El Blog

 
 

Calendario

<<   Diciembre 2018    
LMMiJVSD
          1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30
31       

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog
 

General
Artículos y anotaciones generales

Un bicicletero descerebrado

Por YASHUAbcn - 26 de Septiembre, 2010, 14:02, Categoría: General

Un bicicletero descerebrado. Sevilla 21dic2009 Lugar de la fechoría: delante de la estación de cercanías de tren de Palacio de Congresos en Sevilla-Este. Tres grupos de personas, dos de los grupos saliendo de la estación y otro caminando en dirección a ella coincidimos en los dos pasos cebra del carril bici, distantes unos 8 metros entre si cuando un bicicletero, un tipo obseso, fofo y tonto, no tonto por obeso pero sí obeso por tonto pero en todo caso un incompetente en la circulación viaria, casi nos arrolló a varios. íbamos con alguien a bordo de una silla de ruedas, un carrito de niño, otro niño a pie, otro en brazos; o sea que se nos veía. Al decirle al tipo que parara se paró -sin duda si lee esto recordará ser el actor del hecho- pero para protestar por no ir nosotros por la acera. El caso es que el carril bici tiene en ese punto dos pasos cebra muy cercanos el uno del otro. A todos nos pareció el prototipo de basura en forma de aglomerado humano con el que no merece la pena perder el tiempo. Era la clase de individuo al que le deseas que en aquel momento le caiga un rayo benigno depurativo y lo parta en dos para reciclar las partes en la unidad de compostaje más cercana. El ciclismo es una conocida y, por suerte, potenciada alternativa al tráfico rodado del cual se beneficia toda una ciudad: tanto los ciclistas por el ejercicio físico que desarrollan y la reducción de pagos en transportes como el resto de ciudadanos por no tener que tragar tanto humo contaminante de los vehículos a motor. En principio, quienes optan por ese medio ecológico de transporte tienen todos los méritos; sin embargo, las anécdotas de sobreabuso de la bicicleta sobre el peatón no paran a de acumularse. La discusión que ya se dio entre pedestre y automovilista dándole la categoría a uno de su prioridad en la vía pública y al otro su llegada históricamente después; se repite ahora entre peatones y bicicleteros en los que comparativamente, obvio, unos son anteriores a la figura de los otros. La red de carriles-bici se va extendiendo y delimita exactamente el espacio para las bicicletas incluso su mediocarril de dirección. Hay semáforos específicos para ellos y un lugar de recorrido. Esa red está en crecimiento y en continua mejora. La mayor parte de calles y zonas a las que llegan las bicis no están organizadas con carriles para ellas lo cual significa que tiene que darse una coexistencia pacifica entre peatones y bicicleteros. El caso es que las quejas de los peatones asustados por bicicleteros por sus excesos de velocidad o por no preavisar de su presencia también van en aumento. Eso se reducirá cuando los carriles-bicis sean auténticos carriles perfectamente diferenciados de las aceras peatonales y de las carreteras para los vehículos a motor. Eso pasa por una inversión considerable en infraestructura. Entre tanto, el desajuste entre la necesidad de ese vehículo urbano silencioso y más humano y su red viaria imperfecta, que mayoritariamente está en la fase de la ralla pintada en el suelo, seguirá requiriendo la comprensión de unos y de otros pero especialmente de los bicicleteros que a juzgar por el de la anécdota relatada, no entienden que manejan una maquina y una velocidad que puede agredir muy severamente a peatones indefensos. Además de la lectura de la ley estrictamente (el carril bici es para bicicletas y para nadie mas) el bicicletero puede y debe entender que dado el estado del firme igual para esos carriles que para las aceras (de hecho muchos carriles se hacen quitándole espacio a las aceras) tiene que tener una consideración superior al pedestre, por la elemental razón que su velocidad y fuerza inercial lo colocan por encima de éste al tener un potencial de daño mayor. ¿como enseñar al que no sabe? Con mucha paciencia. Contraviniéndole por el mal uso de su máquina y llegado el momento de reiteraciones prohibiéndole su uso. Eso es más fácil de decir que de aplicar. Queda apostar por la consideración de cada conductor para que no priorice su estrés y su velocidad a la tranquilidad publica que permita caminar sin riesgos por los espacios públicos. Desde la paternidad de la bicicleta, en su modelo rudimentario, atribuida al barón Carl von Drais, alemán e inventor, creada en el 1817 (aunque el diseño con el piñón y la cadena de transmisión fue desarrollado hacia el 1885) la experiencia humana a bordo de dos ruedas ha aumentado prodigiosamente. ¿quien iba a sospechar que de aquella primera draisina evolucioanarían tantos modelos posteriores y tan operativos, dando lugar a la consolidacion de un transporte de uso considerable y a uno de los deportes multicolores mas afamados? Lo que no se sospechó es que a esas máquinas llegaran tipos desconsiderados convertidos en peligros públicos por obra y gracia de la velocidad alcanzada.

Reintegra.Gestion de Cobros

Por JordiSAR - 12 de Febrero, 2010, 15:44, Categoría: General

Para la cía. Reintegra. Carta de un supuesto moroso.

CdV12feb2010

al Tecnólogo en gestión de cobro que corresponda, del llamado departamento precontencioso.

Hasta donde mi memoria alcanza yo no soy ni nunca he sido cliente de Open Bank, si bien es cierto que hace unos meses tomé contacto telefónico con su oficina de Barcelona a propósito de una nota de depósito que recibí mensualmente por correo ordinario por unos 700€. durante el año anterior. Nunca llegué a personarme en tal oficina y las tentativas de acceso on line para verificar esa información resultaron nefastas dada su web un tanto encallada.

Con su notificación, de la cual ya tengo constancia de una precedente en términos similares, deduzco que tal cantidad que me venía como positiva en las notificaciones mensuales, en realidad se trata de un adeudo de mi parte. Si eso es así me gustaría que me informaran en qué momento y con qué pagos he generado yo tal gasto. Como vds son una agencia intermediaria dedicada a la caza y captura de, entiendo, morosos (a pesar de su flamante enunciado corporativo, el cual es de agradecer) en lo que menos están dedicados es a la investigación del hecho y a lo más en la localización de sus presas. Estoy de acuerdo con el slogan de reintegrar a cada cual lo suyo (deben conocer bien aquello de al césar lo que es del césar y a...etc). Por mi parte no tengo ningún inconveniente en facilitar su, -deben suponer vds- digna gestión.

