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Noviembre del 2009

Esloultimo. Por un manual de Compra inteligente

Por JesRICART - 26 de Noviembre, 2009, 12:54, Categoría: DEBATE SOCIAL

 

Manual de compra inteligente

Deberiamos salir a la calle instruidos para no sucumbir ante tanta invitación al error. Las mamás temerosas decían antiguamente: no hables con extraños. Esa fue -sigue siendo una de las frases preventivas que ha creado generaciones de desconfiados pero que debe haber salvado a muchos de los engaños, los robos y los secuestros. Ahora se debería decir: no aceptes ningún comerciante en tu campo de escucha, no compres nada, no preguntes por ningún objeto puesto en veta, no te pegues a los escaparates, no sucumbas ante las ofertas, no ojees catálogos, no mires publicidad, no atiendas llamadas que te dicen que has sido el afortunado que le ha tocado un regalo. En resumen: no compres lo que no necesites.

Últimamente se ha puesto de moda un nuevo tipo de establecimientos para la tentación consumista. Con un pago a priori de unos 5euros el cliente tiene derecho a elegir 5 productos. En el escaparate, como reclamo, los hay de informática sofisticados y caros pero que esos están excluidos de la venta. A la cifra se le puede anteceder el adverbio “solo”. Solo paga 5 miserables euros y llévate 5 superexcelentes artículos. Es lo último en marketing directo y agresivo. Esloúltimo es lo que reza sobreimpreso en la bolsa para meter lo elegido. También dice que son innovaciones y muestras gratis. Gratis no, ya hemos visto que 5 no es igual a 0. Lo caro y lo barato de una cosa no viene determinada por la cifra. Pagar 10 céntimos por determinadas cosas puede resultar infinitamente más caro que pagar 1000 euros por otras. Lo que determina si una cosa es cara o barata no es el poder adquisitivo para pagar, tampoco si ese producto está rebajado en relación al mismo ofertado por otro establecimiento; lo que lo hace caro es que no cumpla con su función, sea un fraude o sea pagado como un simple estimulo visual que no sirve para nada más.

Hay multitud de experiencias de campo que han demostrado que a la gente -aparentemente- la hace feliz dejarse llevar por la pulsión de compra cuando un almacén rebaja sus productos o se inaugura ofertando nuevas formas antes no vista. En la forma está la seducción. El perfil dominante del cliente consumista es el de un sujeto escasamente critica que no piensa en términos de valor de las cosas y de su necesidad. En lugar de pensarlas se deja llevar por la pulsión de tenerlas (esto para mí, y esto también, y lo otro...). Antes de salir a la calle se debería tener interiorizado a que se sale y a que se va y no convertir los paseos en itinerarios de tiendas y en compras de lo innecesario. Se puede conjeturar que una buena cantidad de compras que se hacen no lo son para cubrir necesidades de abrigo o de alimentación sino para satisfacer egos devoradores insatisfechos por otras cosas. Aprender a comprar evitaría muchas compras innecesarias de cosas que tampoco van a ser usadas. Para el punto de vista del comercial que quiere llenar un hueco en la ciudad ofreciendo algo distinto el objetivo es la venta. Objetivo supremo al que supedita cualquier otro factor y medio. No le falta mérito. Podemos admirar al vendedor calvo de crecepelos. En su oratoria siempre superó a milagreros y dioses reencarnados. Los actuales vendedores de crecepelos siguen siendo calvos pero lo suficientemente astutos como para hacer que la clientela centren sus catalejos en los productos y no en sus calvas. En los actos de compra las gentes sucumben a la variedad de objetos dentro de un mar revuelto para ganancia de todos. Como la pulsión de compra no razonada remite a un comportamiento enfermo ninguna cantidad de objetos va a saciar a la persona, debiendo deshacerse en cada temporada de las compras de la anterior para reactivar el ciclo de consumo.

En los actos de compra hay un extensión del ego, en la apropiación de mas cosas se remite a una demanda inconsciente de tener más poder. Aprender a comprar, por el contrario, sería/es tanto como decir aprender a definir las propias necesidades y a buscar aquello y solo aquello que las pueda resolver. La compra por la compra es tan absurdo como el hacer por el hacer o el hablar por el hablar. Una educación para la compra maduraría a la sociedad con habitantes más responsables e inteligentes capaces de no sucumbir como memos reactivos a cada novedad formalista sin añadir ventajas a los nuevos productos. Ese perfil de ciudadano adulto es incompatible con un sistema expansivo que prioriza las producciones a su calidad, que prioriza tambien la ultraproducción al respeto en la explotación de los recursos.

