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Octubre del 2009

La utopía engendrará otro futuro.

Por NéstorEstebenz - 28 de Octubre, 2009, 13:04, Categoría: Las PAREDES HABLANTES

 


La utopía engendrará otro futuro.

Utopía es esa palabra ambigua que todavía es ridiculizada por un tipo de visión muy bregada en los negocios de la vida y lo es porque se toma como sinónimo de idealismo simplista. Las versiones realistas se reclaman para sí la única capacidad posible para la verdad, enfrentando las situaciones tal como son y reconociéndolas en su invariabilidad. Cada vez que un hablante declara que las cosas son como son y que no se pueden cambiar porque siempre fueron así, además de mentirnos con respecto a la historia de la naturaleza y sus habitantes no comprendiendo sus procesos y cambios, le está confiriendo un poder de inmutabilidad a la realidad, tomando lo observado por invariable, tomando el flash de la instancia o el kine parado o el fotograma por todo el movimiento de una secuencia.. Esa posición es insostenible porque la vida es continuo cambio y la variabilidad continua es la constante reina: desde la climatología al envejecimiento.

Pretender que las tradiciones o las correlaciones humanas han de continuar siendo las mismas por que son las determinantes atávicas o por poderes superiores es colocarse en una posición subordinada ante el futuro general y ante el propio destino personal. Creer o no en la utopía como posibilidad social para el mundo, a partir de un programa de ideas y de valores por extender, pasa por creer en uno mismo, en la incorporación de tales cosas y principios en el quehacer personal y constante en la propia vida.

El gran ideal está estrechamente vinculado al yo real. Es un conflicto de uno consigo mismo atendiendo que la personalidad es un conglomerado contradictorio. Si el individuo se descarta como fuente de enunciados de renovación no se otorga la oportunidad de crecer en su poder y de decidir como un soberano ante su destino. En cambio, si se toma a sí mismo como un producto o una víctima de las circunstancias se desindividua para ser una consecuencia del afuera y de los demás. O decides por ti o deciden por ti. La utopía pasa por este dilema.

Tras las experiencias de múltiples movimientos reivindicativos se ha podido comprobar que a consecuencia de las reclamaciones y de las justas impugnaciones las cosas han cambiado. Poco o mucho han cambiando, siguen cambiando. La gran duda que nadie puede resolver en este momento es si su ritmo de cambio de superación va a ser lo suficientemente intenso como para neutralizar las degradaciones que también se dan coetáneamente. La situacion no es la de un solo proceso positivo Los resultados sociales son consecuencias de luchas a veces muy duras en la calle y otras dialectales en los foros de palabra a pesar de los laberínticos procesos parlamentarios. El proceso histórico es multilateral y no rectilíneo, no se representa por una linea ascensional sino por una sinoide irregular. Mientras en unos lugares se instauran avances en otros se sigue en la antípodas de los anhelos de superación. La democracia que habitamos es una estructura que llega a legitimar situaciones de caciquismos locales1 que en casos extremos se transpolarán a escala de estado. La paradoja de las democracias con el tipo de sistema electoral vigente es que van a ser mayorias conservadoras las que van a votar el relevo en el poder de nuevos regimenes tiránicos. El totalitarismo será consesuado socialmente. Los dictadores del futuro ni siquiera tendrán necesidad de hacer golpes de estado.

Mientras esta terrible perspectiva no se cumpla se puede seguir pensando en la hipótesis de una sociedad utópica que re-cree valores de paz y concordia universal, nunca del todo restaurados. El slogan a favor de ese otro futuro, mejor y alternativo, engendrado por la utopía tiene, por ahora, mas de poético que de político. La política ha dejado de ser el arte de posibilitar la libertad y los grandes logros humanitarios o, al menos, esa no es su principal característica a juzgar por tantas oleadas de arribistas y oportunistas que se aprovechan de sus cargos para enriquecerse a costa de agravios a sus conciudadanos.

El slogan tiene demasiada tinta optimista. Da por supuesto que existe un poderoso movimiento en marcha que brilla por su militancia idealista. No es así. Aunque constan las luchas radicales por el trabajo o por la vivienda está en duda si esas acciones preparan las conmdicioens potenciales para otro mundo. De otra parte es lógico que cada generación se preocupe de sus urgencias: el cobijo y los ingresos de sustento. En esa lucha del día a día no están exentos los economicismos y los reformismos parciales separados de una estrategia para otro mundo. La verdad es que una generación de relevo de los sueños utópicos de la anterior que no cumplieron tampoco tiene por que creer ser la abanderada de las generaciones futuras por nacer. Es una trampa ideológica por no decir un chantaje emocional. Mas bien cada generación pierde un poquito más los valores de la anterior. De esto ya se quejaba Hipócrates y han pasado bastantes siglos desde entonces. Si es así la capacidad de vanguardia para engendrar un futuro ideal tiende a la reducción en lugar del aumento. No hay proletarios ni estudiantes ni jóvenes ni nacionalistas que tiren como grupos del carro de la historia. Muchos de los enfrentamientos actuales que pasan por las reclamaciones de las nacionalidades están muy lejos de una estrategia de la utopía. Isaiah Berlin2 atribuía al nacionalismo logros magníficos y crímenes terroríficos.

La reescritura del slogan debe decir: si concurre la utopía suficiente engendraremos otro futuro mejor. Para toda hipótesis debe cumplirse una o varias condiciones. El futuro F será si y solo sí se cumplen las condiciones C. En los platillos de la historia, en esa balanza imparcial que los palacios de justicia todavía ostentan como escultura emblemática, uno pesa las acciones en pro de mejoras y cambios correctos, el otro contrapesa los sabotajes, las destrucciones, los engaños. El slogan toca leerlo, al fin, en clave condicional: la utopía engendraría otro futuro imaginado. Lo engendrá siempre que esa utopía concurra, se haga visible, tenga fuerza. Lo que convierte una idea en un hecho aplicado es que su protagonista la lleve a cabo. Lo que convierte la concepción de un mundo ideal en un hecho irreversible es que sus protagonistas en masa la lleven a termino vigilando que asi sea. Mientras a la mayoría siga aceptando existencias impuestas, dominadas y negadas en sus atribuciones potenciales, la utopía seguirá siendo la utopía.

