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Agosto del 2009

La vecindad en entredicho

Por YASHUAbcn - 28 de Agosto, 2009, 20:44, Categoría: EGODOMÓTICA

La vecindad en entredicho.

La polémica estereotípica entre verlo todo medio lleno o verlo medio vacio, tener talante optimista o tenerlo pesimista, que sigue entreteniendo aburridos ratos de conversación, tan largos como estériles, no sirve de nada. Sea cual sea el posicionamiento aimico del individuo ante el mundo, el mundo es el que es, un atajo de impresentabilidades. Por supuesto que hay quien recibe bofetadas y las toma por caricias, encuentra su coche rallado y dice que bueno, le atropellan en un paso zebra y lo acepta con resignación, le roban la cartera y lo toma como una contribución a la pobreza, lee en las noticias que uno mata a otro y se dice que tendria sus razones, le sisan en el cambio o el venden un producto que no funciona y no se lo toma a mal…En fin hay gente de un buenazo que resulta insultante. Sea cual sea la pequeña tragedia que le cuenten, o las cien de cada dia, para ella, todo el mundo es bueno, todo rueda a la perfección y solo episódicamente un criminal salido pone su nota de desequilibrio. Otros pensamos que las cosas son las que son, que se evalúan por sí mismas indistintamente de la buena disposicion a priori de verlo todo con el celofán rosa.

Apenas ha pasado un mes de haber puesto un nuevo toldo en el patio (600e) y ya está machado de color rojo. El enemigo de arriba (es decir, cualquier vecino turnádose en ese rol) ha decidido dejar su marca. Durante años a estos vecinos les he recogido calzoncillos, revistas, ropa varia, guantes, bragas, tebeos,… para dejarlos religiosamente en el descansillo para que su propietario recuperara su prenda querida. Tambien he recogido bolsas de plástico, envoltorios,espadramos, cintas, chiclés pegajosos,… para tirarlos a la basura. Proto se infiere quien es quien en el pequeño universo de un edificio, que a escala representa lo que es el mundo. Los crios necesitan hacer sus exploraciones y tiran escupitahjos o chiclés abajo o tintura roja. Su investigación pasa por como destrozar propiedades ajenas. Sus padres o no los pautan o prefieren hacer la vista gorda. En casi 14 años recuerdo solo un par de veces que vecinos hayan venido expresamente a pedir algo que se les hubiera  caido, preferían  darlo por perdido a enfrentarse a la hipotesis de ser preguntados por la ultima basura que tiraron.

 Declaro que estoy por equivocación viviendo en unosbajos de un edificio con otros 28 vecinos. Sé por experiecia que el mejor vecino es el que está en pequeñito en el cristal de un catalejo, su lejanía te deja a salvo, pero el caso es que sigo aquí, mi condición de pobreza no permite que me ecastilles en los Alpes.  Los toldos anteriores fueron quemados por colillas y ensuciados por basuras del enemigo. El que está abajo, a no ser de que esté en la postura samaritano-coital, es el que sufre más. No es cuestion de comprarse un mortero en el mercado de ocasión de algunos de los ejercitos desmantelados de los balcanes para lanzarles pintura indeleble a los de los pisos superiores pero ahora que lo menciono no deja de ser una idea.

Cuando a  Lynn Margulis[1], norteamericana interesada en el campo de la biologia celular,teórica de la evolución desde las bacterias, (sin ellas la vida planetaria se pararía)  le preguntan por el destino de la especie humana, zanja la respuesta sin parpadear: su destino es extinguirse. El 99 por ciento de especies anteriores se han extinguido. La ciencia permite demodtrar que un individuo son millones de microbios actuando juntos, la observación de campo diario es que un individuo totalmente descuidado en relación al medio y a los otros individuos. Propondria la autodisolución voluntaria en cabinas de desintegración (propuesta a considerar por los parlamentos y las entidades filantrópicas) de las masas sobrantes y sobre todo de las incívicas sino fuera porque esa propuesta tendria incomprensiones múltiples por sus resonancias con el holocausto judío. 

Solo son niños que juegan. Sí, juegan a tirar y a matar y detrás hay padres o madres que no les pautan, ya son felices teniéndolos y ampliando la nómina de  las chusmas existenciales. Las guerras no están en la pantalla de la tele, están en el vestibulo de tu edificio, en el patio de tu casa, en el ascensror, en el garage. El enemigo está cerca y acecha. Su arma letal es su negligencia, su falta de esmero, su irresponsabilidad--. Deberian prohibirse por ley los edificios de apartamentos compartidos  a juzgar por la desidia vecinal dominante. No importa cual sea el barrio, la ciudad, la calle o la solera del inmueble, un vecino es peligroso. Su grado de peligrosidad esta directamente determinado por su capacidad para el cinismo. El que se porta bien en las coincicencias en el vestibulo, en la calle o en el ascensor puede resultar ser el que tira las colillas sin apagar o que se entretiene en mancharte el espacio. Entre una casa (de planta baja) y otra podría estudiarse una red de canales habitados por cocodrilos voraces  con un servicio de afilamiento de sus dentaduras. La industria de la estética seguiría creciendo con esa nueva oleada de clientela y todos estariamos a salvo, es decir lo estariamos los unos de los otros. A los vecinos  morosos que no pagan los servicios comunitarios se les podria reciclar como merienda de los reptiles y todo quedaría en familia.