Haber nacido y vivido en países llamados ricos (ricos en materiales pero pobres en espiritualidad y ciencia social) nos ha hecho pasar las biografías por posturas consumistas innecesarias. Después de cometer cientos de errores comprando innecesidades y otros tantos por comprar cosas que se estropean antes de la cuenta o no cumplen con lo prometido, el ciudadano victimizado solo puede llegar a una conclusión tras concienciar su condición: la de ser un abstencionista del circuito comercial en la intensidad que lo vino haciendo. Su poder del consumo en lo que mas se manifiesta es en no consumir lo que no le vale o lo que no necesita usar. Contrariamente a la publicidad incitante para comprar y a los eslóganes de estado para gastar más y más, el adulto puede aprender a vivir con mas calidad consumiendo menos porquerías.

La enseñanza institucionalizada debería formar individuos íntegros capaces de discernir entre necesidades reales y las inducidas artificialmente. La sociedad depurada de sus errores históricos debería prohibir la publicidad fraudulenta (y no solo excluir de las televisiones publicas). También debería retirar los artículos del mercado nefastos. Eso ultimo se ha hecho con materiales peligrosos para la salud producidos por China, pero en Occidente también se fabrican artículos nefastos que no son filtrados por los controles de seguridad.

La sociedad de mercado ha ido involucionando a peor. Se ha saltado de un sistema de servicios a un sistema de gestaciones problemáticas para crear dependencia del comercio. El individuo atiborrado de mensajes que le han lavado el cerebro para que se vea a si mismo como vulnerable, inseguro o fuera de juego ,si no consume las recetas que el sistema le proporciona, se va configurando como menos persona y como más inseguro. Saldrá de ese ostracismo si retoma una doble tesis de la antigüedad absolutamente vigente. Epicuro porponía la autarquía personal como sistema de autogestión, autogobierno y autosuficiencia así como la ataraxia: la beatitud en la ausencia del dolor y de las preocupaciones.

No hay ningún objeto material ofertado por un mercado que cubra el reto del equiulibrio psicologico del individuo, como tampoco hay ninguna cantidad de ingesta que sacie la ansiedad devoradora de quien no para de tragarla. La eudaimonía, el estado de felicidad, no pasa por la cosificación. Una filosofía de vida virtuosa es lo menos materialista que cabe pensar. Si bien necesitamos valernos de instrumentos y objetos para hacer la vida mas placentera y cómoda, maduramos con firmes criterios de selección que nos libren de todo un plan de manipulación que se nos tiene en cuenta como bocas que tragan en sumisos que no protesten. En un imaginario manual de compra inteligente el consumidor no podría ser un comprador a ultranza sino un selector que concienciara sus necesidades sin perder de vista las proposiciones fraudulentas que dicen satisfacerlas.

Actualmente con criterios rigurosos de evaluación basados en la ética, las tesis del comercio justo y la eficacia técnica un alto porcentaje de productos que tienen el visto bueno para llegar a la cesta de compra no saldrían de las instalaciones de sus fabricantes. Dentro de este grupo los hay que con todo el desparpajo consideran que deben fabricar cosas de tipo mecánico y eléctrico con fecha de caducidad para que eso vuelva a poner a sus usuarios en la cola de la compra. Mientras la sociedad no corrija eso juzgando y condenando a sus defraudadores deliberados la cuota de victimidad seguirá creciendo.

Convivència i Connivència

Por JesRICART - 23 de Noviembre, 2009, 22:01, Categoría: QUALITATdeVIDA

 

El joc de la convivència i de la connivència. JesRICART

Sigui quin sigui l' espai d'ús i recurs hi ha algú altre que hi ha arribat abans que tu i que l' ha fet a la seva manera, el tracta com seu. La deferència obliga, pel nou vingut, a tenir en compta qui ha arribat abans i hi ha dedicat el seu temps, energia i idees. Si a més a més hi ha un títol de propietat el que ve de fora, i a més hi està de pas, s' h i adapta encara que tingui una manera diferent de fer. Això és un comportament força estès, universal. Quan el nouvingut actua en clau de la mateixa igualtat de drets que qui està ja instal·lat i consolidat en el lloc les desconfiances no es fan esperar. Més aviat qui arriba de fora i imposa el seu tarannà va de prepotent i pot ser un generador de discòrdia. El sentiment de territorialitat està arrelat amb els més petits detalls.