En un país como España, en un solo año fueron consignados (la noticia mediática decía que investigados) 4 millones y medio de delitos. Para una país de menos de 50millones la ratio es espeluznante. El arco de la delincuencia (y peridelincuencia) va de los pequeños hurtos de los carteristas sin intimidación a los grandes desfalcos por tipos corruptos que van(o iban) de señores de la política y de la patria. Lo que demuestra la realidad plural, esa tan afamada por la democracia elogiada como estado de derecho-etcetéra, da amparo a toda una chusma de manipuladores que son un estorbo para el progreso. La previsión del futuro será de un panorama mas carcelario con mas numero de situaciones y personas sometidas bajo control. Invertir tiempo y reflexión en este debate puede contribuir a la degradación de la esencia humana.

1Todavia los recortes de reportajes del finado excalde de Marbella: Gil y Gil de gili hieren a la sensibilidad del espectador cuando tamaño manipulador, corrupto y tirano pudo escalar un puesto institucional como el suyo. El hecho de que sea un muerto, para fortuna de los demás, no le quita el desprecio reditual que dejara por el máximo reconocimiento que se le pudiera dar.

2Autor de El sentido de la Realidad. Sobre las ideas y su historia.


Los falsos imprescindibles en política.

Por NéstorEstebenz - 21 de Octubre, 2009, 19:53, Categoría: COYUNTURAMA

El acusado sentido de la imprescindibilidad en politica.

 Cuando un militante destacado entra en disonancia con las filas de su partido (entiéndase: con su dirección) y abandona la política bajo su sigla declara su amor por la lucha y su abnegación en continuarla porque el pueblo es lo primero y varios etcéteras. Ese tipo de declaración alega que la conciencia política no tiene una vuelta atrás y que lo importante es la lucha por una causa social noble. Al tiempo, el declarante ha sido engullido por el anonimato y razones personales apoyadas por una crisis ideológica barren la huella del que ha sido abandonado, excluido o autoexcluido. Y es que la política quema mucho como suele decirse y no hay salario que pague hacer de titular gubernamental aguantando cataratas de broncas injuriosas. Comparativamente es preferible contratarse como mono de feria para recibir pelotazos de la muchachada o perdigones de escopetas de balines.

Sirvámonos del caso de Nebrera cuyo contenido de un libro anunciado por distribuir es desde días antes impugnado y amenazado con querellas por transcribir una declaración del expresidente gubernamental del PP que afirmó de la sociedad catalana estar enferma. Antes de que el susodicho, Asnar por supuesto, haya replicado, los de su partido ya se han apresurado a negar que lo dijera.   Un partidista que estuvo presente en ese encuentro en el que el presi le dijo a Nebrera lo de los catalanes enfermos, contra atestigua que lo que en realidad dijo era que el debate estaba enfermo. ¡Ah vale! Eso ya lo salva ¿lo salva? Por su parte la presidente de este partido en Catalunya, un partido  dado a desfalcos y fraudes y a la critica destructiva  de la impugnación permanente sin ofrecer soluciones, (la de la quijada prominente, no recuerdo su nombre),envidiosa tal vez del atractivo facial de la que se va, le da la razón de facto a ésta por las criticas que hace al PP por el sucursalismo de su sede en Catalunya y cabe suponer en el resto de nacionalidades, afirmando que esa es la estructura de este partido y lo toma o lo deja. Los partidos políticos son empresas basada en la ejecutividad jerárquica. Cualquiera que presente un punto de vista crítico incluso dentro de la línea de partido puede ensombrecer el estrellato de los líderes autorizados.

 La que se  va de este partido pues no anda tan desencaminada.  Bienvenida al campus del sinpartidismo (ni se te ocurra intentar otra sigla más, ni tienes carisma ni fuerza organizativa para formar otro grupo. Además, la sociedad anda sobrada de la actual abigarrada estela de la clase política como para distraerse con otras opciones de  centro-derecha). La clase política no pasa de  unos miles de individuos

Cada cual a su manera, con su propia experiencia y pertenezca a un grupo u otro, advierte que quienes tienen el poder en un país no son tantos y que ni siquiera son los partidos los que ostentan el suyo sino sus cúpulas dirigentes esperando de sus adherentes la función de clacas y poco más.

Analicemos el detalle del nuevo conflicto del PP. Asnar no es una figura de crédito dado su haber en mentiras a toda la sociedad española en su época de mandato. En estos momentos debería estar pagando con cárcel lo que hizo entonces en lugar de ser invitado a dar conferencias para seguir extendiendo su posición de trolero.

