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20 de Abril, 2009

Una entrevista de más

Por YASHUAbcn - 20 de Abril, 2009, 12:13, Categoría: COMUNICACIÓN

Una entrevista de más[1] 

Mikelomag me llamó a finales de un verano después de mucho tiempo de no saber nada de él. Expresó su deseo en verme y  me comentó algo de unas reuniones exquisitas que estaba prodigando. Lo de exquisito se apoderó en seguida de mi imaginación. Todo el mundo  debería llevar algo para cenar que no necesariamente fuera caro pero  que fuera elegante y selecto. Me cautivó la idea y decliné su primera proposición de una cita personal para tenerla en el seno de una reunión de ese grupo. De hecho Mikelomag no me parecía pertenecer a ninguna clase pudiente ni me daba la impresión que tuviera muchos ingresos económicos como para patrocinar encuentros con ese punto de elitismo; aún así me pareció una buena idea. En todo caso una cita con un nuevo grupo permitía siempre un incremento de probabilidades mientras que una cita con una sola persona, si resultaba agotada o aburrida, era su decremento.

Entendámonos: no es que no  me apeteciera el reencuentro  con él pero no tenía ningún registro de su confidencialidad, comunicación o  identificación en mi memoria. Sólo lo recordaba cómo alguien llamativo dentro de un grupo de raros con el que salí  de excursión en unas pocas ocasiones y nada más. ¡Ah sí! recordaba algo acerca de su  declaración  de homosexual y punto. Al parecer él de mi se acordaba de bastantes más cosas.   Tal vez porque le había regalado alguno de mis textos impresos y eso le dio una visión de mi mayor de la que le pude comunicar directamente con mi voz.

Tomé nota de la cita para un sábado noche. El plan era ir a la playa. Llegado el día, la lluvia y un  lapsus de olvido  me hicieron perder mi asistencia. Nada grave. Le había dicho más de ir por compromiso que por interés. Estaba tan bien con mi acompañante -a la cual también conocía y que también iba a venir- que a los dos se nos pasó por alto ir al lugar de la cita. Llamé en seguida pero el número del  que disponía estaba mal anotado.

Pasado algún tiempo más restablecimos el contacto y quedamos de nuevo. Ésta vez, él y yo. Accedí a la cita ya que fue establecida en mi ciudad  del extrarradio metropolitano. De haberme tenido que desplazar expresamente al centro cosmopolita es posible que la hubiera declinado. 

Le mostré mi ciudad y estuvimos como dos horas y media de plática. Lo llevé a pasear por la ribera de las ranas, un lugar cuyo nombre oficial desconozco pero que es un paseo precioso de árboles y de croares en los veranos y donde suelo ir a pasear cuando quedo con alguien para eso. Me habló de  la crueldad de la vida y de la soledad, sus dificultades en establecer una pareja sexual en su caso.  Sus problemas físicos, su retraso biográfico para alcanzar la vida sexual. Jamás había tenido una vida convivencial establecida; y –ojo al dato- había tenido que tomar medidas para contener sus reacciones violentas. Me habló de sus ejercicios de meditación y relax, de las sesiones de vipassana donde había participado y de los cuartos oscuros donde era posible tener tratos carnales sin saber con quién. En fin, me hizo de consultante para una sesión analítica pero sin pago. También se las ingenió para preguntarme si yo estaba disponible. No entendí muy bien la pregunta ya que al principio de la cita me objetó que yo tenía un aspecto asalvajado. Había entendido perfectamente su objeción. Él,  pretendidamente rasurado, era una víctima de su imagen para conseguir relaciones que el infortunio le prohibía, yo sin estar atento a la mía no estaba en el drama de esa tesitura. Él pertenecía a un club de perfeccionistas que un pelo de mas o una ralla equivocada en el cabello podían ser imperdonables, yo pertenecía a otro donde las formas eran más excusadas en función del fondo de las comunicaciones.

