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20 de Agosto, 2009

La asistente doméstica, Segunda Parte

Por J.Sar - 20 de Agosto, 2009, 13:16, Categoría: EGODOMÓTICA

La Asistente doméstica. Segunda Parte.

La asistenta doméstica es una empleada y quien la emplea hace la función de empresario aunque ambas calificaciones tengan un tanto de exageración porque es difícil ver la equivalencia entre una casa  y una empresa.  Para la posición de la empleada ir a trabajar a una o varias casas particulares para hacer la limpieza en la práctica significa cumplir con un horario de trabajo garantizado con un sueldo. Su verdad de asalariada no tiene discusión, Para quien la contrata para tales menesteres le toca pautarla o darle órdenes precisas para su ejecución, El futuro de la relación laboral entre ambos depende de esa conexión.

Marga Castillo fue la primera empleada doméstica que tuvimos que me hizo identificarme con rotundidad con el rol de empresario a pesar de que esa palabra no tenga nada que ver con mi biografía ni con mi vida actual. (Nuca he tenido una empresa propia con subordinados a los que dirigir ni está dentro de mis propósitos tenerlas) pero me hizo considerar que ese ere mi rol en tanto que tenia la potestad de anularle la posibilidad de que centaura viniendo a trabajar a casa (unas 15 horas que le supondrían uso 600e mensuales). Tras confirmar que era una persona que no sabía estar en su rol de empleada tomando iniciativas no consultadas y demostrada su peligrosidad tras tirar abajo sin mirar 3 macetas cargadas de tierra la decisión de despedirla estaba tomada. La fechoría también me hizo entender más que nunca que el derecho justificado al despido era eso, un derecho totalmente lógico en un mundo en que las exclusiones y las inclusiones bailan según si concurren o no la sintonía y el acuerdo.

Para la siguiente vez que vino tras asegurarnos que había sido ella la autora de los hechos en lugar de presentarle una crítica en toda su extensión decidí portarme con una frialdad extrema. Primero le pediríamos la fotocopia del dni que se había demorado pro dos semanas, 2do. Le pediría que fuera a recoger los trozos de tierra que había tirado al parque, que separara la tierra y la planta en una bolsa y los restos de plásticos de las macetas en otra. 3ro. Le diría en que establecimientos podía comprar los rotos y que lo que quería es que fuera a comprarlos de inmediato. En ese momento Marga, muy ofendida, dijo: "¿sabes qué? hemos terminado". Muy bien, le dije, me libró de decirle quedas despedida después de haber ido a por esas compras y de haberle pedido 4ta cosa que restableciera las macetas en su lugar tal como estaban. Le dije que lo que había destrozado tenía un costo, que ella en su orgullo dijo, como si le sobrara el dinero, que pasaría a pagármelo esa misma tarde. Antes de cruzar el umbral de salida dijo que no se iba porque quería los papeles que había firmado por los días trabajados para nosotros. Se los negué. Estuvimos varios minutos en ese punto  de la puerta de si se iba o no hasta que tuve que decirle que no me obligara a echarla por la fuerza de mi casa. Finalmente se fue sacando el tema de quicio sobre que no me importaba la gente (justamente la despedí porque había puesto en peligro a posibles viandantes que pasaran por aquella acera del parque y que de caérsele a alguien encima las macetas lo hubiera matado), que si me sobraban los títulos pero que no tenía cultura y escapadas no argumentativas semejantes que no veían a cuenta.

Al cabo de una hora bajo la chica con una vecina para la que también trabajaba que ahora se presentaba como su amiga y consideraba que el trato de despedirla había sido exagerado. Tuve la atención de explicarle a esta por repetido lo sucedido dado  que lo había hecho ya el día anterior. La domestica me pago 30 euros por los rotos, la mitad de lo que costaba una maceta semejante en el mismo establecimiento donde volví a tratar de comprar una sustituta. Con esto gesto me quedé absolutamente convencido de que ponía a salvo a otras personas que la emplearan para la limpieza doméstica de sus casas y que esa anécdota la recordaría mientras viviera. En el momento en que me dijo que todo había sido planificado  fríamente por nosotros para conseguir su firma (algo que nos exigía la póliza del hogar para cobrar el dinero que le habíamos adelantado) me despedí de la vecina y les cerré la puerta.

Yo enfrenté  solo toda esa situación. Mi compañera se recluyó en el dormitorio y no quiso vivenciarla., le daba pena echar a la calle de esa manera a la empleada a pesar de haber puesto en peligro nuestra tranquilidad y habernos generado muchos problemas de haber hecho daño a alguien.  Debo decir que no experimenté la menor duda de hacer lo que hice. Fui consciente en todo detalle que impuse mi poder. Otra empleada en su lugar más inteligente hubiera aceptada comprar los objetos sustitutorios. Tampoco le habría valido para continuar con el empleo. Por añadidura el mismo día se había cargado la alfombra que quedo completamente deshilachada y que tiramos por centrifugarlas. "De estas te `puedo traer 40", me dijo. "Traéme solo una", le dije. No diré que me divierta como cursa la mentalidad de alguna gente que para no reconocer con humildad  y autocritica sus errores son capaces de las más absurdas bravatas.