¿Por qué hay gente tan mala? La hispania de los callejeos está llena de desconsiderados. Todavia hay quien tira cubos de aguas desde sus balcones porque les molesta la fiesta de los del piso inferior. Entre vecinos puede pasar de todo. Hay quien se mata porque aquel dia no ha hecho practicas con el gatillo.  Sé de al menos de un tipo, al que no conocí pero formaba parte de la parentela política de mi compañera, que al ser avisado por un vecio molesto por  el jolgorio que armaba fue a por su escopeta y lo mató en el rellano. Con ese acto, sin premeditación ni alevosía pero con toda la estupidez que pueda caber entre manos y cabeza de un individuo urbano, el tipo se paso una vida gratis de carcelario y arruinó el buen nombre de su familia.  En este caso el que no tenia la razón elimió a quien la tenía que solo pedia el derecho a estar tranquilo en su casa. Esa es la cuestión: que el concepto casa se ha denigrado. Una mayoria vivimos en casas compartidas ya que el suelo de unos hace de techo de los  otros. Literalmente, estamos planos superpuestos caminándonos los unos por encima de las cabezas de los otros. El vecino es un residente a la fuerza que le toca  soportar la incultura del semejante. Eso de querer al prójimo como a ti mismo ha perdido todo el sentido de su leyenda. Ni el idividuo se quiere a si mismo por egoista que sea (se mata conduciendo, comiendo porquerías , se mata a trabajar excesivamente, se mata fumando, drogándose…) ni el vecino tiene mas derechos que los que vaya adquiriendo al demostrar su buena vecindad. Suponerle a priori el don de la concordia y el del respeto a estas alturas es demasiado suponer,

Mientras te toca compartir un edificio de apartamentos lo mejor es practicar el arte de la no coincidencia. Sabes que estás rodeado por los flancos, por arriba y por abajo. Cuanto menos contacto mejor, ese es el slogan no escrito.Lo ideal es irse  a orillas del Ganges y compartir con un yogui la profunda visión de que todo es un fluir mientras las aguas turbias van camino de donde sea llevandose cuerpos semicombustionados rio abajo; como alternativa inermedia está la de comprarse una casa con dobermann impidiendo el paso a todo quisqui que venga a llamar a la puerta; si no hay pasta se puede ir al bosque mas cutre y perdido para que nadie llegue hasta sus inmediaciones, ni siquiera por equivocación. Antes se preferÍa vivir en sociedad pensando que en caso de urgencia el vecino te venía a rescatar, llamaba a los bomberos o a los fmiliares para que te auxiliaran. El criterio ha cambiado. El vecino que te toca es una especie de ruleta rusa. Te puede tocar lo mismo un mafioso que vende bombas atomicas de mochila venido de la  Rusia voluptuosa o una vecina envidiosa que te pone salfuman a tus plantas porque son mas bonitas que las suyas.

Todas las tentativas de aproximación al vecindario que he hecho, en innumerables apartametos en los que he vivido, me han llevado a las siguientes conclusiones: 1.La gente prefiere tener amigos fuera del vecindario  2. Los gestos mas elementales de las autopresentaciones al llegar o al irse del inmueble son lecciones que se olvidaron de aprender. 3. Los problemas comunitarios mas elementales como arreglar puertas o controlar consumos superfluos pueden necesitar de 30 a 60 años. 4. A efectos prácticos un vecino no sirve prácticamente para nada. Ocupa el espacio y es un referente visual reconocible con el que durante cicunenta años de coincidencias no se pasa de la primera página de la conversacion y todas las palabras sumadas e ese periodo no superaria los 60 minutos. A esto hay que contraponer sus excepciones. En otros ámbitos y épocas el vecino lo era todo, el compañero indiopensable de las tertulias noctámbulas las noches de calor  y el que ayudaba a hacerte la casa a cambio de ayudarle a levantar la suya. Era un vecinadario de relacion horizontal, con el imperio de la masificacion las relaciones verticales acabaron con la paciencia y con la vecindad.

Mientras el inapelable pronostico de la extición  de Margullis no se cumpla, los humanos nos tendremos que seguir soportando los unos a los otros y los vecinos tragándonos a la fuerza, sabiendo que cada vecino representa y resume lo que se puede esperar del mundo entero, es decir, nada o para que los talantes ultraoptimistas no se afecten, corregiré la expresión diciendo, apenas nada.

 



[1] autora de unos 45 libros científicos, recoocida por su capacidad de entusiasmo y de entuasismar a sus colegas por la investigación. La bacterias han inventando muchos metabolismos importantes (la sensibilidad a la luz, la reprouduccion, a los compuestos quimicos…)

Supan: Detalle del Despilfarro

Por YASHUAbcn - 21 de Agosto, 2009, 14:52, Categoría: COSASdelCONSUMO

 

Supan: Detalle de Despilfarro.

El despilfarro a pequeña escala esecialmente obedece al mismo criterio de descuido que el que se hace a gran escala. El alcance de la responsabilidad y del impacto medioambiental es completamente distinto en un caso que en otro pero la mentalidad de los individuos responsables es la misma. Para muestra un botón: Supan, un establecimiento con gusto decorativo en el que clienteamos de tarde en tarde, a pleno mediodía y con luz natural sobrante que entra por las cristaleras, tiene sus luces eléctricas encendida: unas de bajo consumo y otras halógenas, de alto. Mientras tomábamos nuestros tés nos preguntábamos sobre las cuestiones de la vida cotidiana y las formas de consumo en cuanto a intervenir en asuntos ajenos cuando se trata de pequeños detalles como estos. Pequeños o no, la cuestión es que el exceso de consumo eléctrico ha venido justificando la instalación de centrales nucleares las últimas décadas con su conocido historial de peligrosidad. Mi acompañante y yo nos hemos dicho que cuantas más interacciones vives con los demás más motivos de réplica y protesta se acumulan pero que la necesidad supervivencial de tener la fiesta en paz conduce a callar las propias impresiones y que, en todo caso, publicar una nota-comentario como ésta ya es una forma de intervención. A la hora de pagar el plus de 0,40e por las 4 gotas de leche al 1,25  al pedir un té con leche sin duda justificados por la cuenta de la factura eléctrica sí hemos comentado la falta de rampa de acceso para silla de ruedas, déficit este que mi compañera no se olvida de señalar en los establecimientos a los que va. Como suele pasar, lo más que dice la empleada en esos comentarios es que ya lo comentará a su jefe pero como que nunca lo ha visto, lo más probable es que la próxima vez que vayamos al mismo establecimiento (el de Bona Sort en Cedeuve) la rampa siga sin ser hecha. De los empleados en general de establecimientos al público hay que decir que no se identifican con el espacio en el que trabajan, es cosa de sus dueños o propietarios, pero como estos no siempre son accesibles a alguien hay que decirle los comentarios.