En un momento dado trató de demostrarme su vanguardismo y su arrogancia transgresora pidiéndome que fuéramos juntos cogidos de la mano. No se la retiré pero le hice notar que era una mano temblorosa, gélida y sudada, elementos propios de la ansiedad y de la inseguridad.

Le expliqué mi teoría de la psicología de relaciones y los conflictos entre el yo y el otro. No entendió para nada mi prosa, e incluso se disgustó por hablarle con conceptos tan difíciles,  según me dijo. Me igualó automáticamente a un plural con otro psicólogo, su cuñado, con el que tampoco tenía facilidad comprensiva. La verdad es que no entendí su protesta, puesto que su profesión, o eso dijo, era la de terapeuta y trataba con los problemas de la gente. Ni siquiera me hice la pregunta de cómo podía ser eso y desde luego no se la expresé. Tan pronto enseñó sus cartas de la ignorancia y su desinterés por salir de ella (antes de concluir la primera hora de la cita) no vi la posibilidad de una comunicación intelectual con su persona ni una amistad emocional. Mucho menos cuando su propuesta inicial de que participara en sus encuentros “selectos” no la mantuvo por temor a que fuera a uno de ellos y lo desbancara del puesto de mánager. No concebí como podía ser maestro de ceremonias de una reunión de solitarios. Si él era así, ¿cómo estarían los demás para admitirlo como organizador? El resto del encuentro fue para seguir un guión de cortesía y perder miserablemente el tiempo. Lo acompañé hasta la estación del ferrocarril. En ningún momento me surgió invitarlo a casa. Antes de despedirnos me dijo: Me ha gustado mucho ver que estás tan bien. Y le contesté a mí también me ha gustado verte de nuevo.



[1] http://disc.server.com/discussion.cgi?disc=201407;article=2694;title=Hoyenelmundo

B-4040-BX El karma del coche mal vendido

Por YASHUAbcn - 20 de Abril, 2009, 12:07, Categoría: CORREOconElPODER

Fue el B-4040-BX Seat 124 color blanco. A principio de los 90 andaba por alguna parte de la ciudad de la Hache o en una de sus calles fronterizas cuando vi un Seat 124 estacionado en la calle proponiéndose para la venta. No era un gran coche, de hecho muy vulgarizado, dada su similitud al lada de un modelo parecido, pero había sido el coche del jefe de mi padre en la empresa para la que trabajaban cuando esta se desplazaba con una paupérrima Guzzi. Por alguna extraña razón experimenté un impulso de adquisición. Si bien es cierto que no tenia coche alguno es probable que pudiera haber seguido sin el por algunos años más. Tuve la entrevista con su dueño y di una vuelta a la manzana para probarlo. Cerramos el trato casi inmediatamente. 60mil pesetas por todo: motor, carrocería, asientos, parasol, limpiaparabrisas, ruedas…Me ocupé de hacer las gestiones en Tráfico y donde tocara para hacer el cambio de nombre. El coche lo usé bastante para trayectos cortos. Por aquel entonces yo vivía  en Valldoreix en una torre ocupada e iba  casi a diario a Barcelona a la Universidad. No recuerdo si el motor me había fallado alguna vez. Por las mañanas atravesaba las montañas. Era un tiempo en que la gasolina no era tan cara. Ponía mil pesetas cada vez que repostaba, mis economías no andaban floridas  y tampoco necesitaba poner más por los pocos quilómetros que hacía. Unos meses después de eso y unos 4000 kms más por razones que no recuerdo empezaba a estar harto ya de aquella máquina. En todo caso solía estacionarla a la entrada de la city para luego manejarme con el metro, costumbre ésta que sigo practicando tras tantos años y que recomiendo encarecidamente, tanto para potenciar el transporte público y reducir la contaminación medioambiental  como para reducir el consumo privado y los gastos. En una ocasión lo estacioné junto al cementerio de Sant Andrés, cerca de la parte alta del paseo Fabra y Puig. Cuando fui un par de días después por la noche, lo arranqué sin dificultad, pero ya en avda. Meridiana se quedó sin combustible (¡me lo habían robado! ¡Así un rayo hubiera partido fulminado al ladrón antes de dañar mis intereses! ) con el tiempo justo para salir a la altura de la curva de salida de Trinitat Vella. Ahí lo dejé y ya un poco harto del coche, (por más que ahora intento recordar las razones de esa decisión no las tengo) colgué un cartel en la ventana para venderlo. De ese coche no recuerdo grandes aventuras. Recuerdo que di clases de conducción a mi pareja de entonces que a pesar de tener su permiso de conducir desde jovencita había olvidado el manejo y poco más. No hice ningún viaje largo, por tanto no amortice lo que gasté por él con tan pocos miles de kms hechos.