Al PP se le ve el plumero. ¿a qué cuento viene esa negativa tan rotunda de una declaración por lo demás cierta pero no por las luces del mentiroso sino por un hecho antropológico incontestable? La sociedad está enferma y en consecuencia lo están sus representaciones, sus debates, sus registros, sus instituciones, sus gentes. La Dra Rauni Kilde informa de la  manipulación que se hace de la información de la enfermedad de la gripe porcina. Continuamente está circulando contra información desmintiendo las informaciones dadas con las que ser tuvo engañada a la sociedad por largos periodos. Para el tema de lo que la escisionista dijo que dijo el otro lo de menos es la frase concreta. La constatación es que la sociedad está enferma en su conjunto, como sistema de organización colectiva de la existencia y de la historia. Si no lo estuviera ¿a qué viene tantos alarmismos para reciclar una gripe que sirva para promocionar dependencias farmacológicas? ¿cómo explicar si no la perpetuación de una sociedad tan escindida y fratricida? ¿Por qué tantas diplomacias que no enfrentan verdades archiconocidas con tristes papeles a lo Moratinos visitando Cuba para decir nada? Lo lesivo de esta otra aznariedad transcrita  es decirlo de la sociedad  catalana y no atribuírselo a la española o a la mundial. Es un agravio comparativo que le hace un flaco favor a la imagen de este tipo y por añadidura a la de su partido.  Conociendo lo que ha dado de sí el del bigotito no me extraña que lo que se le atribuye sea suyo, tampoco creo que la transcriptora de tal declaración supusiera el revuelo que se armaría con hacerlo y es que la verdad, toda verdad ,cualquier verdad, levanta  fístulas y despierta volcanes por la epidermis de los partidos entrenados en mentir confundiendo la copación de los resortes mediáticos  (ser la autoría de los titulares a diario) con la lucha política (la construcción de soluciones de vida, dentro o fuera del gobierno).

Pero esos elementos de análisis son el aspecto menor de la cuestión. Lo que tiene interés psicológico -aunque sea mínimo el que tenga para la política partidista- es que alguien más o menos destacado dentro de un partido y con una carrera en marcha en el parlamento, con algunas declaraciones en su haber, ruedas de prensa, artículos y ponencias, se crea un sujeto destacado en las arenas reformadoras de la historia. En particular cuando la susodicha admite que mucha de la labor parlamentaria era a fondo perdido porque no se trabajaba con ningún espíritu de colaboración.

¿A qué viene este espíritu de patriotas indispensables? Si de algo anda sobrado un país es de gente. Lo que no hace uno, lo hace otro o lo podrá hacer un tercer. La sustituibilidad es el primer criterio a aprender en la militancia y por ende en la vida. Nadie es verdaderamente importante para nadie salvo para los cuatro afectos más inmediatos.  Las historias de los partidos demuestran que los líderes entran en desgracia y caen en picado saliendo del escenario público, a veces con razones tan peregrinas como dar paso a nuevos rostros. Es decir a los que ambicionaban el poder de los anteriores.

Quienes no andamos metidos en política, en el sentido clásico de la palabra, encuadrados en  un partido u otro, y entendemos la calidad de vida no participando de las mentiras sociales ni de los juguetes del consumo,  se nos objeta cuestionar tal como va la política porque bastante hacen los que se empeñan con ella. ¿Bastante? ¡por favor! Se nos viene enredando mientras van pasando los años y la casa sigue sin barrer en el sentido real y no solo metafórico de la frase. En algunas ciudades han sido necesarios  35 años tras la dictadura de otros 40 para mejorar aspectos urbanísticos y ofrecer recursos asistenciales y culturales a la mayoría.

De la etapa democrática española tampoco hay tanto a destacar por lo que hace al trato humano y a la calidad de la vida. Las inversiones en equipamientos y en maquear zonas urbanas son lo más destacable pero el tan anunciado otro modelo socio-económico queda en una entelequia por aclarar.

Los  que priorizamos nuestras vidas privadas a las vidas públicas de faranduleros y celebrities sin llevar al día las cuentas de nadie las coyunturas no nos cogen por sorpresa. El día a día en política es más de lo mismo aunque siempre toca reconocer pinitos de logros aquí y allá.

A  veces practico la lectura de periódicos de años atrás que se quedaron traspapelados en casa. Es la misma película parcheada con pocas diferencias.

Espacio de Trueque

Por JesRICART - 14 de Octubre, 2009, 9:38, Categoría: PROPUESTAS

Espacio Popular de Trueque.

La sociedad de consumo masivo viene produciendo enormes cantidades de materiales que aun siendo útiles para el uso cansan a sus usuarios y se deshacen de ellos. Se puede definir al consumidor moderno como un devorador de objetos de todo tipo que tras tenerlos una temporada los desecha. Esta característica recarga los basurales en un momento en el que las políticas de reciclaje no están suficientemente consolidadas. Tanto las empresas, las instalaciones como las familias generan restos que van acumulando sin que nunca haya tiempo para repararlos o buscarles una salida hasta que son despreciados definitivamente. La imagen de rebuscadores en los containers de basura en las grandes ciudades se ha hecho famosa. Esa imagen que hace coincidir a indigentes, parados y jubilados es una de tantas que demuestra la incapacidad auto organizativa de toda una sociedad para no empujar la conducta a extremos indignos.

Una solución tan sencilla como la creación de un espacio de trueque es una inyección de vitalidad para cada localidad o barrio que la instrumente. Puede articularse como iniciativa particular (desde asociaciones vecinales o partidos de la ciudadanía) o como iniciativa institucional desde ayuntamientos o ayuntamientos de distrito.

Todo el mundo sabe lo que es el trueque pero no está de más recordarlo: remite a una forma primaria comercial en la que un objeto es intercambiado por otro o por otros varios. Son objetos excedentarios o rechazados que ya no sirven para una persona pero que le pueden servir a otra.

Imaginemos un espacio de este tipo y las cuantiosas ventajas que puede contener. Es un espacio cívico que permite la relación intervecinal. Una forma de vehiculizar objetos que ya no tienen el menor sentido para quien los posee pero todavía pueden tener una larga vida en manos de otras personas. Es una deferencia pues para los mismos objetos y el trabajo que costó hacerlos que en manos mas cuidadosas o poseídos por otras personas con más tiempo pueden darles una continuidad tras una pequeña reparación.

