocracia interminable y, hasta, al único personaje solidario que por sus limitaciones físicas no puede sacar al hombre pegado.De la mirada de este hacemos fila india para entregar las solicitudes por triplicado y vivimos la impotencia de no poder hacer nada más. A lo largo de toda una jornada el hombre que ha tenido la mala suerte de quedar pegado va viendo como es engullido paulatina pero implacablemente por el suelo, del que no se puede liberar por tener una pierna escayolada. La gente que lo ve al pasar tiene diversas reacciones y construye curiosas explicaciones: desde que es un tullido, a un vagabundo estratega para incitar a la compasión y conseguir así dinero. Cuando al fin llegan los bomberos, optan por no sacarle, puesto que este no es su trabajo:allí no hay fuego ni humo. Al final del dia, y cuando ya solo sobresale la cabeza y los brazos del infortunado, el único que ha decidido auxiliarle y hacer los trámites de las llamadas a los servicios de urgencia y las colas en alguna oficina con sus solicitudes por triplicado, se despide de él con un hasta mañana, a lo que el otro le responde, un adiós.  al día siguiente, sólo queda un agujero en el lugar donde estuvo él, y la voz tenue de su miserable solicitud de socorro, que ni siquiera oyen los peones camineros encargados de tapar el lugar y adecentar la calzada. Toda la producción está hecha con dibujos.Los decorados son dibujos:las paredes, los despachos, los papeles, los coches.únicamenmte parecen de verdad las personas y sus vestidos, los cuales son de época, quizás para burlar a la censura del momento y que no se sintiera identificada u ofendida por el tema que ponía al desnudo.

Es una proyección recomendable que deja un poso de tensión. ¿cuanta gente sigue muriendo hoy en el mundo en millones de diversas situaciones  frente a la indiferencia general y a la evasión institucional?

Una familia al desnudo

Por JesRICART - 20 de Enero, 2009, 18:55, Categoría: ARTESUMA

 

Cat on a hot  tin roof de Richard Brooks  que se tradujo por una gata en el tejado de zinc quitándole el sentido real de la expresión original, del 1958 , basada en la obra de Tennessee Williams que obtuvo el premio Pulitzer en 1955 es un psico-análisis rotundo y sin concesiones de la sociedad americana de la época  centrada en el ejemplo de una familia triunfadora con 28mil acres de campos de cultivo y 10millones de dólares de un héroe de la realidad, así definido por él mismo,  que a su 65cumpleaños se enfrenta a un diagnóstico de muerte inminente y a una familia dividida en la que no falta ningún conflicto: insoportabilidad del hijo preferido, alcoholizándose por añadidura (Paul Newman) hacía su esposa (Liz Taylor), rivalidad entre las cuñadas, una tropa de hijos insolentes y agotadores del hermano mayor; rivalidad, aunque menor, entre los hermanos y no amor del padre hacía su esposa. El argumento dispara desde una situación instalada de malestar y según va avanzando la proyección aparecen una a una las posibles causas de tal malestar: unos hijos resentidos por recibirlo todo de la instancia paterna pero no el cariño, una esposa despreciada porque tuvo alguna relación de no más de un beso con el mejor amigo de su marido totalmente fuera de si, alocado y dipsómano; una cuñada más interesada en los dividendos de la hacienda y un hombre que ha confundido posesiones con pertenencias, poder con verdad, acostumbrado al ordeno y mando, pero que en el fondo guarda un inmenso cariño por parte de su familia y con una capacidad de elocuencia para decir los discursos más bellos que pueda reconocer un padre que persiste en ayudar a su hijo predilecto, incapaz de salir por sí mismo de su agujero.

De pronto cambian las cosas: el alcohólico deja su compulsión, habla con su padre, se reconcilia con su esposa y suben a la alcoba a hacer un hijo, el cual ya había anunciado ella mintiendo.

Casi toda la película se desarrolla en la casa familiar.Es un texto llevado a la imagen y no una filmación apoyada en un texto.Es una película para leer, no por sus subtítulos sino por su prosa extraordinaria. Su tema era tan vigente en la década de los 50 en la que algunos nacimos como en la actual y lo seguirá siendo en las posteriores. Debería proponerse como material didáctico no ya solo en las facultades de psicología y pedagogía y sociología, también en otras instancias escolarizadas y manejarlo como material didáctico de discusión.

 

 

Clint Eastwood.La eutanasia como acto de amor

Por JesRICART - 20 de Enero, 2009, 18:53, Categoría: ARTESUMA

Clint Eastwood tiene un poderoso atractivo como actor y una destreza admirable como director. Tardé mucho tiempo en mi condición de espectador para darme cuenta de esto. En su película de Million dollars baby plantea una historia de amor completamente inusual. Es probable que esta definición no sea aceptada por el punto de vista que circunscribe el amor al contacto sexual y a la intimidad de apego. Es la relación entre él mánager (Clint) de un gimnasio de entrenamiento para boxeadores y una chica (Hilary Swank) que se empeña en ser entrenada para competir. Todo eso contado por el auxiliar (Morgan Freeman) del mánager, una antigua gloria del boxeo que no alcanzó sus ultimas metas, en forma de carta dirigida a la hija de aquel, que a la postre no le contesta ninguna de las cartas que por años le va enviando el padre. El mánager se resiste de distintas maneras al interés de la chica en entrenarse, todo lo que le pide es un entrenador como él para que la ponga en condiciones para el combate. La tenacidad de ella, que a la postre es una camarera desde la pubertad y que desea ser algo más saliendo de ese inframundo de asalariada sin perspectiva, le convence para que se ocupe. Toda la resistencia del mánager se desvanece al desear darle una oportunidad preparándola. La edad de ella ya pasa de los 30 por lo que no le quedan tantos años como para entrar en el mundo de las peleas organizadas y los campeonatos.