Lo que no puedo hacer, porque va en contra de mis principios organizativos y mi económica que es de lo más básica, es regalarles (que no reintegrar) una cantidad que supone el doble de lo que actualmente gano como renda mínima (pirmi). Mi situación financiera actual me empuja a tomarme con ironía errores informáticos (o bromas) como la suya. La tesorería de estado ya ha inyectado demasiado dinero reunido con los impuestos de la ciudadanía para reflotar la banca privada como para que ésta se dedique a perseguir a los más pobres del censo poblacional.

Les invito a que no hagan nuevo gasto de papel ni de correo bancario en enviarme una información que no se ajusta a mi condición de deudor. (estoy en deuda con la historia y con la naturaleza, `por los daños que como consumidor haya podido ocasionar, pero con ese banco ni con vds, lo estoy en absoluto, algo que no puedo decir a la inversa, puesto que el tiempo de dedicación a compartirles mis preocupaciones tiene un coste de energía y de atención. Vamos a ver me deben casi 30 minutos de trabajo al ordenador. Bien les facturo una hora entera que mas intereses a medio plazo se convertirá en 3 horas, en pocas más ya sería el equivalente a la cifra que me mencionan).

En aras al interés mutuo al que apelan no solo no haré ese ingreso sino que haré caso omiso de nuevas cartas que reciba de vds a mi nombre, que a la postre lo hacen en un domicilio que no es el mío, mandándolas sin abrir directamente a la papelera desde la que reciclarlas como valor para pasta de papel que pueda servir para hacer nuevas resmas en las que imprimir textos de mayor placer que el suyo.

Quiero informarles que me sentiría sumamente complacido en acudir a una vista judicial con vds o con el representante del banco que me ha metido en la lista de sus deudores (¿no hay otras fórmulas para remontar los tiempos aciagos de crisis?). Considero que los espacios jurídicos son espectáculos excitantes que salen más baratos que pasar por la taquilla de cines, teatros, cabarets u otros circos, y que ponen una asíntota en una mañana ordinaria.

Como no tengo donde caerme muerto en el sentido literal de la expresión castellana, en el supuesto remoto que se demostrara que yo tengo esta deuda con tal banco no la pagaría de ninguna de las maneras ya que ni tengo liquidez ni tengo propiedades, fórmula esta que permite el máximo de felicidad existencial si se es capaz de no seguir los cromos fabularios de una sociedad de fantasmas.

Como su agencia va de mandada todo esto debe sonarles a chino mandarín. El mensajero del mensaje no tiene porque asumir su contenido. Lo mismo que cualquier paloma en esa función con la anilla en la pata, vds renquean la suya de una forma tozuda para que corra al primer cajero y les haga un ingreso. (¿en qué mundo viven? Eliot Ness acabó con los recolectores de impuestos por libre.). No se esfuercen. Hagan lo que deben de hacer y tramiten lo que deban de tramitar. (¿no han oído aquello de que “perro ladrador, poco mordedor”?). En tanto que recaderos no son responsables de poner en mal uso en sus ficheros mi buen nombre. Eso les pasa por ser intermediarios sin verificar la legitimidad de la reclamación que asumen trasmitir.

La posición de clase.

Por YASHUAbcn - 4 de Diciembre, 2009, 11:36, Categoría: General

La posición de clase en el debate autojustificativo.

Durante una buena parte del siglo XX -y en otros anteriores- la condición de explotado era suficiente para declarar la de victimidad frente a la injusticia. A un lado estaban los explotados a otro los explotadores. Las víctimas eran seres indefensos, inocentes y vulnerables que aceptaban las formas dirigistas del estado y de los grandes empresarios. Fueron tiempos en los que de los obreros se decía que no tenían nada que perder. El desarrollo de las clases medias por obra y gracia de un crecimiento espectacular del sistema capitalista desmanteló esa idea. La sociedad en masa, al menos en los países hipermaterialistas, sí tiene mucho qué perder si por pérdida se aplica a dejar de tener el control sobre las cosas compradas o acumuladas. Las luchas sociales se han centrado y siguen centrándose básicamente en esto: en la perpetuación del poder adquisitivo, en el mantenimiento del estatus. Mirándolo fríamente la inmensa mayoría de luchas intrahumanas han sido y son luchas materialistas en relación al acceso a los recursos y a los beneficios. El movilizador inspiratriz fundamental del movimiento obrero sigue siendo el de una vida materialmente confortable. Las huelgas más salvajes y radicales siguen poniendo en primer lugar las reivindicaciones economicistas dejando muy en segundo o  último lugar (eso en el mejor de los casos que sean contemplados) los objetivos de carácter político y humanista. La dignidad, la justicia y la libertad no dejan de ser palabras que se manejan en las asambleas propagandísticas y en las luchas fabriles pero desde el punto de vista de sus acepciones a los casos concretos de sus supervivencias materiales, sea con el mantenimiento de puestos de trabajo o en contra de los cierres de las empresas. Hay algo de los movimientos de los asalariados que los infantiliza esperando que empresarios y magnates se rindan a sus deseos en lugar de las implacables leyes del mercado.

Por otra parte, las actividades por re-valorar los puestos de trabajo, renegociando el reparto de las plusvalías, que se ha interpretado como un movimiento social del cual iba a emerger una gran conciencia popular, no deja de ser una peculiar forma de reparto de los pasteles recursivos. Por su lado, las luchas entre estados en forma de guerras cruentas y duraderas también fueron esto: luchas por los repartos territoriales y por la recalificación de los dominios. Esa concomitancia podría poner en una seria revisión el supuesto de que los obreros de todos los países tienen los mismos intereses y los capitalistas también. Eso es un reduccionismo. El panorama intercapitalista demuestra sus posiciones de conflictos tanto entre empresas como entre estados. Teniendo en cuenta que hay empresas que facturan más capital que el presupuesto de estado de todo un país es fácil deducir que el poder financiero está por encima del político. Un discurso reformista en los USA viene poniendo el énfasis de una clase de análisis contra el casi infinito  poder de la banca dejando para el lugar de los santos inocentes a los estadistas y personajes públicos del campo legislativo y represivo.

