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La cesta de lo sobrante

Por JesRICART - 5 de Junio, 2009, 16:11, Categoría: PROPUESTAS

 

La Cesta de lo Sobrante. JesRICART

La vida doméstica es también un trasiego de cosas que entran y cosas que salen. Si los botes de basura hablaran dirían muchas impertieencias acerca de los habitos de consumo de los que los llenamos. La mejor planificación de una vida hogareña es la que compra y obtiene lo que necesita y es realmente lo que necesita usándolo de maneras apropiadas. Eso no evita que una cierta de cantidad de cosas de las que nos valemos pasen a sobrarnos y podamos prescindir perfectamente de ellas. Los rebuscadores de containers (una hueva profesión desde la sociedad multiconsumista incluye las prácticas de despilfarro) puede dar buena cuenta de cantidad de cosas que puede seguir teniendo una función útil y pueden ser reutilizadas por otros usuarios que las aprecien. No se puede entender que una sociedad tan preocupado sobre fuentes de energía y de producción siga sin estarlo adecuadamente por lo que hace a la reutilización de los productos tal cual son a pesar del propagandismo a favor del reciclaje y de la existencia de plantas recicladoras.

Ya ha sido propuesto que a parte de las explanadas donde echar productos sólidos no orgánicos para que sean separados los tejidos, los cauchos, los aceites, los electrodomésticos, los plásticos y las pilas, entre otros y a parte de las plantas de compostaje, cada unidad e la que hay 3 o cuatro contenedores reunidos (generalmente para cristal, papel y otro para los demás restos: plásticos, tetravics, cables,…) podría ser adecuada como un pequeño receptáculo en la calle  en el que dejar las cosas aun útiles: teles, alfombras,  radiotransistores  y ropa usada que los quiera aprovechar alguien.

Esa idea de la reutilización de los productos tal cual están puede ser llevada al vestíbulo de cada comunidad de residentes, de cada escalera. A menudo nos deshacemos de cosas que siguen teniendo un valor pero que ya no nos caben en casa o que descartamos volverlas a usar en el futuro. Muy bien ¿por qué no regalárselas a alguien que pueda continuar dándole un servicio? Ese alguien no aparece o tarda en aparecer. Das voces o publicas que te sobran tal o cual cosa: una colección de singles, para los que seguro los coleccionistas se pirrarían, o una de vhs de dibujos animados que harían felices a los niños, y no conoces o no tienes a mano directamente a quien ofrecérselo. ¿Por qué no dejarlos en una especie de Cesta de lo sobrante, para que se abastezca de ello quien lo necesite? Esta puede estar en el vestíbulo junto a los buzones en alguna parte que no tiene porque molestar o porque ser un ataque a la estética del espacio. 

Vengo practicando dejar cosas en el asiento del vestíbulo desde hace años. Todos mis vecinos deben tener un objeto  u otros: cuentos infantiles, revistas, libros, cassettes, maletas vacías. En menos de 36 horas los objetos son tomados por alguien. El circuito puede seguir. Ese nuevo usuario puede repensar que una vez mirado un video o un cuento también lo puede devolver al sitio para que pase de manos.

Los últimos años se ha puesto de moda la práctica del libro circulante o viajero. En algunos establecimientos culturales o incluso bares hay quienes dejan esos materiales para que nuevos lectores disfruten con sus lecturas. Para un lector entregado a parte del disfrute en leer lo que ha leído  está el hecho de facilitar la extensión de este disfrute a otros que puedan leer el mismo libro. En una sociedad tan retencionista y acumulacionista el principal factor que se opone a esta práctica del compartir es el individualismo y el pose sionismo a ultranza con exceso de privatización y de miedo en desprivatizar recursos. Millones personas necesitan tiempo para aprender a compartir, cuya práctica concreta no es nada complicado pero necesito el visto bueno de una mente dada al exceso de control. Tal vez la mayoría mueran sin ese aprendizaje hecho pero mientras haya quien comprenda que todo lo que obtiene no tiene porque convertirlo en lastre para su propia vida y tomarlo como cosas que van y vienen y que puede facilitar su circulación, la historia de la tesis del compartir seguirá desarrollándose.