Cuando al fin esta lista es la vencedora en los primeros encuentros. La relación entre ambos es de compenetración, lejos de todo sensualismo. Finalmente en el ring con una pugilista de historial sucio y reconocida como una peleadora que no se ajusta a las normas de combate es noqueada. Dos de sus vértebras cervicales son rotas y su médula destrozada. Su parálisis es completa salvo el movimiento de la cabeza y la posibilidad del habla. Su respiración es asistida. Antes, en el breve periodo de sus éxitos, ha comprado una casa para su madre y su hermana, las cuales no reciben el gesto con agrado y demuestran el poco afecto que tienen por ella. Cuando está postrada en la cama de un hospital reaparecen en escena tratando de manipularla para que firme con artimañas un documento para donarles  sus bienes. Ella se niega a hacerlo y lso familiares acompañados de un abogado desaparecen de escena con la soberbia propia de los oportunistas puestos al descubierto. La boxeadora le pide al mánager que le quite la vida. Él en principio se resiste. Después de pensarlo prepara una inyección de adrenalina y la desentuba del respirador. Ella fallece sin convulsiones. El desaparece sin regresar al gimnasio.

La película cuenta una historia de perdedores: la de la boxeadora que espera triunfar o destacar en ese campo del boxeo, la del mánager y su auxiliar que están ligados a ese mundo sórdido donde entrenan chicos jóvenes cada cual con sus tontadas. El argumento no entra en investigar los personajes secundarios que van apareciendo: los familiares y las otras boxeadoras, tampoco la que la agredió ilegalmente y que antes de hacerlo había sido advertida por el árbitro que seria descalificada si actuaba fuera de reglamento. Tampoco trata al cura de la iglesia a la que va a diario a misa durante 20 años y al que tiene agotado plateándole consultas teológicas para las que él infeliz párroco no tiene respuesta. Su ultima consulta es la de qué hacer ante la demanda de la boxeadora en su estado parapléjico.

La respuesta es no. La demanda de la muerte o de la buena muerte frente a una perspectiva de futuro de absoluta parálisis sin posibilidad de recuperación no está aun contemplada socialmente. El estatuto jurídico sobre el tema convierte la vida individual como un patrimonio de la colectividad y una obligación de sujeto para con ésta. Dentro de los derechos individuales no está contemplado todavía el derecho a la muerte digna. No haría falta decir que todos los demás son una mentira piramidal sin la concesión de éste. La eutanasia solicitada como la situación planteada por la película es una forma de suicidio que pone la decisión ejecutiva en la mano autora de otro. Hay que querer mucho a una persona para hacer este gesto, mucho más en una época en que el sistema se empeña en mantener, aunque sea vegetativamente, a personas entubadas que no desean continuar viviendo pero que la legislación les impide descansar en paz.

La historia tiene este otro personaje de fondo que solo aparece tras unos visillos, la hija del mánager, que sí se la intuye  leyendo la carta de quien cuenta toda la historia. Es el personaje que no hace nada pero cuya existencia justifica que alguien se constituya en relator de todo lo sucedido.

Toda la trama no se entretiene en otras valoraciones como el de la violencia profesional o concretamente la violencia profesional entre mujeres. Los organismos internacionales se vienen resistiendo a admitir el boxeo femenino en según que ámbitos pero su historia viene de lejos. La campeona mas antigua de la que hay registro fue  la londinense Elizabeth Wilkinson en 1722 pero ates de eso ya hubo peleas físicas entre mujeres. No es cierto que la violencia sea un patrimonio fundamentalmente masculino a pesar del saldo numéricamente alarmante de víctimas femeninas frente a los ataques varoniles.  La película no entra en una reflexión sobre el boxeo femenino pero sí menciona el consumismo de la violencia como espectáculo. Para las finas sensibilidades las prohibiciones de la violencia convertida en espectáculo (desde corridas de toros, a lucha libre y por supuesto el boxeo) deberían ser definitivamente consolidadas. Unas culturas la practican más que otras. Esa resolución a escala de de país o de continente extendida a la prohibición de filmografía que hace apología de ella es posible que redujera la cuota de agresividad ambiental pero dudo que eliminara la pulsión violenta del ser humano. La violencia es intrínseca y estructural a una psique humana que se presenta como via de escape a otros represores de la civilización y reprensores. 

