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Espacio de Trueque

Por JesRICART - 14 de Octubre, 2009, 9:38, Categoría: PROPUESTAS

Espacio Popular de Trueque.

La sociedad de consumo masivo viene produciendo enormes cantidades de materiales que aun siendo útiles para el uso cansan a sus usuarios y se deshacen de ellos. Se puede definir al consumidor moderno como un devorador de objetos de todo tipo que tras tenerlos una temporada los desecha. Esta característica recarga los basurales en un momento en el que las políticas de reciclaje no están suficientemente consolidadas. Tanto las empresas, las instalaciones como las familias generan restos que van acumulando sin que nunca haya tiempo para repararlos o buscarles una salida hasta que son despreciados definitivamente. La imagen de rebuscadores en los containers de basura en las grandes ciudades se ha hecho famosa. Esa imagen que hace coincidir a indigentes, parados y jubilados es una de tantas que demuestra la incapacidad auto organizativa de toda una sociedad para no empujar la conducta a extremos indignos.

Una solución tan sencilla como la creación de un espacio de trueque es una inyección de vitalidad para cada localidad o barrio que la instrumente. Puede articularse como iniciativa particular (desde asociaciones vecinales o partidos de la ciudadanía) o como iniciativa institucional desde ayuntamientos o ayuntamientos de distrito.

Todo el mundo sabe lo que es el trueque pero no está de más recordarlo: remite a una forma primaria comercial en la que un objeto es intercambiado por otro o por otros varios. Son objetos excedentarios o rechazados que ya no sirven para una persona pero que le pueden servir a otra.

Imaginemos un espacio de este tipo y las cuantiosas ventajas que puede contener. Es un espacio cívico que permite la relación intervecinal. Una forma de vehiculizar objetos que ya no tienen el menor sentido para quien los posee pero todavía pueden tener una larga vida en manos de otras personas. Es una deferencia pues para los mismos objetos y el trabajo que costó hacerlos que en manos mas cuidadosas o poseídos por otras personas con más tiempo pueden darles una continuidad tras una pequeña reparación.

El trueque fomenta la negociación del valor de las cosas prescindiendo de su precio antiguo o su posible precio actual como artículo en el mercado de trinca. Además del formato aparente de distintos puestos con gente de la de cada día, no experta en mercantilidades ni especulaciones, llena el evento de curiosidad y fiesta.  Desde el punto de vista práctico no es necesaria ninguna infraestructura. Asignar una plaza neurálgica en una zona y anunciarlo con un cartel difusivo y conmemorativo además de hablar de la idea por los medios es suficiente. Será necesario contar con la responsabilidad de los trocadores para que no dejen el espacio hecho una pena de sucio tras su paso, como suelen hacer los vendedores ambulantes de los mercados semanales que dan por supuesto que la limpieza es cuestión de la brigada que tiene que ir a trabajar tras su paso y no un tema de cada uno.

Nada impide definir un día para este tipo de acto. Puede empezar siendo una vez cada tres meses por lo de seguir el ritmo de una cita estacional o una cada mes. La gente tiene más cosas de la que se puede desprender incluso de lo que reconoce.

¿Por qué el trueque? Los economistas nos han instruido para que digamos que el trueque forma parte de los antiguos estilos de economía primitiva en la época premonética. No discutiremos eso pero no les haremos caso por lo que hace a que toda operación comercial haya que pasarla siempre e inevitablemente por el dinero.

Un espacio de trueque además de la función concreta de reutilizar objetos en otras manos que los valoren proporciona la posibilidad de resucitar un discurso al que la sociedad capitalista no es muy dado: el de relacionarse con las cosas por lo que sirven y por su valor personalizado no por su accesibilidad de precio. Es completamente distinto un espacio de compraventa a uno de trueque. En este hay un elogio latente a la conservación de cada cosa en sí, en aquel hay una pretensión de ganar, poco o mucho, dinero. Pero haber si una cosa la has usado todo lo que has podido y mas ¿Cómo te atreves a pedir por ella lo que te costó o, lo que es peor, pedir más para beneficiarte? Bueno espero que los anticuarios me perdonen porque es lo que hacen: conservar durante décadas o medio siglo objetos para venderlos a precios astronómicos en comparación a su precio-origen. Muchos de ellos eran objetos vulgares pero que la reducción de sus unidades ha puesto sus precios por las nubes. Un mercado de trueque no es para convocar a profesionales del comercio en sus distintos subgremios sino es convocar una fiesta con el trato. Eso descarta a rebuscadores profesionales de los  encantes y negociantes instintivos de baja ralea. A diferencia de cualquier tipo de mercado de compra venta que busca sobre todo el beneficio o la compensación al trabajo realizado, el de trueque busca el servicio. Se puede enmarcar bajo un doble criterio: cambiar aquello de lo que te quieres desprender por algo que puedas necesitar o bien regalarlo. Si no cabe ninguna de las dos opciones el trocador puede volver a su casa con el trasto del que no se ha podido deshacer.

Un espacio de trueque con estas características configuraría ese momento como una versión original y divertida muy distinta a cualquier otro tipo de espacio para las transacciones de cosas. Las objeciones al trueque son múltiples y no en vano la economía evoluciono a la financiera de la que somos víctimas todos los consumidores pero se le podrá reconocer su doble interés por lo que a comunicación social se refiere  y por su valor medioambientalista por lo que a conciencia ecológica incrementa.

Para quien no tenga nada que intercambiar (o excepcionalmente regalar) siempre puede optar por un segundo tipo de mercado del trasto viejo (que como el de Sta. Coloma de Gramanet) donde vender objetos usados y pasar su precio por el regateo. También se puede concretar la propuesta en un mismo espacio un mismo día con dos franjas horarias distintas. Evidentemente estas cosas funcionan si la gente asume el principio y lo hace suyo y se saca de encima la educación especuladora con que socialmente desde críos se nos imbuye.

Benjamín Franklin aconsejó que para ser rico no era suficiente con ganar dinero sino que había que aprender a ahorrar. La propuesta de este mercado no es para hacer rico a nadie sino para divertirnos mas entre todos y articular un instrumento que pueda favorecer el reparto de cosas. Es una forma de gestionar los objetos y de darles más larga vida de la que en principio el cansancio –o el maltrato de sus usuarios- les permiten. La reutilización de las cosas es una variante del ahorro, en términos de ahorro colectivo de recursos.

 

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