El trueque fomenta la negociación del valor de las cosas prescindiendo de su precio antiguo o su posible precio actual como artículo en el mercado de trinca. Además del formato aparente de distintos puestos con gente de la de cada día, no experta en mercantilidades ni especulaciones, llena el evento de curiosidad y fiesta.  Desde el punto de vista práctico no es necesaria ninguna infraestructura. Asignar una plaza neurálgica en una zona y anunciarlo con un cartel difusivo y conmemorativo además de hablar de la idea por los medios es suficiente. Será necesario contar con la responsabilidad de los trocadores para que no dejen el espacio hecho una pena de sucio tras su paso, como suelen hacer los vendedores ambulantes de los mercados semanales que dan por supuesto que la limpieza es cuestión de la brigada que tiene que ir a trabajar tras su paso y no un tema de cada uno.

Nada impide definir un día para este tipo de acto. Puede empezar siendo una vez cada tres meses por lo de seguir el ritmo de una cita estacional o una cada mes. La gente tiene más cosas de la que se puede desprender incluso de lo que reconoce.

¿Por qué el trueque? Los economistas nos han instruido para que digamos que el trueque forma parte de los antiguos estilos de economía primitiva en la época premonética. No discutiremos eso pero no les haremos caso por lo que hace a que toda operación comercial haya que pasarla siempre e inevitablemente por el dinero.

Un espacio de trueque además de la función concreta de reutilizar objetos en otras manos que los valoren proporciona la posibilidad de resucitar un discurso al que la sociedad capitalista no es muy dado: el de relacionarse con las cosas por lo que sirven y por su valor personalizado no por su accesibilidad de precio. Es completamente distinto un espacio de compraventa a uno de trueque. En este hay un elogio latente a la conservación de cada cosa en sí, en aquel hay una pretensión de ganar, poco o mucho, dinero. Pero haber si una cosa la has usado todo lo que has podido y mas ¿Cómo te atreves a pedir por ella lo que te costó o, lo que es peor, pedir más para beneficiarte? Bueno espero que los anticuarios me perdonen porque es lo que hacen: conservar durante décadas o medio siglo objetos para venderlos a precios astronómicos en comparación a su precio-origen. Muchos de ellos eran objetos vulgares pero que la reducción de sus unidades ha puesto sus precios por las nubes. Un mercado de trueque no es para convocar a profesionales del comercio en sus distintos subgremios sino es convocar una fiesta con el trato. Eso descarta a rebuscadores profesionales de los  encantes y negociantes instintivos de baja ralea. A diferencia de cualquier tipo de mercado de compra venta que busca sobre todo el beneficio o la compensación al trabajo realizado, el de trueque busca el servicio. Se puede enmarcar bajo un doble criterio: cambiar aquello de lo que te quieres desprender por algo que puedas necesitar o bien regalarlo. Si no cabe ninguna de las dos opciones el trocador puede volver a su casa con el trasto del que no se ha podido deshacer.

Un espacio de trueque con estas características configuraría ese momento como una versión original y divertida muy distinta a cualquier otro tipo de espacio para las transacciones de cosas. Las objeciones al trueque son múltiples y no en vano la economía evoluciono a la financiera de la que somos víctimas todos los consumidores pero se le podrá reconocer su doble interés por lo que a comunicación social se refiere  y por su valor medioambientalista por lo que a conciencia ecológica incrementa.

Para quien no tenga nada que intercambiar (o excepcionalmente regalar) siempre puede optar por un segundo tipo de mercado del trasto viejo (que como el de Sta. Coloma de Gramanet) donde vender objetos usados y pasar su precio por el regateo. También se puede concretar la propuesta en un mismo espacio un mismo día con dos franjas horarias distintas. Evidentemente estas cosas funcionan si la gente asume el principio y lo hace suyo y se saca de encima la educación especuladora con que socialmente desde críos se nos imbuye.

Benjamín Franklin aconsejó que para ser rico no era suficiente con ganar dinero sino que había que aprender a ahorrar. La propuesta de este mercado no es para hacer rico a nadie sino para divertirnos mas entre todos y articular un instrumento que pueda favorecer el reparto de cosas. Es una forma de gestionar los objetos y de darles más larga vida de la que en principio el cansancio –o el maltrato de sus usuarios- les permiten. La reutilización de las cosas es una variante del ahorro, en términos de ahorro colectivo de recursos.

 

Fuera de Grupo

Por NéstorEstebenz - 13 de Octubre, 2009, 14:54, Categoría: DEBATE SOCIAL

Fuera de Grupo. Del sinpartidismo a la fuerza disoluta.

Para entender el lugar del pensante por libre en una sociedad ya sin retos de superación rotundos por los que empeñarse hay que remontarse a un pasado no tan lejano en el que la teoría social dominante para cambiar el mundo era la de la lucha organizada. Sin movimiento revolucionario organizado no había perspectiva de solución social posible. Ahora, en un impresionante panorama organizativo de un movimiento de solidaridad esencialmente fraccionado por decisión propia, asistimos a un mundo sin mayores perspectivas de futuro que el del siglo anterior. Posiblemente el pasado tuvo pensadores más optimistas que el presente. Al menos no hubo tantos motivos para desesperar del futuro o dejar de creer en las alterativas. Si comparamos el principio del siglo XXI con el del XX con F.Ferrer i Guardia y su teoría y praxis de la escuela moderna la pedagogía actual no está tan adelantada como entonces. Si es cierto y lo es que la mejor inversión en personas preparadas para el mañana es la de la educación el fracaso continuo en la actualidad y el propio reaccionarismo del movimiento estudiantil en aceptar formas más compromisarias con el estudio y el saber.