Això s' ha de tenir en compta i alhora al nouvingut se l' ha de rebre i acollir amb prou con-fiabilitat com `perquè se senti a casa seva, es a dir amb la plena llibertat de fer i refer les coses si això ajuden a la millora general. Resulta que el significant de la llibertat sempre es personalitzat i prou equívoc com perquè cadascú l' entengui a la seva manera. La llibertat de tenir les coses desendreçades, treballar amb sobre esforç in necessaris, no rentar les robes i viure en el màxim de precarietat també és una llibertat. Qui li pot discutir a qui tria no fer res per millorar les seves circumstàncies que està en el ple dret de fer-ho?

L' eterna discussió d'on acaba la llibertat d'un i on comença la de l' altre on es pot escenificar més ostentosament és en el sí de la convivència. Sabem que moltes de les malifetes dels altres en les barreges ciutadanes i allà on la massificació amaga la descura individual perjudicant seriosament el benestar. Tant bon punt un altre crema el bosc, condueix perillosament, tira contaminants al riu, roba o extorsiona, el dret a la pròpia llibertat porta a una autodefensa aferrissada que passa per retreure-li a aquell la manera descurada d'entendre la seva. L' esquema és el mateix pel que fa a detalls de comportament a petita escala. Tant bon punt un altre estaciona el seu vehicle impedint el pas, no tanca les portes perjudicant la seguretat veïnal, viu no rentant-se o no canviant-se la roba fent mala olor, no utilitzant aigua neta per arranjar la vaixella o molestant amb sorolls per impedir el repòs, qui se sent ofès per totes aquestes ha de reclamar el seu dret al territori amb unes condicions de qualitat.

Aparentment pel que fa a les qüestions de la quotidianitat no hi tendria que haver el menor problema per posar-se d'acord. Aquest acord ha de comptar en que les inèrcies particulars de cadascú, fruit de consolidacions per l' ús de costums, són molt específiques, tant que es poden presentar com irrenunciables. Per conviure en correcció i respecte mutu s' ha de convindre com fer-ho. Si la convivència és transitòria s' acostuma a fer l' adaptació i a tenir una connivència que es el que menys problemàtic és. A un espai de coincidència -que a partir del nombre de dos ja es dona- una necessitat personal espitxa a la modificació d'un hàbit de l' altre. El debat convivencial pot passar per escenes diàries en els que surten els temes més concrets: des com cuinar per no fer fums greixosos i molestos a com endreçar les coses dels diferents llocs d' ús. És un debat, una pluralitat de guions d'escena. En el seu lloc el que acostuma a brollar son enfrontaments per usos contraris de les coses. El tema s' arranja si qui ha fet la cosa mal feta la reconeix i es compromet a no repetir la mateixa mena de malifeta, única comprovació que demostrarà un avenç.

Resulta que en el canvi d' hàbits també és viu una intrusió en la pròpia personalitat. El debat ha de ser molt honest i sincer perquè no es prengui com un greuja personal. No sé de ningú encara tan impecable i sense màcula que no se' l' hagi d'avisar per es. Tothom anem sobrats d' errors i despistes o inclinacions de les que no ens donem compta i que deixen malifetes al nostre pas. Obvi que els errors dels demés disculpen els propis i pel reconeixement de les pròpies imperfeccions no es poden disculpar les de tots els demés, doncs això en lloc de ser una socialització de reconeixences per progressar ho és per mantenir-se en la imperfecció consolidada sense esma per superar-la.

De la normalització de vida se n'ha fet un gra massa. Quant més es la complexitat de la societat caòtica més patologies hi ha de tota mena però també mes gosadia hi ha en trobar noves formes de vida al no creure' s més i més gent les imposades per la tradició. El debat enfronta a posicionaments diferents en el viure i en els usos del planeta que es donen a escala general però també passen per les contradiccions casolanes i les discussions en el quefer i en el cóm viure del cada dia.

