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Esloultimo. Por un manual de Compra inteligente

Por JesRICART - 26 de Noviembre, 2009, 12:54, Categoría: DEBATE SOCIAL

 

Manual de compra inteligente

Deberiamos salir a la calle instruidos para no sucumbir ante tanta invitación al error. Las mamás temerosas decían antiguamente: no hables con extraños. Esa fue -sigue siendo una de las frases preventivas que ha creado generaciones de desconfiados pero que debe haber salvado a muchos de los engaños, los robos y los secuestros. Ahora se debería decir: no aceptes ningún comerciante en tu campo de escucha, no compres nada, no preguntes por ningún objeto puesto en veta, no te pegues a los escaparates, no sucumbas ante las ofertas, no ojees catálogos, no mires publicidad, no atiendas llamadas que te dicen que has sido el afortunado que le ha tocado un regalo. En resumen: no compres lo que no necesites.

Últimamente se ha puesto de moda un nuevo tipo de establecimientos para la tentación consumista. Con un pago a priori de unos 5euros el cliente tiene derecho a elegir 5 productos. En el escaparate, como reclamo, los hay de informática sofisticados y caros pero que esos están excluidos de la venta. A la cifra se le puede anteceder el adverbio “solo”. Solo paga 5 miserables euros y llévate 5 superexcelentes artículos. Es lo último en marketing directo y agresivo. Esloúltimo es lo que reza sobreimpreso en la bolsa para meter lo elegido. También dice que son innovaciones y muestras gratis. Gratis no, ya hemos visto que 5 no es igual a 0. Lo caro y lo barato de una cosa no viene determinada por la cifra. Pagar 10 céntimos por determinadas cosas puede resultar infinitamente más caro que pagar 1000 euros por otras. Lo que determina si una cosa es cara o barata no es el poder adquisitivo para pagar, tampoco si ese producto está rebajado en relación al mismo ofertado por otro establecimiento; lo que lo hace caro es que no cumpla con su función, sea un fraude o sea pagado como un simple estimulo visual que no sirve para nada más.

Hay multitud de experiencias de campo que han demostrado que a la gente -aparentemente- la hace feliz dejarse llevar por la pulsión de compra cuando un almacén rebaja sus productos o se inaugura ofertando nuevas formas antes no vista. En la forma está la seducción. El perfil dominante del cliente consumista es el de un sujeto escasamente critica que no piensa en términos de valor de las cosas y de su necesidad. En lugar de pensarlas se deja llevar por la pulsión de tenerlas (esto para mí, y esto también, y lo otro...). Antes de salir a la calle se debería tener interiorizado a que se sale y a que se va y no convertir los paseos en itinerarios de tiendas y en compras de lo innecesario. Se puede conjeturar que una buena cantidad de compras que se hacen no lo son para cubrir necesidades de abrigo o de alimentación sino para satisfacer egos devoradores insatisfechos por otras cosas. Aprender a comprar evitaría muchas compras innecesarias de cosas que tampoco van a ser usadas. Para el punto de vista del comercial que quiere llenar un hueco en la ciudad ofreciendo algo distinto el objetivo es la venta. Objetivo supremo al que supedita cualquier otro factor y medio. No le falta mérito. Podemos admirar al vendedor calvo de crecepelos. En su oratoria siempre superó a milagreros y dioses reencarnados. Los actuales vendedores de crecepelos siguen siendo calvos pero lo suficientemente astutos como para hacer que la clientela centren sus catalejos en los productos y no en sus calvas. En los actos de compra las gentes sucumben a la variedad de objetos dentro de un mar revuelto para ganancia de todos. Como la pulsión de compra no razonada remite a un comportamiento enfermo ninguna cantidad de objetos va a saciar a la persona, debiendo deshacerse en cada temporada de las compras de la anterior para reactivar el ciclo de consumo.

