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Construyendo una realidad alternativa. notas en Fbook

Por Nestor Estebenz Nogal - 8 de Abril, 2010, 20:07, Categoría: DEBATE SOCIAL

Construyendo una realidad alternativa palabra a palabra. CdV8abril2010 Los gobiernos no son las causas del sistema capitalista sino sus síntomas. Representan en los modelos parlamentarios a una mayoría electora que ha cometido el error de apoyar su existencia. En tanto que protuberancias resultantes de una estructura economía mal organizada son también las víctimas de ésta y no sus responsables históricos. Las crisis económicas del sistema son cíclicas y conocidas desde hace siglos, son independientes del gobierno titular de turno que gestione los presupuestos de cada momento. Desafortunadamente para los habitantes de este principios de milenio no hay ningún lugar del mundo con gobiernos tan preclaros dispuestos a tomar medidas para reorganizar la sociedad hacia otro modelo que no esté basado en la codicia ni en la idolatría al dinero. Tip y Coll hicieron famosa la consigna: la culpa la tiene el gobierno. Hacer circuclar mensajes en torno a tal tesis no ayuda demeasidado. El debate politico se compone de partes y el principio de este encadenado era para proponer una concordia en la galeria de los discursos y que de no cumpliarla se pierde la credencial para jugar. La mejor forma de escapar de un tema T es trasladando la conversación a un tema distinto para descentrar el anterior. El perdón sin la reparación no funciona. Esos elogios de perdonarlo todo a ultranza y de no reconocer la existencia de enemigos lo que consiguen es que los actos más reprobables se perpetúen a manos de los actores menos escrupulosos. No hay nadie que no cometa errores y que no desee el consuelo del perdón pero todo perdón requiere una mínima condición: reconocerlo y superarlo, también requiere una condición añadida hacer un esfuerzo por resolver el daño ocasionado en otros. El perdón del nazareno crucificado simbolizó el paso a una cultura de equívocos y engaños. Ni todo es perdonable ni todos debemos perdonarlo todo. De otro modo justificaríamos la historia sangrienta que nos precede y la actualidad destructiva que nos acompaña. En la exacta fisicalidad, todo (y todoas) tiene un futuro, tiene un después, tiene un desenlace. No se trata de que mientras haya vida hay esperanza, lo que hay es proceso. Este no garantiza las prerrogativas previstas ni el escenario del sueño ideal pero sí la interacción, la fluencia de actos y experiencias, los placeres y las disertaciones. Eso no tiene nada que ver con la presunción subjetiva de la nada. La efimereidad del presente no lo hace inexistente sino fugaz. (Tras terminar de exponer esta idea el punto de elaboración para los dos, el que la escribe y el que la lee, ya será otro y ésta será pasado.) y los demás sí cuentan, tanto más cuanto menos paisaje y figuras decorativas sean y más discurso efectivo procreen. Tú yo somos el pueblo soberano, y él, y ella, y aquel otro, y el de más allá, y cada persona de la que tenemos contacto y referencia y de cada otra de la que no sabemos nada porque lo sabemos por la contundencia de las multitudes y por las estadísticas del censo. Acudir al pueblo soberano es el acto de voluntad por el cual cada cual acude a sí mismo a sus ideas, a su sentir. Eso es un proceso sentimental y cultural por encima de político y constitucional. Y creo que sí que divulgando las ideas, los puntos de vista críticos, las propuestas revolucionarias se cambian las cosas. El futuro es la suma combinatoria de todoas, no el resultado exclusivo de las decisiones gubernamentales o de la potencia de de las grandes empresas con sus grandes cifras. Viéndolo bajo tal expectativa nada de lo que sucede nos deja indiferentes, somos protagonistas en activo. Decir una palabra es mover el mundo. Lo otro, suponer que hagamos lo que hagamos las cosas van a seguir igual nos paraliza y nos convierte en inmovilistas. La multiideologicidad (y sus correspondientes replicas en el escenario plurirreligioso) nos lleva a la necesidad de la coexistencia pacífica compartiendo territorios y épocas. Eso