Hay otras situaciones en las que la cesta de lo sobrante o dado a compartir se ha instrumentado sin la mayor complicación. Los alojados en los Youth hostel y en un tipo de albergues semejantes se encuentran con objetos de comer o domésticos, también de equipo, que son dejados porque los viajeros no quieren cargar con ese peso o porque temen que les va a caducar. En esas cocinas compartidas con mucho trasiego de usuarios que cambian prácticamente cada día una cesta perfectamente definida para eso (otra en el interior de los frigoríficos para lo que necesite ser conservado en ellos) permite: 1ro. No tirar comida en buen estado 2do. Evitar que se pudra 3ro. Respetar el trabajo y proceso de producción que ha permitido que ese artículo haya sido puesto en el mercado. El resultado es que favorece a todo el mundo: al que lo deja para ser aprovechado porque sabe que su inversión en comprarlo y traerlo no queda en nada, al que lo usa porque se evita un pago para repetir una compra que ya ha sido hecha por otro, y al mismo producto porque se le permita que cumpla con su función para la que ha sido producido. En cabañas para senderistas y refugios de montaña también se encuentran productos alimentarios y objetos dejados por otros para que los aproveche.

Vale la pena citar este ejemplo porque son prácticas que han arraigado en determinados ambientes y representa colaboraciones mutuas entre personas anónimas que tal vez no se llegarán a conocer nunca. En un edificio de viviendas donde los vecinos poco o mucho se conocen esta práctica debería ser  instituida. Por ahora no he visto ningún edificio que lo haga.

Ponerse a hacerlo tampoco significa que los vecinos hagan suyo el criterio e imiten el ejemplo. Durante todos los años que llevo haciéndolo no he visto nunca ningún objeto sobrante, de la categoría de los que digo, dejado en el vestíbulo por otros. No faltará quien opine que eso no se lleva bien con la estética del espacio.

La historia podría ser más bonita si los edificios de apartamentos pensados para varios usuarios, a veces docenas de ellos en la misma escalera, ya fuera construidos con una sala en  el paso comunitario, junto al vestíbulo, que sirviera como sala comunitaria donde haber un revistero, un espacio de música o relax y un apartado de televisión, lo suficientemente confortable como para que todos los vecinos pudieran tener sus reuniones habituales en la cadencia periódica que decidieran para hablar de  cuestiones de interés comunitario. En ese espacio la cesta de lo sobrante seria un rincón más para cumplir esa función específica.

A efectos de obra, el encarecimiento del edificio global seria imperceptible y en cambio la construcción seria ofertada al mercado con una filosofía distinta. Hasta ahora los edificios multiapartamentos incluidos los de lujo no contemplan ese detalle, aunque sí haya otra espacios comunitarios muy estimables como el jardín de interior, la piscina y un gran vestíbulo. Ya que hay muchas cosas que no surgen de un modo imponente de la iniciativa privada o cuando lo hacen pasan sin pena ni gloria, como la mía para citar el caso más inmediato que conozco, no estará de más repensar que hay directivas unicentrales del estado pendientes por lo que hace a levantar los nuevos edificios y reacondicionar los antiguos: contemplación de instalación de tecnología de energía solar, orientación lógica del edificio en relación a la elíptica solar, cosas que no deberían tener que recordarse a promotores y planificadores, arquitectos y urbanísticas que aplicaran con convicción sus deontologías profesionales.

E el estado de NY estuve de visita un tiempo en un edificio con un par de salas de estar de este tipo en la planta baja aunque realmente no era un edificio de apartamentos en propiedad sino vinculado institucionalmente al city Hall que los proporcionaba para personas sin hogar. La idea me pareció estupenda no ya solo para tener un espacio de reunión (¿desde cuándo la democracia participativa funciona de pie y mal en espacios angostos? Me refiero a las tristísimas reuniones de escalera) sino también de coincidencia y para que funcione esa facilitación espontaneo de cosas aún útiles que sobran a unos y a otros. Mientras que el mundo no cambie, es decir las normas de construcción y urbanísticas no evolucione, la cesta de lo sobrante no tiene ningún problema, ni siquiera necesita una cesta, basta dejar cosas que te sobran en un lugar de paso de los vecinos.

Hay que contar con la posibilidad que aquello del o que te deshagas o le interese a nadie y tampoco es cuestión de que se acumule en un sitio de paso. Para esta eventualidad basta tenerlo encueta para que después de unos días la cosa que no interese pase a la otra fase de reutilización o reciclaje, el lugar donde están los containers.

Cambiar nuestro entorno pasa también por  introducir nuevos hábitos y cambiar la relación que tenemos con las cosas y a través de ellas con los demás.

 

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