Las antiguas consignas para un movimiento obrero internacional unitario sin quitarles ningún valor para el romance revolucionario chocaran con el hecho de su profunda división. Si en el seno de cada país –y de cada clase obrera- mientras una fabrica lucha por su salario, la de al lado difícilmente se entera y se solidariza ¿qué esperar de las relaciones entre las protestas  de cada país silenciadas o ignoradas para que sus ejemplos no se extiendan? Para que ésta línea de análisis no lleve a conclusiones fatalistas hay que reconsiderar el potencial de radicalidad de cada lucha y de su conexión como un sentido histórico del evolucionismo social –más supuesto que demostrado-. No se puede afirmar con convicción rotunda que el desenlace de cada movimiento social lleve inexorablemente a revoluciones fantásticas que engendren un mundo estupendo. Parece que todavía existe una idea de revolución como la del gran día partero a partir del que todo va a cambiar inaugurando el reino de la utopía. No se puede seguir confundiendo actos de rebelión, festivos y rupturistas  con los tótemes del sistema, con alternativas consolidadas. Muchas de las actividades pretendidamente revolucionarias por su furia radical como quemas de iglesias y obras de artes no tuvieron ninguna razón ni táctica ni estratégica para la lucha y consecución de objetivos sociales, solo demostraron ignorancia, obcecación, mimetismo comportamental en la extroversión de rabias y frustraciones no digeridas.

La apelación a una posición de clase que ampara las iniciativas de sabotaje de las cosas de la realidad confundiéndolas con el sistema mismo comete una terrible confusión entre infraestructura y estructura. La destrucción de máquinas, cabinas de teléfono o mobiliario urbano no afectan en absoluto a la estructura del sistema por mucho que sean indicativos de desacuerdo con la sociedad. Prácticamente  todo lo que consigue la kale borroka  es encarecer los containers de basuras y afear fachadas con cajeros quemados. Políticamente indica la frustración de la juventud, un malestar extendido y unas formas de lucha tan rabiosas como estériles. El mínimo sentido común considera que un objeto tiene valor en sí mismo y que su existencia ha pasado por un trabajo previo. Destruir algo material como parte del proceso de furia es insultar también a quien ha dedicado su tiempo de trabajo en hacer, es malbaratar recursos e, indirectamente, contribuye a incrementar su precio para los nuevos trabajos de su sustitución. De hecho la destructividad material lejos de ir contra el sistema lo consolida ya que le va bien tener excusas para fabricar más de lo mismo. Los  tópicos actos de rebelión que queman coches, incendian neumáticos a modo de barricadas, y se entretienen al gato y al ratón con los peones del poder, sicarios para maltratar al pueblo no necesariamente son actos revolucionarios, sensatos e inteligentes, que pongan  las luchas en procesos de liberación real. La violencia tiene mucho de discutible. El coctel molotov que incendia un establecimiento bancario también destruye un local que puede ubicar otras actividades que no tengan nada que ver con una oficina financiera. El fuego, primer elemento de los 4 teorizados en la antigüedad filosófica, no puede ser tomad o como el ultimo para arrasarlo todo en el supuesto de que tras el apocalipsis  simbólico y por generación espontánea todo empezará de nuevo con parámetros de justicia, ética e igualdad.

La necesidad de clase de una violencia para hacer creíble su  rol de futuro ha sido una interpretación más propia de sus vanguardias alucinadas que en nombre del pueblo también han hecho actividades en contra del pueblo. Los  vocablos genéricos con aspiración de constituir una categoría absoluta son sospechosos de dogmatismo. El de “pueblo” o “clase obrera” no lo son menos. Cuando gritábamos “¡viva la clase obrera!”, ¿a qué le estábamos vitoreando? La clase obrera también es y ha sido la cantera para aprovisionar numéricamente al incremento de las clases medias, también es la del hiperconsumismo y los deseos de existencias anodinas y confortables, acríticas y alienadas. La clase obrera ha sido y es también la que participa de industrias contaminantes por la idolatría de la preservación del puesto de trabajo por encima de todo. Justificar al explotado porque debe de comer y vivir haciendo lo que hace es anteponer las razones externas a las internas, el otro al yo, el objeto al sujeto. Cada sujeto humano es responsable ante sí, ante la historia y ante los demás de sus actos. No se puede abreviar pasando por alto su cuota voluntaria de esclavitud para llenar su panza. Karl Abraham teoriza el gasto del dinero en los estados de ansiedad. La discusión política circunscrita a los roles económicos de los unos y los otros (empresarios con sus iniciativas para la explotación de recursos y empleados que se agregan a su plan por necesidad de un salario) pierde de vista las motivaciones inconscientes que llevan a las interacciones relacionales entre humanos. El dinero también pasa a ser un caudal acumulativo, ambicionada y usado según los cuadros neuróticos de quien lo emplea. No está establecida que detrás del plutócrata haya un individuo con mayor neuroticidad que detrás de un obrero con menor dinero contante. El esquema de conseguirlo para retenerlo remite a la misma inseguridad psicológica en un caso que en otro. Abraham habla de estados de permanente dependencia infantil.

No está de más recordar que el obrerismo que recurre a sus actos históricos repetidos pidiendo del estado o de las patronales que organicen sus actividades para mantener a sus empleados tiene un brutal parecido con el llanto infantil esperando del padre que lo siga queriendo.