El repte que dues persones es plantegen en la seva convivència de parella o com associades, té un valor elaboratiu comparable el de la empresa organitzadora d'una magnitud tal que inclogui la concurrència de milers o milions d individus. Tomás Campanella a La ciutat del sol (1623) ja expressava la seva idea d'una ciutat utòpica on les idees del sacrifici i del dolor fossin superades. Viure en concòrdia amb el proïsme passa per reconciliar-se en cada unitat de contacte: des dels conceptes als petits detalls, guanyant un a un l' acord en funcionaments complementaris. Això és possible quan s' articula un criteri de fluència que permet anar-se repartint la direcció de cada esdeveniment i determinació, entre els concurrents.


De lo correcto y las medidas correctoras

Por YASHUAbcn - 12 de Noviembre, 2009, 14:30, Categoría: DEBATE SOCIAL

 

De lo correcto y las medidas correctoras.

Cuando la represión es una prerrogativa pública para la concordia general.

De la represión casi siempre que se oye hablar es por su el lado lesivo al prohibir los anhelos de justicia y de vida plena, raramente la imagen del represor es alguien que desea la paz o el bienestar colectivo, sino que obedece órdenes al postor que le paga y al que le hace de subalterno o de fuerza bruta. De la banalización del mal ya se ha hablado en otras partes y de la necesidad histórica de la disolución de los cuerpos represivos como una institución fija en contra de la libertad y las ansias de paz ya hay un caudal de argumentación imparable. Sabemos/se sabe que el arsenal y organización represiva mas compleja se basa en una materia prima fundamental: la de la obediencia aportada por cada uno de esos gendarmes dispuestos a castigar según las pautas dados por los estados a los que sirven por los que han sido contratados como lacayos.

Pensar en una represión que sea justa se hace conceptualmente mas difícil. Es un tema no zanjado dados los distintos puntos de vista de clase al respecto. La teoría de la dictadura del proletariado, en cuyo nombre se hicieron atrocidades, ya contemplaba la imposibilidad de convencer a unos sectores sociales a los que se expulsaba de sus privilegios y de lo que se trataba era de vencerlos en esa tesitura dado que presumiblemente no se les iba a convencer. Tal teoría fracasó rotundamente al inaugurar nuevas eras de terror y de burocracias elitistas como nuevas clases regentes pero eso tampoco demostraba que los modelos anteriores de sociedades clasistas e injustas sean más válidos.

Prefiero tratar el tema desde los supuestos cotidianos de la convivencialidad conflictiva que supone en regimenes dictatoriales la permisividad de todo tipo de conductas incluidas las inequívocamente anticívicas. Hay una impresionante multitud de hábitos de comportamiento totalmente inaceptables, mucho más en publico que ponen en peligro la buena vecindad e hieren la buena voluntad. Durante décadas vamos esperando que la gente aprenda de una puñetera vez a comportarse como personas pero hay multitudes que siguen sin hacerlo y además pautan deseducativamente a sus hijos para que tampoco lo hagan. Los comportamientos anticívicos son tantos que como ejercicio de aula no se agotaría en listarlos dedicando un rato cada día lectivo a tasarlos. Se supone que todo el mundo sabe lo que es un comportamiento antivico, toda aquella conducta que inconsciente o conscientemente se hace y perjudica a la comunidad sea porque destruye recursos y equipamientos de uso colectivo o porque molesta a los demás física o piscológicamente con la circulación de injurias.

Supuestamente, una vez denominados (los actos anticívicos) su fuerza de relato debería ser suficiente para que nadie se viera llevado por ellos. Es mucho suponer, el personal es demasiado propenso a lo incorrecto, en todo caso la virtud ha dejado de ser un parámetro claro que seguir y casi todo el mundo se disculpa en sus fechorías porque no hace mas que reproducir un esquema general. En la actualidad para que un acto incívico sea conceptuado como tal debe cumplir dos condiciones: un atentado a las cosas (es decir a los productos del trabajo ajeno) y un atentado a las personas, en su dignidad o en su bienestar.

