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28 de Octubre, 2009

La utopía engendrará otro futuro.

Por NéstorEstebenz - 28 de Octubre, 2009, 13:04, Categoría: Las PAREDES HABLANTES

 


La utopía engendrará otro futuro.

Utopía es esa palabra ambigua que todavía es ridiculizada por un tipo de visión muy bregada en los negocios de la vida y lo es porque se toma como sinónimo de idealismo simplista. Las versiones realistas se reclaman para sí la única capacidad posible para la verdad, enfrentando las situaciones tal como son y reconociéndolas en su invariabilidad. Cada vez que un hablante declara que las cosas son como son y que no se pueden cambiar porque siempre fueron así, además de mentirnos con respecto a la historia de la naturaleza y sus habitantes no comprendiendo sus procesos y cambios, le está confiriendo un poder de inmutabilidad a la realidad, tomando lo observado por invariable, tomando el flash de la instancia o el kine parado o el fotograma por todo el movimiento de una secuencia.. Esa posición es insostenible porque la vida es continuo cambio y la variabilidad continua es la constante reina: desde la climatología al envejecimiento.

Pretender que las tradiciones o las correlaciones humanas han de continuar siendo las mismas por que son las determinantes atávicas o por poderes superiores es colocarse en una posición subordinada ante el futuro general y ante el propio destino personal. Creer o no en la utopía como posibilidad social para el mundo, a partir de un programa de ideas y de valores por extender, pasa por creer en uno mismo, en la incorporación de tales cosas y principios en el quehacer personal y constante en la propia vida.

El gran ideal está estrechamente vinculado al yo real. Es un conflicto de uno consigo mismo atendiendo que la personalidad es un conglomerado contradictorio. Si el individuo se descarta como fuente de enunciados de renovación no se otorga la oportunidad de crecer en su poder y de decidir como un soberano ante su destino. En cambio, si se toma a sí mismo como un producto o una víctima de las circunstancias se desindividua para ser una consecuencia del afuera y de los demás. O decides por ti o deciden por ti. La utopía pasa por este dilema.

Tras las experiencias de múltiples movimientos reivindicativos se ha podido comprobar que a consecuencia de las reclamaciones y de las justas impugnaciones las cosas han cambiado. Poco o mucho han cambiando, siguen cambiando. La gran duda que nadie puede resolver en este momento es si su ritmo de cambio de superación va a ser lo suficientemente intenso como para neutralizar las degradaciones que también se dan coetáneamente. La situacion no es la de un solo proceso positivo Los resultados sociales son consecuencias de luchas a veces muy duras en la calle y otras dialectales en los foros de palabra a pesar de los laberínticos procesos parlamentarios. El proceso histórico es multilateral y no rectilíneo, no se representa por una linea ascensional sino por una sinoide irregular. Mientras en unos lugares se instauran avances en otros se sigue en la antípodas de los anhelos de superación. La democracia que habitamos es una estructura que llega a legitimar situaciones de caciquismos locales1 que en casos extremos se transpolarán a escala de estado. La paradoja de las democracias con el tipo de sistema electoral vigente es que van a ser mayorias conservadoras las que van a votar el relevo en el poder de nuevos regimenes tiránicos. El totalitarismo será consesuado socialmente. Los dictadores del futuro ni siquiera tendrán necesidad de hacer golpes de estado.

Mientras esta terrible perspectiva no se cumpla se puede seguir pensando en la hipótesis de una sociedad utópica que re-cree valores de paz y concordia universal, nunca del todo restaurados. El slogan a favor de ese otro futuro, mejor y alternativo, engendrado por la utopía tiene, por ahora, mas de poético que de político. La política ha dejado de ser el arte de posibilitar la libertad y los grandes logros humanitarios o, al menos, esa no es su principal característica a juzgar por tantas oleadas de arribistas y oportunistas que se aprovechan de sus cargos para enriquecerse a costa de agravios a sus conciudadanos.

El slogan tiene demasiada tinta optimista. Da por supuesto que existe un poderoso movimiento en marcha que brilla por su militancia idealista. No es así. Aunque constan las luchas radicales por el trabajo o por la vivienda está en duda si esas acciones preparan las conmdicioens potenciales para otro mundo. De otra parte es lógico que cada generación se preocupe de sus urgencias: el cobijo y los ingresos de sustento. En esa lucha del día a día no están exentos los economicismos y los reformismos parciales separados de una estrategia para otro mundo. La verdad es que una generación de relevo de los sueños utópicos de la anterior que no cumplieron tampoco tiene por que creer ser la abanderada de las generaciones futuras por nacer. Es una trampa ideológica por no decir un chantaje emocional. Mas bien cada generación pierde un poquito más los valores de la anterior. De esto ya se quejaba Hipócrates y han pasado bastantes siglos desde entonces. Si es así la capacidad de vanguardia para engendrar un futuro ideal tiende a la reducción en lugar del aumento. No hay proletarios ni estudiantes ni jóvenes ni nacionalistas que tiren como grupos del carro de la historia. Muchos de los enfrentamientos actuales que pasan por las reclamaciones de las nacionalidades están muy lejos de una estrategia de la utopía. Isaiah Berlin2 atribuía al nacionalismo logros magníficos y crímenes terroríficos.

La reescritura del slogan debe decir: si concurre la utopía suficiente engendraremos otro futuro mejor. Para toda hipótesis debe cumplirse una o varias condiciones. El futuro F será si y solo sí se cumplen las condiciones C. En los platillos de la historia, en esa balanza imparcial que los palacios de justicia todavía ostentan como escultura emblemática, uno pesa las acciones en pro de mejoras y cambios correctos, el otro contrapesa los sabotajes, las destrucciones, los engaños. El slogan toca leerlo, al fin, en clave condicional: la utopía engendraría otro futuro imaginado. Lo engendrá siempre que esa utopía concurra, se haga visible, tenga fuerza. Lo que convierte una idea en un hecho aplicado es que su protagonista la lleve a cabo. Lo que convierte la concepción de un mundo ideal en un hecho irreversible es que sus protagonistas en masa la lleven a termino vigilando que asi sea. Mientras a la mayoría siga aceptando existencias impuestas, dominadas y negadas en sus atribuciones potenciales, la utopía seguirá siendo la utopía.

En un país como España, en un solo año fueron consignados (la noticia mediática decía que investigados) 4 millones y medio de delitos. Para una país de menos de 50millones la ratio es espeluznante. El arco de la delincuencia (y peridelincuencia) va de los pequeños hurtos de los carteristas sin intimidación a los grandes desfalcos por tipos corruptos que van(o iban) de señores de la política y de la patria. Lo que demuestra la realidad plural, esa tan afamada por la democracia elogiada como estado de derecho-etcetéra, da amparo a toda una chusma de manipuladores que son un estorbo para el progreso. La previsión del futuro será de un panorama mas carcelario con mas numero de situaciones y personas sometidas bajo control. Invertir tiempo y reflexión en este debate puede contribuir a la degradación de la esencia humana.

1Todavia los recortes de reportajes del finado excalde de Marbella: Gil y Gil de gili hieren a la sensibilidad del espectador cuando tamaño manipulador, corrupto y tirano pudo escalar un puesto institucional como el suyo. El hecho de que sea un muerto, para fortuna de los demás, no le quita el desprecio reditual que dejara por el máximo reconocimiento que se le pudiera dar.

2Autor de El sentido de la Realidad. Sobre las ideas y su historia.


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