El local (en realidad es una cadena) tiene su elogio (sillas de madera clásicas, mesas de mármol, decoración muy original con madera sin pulir, recortes de periódico cubiertos por cristaleras) comentado ya en otra ocasión pero eso no quita el detalle de la incerteza que un ventilador de aspas de estos que va moviéndose su eje ocasiona al ver que las puntas de las palas pasan a escasos 4 cms de una de las vigas de madera.

No es el único local público que hace despilfarro de la luz en pleno día. Forma parte del doble discurso de la mentira. De un lado, se protesta por la crisis y por la  pérdida de riqueza y de la  economía a l baja  pero de otro, los detalles de los gastos superfluos siguen siendo evidentes. Grosso modo no es así, los campings han vuelto a experimentar la demanda de formas de veraneo en extinción trayendo las propias tiendas de camping por formar parte de la recursividad más barata y es posible que haya un incremento en el uso de la bicicleta (que además de facilitar un transporte más económico se practica ejercicio físico) frente al incremento exagerado del  precio de combustible.

Por lo que hace a un local como el caso de Supan, que es granja atendiendo a publico también que no se sienta y que entra a comprar repostería o pan, a su imagen decorativa con buen gusto  le falta una pizca de consideración ecológica con el medio ambiente no despilfarrando el consumo eléctrico.

La asistente doméstica, Segunda Parte

Por J.Sar - 20 de Agosto, 2009, 13:16, Categoría: EGODOMÓTICA

La Asistente doméstica. Segunda Parte.

La asistenta doméstica es una empleada y quien la emplea hace la función de empresario aunque ambas calificaciones tengan un tanto de exageración porque es difícil ver la equivalencia entre una casa  y una empresa.  Para la posición de la empleada ir a trabajar a una o varias casas particulares para hacer la limpieza en la práctica significa cumplir con un horario de trabajo garantizado con un sueldo. Su verdad de asalariada no tiene discusión, Para quien la contrata para tales menesteres le toca pautarla o darle órdenes precisas para su ejecución, El futuro de la relación laboral entre ambos depende de esa conexión.

Marga Castillo fue la primera empleada doméstica que tuvimos que me hizo identificarme con rotundidad con el rol de empresario a pesar de que esa palabra no tenga nada que ver con mi biografía ni con mi vida actual. (Nuca he tenido una empresa propia con subordinados a los que dirigir ni está dentro de mis propósitos tenerlas) pero me hizo considerar que ese ere mi rol en tanto que tenia la potestad de anularle la posibilidad de que centaura viniendo a trabajar a casa (unas 15 horas que le supondrían uso 600e mensuales). Tras confirmar que era una persona que no sabía estar en su rol de empleada tomando iniciativas no consultadas y demostrada su peligrosidad tras tirar abajo sin mirar 3 macetas cargadas de tierra la decisión de despedirla estaba tomada. La fechoría también me hizo entender más que nunca que el derecho justificado al despido era eso, un derecho totalmente lógico en un mundo en que las exclusiones y las inclusiones bailan según si concurren o no la sintonía y el acuerdo.

Para la siguiente vez que vino tras asegurarnos que había sido ella la autora de los hechos en lugar de presentarle una crítica en toda su extensión decidí portarme con una frialdad extrema. Primero le pediríamos la fotocopia del dni que se había demorado pro dos semanas, 2do. Le pediría que fuera a recoger los trozos de tierra que había tirado al parque, que separara la tierra y la planta en una bolsa y los restos de plásticos de las macetas en otra. 3ro. Le diría en que establecimientos podía comprar los rotos y que lo que quería es que fuera a comprarlos de inmediato. En ese momento Marga, muy ofendida, dijo: "¿sabes qué? hemos terminado". Muy bien, le dije, me libró de decirle quedas despedida después de haber ido a por esas compras y de haberle pedido 4ta cosa que restableciera las macetas en su lugar tal como estaban. Le dije que lo que había destrozado tenía un costo, que ella en su orgullo dijo, como si le sobrara el dinero, que pasaría a pagármelo esa misma tarde. Antes de cruzar el umbral de salida dijo que no se iba porque quería los papeles que había firmado por los días trabajados para nosotros. Se los negué. Estuvimos varios minutos en ese punto  de la puerta de si se iba o no hasta que tuve que decirle que no me obligara a echarla por la fuerza de mi casa. Finalmente se fue sacando el tema de quicio sobre que no me importaba la gente (justamente la despedí porque había puesto en peligro a posibles viandantes que pasaran por aquella acera del parque y que de caérsele a alguien encima las macetas lo hubiera matado), que si me sobraban los títulos pero que no tenía cultura y escapadas no argumentativas semejantes que no veían a cuenta.

Al cabo de una hora bajo la chica con una vecina para la que también trabajaba que ahora se presentaba como su amiga y consideraba que el trato de despedirla había sido exagerado. Tuve la atención de explicarle a esta por repetido lo sucedido dado  que lo había hecho ya el día anterior. La domestica me pago 30 euros por los rotos, la mitad de lo que costaba una maceta semejante en el mismo establecimiento donde volví a tratar de comprar una sustituta. Con esto gesto me quedé absolutamente convencido de que ponía a salvo a otras personas que la emplearan para la limpieza doméstica de sus casas y que esa anécdota la recordaría mientras viviera. En el momento en que me dijo que todo había sido planificado  fríamente por nosotros para conseguir su firma (algo que nos exigía la póliza del hogar para cobrar el dinero que le habíamos adelantado) me despedí de la vecina y les cerré la puerta.

Yo enfrenté  solo toda esa situación. Mi compañera se recluyó en el dormitorio y no quiso vivenciarla., le daba pena echar a la calle de esa manera a la empleada a pesar de haber puesto en peligro nuestra tranquilidad y habernos generado muchos problemas de haber hecho daño a alguien.  Debo decir que no experimenté la menor duda de hacer lo que hice. Fui consciente en todo detalle que impuse mi poder. Otra empleada en su lugar más inteligente hubiera aceptada comprar los objetos sustitutorios. Tampoco le habría valido para continuar con el empleo. Por añadidura el mismo día se había cargado la alfombra que quedo completamente deshilachada y que tiramos por centrifugarlas. "De estas te `puedo traer 40", me dijo. "Traéme solo una", le dije. No diré que me divierta como cursa la mentalidad de alguna gente que para no reconocer con humildad  y autocritica sus errores son capaces de las más absurdas bravatas.

