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La chabola

Por YASHUAbcn - 10 de Noviembre, 2009, 16:36, Categoría: EGODOMÓTICA

 

La chabola: de un cobijo de paso a una filosofía de la supervivencia.

Los aglomerados de chabolas que he podido ver en los arrabales de distintas ciudades del mundo tienen un aspecto semejante: junto a casitas informes en laberínticos dédalos de callejuelas y pasos, la inmundicia y la insalubridad se concentran. Aprendí pronto que la pobreza y la miseria andaban diferenciadas. La una podía empujar a vivir en condiciones precarias, la otra demostraba la incultura de aquellos pobres ensuciando el mismo entorno en el que vivían. La fraseología popular (pobre pero honrado) que debía implicar la pobreza no anda reñida con la limpieza no se concretaba en escenarios de dignidad.

En otras observaciones de barriadas hechas de latas y materiales rejuntados llamaba la atención las antenas del televisor por un lado y los coches funcionales esperando en la puerta. Me enteré que algunas chabolas llegaban a traspasarse por dinero lo mismo que se hiciera con cuevas usadas como habitáculos en la provincia almeriense. Esa forma de vivir muy unida a la etnia gitana era sin duda alguna marginada y completamente distinta a las formas urbanas hacia las que se han ido desarrollando los países.

El chabolismo era un indicador de infradesarrollo y tercermundismo dentro de las ciudades más brillantes e iluminadas de la orbe. En principio, era la forma existencial a la que estaban arrojados quienes tenían menos recursos, luego se supo que también que es una elección de vida. Los panoramas objetivos de una sociedad del desastre fundida y cómplice de un sistema irracional que funda la infelicidad y las patologías en crecimiento son poco ejemplificantes para tomar por cierta la realidad que nos ofrecen los intérpretes de la ideología dominante.

Bastantes personas está comprendiendo que lo importante de la vida no es el look de aparentar lo que no se es sino la de ser biografías autenticas a pesar de que la imagen no guste a las estéticas hiperconsumistas. Ha sido motivo de preocupación saberse beneficiado por los privilegios de clase frente a bastiones de multitudes que no viven ni pueden aspirar a vivir tan bien. La culpa -el sentimiento de culpa- ha ido añadido a las diferencias de clase., con las desigualdades e injusticias añadidas, sin hacer nada por remediarlo.

En algún tiempo pensé en hacerme visitante de las chabolas para conocer a fondo su verdad y para preguntar porqiuéla gente seguía instada ahí en lugar acceder a apartamentos o habitáculos mas confortables, nunca sospeché que un día llegaría a sentirme cómodo en una y que me pondría a pensar en la posibilidad de su confort gratis y el significado simbólico de ese cobijo provisional desde una filosofía de la supervivencia alambicada en la destilación de los néctares mas interesantes del vivir, prescindiendo de ambiciones y objetivos materiales.

La etnia gitana permitió teorizar una forma de cultura al margen de la sociedad sin mezclarse demasiado con ella, siempre con líos con el sistema judicial, viviendo en lugares cutres y trasegando sus enseres de una parte a otra sin destino definitivo al que llegar. No ha faltado quien ha ensalzado eso como una forma de vida. Lo cierto es que una de las maneras de acabar con el chabolismo ha sido facilitando viviendas en bloques a los chabolitas en su mayor parte gitanos. No llegué a hacer este estudio de campo aunque algunos cantaatores catalanes hicieron sus visitas en una zona de alta concentración de ellos de origen portugués levantados a la orilla de un río.