Hablar de una posición de clase, actualmente, es tan obsoleta como la presuposición de que la clase obrera tiene unos intereses históricos muy definidos y va a vanguardizar al conjunto de la sociedad hacia la utopía social. Es tan obsoleto como el antiguo vocabulario de izquierdas-derechas y estoy por decir que de Revolución-Reacción. Hay procesos psico-conductuales que incluyen actuaciones reaccionarias y conservadoras con ideas de lo más revolucionario configurando auténticos cócteles explosivos en personalidades reduccionistas. A nadie le es dado, nazca en la clase que nazca, una condición de impecabilidad a perpetuidad. Claro que certificar el error universal e interclasista puede inducir a justificarlo en todas las clases no siendo comparable a efectos de impactos, la cuota de destrucción para el planeta de los más poderosos irresponsables que la cuota de destrucción de los más desfavorecidos en cuanto a incidencia en la materia y en los procesos económicos.

En manos de los profesionales

Por YASHUAbcn - 1 de Octubre, 2009, 13:10, Categoría: General

En manos de los profesionales.

Un profesional es un especialista en su materia. Evidente Watson. Las casas veteranas en lo que sea citan las décadas que llevan en un campo profesional como argumento indicativo de que son expertos en el tema por el que se ofrecen. Aguas incluso utilizan la condición de páretela (hijos de…) para garantizar que el servicio sigue estado en el linaje y en un estilo.  Los periódicos, las universidades y los hospitales  también citan su fecha fundacional. En resumen, el número de años de dedicación a algo es tomado como un dato que supuestamente corrobora experiencia. Metodológicamente esto es una falacia porque se pueden tener muchos años en una dedicación y haberla dedicado a hacer chapuzas. Para la mayoría de situaciones, un usuario no pregunta el tiempo de experiencia de quien contrata para que le haga un trabajo de fontanería, cerrajería, albañilería o pintura; se pone en sus manos confiando en que se lo hará bien o de acuerdo con lo indicado. Suele ocurrir que no es tras el trabajo consumado que lo indicado se presenta como una orden llena de ambigüedades. Tú no le dices a alguien que te venga a poner un azulejo que lo ponga entero, lo das por supuesto, o que venga a poner una cerradura centralizada en la puerta corredera de aluminio que la ponga vertical, lo das por supuesto. Tras el trabajo hecho porque has tenido la suficiente confianza en dejar solo al operario te encuentras con su error. Encima te desarregla otra cosa. Personalmente me da mucho apuro, incluso vergüenza, llamar por teléfono a un profesional para decirle que lo encargado –y obrado- lo hizo mal y que vuelva a rehacerlo. Cuando he pasado por eso me encontrado que después de una tercera vez de que el profesional, es decir el supuesto profesional, intentara arreglar una avería y no lo consiguiera, lo daba por inútil y no volvía a insistir. La lección fue la siguiente: acabas perdonando al inútil, por inútil. Esa etiqueta no deja en buen lugar al que lo ha hecho mal, pero una vez lo ubicas tratarás de no caer nunca más en sus manos y, desde luego, no se lo recomendarás a nadie.

La mínima deontología del profesional le exige –le debería exigir- dejar las cosas bien hechas, pues es su mejor forma de auto promocionarse. Parece que eso ya no es el estilo de muchos porque a pesar de hacerlo mal otros clientes caen atrapados en su telaraña y le hacen encargos, que serán, no hay que dudarlo, nuevas remesas de chapuzas. Hay un factor sociológico, el de la inmigración, que puede tener que ver con ese asunto. Los inmigrantes necesitan trabajar y se gremializan según las demandas del mercado. Se pasan por expertos sin serlo y van aprendiendo el oficio, si lo aprenden, a costa de los usuarios que pagamos por trabajos inacabados o malhechos, tanto, que generan gastos extras contratándolos, hasta encontrar a un operario alternativo que de verdad sepa lo que se hace y resuelva un problema. Por supuesto todo el mundo tiene derecho a vivir y trabajar pero no a hacer de impostor y pasarse por lo que no se es.

El tema todavía es más complejo cuando profesionales que van de tales, también siendo del país, salen la mar de contentos tras una chapuza realizada y cobrándola por trabajo perfecto. Mi talante no es el de estar detrás de un operario observándolo como trabaja, tengo mi propio trabajo. Puedo dejarlo al lado haciendo su faena mientras yo estoy en el cuarto de trabajo contiguo haciendo la mía. Para cuando lo ha terminado a la primera ojeada parece que está en regla, dos días después la cosa no funciona. Hay errores como agujeros mal hechos en los perfiles de metal que no se pueden subsanar.

Otros trabajos que son para la comunidad de vecinos el operario llega y repara sin pasar por el visto bueno del responsable (generalmente el presidente de la escalera o el gestor). Facturará por el trabajo sin que nadie se lo revise y le dé su conformidad.

Un trabajo no es un tiempo de dedicación a hacer o aparentar que se hace algo, un trabajo es una actividad para producir un resultado que resuelva una situación según lo previsto. Toca repasar el vocabulario para hablar con propiedad y exactitud de cada cosa. Puedo empatizar con los empresarios (algunos) que les duele pagar a empleados perfectamente inútiles, aunque eso sí explotados –de acuerdo con la literatura sindicalista- y dedicados todo el día a ocupar un puesto, ocupar –digo- no hacer algo positivo en él. Estoy de suerte, no tengo una empresa con empleados, pero puntualmente y para temas concretos sí debo contratar algunos (domésticas de limpieza y operarios para reparaciones). Estoy en deuda con ellos por la casuística de relatos que me llevaron a escribir. No seré yo quien haga una subscripción popular a favor de levantarles un monumento pero sí les reconoceré sus habilidades para la ineficacia que obligan a que las cosas se hagan por duplicado (perdón por todos aquellos que son la excepción a esta inercia en el hacer, es decir en el no hacer bien las cosas).