Las historias cinematográficas que se cuentan sobre el boxeo utilizan pocas luces, vestidores ensombrecidos, oportunistas que hace de intermediarios para ganar dineros a costa de los riesgos de otros, malas artes en las peleas. Siempre hay alguien malo, (en el caso que nos ocupa la otra pugilista que  la golpea a traición en la cabeza) que se lleva las culpas sin cuestionar el conjunto de las cosas ni el mismo escenario de ese no-deporte para muchos pero que o deja de tener sus seguidores. Cada mach de enfrentamiento físico violento es distinto. Todos, en principio, están regulados por cantidad de asaltos (rounds) y minutos cada uno (2 o 3, según si son mujeres u hombres) pero eso no impide que se cuele psicópatas en ese juego pasándose por el forro las medidas.

Para los protagonistas, el boxeo es su vida y nadie se plantea que en el mundo no tendría porque haber esta clase de circo. Cada cual se encuentra con los resultados de su elección. Nadie resuelve su vida en esa historia, es solo una historia más que alcanza la categoría de magistral porque alguien la cuenta aunque sea ante otra persona (la hija incomunicativa) que no le interesa. El relato es contado con el máximo de respeto y no menciona ninguna escena erótica, ningún beso y sin embargo es una de las más bellas historias de amor, algo que lleva a cambiar los esquemas: hay situaciones en las que matar puede ser un supremo acto amoroso.

 

 

Las persecuciones con coches

Por JesRICART - 20 de Enero, 2009, 18:51, Categoría: ARTESUMA

Que vivimos en un mundo cuya poderosa industria de la mentira nunca está en crisis es una verdad demasiado seria como para ignorarla. La mentira es tan exagerada que incluso en los relatos de ficción se copian actuaciones que so insostenibles de acuerdo con las leyes de física. La filmografía de acción es un impresionante fondo de distorsión de imágenes donde el abuso del contrasentido es prioritario a la lógica más elemental. Hay un plantel de personajes  imposibles en la vida real pero que a fuerza de residir y repetirse en la imaginación contaminada habitan en el esferoide cinematográfico como lo más normal. Una de esas actuaciones imposibles son las persecuciones con coches. Una película que trate de policías y  criminales sin una de esas persecuciones no tiene el suficiente ingrediente emocional como para hacerla taquillera.  Hay un perfil de público cinéfilo que necesita –todavía necesita-  el ajetreo, los golpes bajos, los asesinatos, la mala fe, las explosiones.

Unos puntos de vista sostienen que ese tipo de violencia de mentira (envasada y servida a dosis bajo el etiquetaje de supuestos productos artísticos) es una manera  de reconducir y sublimar la pulsión violenta de escala real. Esta teoría se viene abajo cuando los perfiles violentos a escala real se nutren de iconos y proposiciones de materiales inductivos de ellos desde la escala imaginativa. Si bien la realidad puede superar lo imaginado para la ficción está o deja de sugerir con  más giros en la tuerca de la degradación formas sutiles de perversión. No se puede apostar por la buena salud metal de nadie, de ningún espectador, que necesita su dosis de acción repleta de violencias.

En la persecución de coches, donde el bueno –generalmente un detective- persigue al malo –generalmente un tipo feo y sin escrúpulos- esa sagrada misión disculpa todo lo demás: arrollar a decenas de pequeños comerciantes con sus puestos de frutas en la calle, incrustarse en escaparates, paralizar toda la ciudad. También autoriza a robar coches o lo que sea con tal de que la persecución alcance su objetivo. Objetivo no hay más que uno: alcanzar al forajido, sea para detenerlo o para dispararle o para que se estrelle matándose.  El persecutor puede quedar magullado pero es el superviviente honorífico aunque luego aceptará por suficiente recompensa una sonrisa de apoyo.  El prototipo de este abnegado defensor de la ley no suele ser el jefe de la comisaria sino un subordinado intermedio que va un tanto por libre, con suficiente veteranía e el cuerpo y honestidad demostrada como para tomarse la ley por su mano sin que nadie se la coarte. Si para alcanzar al criminal le toca hacer doscientas infracciones, destruir varios coches y mobiliario público así como enseres privados, si el coste de todo esto cuesta más al tesoro de la ciudad que lo que el criminal ha podido esquilmar, todo esto es completamente secundario. 

Las historias de policías y ladrones tienen una clientela asegurada. El énfasis también se pone del lado de los ladrones, lo cuales no dejan de ser héroes  cuando consiguen sus propósitos sin hacer daño a nadie. El inconsciente colectivo se identifica clandestinamente con ese arquetipo de transgresor de la ley que con finura sabe vivir del cuento o consigue atracar a un banco con astucia e ingenio. Si una película quiere poner las cosas muy en claro pinta a los malos como degradados y sádicos y a los buenos como éticos y honestos aunque puede admitir una cierta cantidad de falta de impecabilidad.  Los consumidores de cine de acción quieren ver peleas, traiciones, golpes, escuchar ruidos. Serian los que se apuntarían a las películas con efectos sensitivos especiales como olor a azufre  si se hubieran inventado. Lo menos importante es la lógica argumental o incluso si hay un argumento sustentable, tampoco si esas explosiones que levantan hacia arriba a cámara lenta a las victimas, o esos coches que estallan como si estuviera cargados de dinamita, o esos agujeros de bala en la ropa que pone a perder camisas y trajes sin posibilidad de zurcido. No hay que olvidar al malo más malo de todos que cuando muere  necesita una docena de balazos al menos entre cuyos intervalos todavía le queda mirada de odio y un resto de energía para levantar su arma.