ha llevado a que todos los modelos sociales sin excepción dicten reglas de juego de comportamiento público. Ahí donde hay dos humanos compartiendo un espacio (desde Robinson y Viernes en su isla a la pareja más liberal) las establecen (expliciten o no). La libertad individual no es aceptada en sus atentados al otro y por eso el sistema la regula (y a menudo mal y de formas represivas) hasta que un prototipo de ser humano más maduro y autorregulado no sea parido por los vientres de las mujeres o de las tecno sofisticaciones parteras del futuro. En la coexistencia plural de distintas personalidades, culturas, objetivos y pasiones todo vale y la eclosión multifloreada de todo ello vale la pena potenciar mientras la creatividad unilateral no pretenda convertirse en la hegemónica y única. En esa coexistencialidad de disfrutes y libertades, la perversidad (la del autoritarismo y manipulación) tendrá que ser neutralizada de alguna manera. (Antes de ser pasto de los malvados tratamos de ponernos a salvo de sus arrebatos de destrucción. ¿Perdonarlos para ganarnos una parcela celeste? No, neutralizarlos para que no nos destruyan la temporada existencial terrestre). La disciplina penalista lleva experimentando distintas formas de encierro de reclusos sin que quede garantizada la reintegración social ni el cambio personal. La represión contiene pero no cura. El concepto de reparación en la terminología penalista no tiene nada que ver con esa palabra como concepto de reparación al daño real cometido. Al contrario, reos sonoros (como Roldán, un gran desfalcador, en su reciente excarcelación) declaran haber pagado su deuda con la sociedad cuando no han pagado nada. El tipo demuestra la función psicológica de la cárcel haciendo creer al reo que paga su culpa cuando en realidad privarlo de libertad una temporada es a costa del dinero público, ubicado en la improductividad y sin que la sociedad obtenga más beneficio que el de impedirle delinquir de nuevo. A la justicia, es decir a sus administraciones tal como nofuncionan, se la ha definido correctamente como un arma vengativa arrojadiza que además no siempre acierta y pune a inocentes (Garzón actualmente como evidencia de una venganza corporativista). Cuando acierta tampoco estos reparan nada desde el encarcelamiento. Tomados los agentes del mal (si se puede decir con esta rocambolesca expresión luciferiana) como parte de la adversidad existencial a los demás toca tratarlos desde la saliencia y la sinergia para recuperar a los actores potenciales para una construcción humanitarista colectiva. La envida profesional de la cantera de enemigos que Garzón se ha ganado durante su carrera está detrás del proceso intersumarial por el que se le encausa. Sea cual sea el dictamen en ascuas en su contra, el solo hecho de encausarlo ya demuestra que el tan cacareado poder judicial independiente no es fiable. Los errores técnicos de este magistrado son priorizados a su función de saneamiento social e histórico. La causa remota de esto se halla en la misma institución impura en que le juzga. Una parte de las secuelas franquistas y sus ratas de cloaca (perdón por estos pequeños mamíferos) sigue ocupando cargos de poder. La depuración de la estructura de estado que no se hizo en los años de transición ni nunca todavía la paga los residentes en España una generación y pico después. La pregunta enigmática que podemos hacernos con Garzón es por qué él (juez de alta resonancia) y prácticamente solo él se ha dedicado a encausar a criminales sonoros frente la pasividad del mundo y de su propio gremio. ¿Es que de oficio todos y cada uno de los magistrados o al menos de las fiscalías, dentro y fuera de la audiencia nacional, no deberían ser los perseguidores de los crímenes cometidos por décadas que hubieran pasado? La figura Luciano Varela, como su antagonista, es indicadora de la falsabilidad democrática en la cancha que permite la ambigüedad tecno jurídica de los códigos. Propongo a Amnistía Internacional que articule una campaña de recogida de firmas en solidaridad y por la rehabilitación de Baltasar Garzón sin cargos.

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