Vivimos tiempos de estragos. Crisis es la palabra de moda, la de cada día. Ahora resulta que  la causa del problema  es que la gente en masa ha dejado de consumir lo más innecesario y por tanto los IVAs y dividendos e forma de impuestos para el estado han decrecido, lo cual lleva a una política de extorsión con nuevas cargas de fiscalidad. Desde su punto de vista, el del estado que recoge los resultados de las imposiciones tributarias, todo tipo de actividad económica, incluyendo la venta de productos nefastos y trabajos mal hechos, ya le conviene. Toda transacción pagada produce  que gastos significa que genera beneficios para todos menos para quienes pagamos. Estrictamente, sí, hacer y tapar el mismo agujero docenas de veces genera contrataciones y por tanto circulación de dinero aunque la faena en sí mismo no sirve para nada salvo para hacer gimnasia y marear el suelo. Solo que para una posición, la mía, menos dada a las actividades superfluas, es preferible un trabajo bien hecho una sola vez que no diez tentativas  que no arreglen nada, por mucho que haya una fauna de trepas dispuestos a cobrar.  

Ya es de conocimiento general que la ambición descontrolada es lo sustenta la irracionalidad del sistema y sus crisis episódicas. Hasta voces del mismo ámbito financiero y empresarial (el portavoz actual de la banca March, una banca y un nombre que no nos trae malos recuerdos del pasado histórico) dicen que la codicia si bien es buena (entendemos como motor de competitividad) es terrible si no se le ponen límites. Nos encontramos con que al patio de mal criados hay que ponerlos en orden y pautarlos en lo básico. Hay tipos que se jubilan (es decir, se retiran del mundo de los negocios, entiéndase expolios) con 55 años y 50 millones de euros y con pagas de jubilación que superan las ordinarias de más de 300 pensionistas. Deben ser héroes de la economía, para otro punto de vista son una de las razones por las que existen crisis periódicas y una sociedad problemática, porque pertenecen a la saga de los ladrones con carta blanca.

Los grades números y los pequeños números están relacionados. Si los operarios de pymes que hacen sus trabajos malhechos les dieran poderes y el mando de grandes empresas, sus resultados no tendrían mejor calidad y encima el impacto dañino sería mejor.

La sociedad está atrapada en las fechorías que no dejan de producirse. Respetarnos mutuamente pasa por amar cada detalle que se hace y no dejar a nuestras espaldas que nos pongan a parir por lo mal que hemos hecho un trabajo o un compromiso.

Entre la gestoría que paga las facturas que se le presentan sin verificación, los operarios que no presentan el trabajo terminado y los presidentes que tampoco lo verifican, trabajos simples están condenados a una biografía de mantenimiento que agota a las tres partes y molestan a toda la vecindad. Un trabajo bien hecho tiene un largo futuro, un trabajo mal hecho no tiene ninguno y además cuesta más trabajo y más tiempo si se cuentan todas las visitas posteriores para reparar lo reparado.

Gombolet. Bar de humo e inaccesibilidad al retrete.

Por YASHUAbcn - 9 de Junio, 2009, 12:51, Categoría: General

Gombolet. Bar de humo e inaccesibilidad al retrete.

Para las propuestas de usos y consumos.

En la céntrica,  fresca y edstupeda pl de St Roc (Sabadell). Nos sentamos a tomar un té y un café  en una de las mesas de afuera de la cafetería Gombolet. Los casi 4 euros que cobran por ambos líquidos da nota de la categoría carera  del establecimiento. A la hora de tener necesidad de hacer pis mi compañera no puede utilizar su servicio por su inaccesibilidad para personas con movilidad reducida como es su caso. Consigue su propósito en la sede del Banco de Sabadell que está al lado. Pensamos durante un rato si vale la pena constatar el incidente para que la OMIC local (oficina municipal de información al consumidor) esté al corriente de tal circunstancia. Después de valorar que no estamos para ir a tirar de las orejas de todos los que no acondicionan sus locales abiertos al público en este tipo de cosas optamos por pedir la hoja de reclamaciones/denuncias en la que añadimos una barra y ponemos también la palabra propuestas. Con una simple frase damos cuenta de este hecho y en el capítulo de demanda ponemos, irónicamente, que un wáter transportable de obra de esos de alquiler puede salvar la situación si hacer obras para poner un excusado accesible es supercomplicado. Por lo que vemos el local es de solera y sus beneficios deben ser millonarios a juzgar por sus precios. Hasta aquí la cuestión sucinta y ordinaria. La curiosidad del hecho es la reacción de la persona al mando que se molesta por pedirle el tríptico. Nos recuerda actitudes que creíamos obsoletas   -desde luego estábamos equivocados- de 30 o más años atrás en los que en pleno franquismo comerciantes abusivos interpretaban tu protesta como un sabotaje en toda regla a su negocio y te querían comprar i te querían intimidar para que no quedara constancia de un déficit o de una comida en mal estado o de lo que fuera.

Todo seria más fácil si el comerciante no se tomara la solicitud de la entrega del pliego de reclamación  -a la que está obligado por ley- como una  cita con el paredón donde ejecutarlo. Se trata simplemente del documento legalmente vigente, el único, para expresar objeciones o cuestionamientos y sugerencias, a pesar de que su cabecera solo mencione lo de denuncias y reclamaciones. La falta de deportividad y de sentido de humor de los encargados, también empleados, cuestionados por un déficit en su servicio profesional o por una local no acondicionado, suele ser lo habitual. No es extraño que los consumidores prefieran achantarse, especialmente si son residentes vecinales que frecuentan el local, que subscribir una protesta-propuesta. Ese local tiene la suerte de la ubicación y la rapidez en llevar las cosas a las mesas del exterior  pero no está a la altura del encanto del que debería hacer gala (confirmado: la mánager no ganará ningún premio al encanto).Es además uno de los locales que optaron por seguir siendo un espacio de humo de tabaco, por tanto un foco para contribuir a los problemas respiratorios de los ciudadanos, algo a lo que tienen todo el derecho, claro está, y los no-fumadores con tal de no clientear nos  pondríamos a salvo. Bueno, bueno, tiempo para la réplica y la reconsideración sutil. El consumidor, el de buscar un sitio donde pasar un rato suficiente, media hora o una hora, y no solo donde beber de pie y rápido el carajillo o la “barreja” mañanera que se hacía antes, vive en contradicción. De una parte puede apreciar una ubicación y un diseño, de otro rechazar u ambiente tóxico y deplorar unas barreras arquitectónicas. En principio e los países latinos hay tantos lugares donde sentar el culo que si un bar no sirve se puede ir  a otro, pero ese otro no significa que esté al lado. No pocas veces recorremos locales públicos en los que no entramos por el doble tema mencionado (tabaco y barreras). Tanto el no fumador como el rodante con silla de ruedas son dos figuras maginadas porque la legislación que permita su plena libertad de ingreso a los lugares públicos está por hacer completamente, aunque cabe reconocer que hay importantes adelantos al respecto.