Ponerse en el papel de estos actores haciendo de héroes insostenibles debe dar dinero y quizás deber ser divertido. Lo mejor que se puede hacer con ese cine de acción es darle la vuelta y ridiculizarlo (véase los Mutantes). En cuanto a la destrucción de decorados y esas increíbles persecuciones de coches cabe pesar que relación guardan con los conductores desenfrenados en volantes buscado la muerte sea como víctimas o como agresores.

La sola demanda de ver pelis de acción ya atestigua que no se tiene la idea clara de lo que es la acción o mejor dicho o entender que no todos los actos forman parte de procesos de m movimiento razonables o lógicos.

La agenda diaria de una persona se compone de un cierto número de actividades cuyos contenidos pasan por unidades de acción. Muchas de ellas se hacen  por reiterativas tan mecánicas que ni siquiera se piensan. La autoconcienciación de lo que se hace puede llevar a un criterio (siempre sospechado pero para el que hay resistencias armadas para negarlo) una buena cantidad de actos de vida –y entre ellos, actos de palabra- son prescindibles. Simple y llanamente sobran y no forma parte del esquema principal de vida.

Trasladada esta idea al campo de producción de películas, hay argumentos que se sostienen sobre un esquema de imágenes: tantos minutos de peleas, tantas escenas violentas, tanto rato de persecución con coches, tantos personajes secundarios para escenas, tantos diálogos. No es una historia la que se lleva al cine sino el cine que condiciona una forma de relato según los parámetros estimulares de consumo del espectador que paga e taquilla.

Las películas de malvados que acaban mal no dejan de cumplir una cierta función de moraleja al indicar que las fuerzas del orden todavía consiguen imponerlo a pesar de sus propias corrupciones y de los límites de la ley. No puedo ni siquiera imaginar lo que actores de categoría sienten jugando a esa versión del bandidismo oficial participando en persecuciones. En una donde aparece Harrisson Ford que combina su trabajo de poli como de agente inmobiliario, me pregunto que debe preguntarse un actor de su categoría al prestar su imagen para un film sin pies ni cabeza como este. Al fin y al cabo se representa un papel por dinero. Debe saber que hay un mejor cine que hacer –tato desde el realismo como desde la ficción- en el que el atropello social no sea tan legitimado por las imágenes de falta de respeto absoluto a la sociedad.

El abuso de la imagen

Por JesRICART - 20 de Enero, 2009, 18:48, Categoría: ARTESUMA

Philippe Garrel, con un título muy interesante, Les amants reguliers, nos tiene por casi 3 horas clavados en la butaca, eso los más abnegados, para presentar un tema que podía haber ventilado con no más de 70 minutos. Nos ubica en la época de los enfrentamientos en la calle del famoso mayo francés entre estudiantes y policías, los que iban con escudos circulares y una trama personal de esos chicos progresistas que termina en el suicidio de uno de ellos por el abandono de su pareja que se va a vivir a New York y trabajar como escultora. El director se complaced en la escena y con el dialogo nulo o escaso. Algunas de ellas ni siquiera remiten a la realidad. Los chicos detrás de las barricadas están agazapados sin decirse nada, uno  de los que lleva casco de moto para protegerse de los golpes policiales esgrime durante todo el rato una pistola sin que quede justificado su sentido y sin que nadie le discuta llevarla, en un encuentro de catacumba se pasan  la consigna  (lugar y hora donde continuar la protesta del siguiente día)  sin ninguna discusión. No hay dialogo en ningún momento ni menos aún, debate. El director crea apartados en la película al estilo de enunciar sus capítulos para que no se pierdan  los espectadores, No lo consigue, los espectadores naufragamos ante la pasmosa lentitud de sus imágenes, dándole u n crédito de confianza creativa que no se merece.  Ni  esos títulos de capítulos se corresponden con sus imágenes ni el titulo general de la película tampoco.

Es un caso de abuso de imagen. Da la sensación que el director puso a trabajar a los actores sin ningún plan dándoles la orden que hicieran lo que quisieran., el les procuraba adoquines o su simulacro para la parte de las batallas callejeras y un espacio donde  se encontraba la peña con la pipa, no precisamente de la paz,  la del opio.

No queda claro ni siquiera si desea transmitir el mensaje que toda la grandilocuencia revolucionaria de los universitarios de Paris no se correspondía con su intimidad, en la que las inhibiciones eran tan fuertes que parecía mentira que se creyeran revolucionarios. Sus transformaciones en las costumbres fueron nulas y sus citas para el baile o para alucinar con hierbas no van acompañadas de conversaciones con contenido, a lo sumo con conclusiones tomadas de otros procesos que no aparecen en esta historia filmada (de alguna manera hay que denominarla): sueños rotos, desconfianza con el proletariado,

Cuando al fin el dire se decide a contar la historia personal de una pareja que se forma en esos momentos de refriega: él un poeta objetor que se niega a cumplir el servicio militar, pero para lo que hay tampoco un argumento. (se da por entendido que no hace falta explicar razones) y ella una chica guapa sin demasiada acción participativa pero que no le hace caso, aquel entra en crisis personal. La crisis no es hilvanada con los acontecimientos ni explicada a causa de la decisión de ella en otra dirección. Mete en la misma cacerola un micro apunte de relación personal dentro de un contexto objetivo totalmente enmascarado de oscuros donde predomina más la silueta de los unos y de los otros en las manifestaciones que no los roles de lucha y de reacción.