El desiderátum autodidacta y los recursos prestados por otros (por las variables sociales) es indispensable para la formación del individuo y su  dedicación a la construcción de su ser.  Antiguamente  muchos estimaban que el individuo no era nada y el colectivo social lo era todo. Después de ver tatas experiencias en las que ha sido sacrificada la libertad individual y burlada la dignidad de la persona en aras a las grandes palabras de lo societario el planteamiento del yo soberano ha sido rehabilitado como la primera de las instancias para la implantación de la justicia. La tendencia aún vigente de la melancolía de aquellos tiempos en que la abnegación para el grupo o el partido creaba una camaradería y una adhesión a una especie de familia alternativa ya ha dejado de ser lo predominante. Goran Paskaljevic, el realizador serbio de Optimistas basado en Cándido de Voltaire, sostiene que la vuelta al pasado es algo enfermizo, aunque inevitablemente todo aquél que tiene un pasado en el que vivió sueños y experiencias de grupo mejores que su presente de individualismo aun siendo para su complacencia sensorial lo echará en falta o lo reclamará.

Los itinerarios de militancias que pasaron por varios grupos y proyectos de grupo con resultados nada triunfales y poco espectaculares dejaron el saldo de adultos frustrados perfectos indicativos de una generación castrada. Posiblemente cada generación demuestra los errores de sus juegos al no hacer más que cumplir con las tópicas leyes: crecer y multiplicarse. Lo otro, la creación de modelos de vida originales pasaron al balance de los desastres. De un siglo, el XX, con asociaciones con miles de afiliados interesados en el debate y en la transformación de las cosas, se ha pasado a otro, el XXI, que unas docenas de marionetas de sus ambiciones, cubren la práctica totalidad de la farándula política. La sociedad está mucho menos politizada ahora que hace cien años. Esto es la consecuencia lógica del descrédito de la clase política en su conjunto y de movimientos sociales cuyas conquistas dieron lugar a etapas posteriores de degradación social. El sinpartidismo ha sido consecuentemente un efecto inevitable tras la reproducción de los mismos errores sociales en estructuras jerarquizadas de partido. Actualmente es una vergüenza estar afiliado a uno u otro partido del panorama político (incluidos los partidos de izquierda) desde el momento en que al individuo se le sigue tratando como número por no decir como lacayo o seguidista sin tenerlo en cuenta como pensante y crítico. Tanto es así que en cuanto un miembro de un partido se atreve a opinar de manera distinta a su líder y tal opinión trasciende a los ecos mediáticos se habla de crisis o de escisión. Incluso en asociaciones no partidistas como alguna dentro del campo del ecologismo[1] también opinan que solo puede haber una voz pública y un portavoz.

El sinpartidismo tanto en el sentido de la militancia como desde la opción electoralista demuestra una falta de adhesión e identificación. Hay dos problemas: no hay partidos en los que confiar y a los que apoyar para que puenteen soluciones a escala de nacionalidad o de estado. El segundo problema es que tampoco hay lideres nominales concretos por los que arriesgarse en defender. De hecho, los partidos existentes en lugar de ser canteras para la gestación de estos los frenan como hipótesis. Los partidos son los primeros interesados en limitar la nomina de sus líderes estatales a unos pocos, a uno en realidad, por temor a que la pluralidad de ellos genere discrepancias. Es un bloque metodológico: lo que cada partido defiende en sus programas en cuanto a una sociedad plural sigue sin aceptarlo en sus propias filas, ya que la discrepancias y las multitendencias son propias de la pluralidad sin que por eso se tengan que romper los partidos a no ser que personalismos muy desconsiderados se antepongan a la reunión de esfuerzos por causas comunes.

Las bases electorales siguen pensando en términos de fuerzas de partidos para gestionar mejor la sociedad olvidando que una gran parte de calamidades existenciales no son producidas por las decisiones políticas sino por las tendencias espontáneas económicas en el mercado del que en principio nadie está excluido sino todo lo contrario está excitado para participar activamente en el mismo.

Las sociedades democráticas se caracterizan más por su institucionalidad que por la tolerancia. Las posiciones teórico-conceptuales cuanto más críticas son menos son consentidas. Las derechas y las izquierdas consienten en coincidir en el frente común de las mentiras que disculpan la realidad. Las batallas verbales, que no son auténticos debates, se nutren de prestidigitaciones y desprestigios mutuos. El problema es que la sociedad tampoco supera eso. Necesita referentes-pater que le saquen de los atolladeros. Los abucheadores que silban a presidentes de gobierno por su gestión gubernamental responsabilizando de una crisis económica coproducida por millones de personas implicadas en la codicia individualista solo demuestra la falta de sentido común y de formación política de los que protestan por protestar. Sin tolerancia no hay libertad, es su condición previa, pero a la vez ya no todo es tolerable ni en las licencias del hacer ni en las del decir (ni drogas ni mentiras). Lo malo es que no existe un movimiento de base por la autentificación así como tampoco hay un cuerpo de verdades tan delimitado. Sospechamos que la verdad de hoy es la mentira del mañana y que toda verdad admitida no es más que una mentira por descubrir. Es cierto no hay verdades eternas pero las mentiras que nos preocupan no son las del futuro en cuanto se demuestre la insostenibilidad de tesis que artes había funcionado como verdades sino las de ocultación de datos, los fraudes concretos y actuales, las acusaciones infundamentadas.

Para un punto de vista in crescendo ni queremos ni tendremos líderes. No los necesitamos. Ni tenemos ni tendremos partidos, ya los tuvimos y nos fallaron  o fallamos todos formando parte de sus organizaciones. Para Voltaire la tolerancia ya era un concepto tramposo porque se convertía en una concesión al poderoso, ahora podríamos añadir al retrógrada genérico  incluido en el paquete.