La experiencia del papelajo, lo mismo que otras veces en otros locales y servicios tanto de Catalunya como fuera de Catalunya y fuera de España, significa saber que alguien más se habrá enfadado con nosotros por el solo hecho de escribir un par de líneas que se ajustan totalmente a la verdad.

Luego a la hora de entregar la hoja para la Administración en la oficina de la atención del Ciudadano de la misma localidad que nos coge de paso y encontramos pro casualidad camino del estacionamiento de nuestro coche le comentamos al chico que nos atiende que no estaría de más una circular oficial a los comerciantes para tranquilizarlos sobre el uso de las hojas de reclamaciones y que ponerlas al servicio de los clientes no significa tener que sufrir tanto por ello. En realidad tendrían que ser los mismos comerciantes (algunos lo hace) los que pusieran un cartel diciendo que tales hojas están a su disposición si las necesitan. Si a esto añadieran un buzón de sugerencias quizás se evitarían que sus déficits llegaran a conocimiento de la Administración si espontáneamente decidieran invertir una minúscula parte de sus ganancias en arreglarlos.

Cuando la mánager de nuestra historia salió para decirnos que todos los locales de la zona tenían la misma clase de inaccesibilidad  ni siquiera le dediqué una palabra polémica, detesto el alegato del tipo: como los demás no lo arreglan yo tampoco lo arreglo. ¿Por qué el personal de” pocs gambals” que se dice en catalán  se escudan por el lado del retraso generalizado en lugar de tomar modelo de quienes toman iniciativas para resolver problemas, especialmente los problemas de los que son causantes?

Para no volver

Por S.Maraselva - 15 de Mayo, 2009, 12:46, Categoría: General

Para no volver. Sussana Maraselva.

En un bar de Rubí. Entro en un bar matutino.Franqueado el umbral ya tengo ganas de escapar corriendo por  la nube fumasca que me engulle,pero el frío de la calle y haber descartado otros bares me hace persistir en el intento. Me quedo.Sólo va a ser poco más de media hora.Pido un cacaolat  caliente que suele ser una de mis bebidas en lugares públicos.Antes de que lo advierta he vertido su mitad en un vaso de tubo mal lavado. Me sumerjo en mi lectura mientras  observo los parroquianos fumando y tomando sus café y copas (son antes de las 10am). Es el proletariado en acción. No hablan entre sí pero cuando van desfilando a la salida dicen un  “hasta luego”  como si pertenecieran a la misma conspiración de desganados. El muchacho de la barra es bronqueado públicamente por quien parece ser su madre.Cuando me ha servido no se ha molestado en limpiar la mesa en la que estaba.No lo odio  por eso pero me prometo no volver al lugar. Es un lugar para no ir y más vale media hora de paseo matutinario que un mal lugar como  ese. Me quedo con la reflexión siguiente: hay miles de baretos de este tipo en suelo hispano que hacen de sustento mediocre de sus dueños y al mismo tiempo reflejan su escasa cultura e iniciativa para adecentarlos mínimamente. Seguramente es gente que sólo aprenderá pautas a golpe de artículo o de código lo cual es doblemente triste al saber que por  sí misma no puede organizar sus lugares de trabajo abiertos al público con más dignidad y estética.

Las sábanas agujereadas

Por YASHUAbcn - 4 de Marzo, 2009, 21:57, Categoría: General

En una tienda ubicada en un pasaje de la calle Tarragona  de Barcelona en Sants en los albores de la de la década de los 80 llevé unas sabanas nuevas a lavar y planchar. No suele ser mi costumbre acudir a esta clase de establecimientos. Tampoco lo era antes. Me las apaño solo con  mi caudal de maquinarias domésticas. En aquel tiempo, creo recordar de mí, que aún utilizaba  algunos servicios públicos inspirado por la idea de que se trataba de eso: servicios. Al menos sí utilicé en París lavanderías automáticas  pero raramente  lo hice con manuales con personal encargado. A decir verdad creo que la referida fue la única vez que lo hice. Tras recoger mi encargo, cuidadosamente doblado, lo llevé a casa (mi casa por aquel entonces era un diminuto piso compartido en un primero o un entresuelo que daba a la calle Aragón delante de la explanada de lo que era el  Escorxador antes de ser reciclado como plaza). Pues bien no volví a tener necesidad de aquellas sábanas hasta pasadas unas cuantas semanas o incluso meses. Al desplegarlas me encontré con unos impresionantes agujeros por alguna clase de plancha industrial o secadora que se había pasado de tiempo. Mi sorpresa fue indescriptible. Creo que se me puso cara de estúpido oscilando del rojo al amarillo pálido ante tamaña atrocidad. Por supuesto el autor del crimen no me había avisado para nada y la factura de pago  no tuvo el menor porcentaje de descuento por el atentado. Me quedé tan perplejo que fui incapaz de articular respuesta. Presumí que no tenía nada que hacer. No recuerdo si fui a reclamar. Di por perdidas mis sábanas e intuí que no me indemnizarían por ello negando ser los autores del hecho. El caso es que esa experiencia me indispuso a  no confiar no ya sólo en el establecimiento en cuestión -al que no regresé nunca más (posiblemente también porque coincidió con mi cambio de domicilio y zona urbana de residencia)- sino con otros establecimientos de esta naturaleza. No sé si mi  indisposición a este mundo de comercio criminal empezó en ese momento o había empezado antes. Me inclino a creer que fue antes. Lo que sí aprendí es que un paquete envuelto no informa de su interior y sólo se basa en un supuesto que únicamente queda confirmado hasta desenvolverlo.  No sería capaz de creerme los personajes de esa clase de películas estándar en que grupos mafiosos distintos intercambian maletines de dólares por la mercancía legal que sea sin explorar sus interiores. Bueno, parece que los guionistas afinan mejor  y ya introducen los gestos de esas verificaciones. Es lamentable que tras un encargo haya que mirar lo que se nos da para comprobar que realmente es lo pedido. Para la anécdota en cuestión supongo que me puse en la piel del pobre diablo que se le pasó el calor dado a mis sábanas. (Descarté que lo hiciera adrede, supuse que se trató de un error de operario). De presentarme a la lavandería con ellas tal vez le hubiera costado el puesto de trabajo, si hubiera sido descubierto y hubiera  reconocido su responsabilidad. Yo no quise ser excusa para un despido y empujar a las filas de la miseria a otro desgraciado. Eran tiempos en que de alguna manera todavía confiaba en el ser humano y disculpaba sus faltas de honestidad por sus necesidades primarias urgentes para sobrevivir. Ahora que no lo disculpo en modo alguno, presumo que el tipejo que aprendía el oficio de lavandero a costa de mis pertenencias podrá haber contado la misma anécdota desde su punto de vista. La cosa podría empezar así: En una ocasión cuando estaba aprendiendo a manejar la nueva  secadora en una lavandería en la que trabajé se me quemaron las sábanas de un cliente inhabitual. El agujero era impresionante. Las doble cuidadosamente y se las entregamos cuando vino a por ellas. El muy estúpido nunca reclamó por eso. Quizás no le dio tiempo a usarlas porque falleció antes o al tratar de usarlas olvidó en que lavandería se las habían estropeado. Sea como fuere aquello me dio alas para seguir quemando algunas otras mientras duró mi aprendizaje de experto en planchado de sabanas. Definitivamente los clientes son tan tontos y tímidos que no se atreven a reclamar con toda justicia cuando el servicio es deplorable. Gracias a eso me he podido enriquecer sin que nadie me haya objetado nunca nada por mi falta de ética profesional.