Esa anécdota fue referida en algunas ocasiones mientras estuvo fresco en nuestra memoria las siguientes semanas, con otros conocidos que tenían asistentes domésticas para sus casas.  Tuvimos ocasión de hacer nuestro desquite verbal aunque fuera en diferido y en otra parte. No me sentí pertenecer a una élite social con suficiente dinero como para tener a alguien contratado para venir a hacer las faenas domésticas. Comparativamente a otros que tenían empleadas podíamos darnos, a pesar de todo, por satisfechos. Hay empleadas que vacían las neveras, roban dinero  o que no cumplen con sus horarios. Hasta este punto no había llegado nuestra fatalidad pero todo entraba dentro de los posibles.

De Marga nos olvidaríamos como de tantas personas con las que te cruzas en la vida y que te dejan una trastada y encima no tienen el detalle de reconocerla. Para las siguientes domesticas seriamos más listos, mas controladores a pesar de que por nuestra forma de ser no queríamos ir detrás de nadie para ver si cumplía con su trabajo y preferíamos personas responsables y capaces que nos permitiera estar con nuestros haceres sin ser molestados. No teníamos la apariencia de tener ni mucho dinero ni nuestro hogar era de la clase alta. Solo necesitábamos alguien que limpiara lo que nosotros hacíamos.

En esa anécdota puse por primera vez en mi vida un proceso dosificado sin contarlo en su totalidad a priori. Harto de confirmar que las explicaciones no alcanzan su objetivo a pesar de la aquiescencia de quien las oye pero que no entiende lo suficiente opté por pautar cada unidad de conducta. De haber mostrado mis cartas de entrada el estropicio hubiera quedado en el parque por meses afeando el lugar. ¡Qué lástima que las cosas tengan que hacerse así! El precio de esta anécdota salió caro pero podía habernos salido más caro aún. Como que toda anécdota deja al menos una lección y el saber es un tesoro inconmensurable estoy seguro que la perdida (la de los objetos no la de la persona, mi humanismo no me lleva a tal consideración) se recuperará de otra forma.

Travel Scoot.Balance de una compra

Por Adrian Santana - 20 de Agosto, 2009, 11:58, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

Travel Scoott, balance de una compra.

La primera vez que vimos una unidad de un triciclo eléctrico de Travel Scoot fue en el área del restaurant del instituto Gutman de can Ruti. Un chico de cara simpática iba a bordo de él. Fue así que conocimos a Francesc Baselga, a la postre representante en exclusiva en España de esta marca de transporte, ideal nos pareció para personas con movilidad disminuida.  Nos gustó el diseño del aparato por su escaso peso y la posibilidad de doblarlo y empacarlo que le permitía al minus manejarlo sin ayuda externa. Además estilizaba la figura del viajero.

 Vic, mi compañera, con secuelas de polio, siempre a la guay de conseguir el aparato último modelo que le diera algo más de autonomía, hizo que   pronto le encarguemos que nos trajera uno de Estados Unidos, cuyo fabricante o distribuidor estaba ahí, ya que al tomar contacto con éste por internet nos dijo que las ventas las hacia a través de su representante en exclusiva en España. Reconozco que me llamó la atención esa confianza del distribuidor americano con su hombre ibérico.

Aunque todo lo que sea pasar por intermediarios no me gusta, porque encarece los precios, no tuvimos otro remedio que hacerlo así. Ahí empezó nuestro vía crucis con esa chaval cuya simpatía inicial fue perdiendo enteros en los siguientes encuentros que fuimos teniendo. Su primer acto de informalidad (bastante más que una imprecisión informativa) fue publicar  en otoño del 2007 en su blog junto a nuestra foto la aseveración de que íbamos a ir a África con una unidad  TS. Esa noticia la mantuvo siempre colgada a pesar de avisarle varias veces que la retirara y de asegurarnos  que lo había hecho. (Fue, una lección de paso, por cierto, de cómo la utilización incorrecta de internet por parte de gente como el susodicho contribuía a la confusión y a la intoxicación informativa). Efectivamente teníamos la idea de ir con el triciclo eléctrico además de una silla de ruedas manual,  pero al parecer el container que lo transportaba se demoró y nunca lo recibimos a  tiempo Un año después a la vuelta del viaje por África volvimos a tomar contacto con el chico por el mismo asunto Si bien las referencias que teníamos de él no eran como para hacer palmas no teníamos otro remedio que contar con su indispensable colaboración si queríamos conseguir la máquina. Mi propuesta era la de ir directamente nosotros  a Miami a comprar una unidad ya que nos evitábamos volver a confiar en el chaval y de paso volvíamos a visitar los USA. Entretanto surgió la posibilidad de comprar uno usado a un minus que quería desprenderse del suyo, Baselga fue quien informó de eso pero no facilitó el contacto, de tal manera que cuando al fin Vic pudo hablar con el interesado  este ya  había vendido la máquina. Hay que decir que la TScoot a pesar de lo ligera y bonita que es tiene varios defectos de fabricación (1.un motor de escasa potencia y además muy expuesto a golpes 2.carece de marcha atrás 3.diametro pequeño de las ruedas  4.Necesita mucho impulso para superar inclinaciones ínfimas 5.Deberian haber  un par de abrazaderas mas para sujetar el arco del asiento y el manillar y 6. No está previsto la forma de levantar la maquina entera si desmontar por la parte de atrás para subirla al coche) y es lógico que parte de sus usuarios después de probarla por un tiempo  reconsidere que no les es tan práctica.

