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22 de Febrero, 2010

El oficio de controlar.

Por Néstor Estebenz Nogal - 22 de Febrero, 2010, 18:08, Categoría: DEBATE SOCIAL

 

Controlar es una acción de revisión inherente a todo proceso activo. La verificación de un producto terminado es lo que puede dar el aval de que está listo para el mercado. El sistema social tiende a un máximo de complejidad y por tanto a la institucionalización de más y más niveles de control. El control técnico es lo que garantiza la calidad de un proceso de fabricación.

Control es la acción de concienciar lo que se está haciendo. Es así que en la actividad elemental del comportamiento, la del desplazamiento del propio sujeto o con un medio de autolocomoción el control del propio movimiento es una actividad continua para que sus efectos secundarios no perjudiquen a terceros. Control es sinónimo de equilibro. Un individuo controlado es aquel que sabe lo que hace, que domina sus actos, que no es una fuente de sorpresas negativas y disgustos para otros. El control también se asocia a racionalización de la conducta en una situación dada. En resumen no es posible la vida inteligente sin controlar al máximo los factores relacionados con la actividad vital.

Lo que un individuo hace consigo mismo por su propia naturaleza y necesidad supervivencial, un colectivo de individuos lo hace con el colectivo. Es así que las figuras profesionales de control son inherentes a la organización social y tienden a cuantificarse o al menos seguirán haciéndolo mientras la sociedad esté dividida en clases opuestas y la codicia de poder de unos pocos siga sin ser compartida con las mayorías. . La mayor parte de los presupuestos económicos de un estado se lo llevan anualmente los estamentos dedicados al control: desde el militar del ejercito al subalterno de puertas controlando con la tarjeta de identificación quien entra al edificio. Eso no acaba en el aparato de estado, si no que sigue y se prodiga en el mundo empresarial particular. El itinerario de barcos secuestrados cerca del cuerno de África han llevado al uso de mercenarios privados a bordo del barco que va a faenar. La opción no es ninguna novedad y no ha sido puesta de moda después del secuestro del Alakrana: los comercios privados, las discotecas, las compañías de transporte y hasta las bibliotecas tienen guardias de seguridad en sus puertas o vigilando sus interiores. La pregunta no es qué establecimiento u empresa tiene control sino la contraria: quien no lo tiene. El aumento vertiginoso de ese oficio en todas sus variantes: desde el guardia de seguridad armado con armas de fuego real porque transporta dinero en su furgón blindado de caudales, a la cajera del supermercado que se asegura de que pague el cliente los productos que ha elegido, implica el crecimiento de un porcentaje poblacional no dedicado a tareas creativas y productivas sino a proteger, en el mejor de los casos, a las que hacen otros. El oficio del controlador en cuanto a verificar que las conductas de su sector de controlados sean las correctas irá en aumento, mientras las opciones para la auto moderación o autocontrol espontáneos no sean las primeras. La burocracia en su conjunto además de las importantes cargas que supone para el tesoro público expresa el control institucional a gran escala. De los indicadores modernos de la distribución de recursos por países, aquellos que necesitan emplear un mayor porcentaje de su población activa en controlar al resto son los que mas gravan a impuestos a la sociedad y menor inversión hacen en mejoras e investigación.

Hay que diferenciar entre puestos de control totalmente inevitables( tiene que haber alguien en la torre para dar entradas y salidas a los vuelos en una pista de trafico intenso) a los que existen como elementos de la sociedad represiva contra las actitudes y contra las ideas disidentes. La diferencia entre verificación de calidad y eficacia de un lado y control de personas por otro es clave para entender las consecuencias lesivas para la misma sociedad de este aumento de control y de controladores. Cuantos mas niveles de control y oficiantes en el mismo haya peor será la sociedad en la que se vivirá. La idealidad de una sociedad feliz y sin problemas pasará(ría) por un sistema que eliminara la necesidad objetiva de todos los controles no técnicos porque el nuevo humano fuera capaz de vivir desde su propio auto controlar para no dañar la libertad ajena. Por ahora, esa perspectiva no está fundamentada con lo que se sabe de la historia. Proclamarla es una falsa profecía. Cuando se abre la cremallera de las entrañas humanas se sigue encontrando mecanismos de putrefacción. Los letreritos a favor del (de un) mundo mejor no desembala la inercia autodestructiva del ser humano y su creciente deshumanización. En tanto que el comportamiento de un sujeto haga necesario el de un otro que lo controle la humanidad no crecerá como especie adulta. Pero la misma pauta educacional de las criaturas nacientes pasa por su control: control para que aprendan a caminar, a controlar sus detritus, a desplazarse, a alimentarse por cuenta propia. Hay un control racional que racionaliza el comportamiento y lo efectiviza, otro que responde a la lógica de poder que lo neutraliza y lo esteriliza. El nodo del debate es si el control es de las ideas y conductas de libertad para que no prosperen o de las lesivas y destructivas para los demás.