Esa anécdota fue referida en algunas ocasiones mientras estuvo fresco en nuestra memoria las siguientes semanas, con otros conocidos que tenían asistentes domésticas para sus casas.  Tuvimos ocasión de hacer nuestro desquite verbal aunque fuera en diferido y en otra parte. No me sentí pertenecer a una élite social con suficiente dinero como para tener a alguien contratado para venir a hacer las faenas domésticas. Comparativamente a otros que tenían empleadas podíamos darnos, a pesar de todo, por satisfechos. Hay empleadas que vacían las neveras, roban dinero  o que no cumplen con sus horarios. Hasta este punto no había llegado nuestra fatalidad pero todo entraba dentro de los posibles.

De Marga nos olvidaríamos como de tantas personas con las que te cruzas en la vida y que te dejan una trastada y encima no tienen el detalle de reconocerla. Para las siguientes domesticas seriamos más listos, mas controladores a pesar de que por nuestra forma de ser no queríamos ir detrás de nadie para ver si cumplía con su trabajo y preferíamos personas responsables y capaces que nos permitiera estar con nuestros haceres sin ser molestados. No teníamos la apariencia de tener ni mucho dinero ni nuestro hogar era de la clase alta. Solo necesitábamos alguien que limpiara lo que nosotros hacíamos.

En esa anécdota puse por primera vez en mi vida un proceso dosificado sin contarlo en su totalidad a priori. Harto de confirmar que las explicaciones no alcanzan su objetivo a pesar de la aquiescencia de quien las oye pero que no entiende lo suficiente opté por pautar cada unidad de conducta. De haber mostrado mis cartas de entrada el estropicio hubiera quedado en el parque por meses afeando el lugar. ¡Qué lástima que las cosas tengan que hacerse así! El precio de esta anécdota salió caro pero podía habernos salido más caro aún. Como que toda anécdota deja al menos una lección y el saber es un tesoro inconmensurable estoy seguro que la perdida (la de los objetos no la de la persona, mi humanismo no me lleva a tal consideración) se recuperará de otra forma.

Travel Scoot.Balance de una compra

Por Adrian Santana - 20 de Agosto, 2009, 11:58, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

Travel Scoott, balance de una compra.

La primera vez que vimos una unidad de un triciclo eléctrico de Travel Scoot fue en el área del restaurant del instituto Gutman de can Ruti. Un chico de cara simpática iba a bordo de él. Fue así que conocimos a Francesc Baselga, a la postre representante en exclusiva en España de esta marca de transporte, ideal nos pareció para personas con movilidad disminuida.  Nos gustó el diseño del aparato por su escaso peso y la posibilidad de doblarlo y empacarlo que le permitía al minus manejarlo sin ayuda externa. Además estilizaba la figura del viajero.

 Vic, mi compañera, con secuelas de polio, siempre a la guay de conseguir el aparato último modelo que le diera algo más de autonomía, hizo que   pronto le encarguemos que nos trajera uno de Estados Unidos, cuyo fabricante o distribuidor estaba ahí, ya que al tomar contacto con éste por internet nos dijo que las ventas las hacia a través de su representante en exclusiva en España. Reconozco que me llamó la atención esa confianza del distribuidor americano con su hombre ibérico.

Aunque todo lo que sea pasar por intermediarios no me gusta, porque encarece los precios, no tuvimos otro remedio que hacerlo así. Ahí empezó nuestro vía crucis con esa chaval cuya simpatía inicial fue perdiendo enteros en los siguientes encuentros que fuimos teniendo. Su primer acto de informalidad (bastante más que una imprecisión informativa) fue publicar  en otoño del 2007 en su blog junto a nuestra foto la aseveración de que íbamos a ir a África con una unidad  TS. Esa noticia la mantuvo siempre colgada a pesar de avisarle varias veces que la retirara y de asegurarnos  que lo había hecho. (Fue, una lección de paso, por cierto, de cómo la utilización incorrecta de internet por parte de gente como el susodicho contribuía a la confusión y a la intoxicación informativa). Efectivamente teníamos la idea de ir con el triciclo eléctrico además de una silla de ruedas manual,  pero al parecer el container que lo transportaba se demoró y nunca lo recibimos a  tiempo Un año después a la vuelta del viaje por África volvimos a tomar contacto con el chico por el mismo asunto Si bien las referencias que teníamos de él no eran como para hacer palmas no teníamos otro remedio que contar con su indispensable colaboración si queríamos conseguir la máquina. Mi propuesta era la de ir directamente nosotros  a Miami a comprar una unidad ya que nos evitábamos volver a confiar en el chaval y de paso volvíamos a visitar los USA. Entretanto surgió la posibilidad de comprar uno usado a un minus que quería desprenderse del suyo, Baselga fue quien informó de eso pero no facilitó el contacto, de tal manera que cuando al fin Vic pudo hablar con el interesado  este ya  había vendido la máquina. Hay que decir que la TScoot a pesar de lo ligera y bonita que es tiene varios defectos de fabricación (1.un motor de escasa potencia y además muy expuesto a golpes 2.carece de marcha atrás 3.diametro pequeño de las ruedas  4.Necesita mucho impulso para superar inclinaciones ínfimas 5.Deberian haber  un par de abrazaderas mas para sujetar el arco del asiento y el manillar y 6. No está previsto la forma de levantar la maquina entera si desmontar por la parte de atrás para subirla al coche) y es lógico que parte de sus usuarios después de probarla por un tiempo  reconsidere que no les es tan práctica.