Bien, si la queríamos solo quedaba encargársela al chaval  que para esta ocasión en lugar de hacer un pedido  postal o un porte por vía naviera iba a ir a persona a Miami a buscar un par o tres de unidades. A mí me pareció que los agentes comerciales no hacen estas cosas pero como presentarle a Vic mis sospechas nos ocasionaba problemas acepté resignado la entrega de 1900e por anticipado al chaval sin ningún recibo ni compromiso por escrito para que fuera de compras.  Para mi alarma, Vic había confiado en él, como suele hacer (el mundo es bueno y todo es perfecto). Paso el tiempo sin noticias de nuestro emisario. Por mi insistencia Vic le preguntó al chaval qué estaba pasado ya que no daba noticias y la máquina no llegaba. Unos 3 meses después el chaval se retiró de su misión alegando que otros dos acompañantes a este viaje se habían rajado. Eso, al parecer, le disculpaba para sí mismo que también él se rajara.  Todo lo que sabíamos con respecto a ese viaje para la compra es que antes de ir quería cobrar por anticipado el producto. Hasta aquí tenía una lógica aunque nuestra solvencia estaba demostrada y la necesidad del triciclo para Vic había sido afirmada varias veces. Aun así le dimos la confianza a priori que él no estaba dispuesto a conceder a los demás. Pasado ese tiempo de inmovilización de un dinero nuestro finalmente dijo que no haría el viaje. Muy bien lo devolvió, los mismos 1900e. Ninguna palabra de disculpa, ningún “lo siento”, nada. Me resultó ser de una jeta que al menos yo no estaba dispuesto a consentirle. Vic dijo que era asunto suyo y que no le apetecía encararlo para decirle lo que pensaba de él. Yo no soy Vic, yo sí lo haría.

Tuvimos un intercambio de 2 o 3 notas de línea y media a su email en el que él decir no ser quien era. Finalmente le escribí una carta criticando su comportamiento que contestó sin haberla entendida. Insistí con otra nota. Finalmente se sintió airado con su orgullo herido por exponerle los hechos y calificarlo de lo que era: un irresponsable rematado. A modo escénico le pedía que pagara los intereses de este dinero congelado por este tiempo, unos 13euros, no desde luego porque fueran una gran cantidad (que por otra parte ya se había comido el par de veces que había estado invitado en casa) o por que los necesitáramos sino para que escenificara para sí mismo una forma simbólica de pagar por su error y para no pringar a otra gente con su modo de hacer (de no hacer) las cosas. Se enfureció y me dijo que pedirle eso era demencial. Vale.

Me gustaría pensar que este chaval, el tal Francesc Baselga, ubicado en Canyamars o zona, con problemas financieros, pluriempleado vendiendo cupones y con prácticas de negociante fracasado, hubiera sido producto de un relato imaginario, pero la cuestión es que existe e hizo lo relatado. Siempre tiene la opción a presentar sus atenuantes contra el relato de esta anécdota  pero lo que no podrá hacer, salvo que mienta lo cual tampoco le descarto, es negarlo.

Un tiempo después conseguimos una unidad del travel scoot que vino vía aérea y que costó a la cifra indicada otros 325e en concepto de aranceles, que fuimos a  reclamar a la agencia tributaria por la posible exención de pagos por la condición de incapacitación, demanda cuya resolución quedó en espera.

Contactos con otras personas que también compraron ese triciclo de segunda mano y tuvieron contacto con el flamante representante de la marca en nuestro territorio, también informaron de lo impresentable que era. Concretamente una persona que le había encargado una batería de gel el chaval la ridiculizó cuando ella le discutió no haber cumplido con lo comprometido. El perfil del chico había quedado expuesto, ahora se trataba de actuar en consecuencia no volviendo a tener tratos con él y por supuesto no recomendándoselo a nadie. Como su nombre aparecería citado entre usuarios de la travel scoot él no podría ignorar que cada vez que saliera estando nosotros presentes citaríamos este episodio de mala suerte de haber tratado con él.

Todo hay que decirlo  una vez el vehículo en uso y con dos baterías de litio tiene la suficiente autonomía como para que demos  largos y románticos paseos por los paseos marítimos y otras zonas sin barreras arquitectónicas. Vic goza de su autonomía sin que yo tenga que propulsarla en la silla de ruedas y su estética de conjunto es mucho más bonita que la de ir en su anterior  triciclo eléctrico de forma chinesca (de los rojos) mucho más pesado, que se desconectaba al menor bache y que falló su motor.

 

Salir a Pasear

Por YASHUAbcn - 10 de Agosto, 2009, 23:17, Categoría: CALIDADdeVIDA

Salir a Pasear. La calle peatonal y sus obstáculos. 

Hoy dia pasear casi se ha convertido en una gymkhama para sortear obstáculos. Explórese cualquier ciudad turística de la costa brava y otras costas. El espacio de acera en calles peatonales ocupado por tiendas y tienduchas es considerable. Es un epifenómeno del comercialismo de nuestros tiempos. Nadie se queja, si hay alguna queja la he avistado  por la zona de Calafell en tienderos que protestan ante la perspectiva de volver con sus bártulos de puertas para adentro.

El tendero arrinconado en su boutique esperando que le entrara clientela quiso despertar los estímulos  de ésta primero sacando una cartelera, después un colgador de pañuelos, luego un expositor de zapatería, finalmente sacándolo casi todo. El despliegue de la mercancía en la calle es tal que se diría que sus clientes están más motivados por lo que se encuentran de cara en esta calle que no por lo que hay dentro. Esa conquista de la acera le supuso al comerciante  tener que poner ojos en el exterior o contratar un vigilante de más para que la clientela, a la postre, mangante si la ocasión se lo permite, no le redujera la mercancía sin aumentarle los beneficios. Una parte importante de ésta viene amarrada para que los manos largas no se la lleven sin pasar por caja (por cierto hay que decir que lo que está en la calle es de los que callejean. Legal y estrictamente coger algo de un expositor o que está en el suelo de la acera no es entrar a robar un establecimiento sino reciclar algo que uno se encuentra o choca con sus pies). Prosigamos. El paseante que ya se había habituado a pasear por medio de las terrazas de bares y restaurantes ocupando la vía pública en noches de verano, luego tuvo que aprender a zigzaguear en medio de los comercios que no cierran hasta altas horas.