En los actos de compra hay un extensión del ego, en la apropiación de mas cosas se remite a una demanda inconsciente de tener más poder. Aprender a comprar, por el contrario, sería/es tanto como decir aprender a definir las propias necesidades y a buscar aquello y solo aquello que las pueda resolver. La compra por la compra es tan absurdo como el hacer por el hacer o el hablar por el hablar. Una educación para la compra maduraría a la sociedad con habitantes más responsables e inteligentes capaces de no sucumbir como memos reactivos a cada novedad formalista sin añadir ventajas a los nuevos productos. Ese perfil de ciudadano adulto es incompatible con un sistema expansivo que prioriza las producciones a su calidad, que prioriza tambien la ultraproducción al respeto en la explotación de los recursos.

Haber nacido y vivido en países llamados ricos (ricos en materiales pero pobres en espiritualidad y ciencia social) nos ha hecho pasar las biografías por posturas consumistas innecesarias. Después de cometer cientos de errores comprando innecesidades y otros tantos por comprar cosas que se estropean antes de la cuenta o no cumplen con lo prometido, el ciudadano victimizado solo puede llegar a una conclusión tras concienciar su condición: la de ser un abstencionista del circuito comercial en la intensidad que lo vino haciendo. Su poder del consumo en lo que mas se manifiesta es en no consumir lo que no le vale o lo que no necesita usar. Contrariamente a la publicidad incitante para comprar y a los eslóganes de estado para gastar más y más, el adulto puede aprender a vivir con mas calidad consumiendo menos porquerías.

La enseñanza institucionalizada debería formar individuos íntegros capaces de discernir entre necesidades reales y las inducidas artificialmente. La sociedad depurada de sus errores históricos debería prohibir la publicidad fraudulenta (y no solo excluir de las televisiones publicas). También debería retirar los artículos del mercado nefastos. Eso ultimo se ha hecho con materiales peligrosos para la salud producidos por China, pero en Occidente también se fabrican artículos nefastos que no son filtrados por los controles de seguridad.

La sociedad de mercado ha ido involucionando a peor. Se ha saltado de un sistema de servicios a un sistema de gestaciones problemáticas para crear dependencia del comercio. El individuo atiborrado de mensajes que le han lavado el cerebro para que se vea a si mismo como vulnerable, inseguro o fuera de juego ,si no consume las recetas que el sistema le proporciona, se va configurando como menos persona y como más inseguro. Saldrá de ese ostracismo si retoma una doble tesis de la antigüedad absolutamente vigente. Epicuro porponía la autarquía personal como sistema de autogestión, autogobierno y autosuficiencia así como la ataraxia: la beatitud en la ausencia del dolor y de las preocupaciones.

No hay ningún objeto material ofertado por un mercado que cubra el reto del equiulibrio psicologico del individuo, como tampoco hay ninguna cantidad de ingesta que sacie la ansiedad devoradora de quien no para de tragarla. La eudaimonía, el estado de felicidad, no pasa por la cosificación. Una filosofía de vida virtuosa es lo menos materialista que cabe pensar. Si bien necesitamos valernos de instrumentos y objetos para hacer la vida mas placentera y cómoda, maduramos con firmes criterios de selección que nos libren de todo un plan de manipulación que se nos tiene en cuenta como bocas que tragan en sumisos que no protesten. En un imaginario manual de compra inteligente el consumidor no podría ser un comprador a ultranza sino un selector que concienciara sus necesidades sin perder de vista las proposiciones fraudulentas que dicen satisfacerlas.

Actualmente con criterios rigurosos de evaluación basados en la ética, las tesis del comercio justo y la eficacia técnica un alto porcentaje de productos que tienen el visto bueno para llegar a la cesta de compra no saldrían de las instalaciones de sus fabricantes. Dentro de este grupo los hay que con todo el desparpajo consideran que deben fabricar cosas de tipo mecánico y eléctrico con fecha de caducidad para que eso vuelva a poner a sus usuarios en la cola de la compra. Mientras la sociedad no corrija eso juzgando y condenando a sus defraudadores deliberados la cuota de victimidad seguirá creciendo.

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