Cine no de vanguardia precisamente pero que refiere un tema que hizo furor en la Francia y Europa de finales de los 60 y del cual todavía  siguen manando muchas referencias. Por algún momento el espectador creer adivinar las intenciones de autor al poner el conflicto delo personal en un contexto revolucionario donde se supone que no debería dar lugar a aquel. No parece que el guion haya sido tan ambicioso. Es un producto de una sala de montaje con mucho metraje sin saber qué hacer con él.

Tiene el eco de una generación que no sabe qué hacer con su vida, que se rebela contra un orden instituido pero en lugar de cambiar ese orden se entretiene a pedradas contra la policía. Indirectamente puede servir como materiales gráficos para atestiguar el impasse de no pocas luchas anticapitalistas que por un lado manifiestan la radicalidad de la protesta pero por otro sus protagonistas no tienen la menor idea de cómo cambiar sus vidas privadas.

 

Del cine de pantalla a la película de la realidad

Por JesRICART - 20 de Enero, 2009, 18:43, Categoría: ARTESUMA

 

Tout pour Plaire de la directora belga Cécile Telerman, con formación universitaria y práctica profesional en derecho,  traducida como ¿Por qué las mujeres siempre queremos más? tiene el sabor del cine francés con un París como decorado de fondo pero sin la lentitud de otras producciones. La historia va de la amistad de tres mujeres que se encuentran semanalmente y que se conocen desde siempre. Están en la media edad y están social y económicamente posicionadas. Son tres personalidades distintas que no se fallan las unas a las otras y siguen todos sus avatares. La una, abogada primeriza, es una consumidora compulsiva en tiendas caras que tira de su tarjeta de pago que ya tiene al descubierto y no para de reclamar a su banquero que le mantenga abierta su línea de crédito, es además la que acaba de perder a su novio cuando estaban eligiendo un apartamento en el centro por mas de 2000 euros mensuales y él se autoexcluye repentinamente de la relación; la otra es una médico de consulta pública casada con un pintor que no vende cuadros y que vienen en el extrarradio de la ciudad; la tercera es una mujer que trabaja para una empresa de publicidad casada con un ejecutivo que viaja continuamente a España donde tiene relaciones extraconyugales. El argumento es desde el punto de vista femenino, y el seguimiento de la relación entre ellas de las tres mujeres, los hombres no tienen una cohesión entre ellos, se conocen o coinciden en algunos espacios pero no se tratan. Son las parejas masculinas de ellas.  La compradora compulsiva ostenta su máximo histerismo tirando continuamente su móvil hasta que lo rompe al  no encontrar mensajes para ella. La médico exige de su compañero que sea menos crítico  con la sociedad y que venda más cuadros y la esposa del ejecutivo decide hacer un giro radical a su vida abandonando su trabajo y a su marido y llevándose consigo el hijo de ambos. En la ruptura de éstos, la lógica del engaño queda expuesta por la falta de interés sexual de ella con él y la ilógica de la vida acelerada por tenerlo todo en el régimen de los consumos y de las apariencias es montar la existencia para comprar imágenes, imágenes de cara a los demás.

De las tres, la única pareja que sobrevive es la de la médico-pintor que, curiosamente, es la más atípica. Él, un bohemio inadaptado a las efemérides sociales y ella, la encargada de llevar el peso de la casa y la que se ocupa de los críos mientras aquél se queda en cama o deja los temas domésticos por hacer. Las otras son fracasos que acaban en inestabilidad. La  más histriónica, la que rompe el teléfono, termina por consolidar una nueva pareja en la figura del banquero precisamente, después de no haberle ido bien con otro que aparece y que aclara su falta de amor por ella con lo que se creía; la expublicitaria va detrás de una nueva cita ilusionada para dar con una nueva pareja, escena con la que termina el film.  La En cuanto a la médico también intenta una relación paralela con un cineasta que la pretende pero que el momento de la intimidad no acepta pasar del primer beso y con un “no puedo” supuestamente de mujer fiel, se larga de la habitación donde estaban. Esta sigue para adelante con el embarazo del  pintor y termina la historia feliz con dos parejas en marcha y la tercera por rehacerse. El título en francés de la película no expresa el contenido de lo que en ella se dice, donde varias de las actuaciones no apuntan justamente al placer ni todo se hace para conseguirlo. En cuanto a su título traducido al castellano este más es impreciso. Lo que hay es un deseo común de tener pareja, de conseguirla y de poseerla y de radicalizarse en contra cuando esta se larga con otra (en el caso del ejecutivo) o cuando no está a la altura de la implicación (en el caso de la compradora compulsiva). La historia se puede seguir, tiene de novedad que rompe con la tradicional visión de un cine francés pletórico de liberalidad. Aquí hay mujeres celosas y fieles, tan tradicionales como pueden serlo las hispánicas. Tiene pues una concomitancia con la película de la realidad de cada día: mujeres que quieren tener más de lo que se pueden permitir, aparentar lo que no son, controlar lo que no tienen, y también vivir la vida desde la subyugación por mucha pàtina de modernidad que pongan a su feminismo de estreno, por encima de sus posibilidades materiales reales. Sí subyugación, pues no replantearse el amor en términos alternativos a la noción clásica de la privacía y posesividad significa la servidumbre al patrón ideológico de la propiedad privada, la de los sentimientos. El argumento del film le podía haber permitido a la directora introducir el debate de cómo sigue el amor después de un fracaso de pareja sin volver a caer en el cerco de otra pero no lo hace ni lo insinúa. O la incorporación del número tres (en la figura del cineasta) en una relación estable de dos sin que ésta se desintegre por aquella; tampoco lo hace.

