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18 de Febrero, 2010

El militantismo como falacia

Por Néstor Estebenz - 18 de Febrero, 2010, 19:27, Categoría: MOVIMIENTO SOCIAL

 

El militantismo como falacia.

(Perpetuación de los gestos personales inmutables. Conexión entre apologia del cambio y estancamiento individual).

El abigarrado campo de la militancia política y social no está exento de los estragos de la falta de higiene mental. El universo de los enajenados empaña a todos los demás lugares de expresión humana (el del loco también es un discurso que se funde con otros). En la casuística de lo humano, la división no es tanto la de cuerdos-locos como la de quienes obstruyen la lucidez y quienes la promueven. Para mi sonrojo de ex partidista y ex idealista de viejo cuño, el paso del tiempo me ha acercado cíclicamente al rescate de una tesis a la que me había resistido en el pasado: la conexión de un tipo de locura obsesiva a un tipo de dedicacion militante polarizada. Antes, había dado por válida la idea predominante de que la militancia apasionada desde el altruismo por el amor social respondía a un estado evolucionado de la conciencia y que eso era una prerrogativa de las personas mentalmente mas sanas y emocionalmente más sensibles y despiertas. Me pasé de la ralla. Lo uno no correlacionaba con lo otro de una manera tan inequívoca. Era mas bien resultado del efectismo pretender tal cosa. Lo cierto es que en todos los ámbitos de la comunicación y de los trasiegos y negocios políticos, sociales o culturales, no falta la representación de una extensa gama de desquicios y de conductas sino enfermas al menos bastante raras. A la rareza en sí de los revolucionarios por oponerse al sistema se colaban otras rarezas sui generis consentidas por el grupo a compañeros un tanto complejos para terminar de entenderlos del todo. Puesto que lo que une en un cuadro político es un programa y una organización, de lo personal se habla poco o nada y en las dedicaciones partidistas de suficiente longevidad cada cual está metido en su mundo privado, el familiar y el residencial, sin que la camaradería de partido entre ni salga. La prueba más triste de que las militancias en torno a las grandes ideas organizadas y las grandes revoluciones pendientes solo eran ( siguen siendo) tenidas en cuenta por su rentabilidad politica, tan pronto un militante deja/ba de ser tal tambien desaparece/cía la relación. Para el expartidista coincidir ocasionalmente con compañeros con los que militó que aun siguen, dale que te pego, con los mismos esquemas de organización, relacionabilidad y proyectos que en el pasado, sirve como una especie de retest regalado por aquellos que siguen haciendo lo mismo. Si bien por un lado representan la figura del incombustible, la del que nunca se frustra, la de que sigue pegándote siempre el mismo rollo, le oigas o no, estés interesado o no; tienen un valor indiscutible como muestras vivas de continuismos incondicionales de los que el observador sospecha la honestidad de sus razones.

Por lo que se puede apreciar, constituyen una camarilla de penitentes a perpetuidad animados por la formación política que adquirieron, una cierta notoriedad en reuniones, congresos y cargos de dirección y que se las ingeniaron para saltar de sigla en sigla siempre que eso les proporciona un cierto poder personal entre acólitos y coincidentes. Sus avistamientos de tarde en tarde sirven para confirmar que el género humano no cambia o cambia imperceptiblemente, no solo en su expresión numérica gruesa, el de las masas, sino tampoco en su expresión meliflua, el de esos individuos dedicados biográficamente a cambiar al mundo (es decir a cambiarnos a los demás) pero que se olvidan en la envergadura de su propósito a cambiarse a sí mismos. Con uno de ellos, un exBadera Roja y directivo de Els Verds,con el que he coincidido una media docena de veces desde que dejé de militar para partido y organización alguna (de eso hace 3 décadas -sáquese la media-), aprovecha cada encuentro para recordar la anterior o anteriores, citar geografías o tratar de citarlas y proponer de paso apuntar a quien se preste a la próxima candidatura electoral. Me han bastado un par de minutos de coincidencia la ultima vez para sumergirme en la lectura del menú por ser una actividad mas prioritaria que la de escucharle, tal como sucedió en la ultima coincidencia. Para la siguiente, calculada para dentro de 5 años huiré nada mas verlo. ¿Y esa era la clase de gente que había idealizado como camaradas de aspiraciones por un mundo mejor? Entiendo que lo que mueve a un militante a seguir siempre con la misma clase de rollo agitacionista no es tanto las necesidades objetivas de un mundo lleno de daños por reparar como su propia necesidad de perpetuarse en una clase de cargo u otro. No es la conciencia política (una formula verbal de dos vocablos un tanto en desuso) lo que mueve a la continuidad militante siempre con el mismo rollo como el modo de vida, tambien el medio subsistencial, que ha generado. Al prototipo de militante incombustible hay que añadir el descubrimiento de la persona que no cambia que lleva dentro. Pasen los años que pasen estará con el mismo planteamiento en lo social y en lo político. El mundo se le ha reducido a un baremo estadístico de proporcionalidad para participar en la galería pública. Su ecuación es simple: política=destacar.

