El Blog

 
 

Calendario

<<   Abril 2009  >>
LMMiJVSD
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30    

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog
 

Una entrevista de más

Por YASHUAbcn - 20 de Abril, 2009, 12:13, Categoría: COMUNICACIÓN

Una entrevista de más[1] 

Mikelomag me llamó a finales de un verano después de mucho tiempo de no saber nada de él. Expresó su deseo en verme y  me comentó algo de unas reuniones exquisitas que estaba prodigando. Lo de exquisito se apoderó en seguida de mi imaginación. Todo el mundo  debería llevar algo para cenar que no necesariamente fuera caro pero  que fuera elegante y selecto. Me cautivó la idea y decliné su primera proposición de una cita personal para tenerla en el seno de una reunión de ese grupo. De hecho Mikelomag no me parecía pertenecer a ninguna clase pudiente ni me daba la impresión que tuviera muchos ingresos económicos como para patrocinar encuentros con ese punto de elitismo; aún así me pareció una buena idea. En todo caso una cita con un nuevo grupo permitía siempre un incremento de probabilidades mientras que una cita con una sola persona, si resultaba agotada o aburrida, era su decremento.

Entendámonos: no es que no  me apeteciera el reencuentro  con él pero no tenía ningún registro de su confidencialidad, comunicación o  identificación en mi memoria. Sólo lo recordaba cómo alguien llamativo dentro de un grupo de raros con el que salí  de excursión en unas pocas ocasiones y nada más. ¡Ah sí! recordaba algo acerca de su  declaración  de homosexual y punto. Al parecer él de mi se acordaba de bastantes más cosas.   Tal vez porque le había regalado alguno de mis textos impresos y eso le dio una visión de mi mayor de la que le pude comunicar directamente con mi voz.

Tomé nota de la cita para un sábado noche. El plan era ir a la playa. Llegado el día, la lluvia y un  lapsus de olvido  me hicieron perder mi asistencia. Nada grave. Le había dicho más de ir por compromiso que por interés. Estaba tan bien con mi acompañante -a la cual también conocía y que también iba a venir- que a los dos se nos pasó por alto ir al lugar de la cita. Llamé en seguida pero el número del  que disponía estaba mal anotado.

Pasado algún tiempo más restablecimos el contacto y quedamos de nuevo. Ésta vez, él y yo. Accedí a la cita ya que fue establecida en mi ciudad  del extrarradio metropolitano. De haberme tenido que desplazar expresamente al centro cosmopolita es posible que la hubiera declinado. 

Le mostré mi ciudad y estuvimos como dos horas y media de plática. Lo llevé a pasear por la ribera de las ranas, un lugar cuyo nombre oficial desconozco pero que es un paseo precioso de árboles y de croares en los veranos y donde suelo ir a pasear cuando quedo con alguien para eso. Me habló de  la crueldad de la vida y de la soledad, sus dificultades en establecer una pareja sexual en su caso.  Sus problemas físicos, su retraso biográfico para alcanzar la vida sexual. Jamás había tenido una vida convivencial establecida; y –ojo al dato- había tenido que tomar medidas para contener sus reacciones violentas. Me habló de sus ejercicios de meditación y relax, de las sesiones de vipassana donde había participado y de los cuartos oscuros donde era posible tener tratos carnales sin saber con quién. En fin, me hizo de consultante para una sesión analítica pero sin pago. También se las ingenió para preguntarme si yo estaba disponible. No entendí muy bien la pregunta ya que al principio de la cita me objetó que yo tenía un aspecto asalvajado. Había entendido perfectamente su objeción. Él,  pretendidamente rasurado, era una víctima de su imagen para conseguir relaciones que el infortunio le prohibía, yo sin estar atento a la mía no estaba en el drama de esa tesitura. Él pertenecía a un club de perfeccionistas que un pelo de mas o una ralla equivocada en el cabello podían ser imperdonables, yo pertenecía a otro donde las formas eran más excusadas en función del fondo de las comunicaciones.

En un momento dado trató de demostrarme su vanguardismo y su arrogancia transgresora pidiéndome que fuéramos juntos cogidos de la mano. No se la retiré pero le hice notar que era una mano temblorosa, gélida y sudada, elementos propios de la ansiedad y de la inseguridad.

Le expliqué mi teoría de la psicología de relaciones y los conflictos entre el yo y el otro. No entendió para nada mi prosa, e incluso se disgustó por hablarle con conceptos tan difíciles,  según me dijo. Me igualó automáticamente a un plural con otro psicólogo, su cuñado, con el que tampoco tenía facilidad comprensiva. La verdad es que no entendí su protesta, puesto que su profesión, o eso dijo, era la de terapeuta y trataba con los problemas de la gente. Ni siquiera me hice la pregunta de cómo podía ser eso y desde luego no se la expresé. Tan pronto enseñó sus cartas de la ignorancia y su desinterés por salir de ella (antes de concluir la primera hora de la cita) no vi la posibilidad de una comunicación intelectual con su persona ni una amistad emocional. Mucho menos cuando su propuesta inicial de que participara en sus encuentros “selectos” no la mantuvo por temor a que fuera a uno de ellos y lo desbancara del puesto de mánager. No concebí como podía ser maestro de ceremonias de una reunión de solitarios. Si él era así, ¿cómo estarían los demás para admitirlo como organizador? El resto del encuentro fue para seguir un guión de cortesía y perder miserablemente el tiempo. Lo acompañé hasta la estación del ferrocarril. En ningún momento me surgió invitarlo a casa. Antes de despedirnos me dijo: Me ha gustado mucho ver que estás tan bien. Y le contesté a mí también me ha gustado verte de nuevo.



[1] http://disc.server.com/discussion.cgi?disc=201407;article=2694;title=Hoyenelmundo

Blog alojado en ZoomBlog.com