Decirle a la ciudadanía que no debe hacer determinadas cosas es tanto como insultar el sentido de la corrección que la parte de la ciudadanía que ya está suficientemente educada por cumplirla y la cumple. Hay un montón de pequeños y no tan pequeños comportamientos incívicos a diario: dejar las basuras fuera de los containers respectivos a pesar de no estar llenos, dejarlas en lugares inapropiados, no hacer los reciclajes correspondientes en los deshechos, hacer ruidos innecesarios, usar las rotondas para hacer carreras, romper frascos de cristal en la vía publica, conducir en sentido contrario, fumar en lugares donde se molesta a los demás, tirar colillas encendidas junto a personas reunidas o sobre el ramaje seco de bosques, echar lapos o escupitajos, conducir imprudentemente, ensuciar las calles, rallar los ascensores, orinar en la vía pública,...lo anticívico va desde las pequeñas molestias, pero que por fuerza de acumulación llegan a cansar y mucho y ser grandes molestias , a los atentados graves, echar productos tóxicos al alcantarillado o hacer despilfarro.

En la sociedad individualista en la que la gente se mira de reojo, advertir al que no sabe puede tener reacciones hirientes o incluso agresivas. En parte eso explica la desconfianza y la indiferencia mutua. Nadie se mete con nadie salvo situaciones muy extremas.

Un ayuntamiento, el de St Sadurni d' Anoia que ya se destacó sancionando -ademas de otros- por no hacer los reciclajes de basuras, ajora propone sancionar severamente comportamientos incívicos, hablando de una cifra considerable, 3mil euros. A mi pesar, y contra lo que tenia previsto de mi propio pensamiento, me parece una resolución valiente y acertada. La decisión apoyada por todos los grupos menos por dos: PSC y PP (que curiosamente se ponen de acuerdo para oponerse a medidas de progreso a pesar de su pugilismo al que han acostumbrado a la sociedad española a escala estatal) puede poner las medidas para convertir su ciudad en un jardín o un lugar digno de pasear además de admiración. Es una manera, entiendo, de poner fin a la barbarie ciudadana consentida y comunitarizada. Ya basta de gente que tira escollos y runas a rincones de bosques, que tala arboles, que ensucia calles. La peligrosidad de la medida es la discriminación en la que pueda incurrir según sea el autor del delito o -si se prefiere atenuar la palabra- de la guarrada. . Por otro lado la media es eficaz si incluye al propio ayuntamiento, ya que hasta donde sabemos los ayuntamientos como empresas de obras publicas también incurren en medidas anticiudadanas no pocas veces. Lo interesante de la cuestión es la de entender que lo correcto no se organiza por emanación espontanea y que ademas de toda la cultura de civismo potenciada de mil maneras tiene que haber medidas correctoras ante quienes lo otro les entra y le sale sin concederles la menor consideración.

Empíricamente es muy fácil detectar los actos anticívicos. En la época de usuario de cabinas telefónicas, tenia que tantear en 2 o 3 cabinas antes de conseguir una que funcionara correctamente. Como usuario me he hartado hasta la saciedad de tropezar con vómitos en las calles, cacas de canes, marquesinas rotas, claxonazos de susto, botellas de cerveza rotas, lastas tiradas, ceniceros vaciados en los parquings, bolsas de plástico y suciedad artificial por doquier. La acumulación de todo esto hace de la vida urbana el peor de los paraísos imaginables. Eso sabotea la perspectiva de un mundo mejor del que tanto hablamos. El balance es que por la desidia sistemática de unos (que tampoco son pocos) nos toca aguantarlos (a los demás que creo que sí somos los mayoría) en sus feos.

Para aplicar unas medidas de ese tipo, las de reprimir al anticívico, debería haber una especie de protección civil (el voluntariado que ya secunda tantas oenegés, podría extenderse a este campo) integrado por los mismos ciudadanos que por turnos e identificados se ocuparan de advertir a los ciudadanos pillados in fraganti en un montón de conductas incívicas de acuerdo con un baremo previamente aprobado. Esos educadores de calle en el sentido mas exacto de esta denominación, serian completados al tiempo por los directamente sancionadores, munipas y otros agentes del llamado orden, poniendo las multas pertinentes, que podrían ser recurridas etc y pagadas en forma de voluntariado social. Ya se está ensayando algo parecido.

Por distritos y barrios tener a unos vecinos conocidos y dedicados a esa zona ayudaría a la modificación de hábitos a corto plazo. Sabemos que a nadie le gusta ser avisado en sus conductas, pero puesto que la sociedad y el futuro depende de depurarla de sus malos hábitos la intervención pasa por ese gesto.

