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Inquilinos y caseros

Por JesRICART - 1 de Octubre, 2009, 20:10, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

Inquilinos y Caseros: dos formas de relacionarse con la propiedad 

Es una vieja historia: mucha gente compra apartamentos para vivir a cuenta de ellos alquilándolos o para tener un sobresueldo o segundas entradas de dinero. Hay quien es más astuto y lo hace con plazas de parquing que se cuidan a sí mismas siendo muy complicado echarlas a perder por torpes que fueran sus usuarios.  Otros, tras vivir una temporada en su apartamento comprado,  lo dan de alquiler al comprarse segundas propiedades. Hay países más dados al régimen de viviendas en alquiler. En otros (España entre ellos) mucha gente tiene prisa en hacerse propietaria de primeras viviendas a costa de largas hipotecas porque calcula que a la larga gastan menos como propietarios que como arrendatarios de por vida. Esos cálculos suelen estar equivocados y el síndrome propietista que  se deriva  de tener una seguridad material  no es tan claro cuando la soberanía de un espacio también somete a su propietario a una serie de servidumbres y limitaciones sobre todo en lo que se refiere a la libertad de  movimiento.

Hay muchas leyendas urbanas contra los caseros por sus precios abusivos  pero no son menos las que hay contra los inquilinos por sus impagos y sus malos usos de los espacios y materiales confiados. Comprendo que haya caseros que prefieran tener alojamientos vacíos a la espera de venderlos o de donarlos a alquilarlos cuando han tenido problemas graves con usuarios insolventes o premeditadamente impagadores. En la sociedad que ha mercantilizado la mentira en grado sumo no sorprende que todos se engañen a todos con una desfachatez extrema.

Le pregunto a un último inquilino (de habitación con opción a baño y cocina) que todavía conservo de una, suficientemente, larga colección de ellos, por objetos desaparecidos de la cocina y se hace el longuis. No sabe nada, no quiere saber nada. Hay una forma de hablar que he encontrado en no poca gente que consiste en no hablar, en hacer un exceso de gestualidad gratuita, en apartar la mirada, en revelar su sudoración y sus pupilas dilatadas. Miente, no hace falta que lo reconozcan. Un mentiroso se autodelata. Es suficiente para botarlo. Pero entre que se toma la decisión y se ejecuta suele pasar un intervalo en la que estás en peligro. El que no ha cumplido con su parte del trato puesto en evidencia puede rebotarse y vengarse de alguna forma.

El inquilino va de pobrecito. Paga por un espacio sin asumir nunca su responsabilidad, la deja para su propietario. Esto está tan metido en la cultura hispana que es vergonzante. No importa que un inquilino viva y sea el único que viva y use un apartamento durante un año o  un lustro o  una década, cuando se le rompe por su uso espera a que sea el casero el que se desplace expresamente al lugar para  arreglárselo. Olvida las reformas estructurales del edificio cuya responsabilidad es de este con las reparaciones de mantenimiento generadas por un uso equivocado o simplemente continuo.

Un inquilino después de pasarse media vida en una casa sigue teniendo la cara dura de decir no es mi casa que se ocupe el propietario de las reparaciones. Eso ha creado situaciones legales pintorescas en las que los dueños han tenido más gastos por propiedades alquiladas (IBI+mantenimiento) que por lo que han ingresado por ellas como neto por sus arrendamientos.

El perfil del inquilino moderno es el de quien  está de paso (de unos meses a unos años) a diferencia del de otras épocas que podía plantearse pasarse toda la vida de alquiler. Es raro que actualmente se arrienden locales o apartamentos sin detallar la última clausula por lo que hace a la renovación periódica del contrato. La falta de cobertura legal, en ocasiones para unos y en ocasiones para otros, ha preparado las bases conflictivas para encontronazos de ambas partes. Existe problemática desde el momento en que uno no se ocupa de los rotos que ocasiona y los deja para que lo arregle todo. Ese problema es una constante en la vida y en todos los ámbitos: desde el más doméstico y privado al más colectivo y público. Pero no acaba en lo dicho, existe además toda una problemática por revelar entre inquilinos de apartamentos en bloques que no se implican en las reuniones comunitarias. Lógicamente si ya es difícil que se impliquen sus propietarios hacerlo los inquilinos seria tomado como una injerencia en una competencia que aquellos tampoco asumen. Eso gesta una situación curiosa: bloques con 25 apartamentos habitados en su mayor parte y con propietarios conocidos y localizables en todos cuya rotación de la presidencia se los salta. El rol de presidencia de escalera si se asume con responsabilidad supone una dedicación de tiempo (llamadas a la gestoría, supervisión de los profesionales que vienen a hacer reparaciones, atender los vecinos que necesitan alguna información, escribir los avisos en el tablón de anuncios,…). En esta sociedad que nadie da nada si no esa cambio de algo no es extraño que muchas presidencias dejen pasar su temporada anual sin hacer nada. Esa desidia es otro de los muchos indicadores del individualismo ciudadano. Como  los propietarios ausentes con inquilinos, incluidos los que viven en la misma ciudad, no están se les salta en el turno rotatorio dándose la curiosidad de de que en un bloque de 25 o 30 vecinos en lugar de tocar el turno cada cuarto de siglo, toca cada 3 o 4 años porque por unas razones u otros los propietarios no se pueden o no quieren ocuparse de su turno. Pues bien todo se paga, que quienes no pueda asumir este rol lo deleguen en otros (incluso en sus inquilinos) que lo hagan, Es cuestión de cambiar costumbres negligentes por otras más efectivas. De otro modo el encaminamiento hacia un futuro aun más vil es imparable. Si eso no es posible, el casero ausente puede pedir o delegar a un vecino de su turno rotatorio y llegar a un acuerdo, incluso pagándole. Estamos de suerte hay vecinos jubilados que se pueden prestar a esa función en sustitución de otros vecinos que les toque por ley y no les apetezca.

Ni tenemos la personalidad correctísima del inquilino ideal ni tampoco la del casero. Las carencias de éste tampoco pueden excusar las de aquél. En todo caso  lo carero que pueda ser uno no excusa que el otro arremeta contra la materialidad del espacio de maneras vengativas. Las noticias de los inquilinos directos con los que he tratado (incluida una recomendada como amiga) no son  para ponerse a dar palmas. De los que me han hablado, bastantes de sus caseros tienen bastantes motivos de queja. Cuando fui inquilino que me tocaba pagar alquileres no tuve tantos conflictos con mis caseros como los que he tenido como casero con mis inquilinos.

Propuesta: 1. que todos los apartamentos con propiedad cumplan con su obligación anual en el turno rotatorio de la presidencia de comunidad o escalera, o se la deleguen a alguien. 2. Que los inquilinos asuman rotos domésticos que producen por su uso (incluso, uso correcto) sin dejarles un paquete de asuntos pendientes a los propietarios cuando devuelvan los espacios arrendados. Puesto que esto tiene pinta de carta idealista me retiro antes de ser lapidado. Las propuestas son propuestas, lo único que las hace fuerte es asumirlas por su validez pero eso sigue siendo  una disciplina muy arraigada de la ciencia ficción por el momento.

Aunque las de los inquilinos y las de los caseros son dos formas distintas de relacionarse con la propiedad el espacio y sus objetos merecen el trato correcto según el cual ponen en evidencia la educación o su falta por parte de quienes los usan a diario. Perdonar a unos porque no son los dueños y a otros porque se les supone más ricos es una majadería mas del inventario de curiosidades conceptuales.

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