Película que vi un día 9 de marzo con la sala mayoritaria de público femenino y elegida por el simbolismo de la jornada feminista del día anterior, el 8, y que supongo es considerada como un modelo de prototipos femeninos en los que espejarse para seguir con eso, con la liberación, por algunos sectores del feminismo militante. De hecho los personajes, masculinos y femeninos, son imperfectos, que reproducen esquemas conocidos contra los que se levantan y luchan pero que también acatan y se subordinan como el de la imprescindibilidad de la figura de pareja. Hay otra lectura y otro modo de ver la película: la de las contradicciones interhumanas en las relaciones de intimidad y el derecho de los hombres, a través de los personajes masculinos que los representan en el film a no estar a la altura de las demandas de ellas, tal como dice el novio al principio de la historia que rompe con la que hace de compradora compulsiva, o la del otro que dice estar bien sexualmente pero sin proyectos de futuro o la del otro que dice trabajar como un cabrón y buscar la satisfacción con amantes por no ser correspondido por su mujer. Los personajes secundarios de esta película, lo mismo que los personajes secundarios de la misma  realidad, también comunican mensajes, quizás los más importantes son los que no dicen, los que están condenados al silencio. Mensajes que se podrían destilar al amparo de un buen fórum tras la proyección organizada por xiscinèfils, el grupo de cine de los jueves-noche en el ateneu de Cerdanyola.

 

El delirio del tirano

Por JesRICART - 20 de Enero, 2009, 18:42, Categoría: ARTESUMA

Antigona[2] de Sófocles  dirigida cinematográficamente por el tándem  Jean Marie Straub y Daniele Huillet  en 1992  (basada en una  adaptación por B.Brecht  que tomó la traducción de Hölderlin) representada en el Teatro  Antiguo de piedra de Segesta en Sicilia en alemán es un documento de rabiosa actualidad no solo a mediados del siglo XX, momento en que trabajaron el texto  por separado Jean Anouilh, Salvador Espriu  y el citado Brecht,  tras los vapores de una guerra mundial sin cicatrizar sino también a principios del XXI con nuevos y renovados discursos delirantes de nuevos tiranos planetarios.

En Tebas, Antígona, hija que había sido  el lazarillo de su padre ciego Edipo y  de Yocasta contraviene  las órdenes de Creonte, el rey que a la postre es su tío, en enterrar a Polinice, el hermano de ella, muerto por no haberle seguido en su guerra contra Argos  y es condenada a muerte en vida enterrada entre rocas ante lo cual opta por suicidarse. Gesto en la que es seguida por  Hemón, su prometido  e hijo del rey. Antígona es la primera, que en primer lugar y en solitario se enfrenta a la orden real arriesgando su vida. En esa empresa ni siquiera su hermana  Eteocles está dispuesta a seguirla. Cosa que luego, arrepentida, la impulsa a  acompañarla en el morir, lo cual le es desestimado. Cobarde para luchar pero no para morir le dice. La defensa de los derechos es heroica y genial en aquélla, la cual se enfrenta tanto a Creonte como al coro y séquito  de los que le apoyan. Ella, camino de su castigo, tira de su guardián en lugar de ser al revés y desencadena las contradicciones de poder.

Sófocles exacerba la función combativa de Antígona que apela a unas leyes superiores e inquebrantables contra cualquier razón de estado.  Inmediatamente extremadas por el hijo de Creonte que viene de la batalla y que es el compromisario en amor con Antígona. No es hasta que la noticia del triunfo en Argos no se da tal como tenía previsto el atacante junto a la noticia de la muerte de los seres queridos por Creonte  que éste se hunde dejando tras de sí la estela de la muerte y del descrédito para Tebas. Los habitantes de Argos agredidos prefieren incendiar sus casas a rendirlas al enemigo que en su retaguardia encuentran una rebelión insospechada (el parecido con lo que ha pasado y aún pasa en los países invadidos por movimientos belicosos  imperialistas es asombroso).

Creonte es la prepotencia, representa el delirio del tirano.

La sobriedad del estilo representativo con la austeridad propia del teatro griego, con los personajes justos y el símbolo de la fuerza concretada en una única espada sin necesidad de grandes despliegues de actores  dan más fuerza narrativa a la trama.  Trama dada por la intersección de conceptos. A la figura  de la tiranía  le toca escuchar los argumentos de su oposición.

Maravilloso, por trágico, y extraordinario diálogo con el poder. ¿Cuántas figuras como la de Antígona seguirán siendo necesarias y sus asesinatos ejecutados para que el poder en lo terrenal no deje de atormentar a sus contemporáneos?