Lo interesante de las coincidencias en la calle o en sitios públicos con gente que hace mucho tiempo que no ves es que sirve, por breve que sea la coincidencia, siempre como re-test para medir o confirmar qué siguen siendo o haciendo (a través de lo que te dice que hace y de la observación directa de campo te da pistas de lo que sigue siendo). Ese retest es especialmente significativo en aquellos individuos que alardearon de revolucionarios y fueron apologistas de una sociedad rectificada con la implementación de valores estupendos. No hace falta decir que aquel que hace apología de nuevos valores y muestra su incapacidad en incorporarlos a su vida no solo es un demagógico sino que se autodesacredita totalmente. No dudo que un tipo de comportamiento de la izquierda haya terminado por recalar en eso. Si el izquierdismo ya fue objetado sobradamente en el siglo pasado por anacrónico y por confundir el radicalismo con la intempestividad, los restos de lo que queda de él hacen un flaco favor a la causa por una sociedad rehumanizada. A todos los objetivos de todas las agendas innovacionistas por lo que hace a nuevas leyes restrictivas que terminen con el despilfarro y con el atentado ecologista hay que observar si funcionan las agendas individuales de los cambios personales. Todo cambio social en potencia si no está acompañado de un cambio personal en presente es tanto más quimérico. El militantismo se hace falaz cuando los gestos personales de integridad del irreducto en cuestión escasean o son nulos, desplazados por el discurso del arribismo del que nunca se despega. De los antiguos conocidos en las luchas sociales que se perpetuaron como cromos mas allá de aquellas coyunturas no pocos lo hicieron por no abdicar como trepas. No hay argumento consistente sobre las supuestas necesidades objetivas que justifiquen su continuidad al mando de residuos de tropas cariacontecidas.

La discusión frontal a la figura del partidista desde la lectura que pone en duda su equilibrio psico-sentimental agazapado tras su teoricismo a raudales no es usual. Todo lo contrario goza de una especie de halo de intocabilidad. Hace o continua haciendo lo que otros muchos dejamos de hacer por pasar por traiciones y llegar a conclusiones de retirada de las acciones y las reuniones estériles. Se diría que tienen la patente en exclusiva de la condición revolucionaria cuando no pasan de ser profesionalizados en una sectorialidad del planteamiento de lo social olvidándose de que las revoluciones de verdad pasan por lo cambios del día a día y por una nueva maestría de trato con los demás. La sociología de las formas demuestra que están en el mismo saco que todos los demás de la planta ejecutiva especializada en hacer negocios para perpetuarse en el mercado. El de los productos de consumo material no es tan diferente del de los productos de carácter ideológico-reinvindicativo. El partidismo ya fue duramente cuestionado por la llamada internacional situacionista y por los movimientos de una Europa convulsa en la década de los 60. A otro nivel desde la década de los 30 del siglo XX, desde antes pues que muchos de nosotros naciéramos un tipo de partidos supuestamente revolucionarios tras la toma del poder político ya habian sido desacreditados por el anarquismo y por quienes sufrieron sus represiones. Si nos remontamos al siglo XIX también hubo detractores de las formas supuestamente revolucionarios en figuras como M.de Robespierre que inauguró el régimen del terror en el XVIII. En cada siglo anterior encontraríamos ejemplos que avalan esa curiosa relación con el poder que al cambiar de manos seguía siendo usado para promover la injusticia por sus nuevos detentadores, Recordarlo puede resultar algo exagerado para el tema que nos ocupa pero se concederá que la categoría de antipoder en ningún momento de la historia ha sido condición suficiente,aunque sí lo haya sido necesaria, para garantizar la instauración de los valores tradicionalmente masacrados.

Clínica mente interesa ver hasta qué punto un espacio de liberalidad de las ideas y de formas heterodoxas del trato humano que reúne a correligionarios de carácter subversivo para transgreder el estado de las cosas, no aglutina de paso a personalidades ególatras que se aprovechan de esa acogida para potenciar sus narcisismos. La psicología del líder pone al descubierto ansias de seer centro en el arquetipo del dirigente y por si hay alguna duda la psicología de traidor pone lo fácil que resulta anteponer los intereses personales a los del grupo cuando lo que movió a unirse a él o incluso levantarlo fue motivaciones de curriculum individual disfrazadas de apologías colectivistas.

El estancamiento individual es un pronóstico severo que predice la escasa contribución al cambio colectivo. Además ¿de qué puede servir un cambio en lo social (en lo legal y económico) si ni siquiera quien lo promueva cambia en su filosofía de vida y en su actitud personal ante el otro? Como que los cambios no son ni tan evidentes ni tan rotundos, solo cada cual en su soledad sabe hasta donde llega y hasta dónde no su propia honestidad y sus transformaciones. Lamentablemente la analítica de individualidades enseña que cada cual ante su espejo rinde sus responsos por sus frustraciones y nadie es tan correcto que pueda sufragar su autoestima con el máximo de energía a no ser de que un narcisismo hiperbólico le impida reconocer sus errores y sus inercias en la equivocación permanente.

En la locura plástica he conocido verborrágicos callejeros haciendo mitines sobre marxismo. La locura es siempre individual y se presta a integrar los restos formativos que le queden al loco. Si bien la militancia progresista constante es uno de los factores potenciales de recuperación de la sociedad para reestrenarse en otras formas coexistenciales no hay que presuponer que sea garante de lo que predica, tampoco que sea el potencial fundamental de cambio histórico. Los retests con la muestra de exvanguardistas que se siguen creyendo serlo diluidos en biografías estandarizadas cuestionar su potencial de discurso y de futuro es lo menos que se puede hacer. Una buena parte del antiguo izquierdismo ha pasado a formar parte de los consumos del espectáculo social.


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