Esa es la propuessta: equipos de proteccion civil con personas formadas para avisar los actos de antivecindad en los incívicos complementados por una atribución mas de las guardias municipales en tomar datos de los impugnados para corregirlos por vía sancionadora. La cuantía de la sanción tiene que ser considerable (se pensará que desproporcionada) para que sea efectiva. La no posibilidad de liquidarla monetariamente podra ser compensada como tiempo de trabajo para la comunidad.

La chabola

Por YASHUAbcn - 10 de Noviembre, 2009, 16:36, Categoría: EGODOMÓTICA

 

La chabola: de un cobijo de paso a una filosofía de la supervivencia.

Los aglomerados de chabolas que he podido ver en los arrabales de distintas ciudades del mundo tienen un aspecto semejante: junto a casitas informes en laberínticos dédalos de callejuelas y pasos, la inmundicia y la insalubridad se concentran. Aprendí pronto que la pobreza y la miseria andaban diferenciadas. La una podía empujar a vivir en condiciones precarias, la otra demostraba la incultura de aquellos pobres ensuciando el mismo entorno en el que vivían. La fraseología popular (pobre pero honrado) que debía implicar la pobreza no anda reñida con la limpieza no se concretaba en escenarios de dignidad.

En otras observaciones de barriadas hechas de latas y materiales rejuntados llamaba la atención las antenas del televisor por un lado y los coches funcionales esperando en la puerta. Me enteré que algunas chabolas llegaban a traspasarse por dinero lo mismo que se hiciera con cuevas usadas como habitáculos en la provincia almeriense. Esa forma de vivir muy unida a la etnia gitana era sin duda alguna marginada y completamente distinta a las formas urbanas hacia las que se han ido desarrollando los países.

El chabolismo era un indicador de infradesarrollo y tercermundismo dentro de las ciudades más brillantes e iluminadas de la orbe. En principio, era la forma existencial a la que estaban arrojados quienes tenían menos recursos, luego se supo que también que es una elección de vida. Los panoramas objetivos de una sociedad del desastre fundida y cómplice de un sistema irracional que funda la infelicidad y las patologías en crecimiento son poco ejemplificantes para tomar por cierta la realidad que nos ofrecen los intérpretes de la ideología dominante.

Bastantes personas está comprendiendo que lo importante de la vida no es el look de aparentar lo que no se es sino la de ser biografías autenticas a pesar de que la imagen no guste a las estéticas hiperconsumistas. Ha sido motivo de preocupación saberse beneficiado por los privilegios de clase frente a bastiones de multitudes que no viven ni pueden aspirar a vivir tan bien. La culpa -el sentimiento de culpa- ha ido añadido a las diferencias de clase., con las desigualdades e injusticias añadidas, sin hacer nada por remediarlo.

En algún tiempo pensé en hacerme visitante de las chabolas para conocer a fondo su verdad y para preguntar porqiuéla gente seguía instada ahí en lugar acceder a apartamentos o habitáculos mas confortables, nunca sospeché que un día llegaría a sentirme cómodo en una y que me pondría a pensar en la posibilidad de su confort gratis y el significado simbólico de ese cobijo provisional desde una filosofía de la supervivencia alambicada en la destilación de los néctares mas interesantes del vivir, prescindiendo de ambiciones y objetivos materiales.

La etnia gitana permitió teorizar una forma de cultura al margen de la sociedad sin mezclarse demasiado con ella, siempre con líos con el sistema judicial, viviendo en lugares cutres y trasegando sus enseres de una parte a otra sin destino definitivo al que llegar. No ha faltado quien ha ensalzado eso como una forma de vida. Lo cierto es que una de las maneras de acabar con el chabolismo ha sido facilitando viviendas en bloques a los chabolitas en su mayor parte gitanos. No llegué a hacer este estudio de campo aunque algunos cantaatores catalanes hicieron sus visitas en una zona de alta concentración de ellos de origen portugués levantados a la orilla de un río.