Salir a pasear por aéreas peatonales se ha con vertido en una antigua evocación del significado pasear. Si bien caminar es posible, siempre con la mirada distraída por la cantidad de estímulos (esa forma de mirar sin ver), hacerlo ya forma parte de las curiosidades modernas del ocio. Los paseantes legítimos  han quedado reducidos a otras variedades de viandantes más enérgicos: acompañantes de perros (por cierto el perro acompañando al amo es una combinación obsoleta ahora es el amo el que acompaña al perro), marchadores atléticos, senderistas en prácticas recuperando senderos e bosques transitables…

Volvamos a los paseos estándar en las ciudades costeras. Después de un día en las playas-tostadero,  por la noche apetece salir para tomar el fresco, verse con otras caras, refrescarse por dentro  y por fuera, sentarse en alguna parte y pasar a hacer de extra del panorama general. Para conseguir un poco de tranquilidad lo mejor es volver a la playa que a esa hora no hay gente salvo los que no tienen habitación y tienen urgencia de kikis o de vivacs. Los paseos marítimos son  la alternativa a la densidad de los dédalos de calles enjutos y atiborrados. Se pueden alcanzar después de sortear un buen número de obstáculos. Una de las curiosidades callejeras es ese hábito del personal que tiene en bloquear acercas cuando un grupo decide montar una asamblea de campaña (técnicamente asamblea de acera) y se dedica a la dale que te pego, a la sin huesos, sin observar que está bloqueando el paso a otros viandantes. Invariablemente cuando les dices ¡excuse-me! (una especie de palabra abracadabra y la única útil que te ha quedado de dos clases de inglés mal aprendidas) el glomérulo humano se deshace y te deja pasar.  Pata quien es enano, bajito, viaja en silla de ruedas o triciclo eléctrico continuamente tiene que estar abriéndose paso entre estas barreras humanas que no se enteran. La calle está para ocuparla, cierto, y la densidad humana existe porque hay una necesidad intrínseca del sujeto a compartir el espacio con los demás. Reconozcámoslo: la proximidad le apetece, aunque sus psico-corazas y los miedos le mantengan "a salvo" de relaciones más comunicativas. De todas las paradojas de la cruzada humana en el planeta tierra una de las más curiosas es ese llamado de la jungla de gente llamando a gente para juntarse y masificarse, no para construir grandes hazañas o retomar los congresos de la palabra. La hipótesis de la comunicación sigue siendo fundamentalmente eso: una hipótesis.

En la escena de un telefilme en que el espectador sabia que el chico de la siguiente anécdota que voy a contar era el malo, propone a un grupo de chicas de la mesa de al lado si las puede invitar. Una de ellas, sin mediar palabra, se acerca a él le coge el batido o lo que sea que esté tomando y se lo echa en los pantalones con la risotada de las demás. Vale sabemos que el injuriado es un psicópata y en principio quiere seducir a chicas para freírlas en una sartén, pero ellas no son telépatas para saber esto. Su respuesta no es elusiva o de ignorarlo es de ataque. Ataca contra una invitación simple y formal.  Vale, es el fragmento de un telefilme a cuyo guionista se le ha ido la mano. El malo es castigado antes de hacer de malo y sin que su castigadora  lo sepa. Vale.

Volvamos a la realidad. La gente sale a pasear, se relaciona y va a los sitios de relación, pasea por donde otros pasean, lo hace a las mismas horas. Resultado: hasta el paseo se ha convertido en un proceso estandarizado. Hay horas y lugares que se reparten las distintas funciones humanas. El personal pedestre va a comentar las mismas lunas nocturnas o la belleza del mar si tiene sensibilidad para eso o como les ha ido el día con frases y comentarios parecidos. Para los chicos sin imaginación les basta llevar una trompetita de oído para copiar las frases que se dicen la pareja de al lado para implementarlas en el cortejo de su ligue.

Para cuando suena la hora de los paseos personalizados en los que ya no hay nadie por el lugar de hacerlo, es demasiado tarde el cuerpo esta fatigado y los halos  astrales de los durmientes juegan a los dados si las tienen todas consigo para viajar una noche tras otra.

Hay otro modo de pasear calles escogiendo aquellas horas en que el ajetreo humano está en declive o prácticamente ausente y el/la paseante puede observar fachadas y rincones, cruzar la mirada con un gato, poner atención a la brisa, poner atención también a quien le habla si comparte el paseo. En vez de eso, predomina el gusto por estar con la multitud, formar parte de ella, no sentirse solo aunque no se sepa exactamente de qué sirve esa compañía. En el modo de estar en la calle, barrando el paso a los demás, converge un concurso de personalidades. Casi se pueden inferir formas culturales y procedencias nacionales. Una de los tests tópicos para demostrar que las personas no tienen conciencia de pertenencia a una sociedad  es por hechos tan simples como las formas de estar y evolucionar por locales y espacios públicos. El piquete asambleario que se reúne a la salida de un local impidiendo el paso de los que están por salir o impidiéndolo a los que están andando es uno de los fenómenos más típicos. El acto conversacional pide todos los sentidos, tantos que los absortos en su tema se olvidan de que pueden molestar a los demás. El análisis de los pequeños egoísmos da a lugar as conjeturas para otros grandes egoísmos. Para ventura común la gente solo es gente, un relleno paisajístico en la red viaria.

A esa mayoría de contactos visuales con los que uno se va a mezclar a la hora del paseo no se van a convertir en contactos verbales y aun menos epidérmicos. Eso lo sabemos todos de todos, es estadística mundana elemental. Pero aun sabiéndolo, inconsecuentemente repetimos los mismos espacios de escarceos y salidas y movidas para seguirnos equivocando, tropezándonos los unos con los otros. Para pasear hay muchos lugares a los que ir y los amantes de los paseos tranquilos esperan los momentos tranquilos para hacerlo.

 Personas que no pueden correr o hacer gimnasia siguen fielmente la recomendación médica de una hora de paseo diario. Las piernas que caminan tienen  mejor pronostico de salud para el resto del cuerpo que las que solo van del despacho/casa al coche. Pasear deja de ser una forma de relax y de curioseo para ser también la forma más cómoda de hacer una mínima gimnasia del movimiento. Lo ideal es salir temprano a pasear el perro si se tiene o quedar con otros con la misma receta de  facultativo e irse a caminar por el paseo marítimo para respirar el aire renovado en una hora en que el sol despunta y no quema, o hacerlo por el parque o por el bosque. Los paseos en mareas comerciales no son verdaderos paseos, la mente esta demasiada distraída con los estímulos que invitan al consumo, sea el de los restaurantes o el de las chancletas.