Antes tener partido significa tomar parte ante los acontecimientos y a favor de una línea para intervenir en ellos. El partido significaba grupo organizado y esto implicaba fuerza. Las ideas de libertad y realización que el individuo no podía llevar a término por si mismo podía tratar de llevarla a termino coincidiendo con el partido que las tenía, la aritmética era sencilla. Se vio que un partidismo negaba la voluntad del individuo y callaba su potencial de critica al temerlo en sus opiniones discrepantes siendo el resultado final peor en la afiliación a una sigla que no en la afiliación a ninguna. Las sucesivas crisis partidistas dieron paso a distintas formas de cooperaciones organizativas más laxas. Otros exmilitantes tras colaboraciones de décadas en programas y partidos optamos por estar fuera de todo grupo y seguir la propia conciencia y las prácticas de intervención en la medida de nuestras posibilidades. El resultado inevitable fue y sigue siendo el de la fuerza disoluta. Hay millones de personas que no estamos de acuerdo con la sociedad que nos toca sufrir pero no nos buscamos para organizar proyectos efectistas para implementar soluciones. Hay una crisis misma de confianza y de proyectos que solo necesitarían el concurso comunitario para que tuvieran éxito. Tras la desacreditación de siglas, proyectos, líderes, arribistas y multitud de militantes de temporadas sigue quedando vivir y luchar por cuenta propia, por individual y mínima que sea. La sola vida es ya una lucha por una mejor calidad existencial, mas verdades en los archivos y su mayor reconocimiento. Finalmente, todo lo más que puede ser dado es la razón, la implantación de otro orden social costará bastante más.



[1] Para mi sorpresa ates de llegar a una reunión de coordinadora en Girona, los otros dos compañeros de Acción Ecologista a los que acompañaba,dijeron que su costumbre era hablar uno solo para no entrar en contradicciones frente a los demás. Esa fue una razón sobrada para perder mi interés en seguir colaborando con ese grupo.

Inquilinos y caseros

Por JesRICART - 1 de Octubre, 2009, 20:10, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

Inquilinos y Caseros: dos formas de relacionarse con la propiedad 

Es una vieja historia: mucha gente compra apartamentos para vivir a cuenta de ellos alquilándolos o para tener un sobresueldo o segundas entradas de dinero. Hay quien es más astuto y lo hace con plazas de parquing que se cuidan a sí mismas siendo muy complicado echarlas a perder por torpes que fueran sus usuarios.  Otros, tras vivir una temporada en su apartamento comprado,  lo dan de alquiler al comprarse segundas propiedades. Hay países más dados al régimen de viviendas en alquiler. En otros (España entre ellos) mucha gente tiene prisa en hacerse propietaria de primeras viviendas a costa de largas hipotecas porque calcula que a la larga gastan menos como propietarios que como arrendatarios de por vida. Esos cálculos suelen estar equivocados y el síndrome propietista que  se deriva  de tener una seguridad material  no es tan claro cuando la soberanía de un espacio también somete a su propietario a una serie de servidumbres y limitaciones sobre todo en lo que se refiere a la libertad de  movimiento.

Hay muchas leyendas urbanas contra los caseros por sus precios abusivos  pero no son menos las que hay contra los inquilinos por sus impagos y sus malos usos de los espacios y materiales confiados. Comprendo que haya caseros que prefieran tener alojamientos vacíos a la espera de venderlos o de donarlos a alquilarlos cuando han tenido problemas graves con usuarios insolventes o premeditadamente impagadores. En la sociedad que ha mercantilizado la mentira en grado sumo no sorprende que todos se engañen a todos con una desfachatez extrema.

Le pregunto a un último inquilino (de habitación con opción a baño y cocina) que todavía conservo de una, suficientemente, larga colección de ellos, por objetos desaparecidos de la cocina y se hace el longuis. No sabe nada, no quiere saber nada. Hay una forma de hablar que he encontrado en no poca gente que consiste en no hablar, en hacer un exceso de gestualidad gratuita, en apartar la mirada, en revelar su sudoración y sus pupilas dilatadas. Miente, no hace falta que lo reconozcan. Un mentiroso se autodelata. Es suficiente para botarlo. Pero entre que se toma la decisión y se ejecuta suele pasar un intervalo en la que estás en peligro. El que no ha cumplido con su parte del trato puesto en evidencia puede rebotarse y vengarse de alguna forma.

El inquilino va de pobrecito. Paga por un espacio sin asumir nunca su responsabilidad, la deja para su propietario. Esto está tan metido en la cultura hispana que es vergonzante. No importa que un inquilino viva y sea el único que viva y use un apartamento durante un año o  un lustro o  una década, cuando se le rompe por su uso espera a que sea el casero el que se desplace expresamente al lugar para  arreglárselo. Olvida las reformas estructurales del edificio cuya responsabilidad es de este con las reparaciones de mantenimiento generadas por un uso equivocado o simplemente continuo.

Un inquilino después de pasarse media vida en una casa sigue teniendo la cara dura de decir no es mi casa que se ocupe el propietario de las reparaciones. Eso ha creado situaciones legales pintorescas en las que los dueños han tenido más gastos por propiedades alquiladas (IBI+mantenimiento) que por lo que han ingresado por ellas como neto por sus arrendamientos.