Obviamente, no todos los controles son aceptables ni todos los controladores cumplen ordenes a favor de los intereses de una colectividad sino que abundan los mercenarios que lo hacen para los intereses privados y contrarios al colectivo social. Nos enfrentamos a un mundo cada vez mas controlado en el sentido de reprimido y menos controlado en el sentido de caótico en su irracionalidad productiva. Distintas crisis estructurales del sistema capitalista tienen el común denominador de ser crisis de sobreproducción y no de lo contrario. Sufrir por excesos de productos es de una ilógica aplastante que remite a una falta total de planificación global. Racionalizar procesos de producción a escala local, zonal y planetaria es algo de lo que se hacen propuestas sin que las intervenciones inteligentes se conviertan en medidas prácticas suficientes. Hay un tipo de control que faltan. Las verificaciones de control de calidad de un producto, una empresa o un espacio de trabajo contribuyen a las mejoras del servicio y de las cosas. Hoy día hay sedes e instituciones gubernamentales y equipamientos como los de la salud publica cuyos profesionales no pasarían en porcentajes estadísticamente desorbitados controles de calidad en sus oficios. Hay un tipo de control inherente al protocolo de actuación de un empleo que es indispensable y otro inherente al terror a una intervención ajena de carácter distinto totalmente inaceptable. Es a esto ultimo que compete un oficio profesional de controlador sin que todos los controladores compartan ni el mismo rol ni profesión. Es distinto el del investigador criminal al del paparazzi que controla la vida privada de los demás. Detrás del tipo que durante 3 o 4 horas está filmando el flirt entre dos famosos en una barra de bar para lueg oser comentado en un canal de televisión solo puede haber un autómata cargado de basura en su cerebro. No hay sueldazo en el mundo que le vaya a pagar u¡n cerebro de verdad para dedicarse a otros menesteres.

Lo mas habitaul del controlador es el que protege una propiedad contra quienes quieran asaltarla. El parecido sin embarg ode quienes quieren proteger al sistema frente a los que le cuestionan es enorme. Todo está muy liado. Si bien la tesis de que la figura de control es necesario ante un fenomeno de descuidos y descontrol, la de justificar todo tipo de control a partir de dioncuctas que necesitan ser reguladas, es una manera tramposa con la que criminalizarlo todo: también lo disidente junto a lo delictivo. Como súbditos terminamos por acostumbranos a ser fichados de distintas maneras: tamponados, sellados, interrogados. Las cuatro preguntas del aduanero: hacia donde va-algo que declaras-cuantas personas-porque viene a este pais guardan un correlato con la absurdidad del policía de control en una carretera interna de un pais que une dos ciudades que pregunta de donde vienes y adonde vas. Del mismo modo que el uno hace pregutnas rutinarias el otro da respuestas cliché. Es un juego. El estado necesita tener en todo momento conocimiento de su población, su democrafía y movimientos. En el posicionamiento negativo del ayuntamiento de Vic a seguir empadronando inmigrantes con domiciliios burlados por direcciones de pisos-patera y la imposición por parte del gobierno autónomo en que siga empadronando a pesar de todo y acepte cualqiuier dirección incluuidos cobijos provisionales como barracas o cuevas, se ha puesto en envidencia el encontronazo de dos visiones del poder (dígase en light: de las administraciones) por lo que hace a su población real. Mientras el local ha querido reconducirlo a unas condiciones de aceptabilidad al de mayor instancia le sigue interesando saber los recrusos humanos reales de un pais por ilegal que sea situacion haciendo del padron un censo práctica y una manera claro esta de documentar por la vida de control a los transeúntes o vecinos. El temor neoclandestinísimo a no admitir ninguna clase de control por parte del sistema a sus miembros hasta el punto de no dejar rastro del nombre en ninguna clase de documento, negandose pues a dejar rastros de las IP en la navegacion internáutica, o al uso de tarjetas de débito o crédito u oponiéndose al uso de redes de contactos, actua de una manea desproporciona para proteger un fantasma. Ya no hay conspiradores peligrosos para el sistema por que sean donantes de ideas en formatos críticos. En todo caso de serlo si es que ese sistema decide neutralizarlos se verçá en el aparieto detener que prescindir de un porcentaje de su población. Resulta mas a cuenmta autoasumirse a priori como presa. Un dia u otro cuando el sistema decida eliminar a alguien por temor a su discurso inventará lo que sea para hacer justificable la persecución y la liquidación del sospechoso o del reo. Pretender vivir en un mundo como éste tan cargado de peligros y podereses celosos de sus reinos sin preocupaciones es imposible. Sólo los tontos, dijo P.Eckermann, carecen de preocupaciones.

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