Una chabola es un alojamiento de fabricación efímera pero que puede aguantar lluvias y tormentas en caso de necesidad y que puede aguantar por años a quien vive mientras no busque una solución mejor o las autoridades no echen a la fuerza a los chabolistas. Su aspecto visto desde las autopistas es deplorable y sigue siendo un indicador de que es una excrecencia social, un feudo de suciedad y de malestar. Pero esto no es incompatible con un hecho crucial que demuestra que es posible vivir sin tener que pagar materiales de construcción, implicarse en hipotecas costosas e interminables o andar tras los no-regalos del consumismo. Las chabolas con el tiempo se hacen con electricidad y todo lo necesario para vivir. Su aspecto externo es terrible pero su aspecto interno puede posibilitar la vida. Podríamos proponer trueques residenciales por temporadas: llevar a vivir a chaboleros a suites de lujo o casas bien y a los residentes de éstas a las chabolas. Como ejercicio de adaptación psicológica no estaría nada mal. Los unos podrían aprender que para vivir no se necesita tanto y los otros estrenándose de ricos podrían aprender que si las cosas son bonitas y están ordenadas y limpias es porque la gente se ocupa de que esto sea asi.

La pobreza es difícil de combatir, la miseria, la de espíritu y desidia es casi imposible si cada sujeto no corrige sus torpezas y hábitos infectivos. Sin duda, hay perfiles que ya les va todo bien y nunca van a superar los niveles de mínimos en los que se mueven dándole absolutamente igual, Una vez conocí a alguien en el Montenegro recién independizado que me invitó a cena en su casa con una gotera en medio del salón. Para él, arreglarla no tenia prioridad. He comprendido y admito hasta cierto punto que la escatología tiene una alta fascinación para individuos que se mueven entre ellas como si estuvieran en el paraíso. Lo admito: detrás de ella hay siempre un escatófago en un plano sensorial u otro. Para la mirada perfeccionista es imposible vivir en condiciones insalubres pero el más exigente podrá admitir conceptualmente que la sociedad humana tiene una buena proporción de imperfeccionistas declarados que no desean tantas finuras.

La chabola se traduce en imperfección estandarizada. Con unos mínimos materiales y de reciclaje, encontrados en la calle, se pueden hacer habitáculos para poder dormir sin pagar habitaciones de hotel con precios que dan para varios días, semanas o meses de sustento. De todos los pagos, el de la vivienda en la sociedad rica se ha convertido en el mas caro. La necesidad mas elemental, la del cobijo, se la ha condenado a pasar por el artículo más caro. Lo que lo explica no son el coste de los materiales y ni siquiera del suelo, sino la especulación criminal que se viene haciendo.

Las ocupaciones de casas deshabitadas como formas de reciclaje de recursos desusados viene siendo una opción alternativa a las hipotecas y a la esclavitud para pagarlas. Ir a vivir al bosque, es otra. Levantar una chabola en un espacio permitido para su ubicación es una tercera forma. Desde que vengo usando/visitando una en los últimos meses, que fuera levantada por unos compañeros y que está infrautilizada he redescubierto placeres que la vida en el apartamento urbano en el que vivo no me permite. He vuelto a poder usar una chimenea y a hacer meditaciones frente al fuego, a mantener largas conversaciones a la luz de las velas o de la luna sin necesidad de electricidad, a usar el espacio natural como sol, a poder estar desnudo sin temor a que el pito del alguacil me obligue a taparme, a permitirme largas horas de lectura y a no ser molestado.

En la chabola el usuario se sabe tan provisional como los materiales provisorios y reciclados que ha empleado para construirla. No se vincula al lugar como su espacio de propiedad a diferencia de la condición que le proporciona el título de propiedad de patrimonio. Es un ser transitante en un mundo por hacer. No necesita ser amo del sitio para hacerse posesionario en el sentido de utilizante para una temporada.

El chabolismo da un aspecto horrible a las ciudades pero también indica una forma de residencialidad que se escapa de las rabiosas leyes del mercado para esquilmar a todos. En otras ciudades las cabañas y casas de barro siguiendo la tradición del cobijo estan en explanadas n oarrasadas todavia por el crecimiento urbanistico de la ciudad (en Gao todavia se peude obser varf tal coexistencialidad ded formas). Pensar que un apartamento y sus ventajas (agua corriente, conducción de aguas fecales y luz eléctrica como sus 3 innovaciones principales) supera totalmente el viejo cobijo es ignorar otras formas de vida y de trato con los elementos. En la chabola se pueden vivir experiencias interhumanas brillantes libres de los miedos y tensiones que generan las expresiones de la propiedad privada del “solo mío” junto al otro ralo concepto de “para siempre”.


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