El perfil del inquilino moderno es el de quien  está de paso (de unos meses a unos años) a diferencia del de otras épocas que podía plantearse pasarse toda la vida de alquiler. Es raro que actualmente se arrienden locales o apartamentos sin detallar la última clausula por lo que hace a la renovación periódica del contrato. La falta de cobertura legal, en ocasiones para unos y en ocasiones para otros, ha preparado las bases conflictivas para encontronazos de ambas partes. Existe problemática desde el momento en que uno no se ocupa de los rotos que ocasiona y los deja para que lo arregle todo. Ese problema es una constante en la vida y en todos los ámbitos: desde el más doméstico y privado al más colectivo y público. Pero no acaba en lo dicho, existe además toda una problemática por revelar entre inquilinos de apartamentos en bloques que no se implican en las reuniones comunitarias. Lógicamente si ya es difícil que se impliquen sus propietarios hacerlo los inquilinos seria tomado como una injerencia en una competencia que aquellos tampoco asumen. Eso gesta una situación curiosa: bloques con 25 apartamentos habitados en su mayor parte y con propietarios conocidos y localizables en todos cuya rotación de la presidencia se los salta. El rol de presidencia de escalera si se asume con responsabilidad supone una dedicación de tiempo (llamadas a la gestoría, supervisión de los profesionales que vienen a hacer reparaciones, atender los vecinos que necesitan alguna información, escribir los avisos en el tablón de anuncios,…). En esta sociedad que nadie da nada si no esa cambio de algo no es extraño que muchas presidencias dejen pasar su temporada anual sin hacer nada. Esa desidia es otro de los muchos indicadores del individualismo ciudadano. Como  los propietarios ausentes con inquilinos, incluidos los que viven en la misma ciudad, no están se les salta en el turno rotatorio dándose la curiosidad de de que en un bloque de 25 o 30 vecinos en lugar de tocar el turno cada cuarto de siglo, toca cada 3 o 4 años porque por unas razones u otros los propietarios no se pueden o no quieren ocuparse de su turno. Pues bien todo se paga, que quienes no pueda asumir este rol lo deleguen en otros (incluso en sus inquilinos) que lo hagan, Es cuestión de cambiar costumbres negligentes por otras más efectivas. De otro modo el encaminamiento hacia un futuro aun más vil es imparable. Si eso no es posible, el casero ausente puede pedir o delegar a un vecino de su turno rotatorio y llegar a un acuerdo, incluso pagándole. Estamos de suerte hay vecinos jubilados que se pueden prestar a esa función en sustitución de otros vecinos que les toque por ley y no les apetezca.

Ni tenemos la personalidad correctísima del inquilino ideal ni tampoco la del casero. Las carencias de éste tampoco pueden excusar las de aquél. En todo caso  lo carero que pueda ser uno no excusa que el otro arremeta contra la materialidad del espacio de maneras vengativas. Las noticias de los inquilinos directos con los que he tratado (incluida una recomendada como amiga) no son  para ponerse a dar palmas. De los que me han hablado, bastantes de sus caseros tienen bastantes motivos de queja. Cuando fui inquilino que me tocaba pagar alquileres no tuve tantos conflictos con mis caseros como los que he tenido como casero con mis inquilinos.

Propuesta: 1. que todos los apartamentos con propiedad cumplan con su obligación anual en el turno rotatorio de la presidencia de comunidad o escalera, o se la deleguen a alguien. 2. Que los inquilinos asuman rotos domésticos que producen por su uso (incluso, uso correcto) sin dejarles un paquete de asuntos pendientes a los propietarios cuando devuelvan los espacios arrendados. Puesto que esto tiene pinta de carta idealista me retiro antes de ser lapidado. Las propuestas son propuestas, lo único que las hace fuerte es asumirlas por su validez pero eso sigue siendo  una disciplina muy arraigada de la ciencia ficción por el momento.

Aunque las de los inquilinos y las de los caseros son dos formas distintas de relacionarse con la propiedad el espacio y sus objetos merecen el trato correcto según el cual ponen en evidencia la educación o su falta por parte de quienes los usan a diario. Perdonar a unos porque no son los dueños y a otros porque se les supone más ricos es una majadería mas del inventario de curiosidades conceptuales.

En manos de los profesionales

Por YASHUAbcn - 1 de Octubre, 2009, 13:10, Categoría: General

En manos de los profesionales.

Un profesional es un especialista en su materia. Evidente Watson. Las casas veteranas en lo que sea citan las décadas que llevan en un campo profesional como argumento indicativo de que son expertos en el tema por el que se ofrecen. Aguas incluso utilizan la condición de páretela (hijos de…) para garantizar que el servicio sigue estado en el linaje y en un estilo.  Los periódicos, las universidades y los hospitales  también citan su fecha fundacional. En resumen, el número de años de dedicación a algo es tomado como un dato que supuestamente corrobora experiencia. Metodológicamente esto es una falacia porque se pueden tener muchos años en una dedicación y haberla dedicado a hacer chapuzas. Para la mayoría de situaciones, un usuario no pregunta el tiempo de experiencia de quien contrata para que le haga un trabajo de fontanería, cerrajería, albañilería o pintura; se pone en sus manos confiando en que se lo hará bien o de acuerdo con lo indicado. Suele ocurrir que no es tras el trabajo consumado que lo indicado se presenta como una orden llena de ambigüedades. Tú no le dices a alguien que te venga a poner un azulejo que lo ponga entero, lo das por supuesto, o que venga a poner una cerradura centralizada en la puerta corredera de aluminio que la ponga vertical, lo das por supuesto. Tras el trabajo hecho porque has tenido la suficiente confianza en dejar solo al operario te encuentras con su error. Encima te desarregla otra cosa. Personalmente me da mucho apuro, incluso vergüenza, llamar por teléfono a un profesional para decirle que lo encargado –y obrado- lo hizo mal y que vuelva a rehacerlo. Cuando he pasado por eso me encontrado que después de una tercera vez de que el profesional, es decir el supuesto profesional, intentara arreglar una avería y no lo consiguiera, lo daba por inútil y no volvía a insistir. La lección fue la siguiente: acabas perdonando al inútil, por inútil. Esa etiqueta no deja en buen lugar al que lo ha hecho mal, pero una vez lo ubicas tratarás de no caer nunca más en sus manos y, desde luego, no se lo recomendarás a nadie.