Todo depende de lo que se busca. El/la paseante también es alguien que busca suministros, bebidas, coincidencias o nuevos contactos humanos. Un rato de distracción no hace daño a nadie, pero miles de ratos con la idéntica distracción hacen la vida aburrida y la paraliza en inercias tontas. Soy un asintótico que prefiero pasear por sitios no concurridos y en mi condición de caminante  urbano me molesta que tanto  comercialista lace sus ataques con toda regla contra paseantes que solo quieren pasear. A juzgar por las miradas del personal que no ven calles ni personas sino los artículos de venta de los expositores, deben/mos ser una minoría los que nos gusta caminar en paz. Alguna vez algún loco arrasará con los obstáculos que encuentra a su paso. Lo detendrán y lo juzgaran por atacar a la propiedad privada. Tal vez el abogado de oficio que le toque, si ese día se ha preparado una frase para el evento diga a los togados: el pedestre era antes que los obstáculos, él tiene la prioridad histórica de que no se le barre el paso.

Recuerdo una mañana soleada en el centro de DF México donde todo es un comercio. La densidad humana era tanta que no podía avanzar. Por su parte los comerciantes sin tienda, los del suelo, se habían apropiado de las aceras impidiendo el paso de los peatones por ellas. Cuando quisimos avanzar en nuestra ruta entrando en una de ellas casi nos acuchillan por ivadirles “su”  dominio.

Una empleada del hogar o un peligro en casa

Por YASHUAbcn - 3 de Agosto, 2009, 20:53, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

 

Una empleada del hogar. Un peligro dentro de casa.

La asistente doméstica es un cargo generalmente en manos de mujeres. Solo he conocido un caso de un hombre que se ocupara de ese tipo de trabajo y tampoco recuerdo que fuera el trabajo de su vida, más bien una elección provisional para salir del paso y que una amiga aceptó contratarlo. De las domésticas, doncellas o asistentes se ha hablado y habla a menudo en quienes tienen el privilegio de poder pagar el salario de una para sus quehaceres domésticos. No comprendí del todo tal insistencia temática hasta que Marga, guatemalteca con bastantes años de residencia en España, vino a casa a trabajar. Teníamos referencias de ella porque trabajaba para una vecina y os la habíamos encontrado en el vestíbulo del edificio algunas veces. Era una emigrante guatemalteca con decisión, de mirada franca y espabilada. Cuando le propusimos de ocuparse de la limpieza de la casa 14 horas semanales nadie nos dijo que su forma de trabajar podía ser peligrosa tanto para las cosas como para las personas. Debo decir, antes de proseguir esta pequeña anécdota, que a diferencia de mi compañera yo siempre me he resistido a tener una empleada en casa para que se ocupe del cuarto de baño, la vajilla, el polvo, la aspiradora o hacer la cama. La experiencia que he tenido con anteriores empleadas me dejó un saldo de tristes lecciones con objetos  rotos escondidos o por sisas con el tiempo contratado.

Marga vino unas cuantas veces mientras nosotros estábamos en casa ya que es el lugar donde vivimos y además trabajamos. Estuvimos siempre a un par de segundos de distancia para preguntarnos lo que fuera o cualquier duda. Trabajó a fondo quitándonos el polvo, fregando el parquet, reordenando los armarios. Ante su calendario de días yo me autocondicionaba para dejar las cosas lo mejor posible y nada que pudiera correr el peligro de romperse. Notamos inmediatamente su iniciativa en organizar las cosas sin consultarnos: reubicar objetos en lugares diferentes a donde estaban. Como que somos partidarios de la iniciativa individual en tanto que  antídoto de toda desidia nos pareció bien. Dejó de ser tan elogiable cuando centrifugó una alfombra de retales de tal modo que quedó completamente deshilachada y para tirar. El mismo día advertí que había tirado objetos útiles como un lápiz, una pinza y un tape a la basura orgánica. Es sabido que el análisis de basuras es un análisis casi de personalidad a efectos prácticos. Dime cómo las organizas en casa o que cosas tiras y conjeturaré con bastante fiabilidad cómo eres.

Me había apuntado mentalmente este par de detalles y algunas cosillas para decírselo la siguiente vez que viniera cuando averiguamos que las tres macetas que había en la repisa exterior de la ventana de nuestro dormitorio, sede de plantas y a la vez cobijo de una paloma que viene a ocuparse de su tercera camada de polluelos, fueron echadas abajo, a unos 12 metros, en la parte posterior del edificio que da a un parque cayendo sobre una especie de acera. Baje para comprobar los destrozos. Las macetas estaban amarradas con cuerdas por seguridad. No pude dar crédito a que esto lo hubiera hecho Marga sin preguntarnos. Gracias a ella comprendí por primera vez en mi vida la justicia de un despido. Hasta este momento casi nunca había puesto en duda las reivindicaciones obreras  que me parecían legítimas en contra de los despidos improcedentes. Suponía que todos los trabajadores tienen derecho a su empleo y que como ellos el hecho de fichar como trabajador era suficiente garantía para suponer que hacían un trabajo adecuado. En el fondo de mí no me había limpiado de mis secuelas obreristas. Marga me ayudó con un solo acto y de un solo zarpazo a comprender que no todos los trabajadores trabajan bien ni tienen porque ser aguantados cuando la traicionan la confianza que se les deposita. Jamás creí que pudiera expresar este tema con una frase semejante. La siguiente cita con Marga iba a ser para comunicarle su despido pero antes necesitábamos que nos diera la fotocopia de su DNI, documento indispensable para que la compañía de seguros nos devolviera los pagos que le habíamos avanzado ya que nuestra póliza nos cubría esta contratación por 3 meses. Después de que nos diera el papelito le pediríamos que fuera a recoger las macetas rotas y recuperara la tierra y las plantas y comprara otras en su lugar y lo recolocara, todo esto, claro está, fuera de sueldo.