Seguramente su relato lo habrá disfrazado de alguna manera más enmascarada para no pasar a sus propios ojos por un criminal cotidiano o ni siquiera habrá tenido necesidad de contarlo como anécdota más allá de los días alrededor de ella.  Los ruidos de sus seseras habrían ocultado su modo de actuar. Por otra parte con tal de negar los hechos su conciencia habría quedado a salvo de las iras ajenas. Pequeñas anécdotas como éstas están detrás de tomas de posición consolidadas ante el otro, ante lo poco capaz que es el otro de reconocer sus errores y remediarlos en la medida de lo posible o cuando menos reconocerlos.

Los guías ofertantes

Por JesRicart - 12 de Febrero, 2009, 11:28, Categoría: General

Vino alguien nada mas estacionar el vehículo en Carcassone por el lado de la ventana del conductor. Se había fijado en la matricula (de orígen español) y trató de explicar algo de su vida al otro lado de la ventana. Era divorciado y tenía a sus hijos lejos de él. Ante mi perplejidad de por qué estaba contando esto y mis signos de retirada, (ya  había empezado a cerrar el cristal) pidió que lo bajara de nuevo y  afirmó que no lo entendía. Se estaba ofreciendo para guía. Le aclaré que no estábamos interesados en su ofrecimiento. Se fue con un gesto brusco con las cajas destempladas y  sin la cantinela francesa del au revoir en contraste de ausencia a la cantinela del bonjour y coment ça va? de su  llegada pletórica de simpatía.  

Son demasiadas veces las que el viajero recién llegado a una ciudad es abordado por una clase de especímenes que están al acecho de la menor novedad en la calle. Nada a objetar salvo que esa pléyade de ofertantes trata de aprovecharse de la supuesta ignorancia del que arriba. Son todos iguales en no importa que ciudades del mundo. Por lo general lo que ofrecen no está a la altura de sus conocimientos o dominios y al aceptarlo se establece una especie de débito compasivo hacia ellos por cargarlos durante un rato o unas horas durante un itinerario de visita.  No saben más de lo que se pueda leer en media página de un folleto turístico de la misma ciudad y suplen, en el caso de tenerla su labia o simpatía la falta de conocimiento concreto. Es una modalidad fina de la indigencia.  Al principio uno tiende a ser solidario y a dar monedas por sistema a todo aquel que las pide, al final de los periplos viajeros se tiende a viajar blindado ante  irrupciones de esa clase. Antes la opción caritativa de dar la moneda al solicitante tapaba conciencias negras. Posteriormente la solidaridad pasaba por ayudar a la gente a suplirle sus déficits fundamentales.  Ahora la solidaridad no pasa por dar sino por ayudar a liberar a la gente de su falta de recursos. Esto es una idea tanto para el mundo terciario en su conjunto como para los casos particulares de ofertantes como el descrito. Pero vengo observando que ante un no a la demanda de dinero concreto que se te hace, quien la hace ya no quiere saber nada más: no acepta una conversación, no quiere conocer otras ideas, no acepta un replanteamiento de su situación.

El hecho de la ayuda limosnera es en ello mismo un acto de indignidad. Es humillante para quien lo recibe y prepotente para quien lo da. Eso no cambia las estructuras sociales ni separa las relaciones abismales entre clases. Claro que a esta idea, la objeción del criado siempre flota en el aire: cualquier acto indigno deja de serlo dependiendo de la cantidad de la propina o de la dádiva. No todas las ayudas pedidas son aceptables, ni siquiera las enmascaradas en un formato de intercambio como los que se ofrecen como guías de pacotilla.

Libertad de sujeto y reacción pública

Por YASHUAbcn - 28 de Enero, 2009, 14:06, Categoría: General

El alcance social se hace sobre la base del examen de los comportamientos. La gente es medida por lo que hace y la noción de Ser queda, predominantemente, circunscrita a los cálculos del Hacer. En esta estimación se comete una trampa de método al presumir que todo aquello que se hace forma parte voluntaria del ser, y toda conducta es una opción elegida. En realidad los actos son a menudo reactivo-mecánicos y no pasan por la criba de la reflexión y de su valoración completa siendo, en lugar de elecciones, respuestas automáticas.  Kant, siempre presente en la historia contemporánea de la filosofía, es recordado[1], como el gran inoculador del concepto de autonomía en el ser humano, estimado como un fin en sí mismo, como un creador pro-activo y no como un vasallo servil de las circunstancias o como un conjunto de reacciones ante el medio. Es antes que nada el agente de experiencias que revierten a sí mismo con las que aprender de sí mismo y de la vida. 