Una chabola es un alojamiento de fabricación efímera pero que puede aguantar lluvias y tormentas en caso de necesidad y que puede aguantar por años a quien vive mientras no busque una solución mejor o las autoridades no echen a la fuerza a los chabolistas. Su aspecto visto desde las autopistas es deplorable y sigue siendo un indicador de que es una excrecencia social, un feudo de suciedad y de malestar. Pero esto no es incompatible con un hecho crucial que demuestra que es posible vivir sin tener que pagar materiales de construcción, implicarse en hipotecas costosas e interminables o andar tras los no-regalos del consumismo. Las chabolas con el tiempo se hacen con electricidad y todo lo necesario para vivir. Su aspecto externo es terrible pero su aspecto interno puede posibilitar la vida. Podríamos proponer trueques residenciales por temporadas: llevar a vivir a chaboleros a suites de lujo o casas bien y a los residentes de éstas a las chabolas. Como ejercicio de adaptación psicológica no estaría nada mal. Los unos podrían aprender que para vivir no se necesita tanto y los otros estrenándose de ricos podrían aprender que si las cosas son bonitas y están ordenadas y limpias es porque la gente se ocupa de que esto sea asi.

La pobreza es difícil de combatir, la miseria, la de espíritu y desidia es casi imposible si cada sujeto no corrige sus torpezas y hábitos infectivos. Sin duda, hay perfiles que ya les va todo bien y nunca van a superar los niveles de mínimos en los que se mueven dándole absolutamente igual, Una vez conocí a alguien en el Montenegro recién independizado que me invitó a cena en su casa con una gotera en medio del salón. Para él, arreglarla no tenia prioridad. He comprendido y admito hasta cierto punto que la escatología tiene una alta fascinación para individuos que se mueven entre ellas como si estuvieran en el paraíso. Lo admito: detrás de ella hay siempre un escatófago en un plano sensorial u otro. Para la mirada perfeccionista es imposible vivir en condiciones insalubres pero el más exigente podrá admitir conceptualmente que la sociedad humana tiene una buena proporción de imperfeccionistas declarados que no desean tantas finuras.

La chabola se traduce en imperfección estandarizada. Con unos mínimos materiales y de reciclaje, encontrados en la calle, se pueden hacer habitáculos para poder dormir sin pagar habitaciones de hotel con precios que dan para varios días, semanas o meses de sustento. De todos los pagos, el de la vivienda en la sociedad rica se ha convertido en el mas caro. La necesidad mas elemental, la del cobijo, se la ha condenado a pasar por el artículo más caro. Lo que lo explica no son el coste de los materiales y ni siquiera del suelo, sino la especulación criminal que se viene haciendo.

Las ocupaciones de casas deshabitadas como formas de reciclaje de recursos desusados viene siendo una opción alternativa a las hipotecas y a la esclavitud para pagarlas. Ir a vivir al bosque, es otra. Levantar una chabola en un espacio permitido para su ubicación es una tercera forma. Desde que vengo usando/visitando una en los últimos meses, que fuera levantada por unos compañeros y que está infrautilizada he redescubierto placeres que la vida en el apartamento urbano en el que vivo no me permite. He vuelto a poder usar una chimenea y a hacer meditaciones frente al fuego, a mantener largas conversaciones a la luz de las velas o de la luna sin necesidad de electricidad, a usar el espacio natural como sol, a poder estar desnudo sin temor a que el pito del alguacil me obligue a taparme, a permitirme largas horas de lectura y a no ser molestado.

En la chabola el usuario se sabe tan provisional como los materiales provisorios y reciclados que ha empleado para construirla. No se vincula al lugar como su espacio de propiedad a diferencia de la condición que le proporciona el título de propiedad de patrimonio. Es un ser transitante en un mundo por hacer. No necesita ser amo del sitio para hacerse posesionario en el sentido de utilizante para una temporada.

El chabolismo da un aspecto horrible a las ciudades pero también indica una forma de residencialidad que se escapa de las rabiosas leyes del mercado para esquilmar a todos. En otras ciudades las cabañas y casas de barro siguiendo la tradición del cobijo estan en explanadas n oarrasadas todavia por el crecimiento urbanistico de la ciudad (en Gao todavia se peude obser varf tal coexistencialidad ded formas). Pensar que un apartamento y sus ventajas (agua corriente, conducción de aguas fecales y luz eléctrica como sus 3 innovaciones principales) supera totalmente el viejo cobijo es ignorar otras formas de vida y de trato con los elementos. En la chabola se pueden vivir experiencias interhumanas brillantes libres de los miedos y tensiones que generan las expresiones de la propiedad privada del “solo mío” junto al otro ralo concepto de “para siempre”.


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