Bien, si la queríamos solo quedaba encargársela al chaval  que para esta ocasión en lugar de hacer un pedido  postal o un porte por vía naviera iba a ir a persona a Miami a buscar un par o tres de unidades. A mí me pareció que los agentes comerciales no hacen estas cosas pero como presentarle a Vic mis sospechas nos ocasionaba problemas acepté resignado la entrega de 1900e por anticipado al chaval sin ningún recibo ni compromiso por escrito para que fuera de compras.  Para mi alarma, Vic había confiado en él, como suele hacer (el mundo es bueno y todo es perfecto). Paso el tiempo sin noticias de nuestro emisario. Por mi insistencia Vic le preguntó al chaval qué estaba pasado ya que no daba noticias y la máquina no llegaba. Unos 3 meses después el chaval se retiró de su misión alegando que otros dos acompañantes a este viaje se habían rajado. Eso, al parecer, le disculpaba para sí mismo que también él se rajara.  Todo lo que sabíamos con respecto a ese viaje para la compra es que antes de ir quería cobrar por anticipado el producto. Hasta aquí tenía una lógica aunque nuestra solvencia estaba demostrada y la necesidad del triciclo para Vic había sido afirmada varias veces. Aun así le dimos la confianza a priori que él no estaba dispuesto a conceder a los demás. Pasado ese tiempo de inmovilización de un dinero nuestro finalmente dijo que no haría el viaje. Muy bien lo devolvió, los mismos 1900e. Ninguna palabra de disculpa, ningún “lo siento”, nada. Me resultó ser de una jeta que al menos yo no estaba dispuesto a consentirle. Vic dijo que era asunto suyo y que no le apetecía encararlo para decirle lo que pensaba de él. Yo no soy Vic, yo sí lo haría.

Tuvimos un intercambio de 2 o 3 notas de línea y media a su email en el que él decir no ser quien era. Finalmente le escribí una carta criticando su comportamiento que contestó sin haberla entendida. Insistí con otra nota. Finalmente se sintió airado con su orgullo herido por exponerle los hechos y calificarlo de lo que era: un irresponsable rematado. A modo escénico le pedía que pagara los intereses de este dinero congelado por este tiempo, unos 13euros, no desde luego porque fueran una gran cantidad (que por otra parte ya se había comido el par de veces que había estado invitado en casa) o por que los necesitáramos sino para que escenificara para sí mismo una forma simbólica de pagar por su error y para no pringar a otra gente con su modo de hacer (de no hacer) las cosas. Se enfureció y me dijo que pedirle eso era demencial. Vale.

Me gustaría pensar que este chaval, el tal Francesc Baselga, ubicado en Canyamars o zona, con problemas financieros, pluriempleado vendiendo cupones y con prácticas de negociante fracasado, hubiera sido producto de un relato imaginario, pero la cuestión es que existe e hizo lo relatado. Siempre tiene la opción a presentar sus atenuantes contra el relato de esta anécdota  pero lo que no podrá hacer, salvo que mienta lo cual tampoco le descarto, es negarlo.

Un tiempo después conseguimos una unidad del travel scoot que vino vía aérea y que costó a la cifra indicada otros 325e en concepto de aranceles, que fuimos a  reclamar a la agencia tributaria por la posible exención de pagos por la condición de incapacitación, demanda cuya resolución quedó en espera.

Contactos con otras personas que también compraron ese triciclo de segunda mano y tuvieron contacto con el flamante representante de la marca en nuestro territorio, también informaron de lo impresentable que era. Concretamente una persona que le había encargado una batería de gel el chaval la ridiculizó cuando ella le discutió no haber cumplido con lo comprometido. El perfil del chico había quedado expuesto, ahora se trataba de actuar en consecuencia no volviendo a tener tratos con él y por supuesto no recomendándoselo a nadie. Como su nombre aparecería citado entre usuarios de la travel scoot él no podría ignorar que cada vez que saliera estando nosotros presentes citaríamos este episodio de mala suerte de haber tratado con él.

Todo hay que decirlo  una vez el vehículo en uso y con dos baterías de litio tiene la suficiente autonomía como para que demos  largos y románticos paseos por los paseos marítimos y otras zonas sin barreras arquitectónicas. Vic goza de su autonomía sin que yo tenga que propulsarla en la silla de ruedas y su estética de conjunto es mucho más bonita que la de ir en su anterior  triciclo eléctrico de forma chinesca (de los rojos) mucho más pesado, que se desconectaba al menor bache y que falló su motor.

 

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