La mínima deontología del profesional le exige –le debería exigir- dejar las cosas bien hechas, pues es su mejor forma de auto promocionarse. Parece que eso ya no es el estilo de muchos porque a pesar de hacerlo mal otros clientes caen atrapados en su telaraña y le hacen encargos, que serán, no hay que dudarlo, nuevas remesas de chapuzas. Hay un factor sociológico, el de la inmigración, que puede tener que ver con ese asunto. Los inmigrantes necesitan trabajar y se gremializan según las demandas del mercado. Se pasan por expertos sin serlo y van aprendiendo el oficio, si lo aprenden, a costa de los usuarios que pagamos por trabajos inacabados o malhechos, tanto, que generan gastos extras contratándolos, hasta encontrar a un operario alternativo que de verdad sepa lo que se hace y resuelva un problema. Por supuesto todo el mundo tiene derecho a vivir y trabajar pero no a hacer de impostor y pasarse por lo que no se es.

El tema todavía es más complejo cuando profesionales que van de tales, también siendo del país, salen la mar de contentos tras una chapuza realizada y cobrándola por trabajo perfecto. Mi talante no es el de estar detrás de un operario observándolo como trabaja, tengo mi propio trabajo. Puedo dejarlo al lado haciendo su faena mientras yo estoy en el cuarto de trabajo contiguo haciendo la mía. Para cuando lo ha terminado a la primera ojeada parece que está en regla, dos días después la cosa no funciona. Hay errores como agujeros mal hechos en los perfiles de metal que no se pueden subsanar.

Otros trabajos que son para la comunidad de vecinos el operario llega y repara sin pasar por el visto bueno del responsable (generalmente el presidente de la escalera o el gestor). Facturará por el trabajo sin que nadie se lo revise y le dé su conformidad.

Un trabajo no es un tiempo de dedicación a hacer o aparentar que se hace algo, un trabajo es una actividad para producir un resultado que resuelva una situación según lo previsto. Toca repasar el vocabulario para hablar con propiedad y exactitud de cada cosa. Puedo empatizar con los empresarios (algunos) que les duele pagar a empleados perfectamente inútiles, aunque eso sí explotados –de acuerdo con la literatura sindicalista- y dedicados todo el día a ocupar un puesto, ocupar –digo- no hacer algo positivo en él. Estoy de suerte, no tengo una empresa con empleados, pero puntualmente y para temas concretos sí debo contratar algunos (domésticas de limpieza y operarios para reparaciones). Estoy en deuda con ellos por la casuística de relatos que me llevaron a escribir. No seré yo quien haga una subscripción popular a favor de levantarles un monumento pero sí les reconoceré sus habilidades para la ineficacia que obligan a que las cosas se hagan por duplicado (perdón por todos aquellos que son la excepción a esta inercia en el hacer, es decir en el no hacer bien las cosas).

Vivimos tiempos de estragos. Crisis es la palabra de moda, la de cada día. Ahora resulta que  la causa del problema  es que la gente en masa ha dejado de consumir lo más innecesario y por tanto los IVAs y dividendos e forma de impuestos para el estado han decrecido, lo cual lleva a una política de extorsión con nuevas cargas de fiscalidad. Desde su punto de vista, el del estado que recoge los resultados de las imposiciones tributarias, todo tipo de actividad económica, incluyendo la venta de productos nefastos y trabajos mal hechos, ya le conviene. Toda transacción pagada produce  que gastos significa que genera beneficios para todos menos para quienes pagamos. Estrictamente, sí, hacer y tapar el mismo agujero docenas de veces genera contrataciones y por tanto circulación de dinero aunque la faena en sí mismo no sirve para nada salvo para hacer gimnasia y marear el suelo. Solo que para una posición, la mía, menos dada a las actividades superfluas, es preferible un trabajo bien hecho una sola vez que no diez tentativas  que no arreglen nada, por mucho que haya una fauna de trepas dispuestos a cobrar.  

Ya es de conocimiento general que la ambición descontrolada es lo sustenta la irracionalidad del sistema y sus crisis episódicas. Hasta voces del mismo ámbito financiero y empresarial (el portavoz actual de la banca March, una banca y un nombre que no nos trae malos recuerdos del pasado histórico) dicen que la codicia si bien es buena (entendemos como motor de competitividad) es terrible si no se le ponen límites. Nos encontramos con que al patio de mal criados hay que ponerlos en orden y pautarlos en lo básico. Hay tipos que se jubilan (es decir, se retiran del mundo de los negocios, entiéndase expolios) con 55 años y 50 millones de euros y con pagas de jubilación que superan las ordinarias de más de 300 pensionistas. Deben ser héroes de la economía, para otro punto de vista son una de las razones por las que existen crisis periódicas y una sociedad problemática, porque pertenecen a la saga de los ladrones con carta blanca.

Los grades números y los pequeños números están relacionados. Si los operarios de pymes que hacen sus trabajos malhechos les dieran poderes y el mando de grandes empresas, sus resultados no tendrían mejor calidad y encima el impacto dañino sería mejor.

La sociedad está atrapada en las fechorías que no dejan de producirse. Respetarnos mutuamente pasa por amar cada detalle que se hace y no dejar a nuestras espaldas que nos pongan a parir por lo mal que hemos hecho un trabajo o un compromiso.

Entre la gestoría que paga las facturas que se le presentan sin verificación, los operarios que no presentan el trabajo terminado y los presidentes que tampoco lo verifican, trabajos simples están condenados a una biografía de mantenimiento que agota a las tres partes y molestan a toda la vecindad. Un trabajo bien hecho tiene un largo futuro, un trabajo mal hecho no tiene ninguno y además cuesta más trabajo y más tiempo si se cuentan todas las visitas posteriores para reparar lo reparado.

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