La obra es un canto al amor fraterno, a la lealtad y también un canto mayor  a  la sedición, a la desobediencia, cuando los dictados de la conciencia y de la ética están muy por encima de los intereses de gobierno y del poder.  Desobediencia inicialmente desencadenada por Antígona pero que tras ser desencadenada   es extendida hacia  los demás en el punto en que la guerra de Tebas contra Argos es reconocida como la guerra de un tirano contra un pueblo débil, o que así lo estima,  para su  beneficio personal y para alimentar su delirio de grandeza pretextándolos como razones de estado o de supervivencia.

El texto no ha perdido la menor vigencia es la vivisección del discurso contra el poder político.

Obra de solo texto en el que el hieratismo, la ausencia de toda sonrisa, la falta de gestualidad con los brazos pegados a los cuerpos y la aridez germánica la hacen aún más brillante. 

Se cree que fue inicialmente representada en el siglo V hacia el -441 pero podrá seguir representándose durante todo este milenio, como mínimo, para recordar a otras generaciones su vigencia o, con suerte, para recordar a las que les sigan que eso formó parte de la historia transicional hacia una humanidad madura libre de traiciones y crímenes.


[2] Vista el 31 de mayo del 2006 en La filmoteca de la Generalitat de Catalunya.

El fracaso de los valores

Por JesRICART - 20 de Enero, 2009, 18:34, Categoría: ARTESUMA

El fracaso de los valores de la clase media americana.

 

American Beauty, 5 óscars a la mejor película. Dirigida por Sam Mendes. Ironiza la vida americana escarbándola bajo la fantasmada de su belleza aparente. Toma para ello el caso de una familia de clase media alta con ingresos suficientes y buen tren de vida. Una pareja en la que él se siente absolutamente anulado y ella es presentada como una mujer sin demasiados recursos intelectuales. La voz en off de el (Kevin Spacey) va ganando paulatinamente a  la audición. Es un ser que se autodesprecia y cuya existencia discurre sin razón de ningún tipo,  un tipo que en su modo de andar y estar se reconoce al fracasado, al que no se estima, al que se rebaja, al que hace  lo que no le gusta hacer, al que está rodando en el círculo de  la esclavitud de los dineros y los pagos.  Queda perfectamente descrita su situación, en el que es el tercero de a bordo después de su esposa y de su hija en edad de estar enfadada por todo y contra todos, hasta que un día decide acabar con sus valores. Cuelga el trabajo en el que no se identifica consiguiendo 60 mil dólares de indemnización por un chantaje directo contra uno de los jefes por malversar fondos de la empresa  y se va a trabajar en una hamburguesería pidiendo un puesto con la mínima cota de responsabilidad.

Paralelamente sus nuevos vecinos de la casa de enfrente, un militar del cuerpo de marines y su hijo camello de haschís introducen una nueva clase de relación. El personaje de Kevin experimenta con marihuana y se hace amigo del chico  camello. El padre de éste: un homófobo, pero con su homosexualidad latente nunca reconocida, piensa que su hijo es homosexual lo cual no puede tolerar. Este decide irse  de casa proponiendo a la hija del protagonista con la que se ha enrollado  a que lo acompañe. El chico es alguien muy seguro de sí mismo y muy controlado por su padre de mente y conducta militares pero que ha conseguido hacer una  fortuna con el trapicheo del chocolate. Es a la vez alguien despreciado por la chica que va de guapa del centro escolar  y que es amiga de la hija  del protagonista, supuestamente feucha o no rubia y deslumbrante como aquella que va para modelo.

 La historia es un relato de varias historias paralelas: la mujer del personaje de  Kevin se lo monta con el triunfador del negocio del sector de  la inmobiliaria en la que cual ella  trabaja, la hija del personaje de  Kevin vence el dominio de su amiga narcisista que va para supermodelo y se enrolla con el hijo del militar, la amiga engreída trata de ligarse al personaje de  kevin pero fracasa rotundamente  en su aproximación al encontrarla el tan niña e indefensa o poco mujer una vez desnuda, y el marine, sumido en sus contradicciones que escuda con un gran manto de dureza, asesina  por la espalda al personaje de kevin, que lo ha rechazado un rato antes al ser besado por aquel. La mujer del militar es una boba silenciosa que no se atreve a enfrentarse al marido duro y la otra esposa boba juega a amante con el triunfador inmobiliario, vendedor del año, el cual renuncia a ella tan pronto son descubiertos por el marido, el cual tampoco manifiesta ninguna sorpresa. Toda esta  amalgama pone los ingredientes para el desenlace final.

El resultado de la  muerte sería  inexplicable sin conocer toda la locura organizada que relata la película. Cinematográficamente el mejor momento de ella, sin embargo, es las imágenes tomadas con su video doméstico el camello, que va con ella a todas partes grabándolo todo. Es el de la bolsa de plástico flotando movida por el aire junto a una pared y una puerta exhultante de belleza desde su simplicidad. En estos fotogramas posiblemente es donde está encerrado el mensaje de todo. El de la belleza de la sencillez al margen de las complicaciones mundanas  de la gente víctimas de sus códigos mentales. Las dos familias mas retratadas son un autentico fiasco como tales. Y el héroe, el hombre capaz de renunciar a su destino predeterminado por un mundo en el que no cree, es finalmente condenado a muerte por otra cosa que no es al ser confundido como homosexual.