La denominada  experiencia humana genera una teoría sobre el saber y con ella la conciencia de los límites y de los imposibles. La experiencia da por conclusión un imposible existencial si por existencia entendemos la expresión de la vida en toda su potencia y magnitud. Y a la vez un posible de realización, si entendemos por realizativo todo aquello que hace coincidir en el deseo con su incorporación a los hechos prácticos que dan respuesta a situaciones y complacen al actor como lo constitutivo de su vida.  La libertad de sujeto es posible y  mensurable  en tanto es soberano con sus elecciones fundamentales, en particular las que le comprometen el pensamiento y el tiempo de actuación; y en tanto que su reacción pública y social no se afilia  a modas o  movimientos de adhesión sin  corresponderse él yo con la sustancia de aquellos.

No es más libre quien más clama en las poltronas de la protesta o del parlamento o del griterío, sino quien más consigue desembarazarse  de la necesidad de demostrar lo que uno es, desea y siente en contextos que no escuchan, admiten o entienden. La libertad de sujeto es la que puede prescindir de la reacción pública en el doble rol posible de aquel: como  espectador de la misma y como actor participativo. Negarse como lo uno y como lo otro puede confundirse con la absoluta indiferencia ante los avatares que le suceden a la especie de pertenencia aunque también forma parte del protocolo de la soberanía individual para vivir la vida preferida aunque sea desde el aislamiento social. Será interesante seguir al detalle el proceso biográfico de la soberanía personal vinculada y comparada a los procesos gregarios y colectivos de autonomía nacional  y construcción de una identidad étnica.  La identidad de pueblo por importante que sea en los desarrollos de los valores y los métodos de pensar de los individuos que lo integran no puede nunca arrogarse el derecho de aplastar la identidad personal. Por encima de la identidad de la nación está la identidad personal, por encima de la lengua de los contextos están los textos personales como interiorización del pensamiento personalizado. La libertad de sujeto no puede venderse como moneda de cambio por la libertad pública. Quien se autoniega en aras a la patria o al otro o a las necesidades del momento histórico deja de vivir sus potencias y no necesariamente ayuda a que las vivan los demás. Aunque la función del héroe es histórica y socialmente necesaria para la ilustración de modelos a seguir, las biografías heroicas están plagadas de personalismos y alienaciones de individuos a sus roles que las circunstancias les han preparado para que ejecuten fielmente.

La libertad de sujeto está por encima de las consideraciones de las sensibilidades coyunturales donde se ejerce. Inevitablemente el individuo expansivo chocará con los límites de sus contextos, es decir con las vigilancias y controles de los demás. Necesariamente la conducta libertaria en su lucha por la soberanía personal será restringida por la fuerza de la costumbre inactiva, el uno tenderá  a ser diluído por el todo, el individuo por la masa, el criterio personal por la eclosión multitudinaria. Si no hay sujetos libertarios no hay protagonistas de la historia y aún menos de la realidad personal innovada. Las resoluciones individualistas y vanguardistas encontrarán el freno en la mansedumbre colectiva que nunca confía totalmente en el cambio de las cosas. Los individuos se pierden a la espera de las condiciones objetivas de  las conciencias de los pueblos que se retardan en llegar. Un individuo para ser tiene que estar por encima de las reacciones públicas que no le autorizan a su realización.



[1] Adela Cortina  La herencia de un filósofo, donde recuerda a Kant ante el cumplimiento de los 200 años de su muerte.El pais, 7 de febrero del 2004

Tiranía del amor y displacer de la veganza

Por YASHUAbcn - 20 de Enero, 2009, 14:01, Categoría: General

Tres colores: blanco es una  .de las películas de la famosa trilogía del director Krzysztof Kieslowski (1941-1996) que trata de la tiranía del amor pero también de la rebelión contra las consecuencias de esta sin que la venganza perpetada proporcione una liberación.

Se trata de dos protagonistas: karol un polaco y Dominique una francesa  que tramita el divorcio con él por incapacidad sexual. A pesar de ser literalmente echado a la calle y quedarse sin absolutamente nada él sigue amándola locamente. Regresa a Varsovia ilegalmente y desde ahí empieza a remontarse. Invierte el pequeño capital que consigue trabajando como agente de vigilancia, en parcelas que vende por 10 veces más de lo que ha gastado a especuladores de la zona. Con el dinero reunido monta una empresa.sigue engrandeciendo su capital sin que la figura de Dominicque sea desterrada de su mente. Instiga un plan para hacerse pasar por muerto testando a favor de ella todos sus bienes que no son pocos, de tal modo que la obligue a venir a  Polonia. Tras acudir a su entierro simulado, con el uso de un cadáver comprado, Karol  la sorprende, hacen el amor, e inmediatamente facilita información a la policía para incriminarla en  la verosimilitud de su asesino para quedarse con la herencia. Él pasa a vivir una vida de clandestino no dejándose ver y trayendo comida a Dominicque ya encarcelada. El consuma su venganza pero sigue sin desprenderse de ella. Ella paga las consecuencias de la traición a él despojándolo de lo más mínimo siendo especialmente cruel. El film es una reflexión de una tiranía tácita del amor o de lo que ocupa el lugar de este en forma de adhesión indisoluble por parte de él. También pone en cuestión el hecho de devolver las cruces recibidas sin que esto libere a la persona que se venga de la persona contra la que perpetra la venganza. Finalmente como decorado de fondo se refleja el contraste entre dos mundos y realidades económicas distintas, donde la polaca en una economia emergente se presta a los chanchullos de los nuevos creadores de capital sin detenerse en miramientos éticos.

Otros mensajes en General

Blog alojado en ZoomBlog.com