Para ponernos de acuerdo mi compañera y yo sobre esta cuestión nos costó una discusión a media mañana, otra durante la comida y otra por la tarde. Ella pensaba que yo hipervaloraba las cuestiones materiales y que todo lo veía negativo a priori, yo me defendía diciendo que la confianza una vez mas había sido traicionada en algo imperdonable y que tal persona no merecía que volviera a trabajar para nosotros. Además del trabajo qiuen había metido en la instalación de esas macetas y lo que pagué por ellas, nada baratas por cierto, estuvo el hecho fundamental de no consultarnos. Lo admito, no tolero no ser consultado en cuestiones que me conciernen y en mi propia casa, mucho menos por alguien que viene de paso. El problema de Marga era el exceso de iniciativa, tanto, que se comportaba con las cosas y lugares ajenos como si fueran suyos. Nada grave, un perfil psicológico peculiar, patológico claro. El día de visita previo para hablar si estaba de acuerdo en venir a trabajar y ponernos de acuerdo en el precio (10euros la hora, en otras partes se paga todavía a 7 y 8 la hora) hablamos de todo y de lo social. Demostró tener lo que se llama conciencia social (¿conciencia social? Sí, eso he dicho aunque mueva a jejés) con el discurso típico de los luchadores de la miseria y la critica antiimperialista que le llevaba a negar el alunizaje del Apolo norteamericano. Muy bien congeniamos y apenas hablamos de las cosas concretas de cómo queríamos que trabajara. Como suele pasar en las conversaciones, sobre todo en las primeras, se dan por supuestos muchos entendidos que luego no son tales. De todas las hipótesis en las que uno puede pensar de una nueva doméstica la que menos se me hubiera ocurrido nunca fue pensar de que tiraría cosas por la ventana abajo con un agravante, en la posición de lanzarlas no se podía ver quien pasaba por abajo, de tal como que podía haber matado a alguien en el caso de que pasara por ahí. Se me puso la piel de gallina nada más pensar en esa posibilidad.

Subí al piso de la vecina, Isabel,  a la que venía otros días por semana. Le pregunté referencias de su empleada, a la postre amiga suya ya que venia viniendo a su casa desde hacía 10 años. Me confirmó, efectivamente, su exceso de iniciativa y su habitual no consulta tirando cosas, lo que le había creado problemas tanto con ella como en otra casa e la que iba a prestar sus servicios. Comprendí que esa solicitud de referencias tenía que haber sido anterior  y  decidí, aunque tarde, que hay que pedirlas a todo desconocido con el que se tenga una relación contractual. Le declaré a Isabel mi consternación y el peso de la anécdota ya que nunca nadie me había hecho tal cosa, mucho menos siendo una empleada.

Toda la vida oí hablar de conflictos con criadas y empleadas de hogar, ahora comprendía porque. Accedí directamente al cum laude de este tema.

Supuse que la chica necesitaba ese trabajo y unos 150euros a la semana extras para su familia no le vendrían nada mal. Era un contrasentido que lo echara a perder literalmente al hacer un acto imperdonable como ese, por tirarnos cosas de valor y por  hacerlo peligrosamente. Mi compañera, infinitamente cotemporizadora, se puso, como suele hacer, de parte del malo, pensado en excusas y en no sé qué cuentos. Tuve que imponerme: si no la despachábamos a la doméstica seria yo quien me iría de casa. Llegar a esos extremos lingüísticos ya es un indicador de cómo anda una relación conyugal.

No había reparación posible. Podía plantearle a la chica que fuera de compras y comprara exactamente lo que había tirado abajo, que lo restituyera tal como estaba significando eso que tenía que perforar los plásticos de las macetas y asegurarlos con cuerdas, que todo esto lo pagara con su dinero y que todo el tiempo empleado fuera sin cobrarlo. Y luego y solo luego hablaríamos de un nuevo contrato. Como que difícilmente cumpliría con lo primero porque la gente no está por esas labores y seguro que encuentra justificaciones por hacer lo que hace, no daría lugar a lo segundo. Ella se quedaría sin ese dinero extra y nosotros nos pusimos ya a buscar a otra persona a la que contratar en cuya primera visita le diríamos que viniera con una fotocopia de su DNI y hablaríamos de lo que tenía que hacer y no de las revoluciones latinoamericanas o de la carrera espacial. Tener una ideología progre o no tenerla no incide demasiado –a las experiencias me remito-  en actitudes racionales en la vida cotidiana y concreta. He conocido personal super-revolucioanrio y totalmente desorganizado y sucio en lo concreto y al revés personal muy conservador y muy organizado  y meticuloso en su vida doméstica.

A Marga la mandaríamos a tomar viento con o sin una sugerencia moderada que consultara para quien trabajara (o donde interviniera) con objetos que concernían a otras personas. Se trataba de un perfil psicológico determinado que la llevaba actuar así y poco se podía hacer. Yo no estaba dispuesto a confiar ni siquiera en su reconocimiento de error. Mi carpeta de tolerancias  la tenía bastante floja. No quería correr el riesgo de darle una segunda oportunidad para que nos hiciera la pirula de nuevo. En cuanto a la nueva persona que contratáramos mantendríamos una conversación estricta y completa sobre su función profesional. La verdad es que en casa necesitábamos una persona, tampoco todos los días, una vez por semana sería suficiente. Alguien en quien confiar y que nos ayudara e cuestiones de limpieza y mantenimiento. No alguien que como Marga lo manipulara todo. Recuerdo que en esos pocos días también había desfuncionalzado el temporizador del termo, además de usar el agua caliente para limpiar la vajilla y dejaros sin agua para la ducha un par de veces. Cambió bastantes objetos de lugar sin reemplazarlos e su sitio. Ningún detalle queda fuera de interpretación y desde el primero en el que tiró cosas a la basura que le molestaban ya debí haber advertido que esta chica no era para aceptarla.

A cada anécdota en la vida se me demostraba que mi capacidad de sorpresa no  rebosaba nuca del todo, siempre había un motivo extra para ensanchar la cuba de las experiencias.

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