No se trata de una película de suspense sino de la banalización de un acto criminal sin significado. El que mata no sabe ni porqué lo hace y el que muere deja una sonrisa de felicidad en medio de su charco de sangre, quizás porque ya intuía que su nueva elección de vida no era posible en su mundo en el cual sólo podía figurar como obediente y como esclavo.

 

 

El ladrón incompetente

Por JesRICART - 20 de Enero, 2009, 18:31, Categoría: ARTESUMA

 

Se suele suponer que el ladrón es un tipo entrenado que se dedica profesionalmente a hacer de caco y que cuando te toca el turno de ser su víctima es algo determinado por el azar contra lo que apenas se puede hacer nada. La película de Axel Cortí,   der überfall (el atraco, del año 2000) ambientada en la Viena actual, cambia completamente ésta perspectiva. Trata de un asaltante en su primera fechoría. El personaje: un tipo de 32 años sin trabajo y separado de su mujer e hijo pequeño, cargado de deudas y completamente despistado sobre su vida,  se halla alojado provisionalmente en el sofá del salón del apartamento de su hermana bajo la presión de su cuñado que no está dispuesto a ser solidario. Éste trabajo de guardia jurado o algo parecido y tiene un arma de la que se vale para perpetrar un atraco en un supermercado de su mismo barrio aprovechando que es carnavales y que podrá ir con la cara de payaso sin levantar sospechas. En el momento decisivo ante la cajera no se atreve porque ha notado que un par de clientes lo miran de una manera insidiosa y decide largarse. Al irse en su nerviosismo entra en la tienda-sastrería de enfrente. Aquí el dueño le pregunta en broma si viene a atracarle y él, cuando ya se iba, vuelve sobre sus pasos y decide efectivamente atracarlo. La historia de la película es la de la tarde en que el asaltante y los dos personajes que hay en la tienda, el sastre y uno de sus clientes que ha venido a retocar una prenda que le encargó, la pasan juntos, ya que efectivamente el colmado de enfrente ha sido asaltado por otros y ha venido la policía a detenerlos. Eso demora bastante tiempo su presencia y por lo tanto el atracador no puede huir,  Los tres personajes encerrados viven una situación llena de encadenamientos ilógicos en los que el asaltante se va perfilando a sí mismo conforme van pasando las horas, el cliente se perfila como un perfecto tonto que no ayuda a mejorar la situación  en ningún momento  y tampoco cuando se hace con el arma. Durante todo el rato la indefensión de este cliente, por sus necesidades médicas (se trata de un pensionista prejubilado con una patología cardiaca) lo convierten en dependiente del asaltante y prácticamente en su protegido. El sastre es el que más recibe: los golpes de aquel y  la gimotería de éste.

Hay toda una situación de matices de convivencia en los que el ladrón va radicalizando su violencia paulatinamente a su pesar ya que su intención no es hacer daño pero que su lugar en los hechos encañonando el arma le da un poder muy por encima de su personalidad. El sastre le da los 800 chelines que tiene y luego el tonto de su cliente otros 2000 que le traía para pagarle el encargo de la ropa. Con todo no es suficiente para el atracador que necesita más dinero. Al anochecer acompaña al sastre hasta la oficina bancaria cercana para que, con su tarjeta de crédito, le den más dinero. Cuando tiene su botín vuelve a pasar por la sastrería donde le devuelve el abrigo que le había prestado el tonto. Éste, absolutamente inconsciente por no haber impedido el robo antes bien ha contribuído a  aumentarlo y facilitarlo, sale con su abrigo a la calle y se pone la peluca del atracador que encuentra en el bolsillo. Cuando ve al sastre a la puerta del banco se dirige hacia él con intención de saludarlo. El agente de seguridad de allí le da el alto lo cual le produce nerviosismo por lo que trata de acceder a su inhalador que guarda en el bolsillo interior. Este gesto es interpretado como que va a tratar de sacar un arma y es acribillado y muerto. Al ser preguntado el sastre si se trata del atracador responde que sí y cierra el tema. Es en esta escena en el que el director da la clave de todo el tema. Hasta este momento la situación inicial de un atracador y dos víctimas se va transformando en la situación de una víctima de un atracador aprendiz que va siendo ayudado por esa segunda víctima que por su conformismo y estupidez increíbles lo terminan por ayudar en su propósito. Cuando el sastre acusa al muerto de haber sido su asaltante, en realidad lo que hace es acusar al conformismo social por encima del acto criminal de un delincuente empujado por las circunstancias. Con toda probabilidad para la sociología la existencia de la criminalidad depende en última instancia de la cuota de conformismo de una sociedad para no cambiarse a sí misma. El desenlace final es que el malo no lo es tanto (hay una escena en la que se reúne con su esposa e hijo pletórico y con dinero encima), en que el más bueno es el que queda de muerto en el suelo por tonto y en donde la víctima, que ha perdido en todo el asunto unos 3000 chelines y los destrozos de su tienda, es la que decide magistralmente ser más víctima del tonto muerto que no del delincuente desgraciado que delinque apremiado por sus necesidades en contra de su propia voluntad. 

 

 

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