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La vida urbana como trampa

Por N.Estebenz - 15 de Mayo, 2009, 12:36, Categoría: LA VIDA URBANA

La vida urbana como trampa   N.Estebenz Nogal

Toda la fascinación que ejerció la gran ciudad como lugar de multitud de efemérides se vino abajo cuando el coste de la residencia en ellas empezó a ser superior que las ganancias psicológicas de goce personal. Ciertamente la gran ciudad proporcionaba diversión, gente múltiple, variedades, servicios y excitación continua. Posteriormente, en su gigantismo, ha venido proporcionando cosmopolitismo, actividad intensa y ajetreo. A sus cantos de cisne iniciales ha tocado añadir un montonazo de efectos colaterales indeseables: desde la ansiedad y el estrés cada día más generalizado a los atracos y a los peligros de la circulación. No se trata de algo exclusivo a las ciudades del primer mundo. También viene pasando en las menos desarrolladas. El efecto concentracionista de los grandes orbes ha venido desertizando zonas rurales con el espejismo de una vida mejor, un trabajo seguro y un mayor poder adquisitivo. Ese fenómeno de  captación de capital humano crea una contradicción todavía no resuelta a escala planetaria: las ciudades del lujo y del espectáculo organizan –o caotizan- en numero  absoluto de millones de personas mucha mayor población humana que el resto de áreas geográficas. Es así que la inmensa mayoría de gente se halla ubicada en la menor cantidad  de espacio físico. La vida urbana, que en un principio era llamativa, se convierte en una trampa cuando sus fenómenos indeseables van en crecimiento sin que las alternativas a ellos sean definitivamente seguras. Todo el mundo acude a la gran babilón esperando encontrar todo lo que tuvo privado en su pasado pero allí topa con el  poli-látero de la lucha más encarnizada. La ciudad no es la panacea. Es el lugar de la rivalidad por el espacio, por los lugares en la calle y por los puestos en las empresas. El tele-trabajo permitirá que la gente vaya a vivir a lugares más dignos y gestionar sus ocupaciones a distancia, mientras tanto moverse por el asfalto urbano tiene sus riesgos.

Jane Jacobs[1], teórica y activista del urbanismo humanista, se opuso al crecimiento descontrolado de las grandes urbes, a la idea de que las calles vacías fueran un signo de seguridad o de que los coches, uno de progreso; a las autovías que tejieran los conglomerados urbanos. The Death and life of Great american cities, su libro, un clásico, influyó en la planificación urbanística. A pesar de eso las ciudades son lugares de vía crucis y de penitencia. Son preferibles las ciudades de tamaño intermedio y de densidad manejable. Esas permiten una relación más estrecha entre ciudadanía y administración. El tamaño no es lo decisivo en la gestión del espacio y de los recursos sino los criterios de gobierno y la disposición. Por ahora los habitantes de las megápolis somos pequeñas motitas de polvo. El protagonismo de lo pequeño apenas es contemplado en esta civilización en la que predominan las grandes cifras.

 



[1] fallecida a los 89 años en el 2006.

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