A los pocos días alguien de Sabadell, de la Creu de Barberá, un hombre, me llamó interesado en probarlo. Como yo, por aquel entonces, todavía confiaba en el género humano y no sospechaba a priori de los peligros potenciales de desconocidos, le dije a este individuo por teléfono que pasara a recoger las llaves de contacto y que dejara en depósito su dni y que lo probara por su cuenta. Ahora que lo pienso me parece que fue una total estupidez pedir que alguien se desprendiera su dni para ir a conducir un vehículo por la vía pública, también que lo fuera por su parte en hacerlo. Por aquel entonces andaba mas ocupada y siempre en mi vida me he resistido a dedicar el tiempo a gestiones y cuestiones mecánicas de esta clase. El hombre  en realidad dejó el dni de otra persona, según parece de su esposa, al lugar que le indiqué sin que yo estuviera ahí para verificarlo. Al tipo no lo vi. Luego por teléfono  al decidir comprarlo convinimos  un precio, (el mismo que yo había pagado) pero dejó menos de la mitad alegando que el coche le iba a generar muchos gastos. Le pedí que lo devolviera para cancelar el trato pero no lo hizo. Entregué el dni depositado en una jefatura de policía para que fuera a recogerlo ahí. Al tiempo apareció ese contumaz conductor sin que arregláramos nada. El se quedó con el vehículo pero yo no lo firmé ningún documento de venta pero tampoco lo di de baja, según creo recordar. Error que 15 años después pagaría con saña al serme embargada una de mis cuentas, la de ING. Los avisos de pago de los impuestos de circulación de este coche nunca los recibí o nunca me enteré de recibirlos en ninguno de los domicilios que por aquel entonces yo había usado. La notificación bancaria del embargo me sentó muy mal. (Siempre que hace esto un banco te sientes traicionado, es el depositario en el que confías tu dinero y obedece las órdenes de estado como un perrito faldero). Hice mi reclamación correspondiente a la oficina de recaptacion municipal de Hacienda del Ayuntamiento barcelonés y me quedé con la gestión pendiente de averiguar qué había pasado con ese coche. Con el malnacido que me hizo esta jugada nunca más se supo. Es seguro que apunté su dirección, nombre y teléfono en alguna parte, pero nunca fui a su barrio para tratar de recuperar el coche. Al depositar el dni en la comisaría de policía tampoco era denunciable ya que yo le había facilitado la llave. Ni siquiera era un hurto, se trataba de un préstamo no devuelto. Tuve motivos para abofetearme ante el espejo pero no perdí el tiempo conmigo mismo  y con mis errores.

La experiencia de tener un coche usado como éste, después de una larga colección de tener otros, fue que un coche viejo puede no ser una ganga. Este no lo fue. Los casi 400euros que costó divididos por los quilómetros usados saldría a 1 euro los 10kms + combustible. Demasiado caro. Por el tiempo que lo tuve tampoco lo disfruté. Otros vehículos mejores vinieron a ocupar su lugar.

Por lo que hacía la burocracia siempre encuentra tu cuenta bancaria en la que darte un zarpazo pero no tu dirección, email, teléfono donde notificarlo. El karma de éste coche todavía se puede vengar de mí mientras no sepa en qué condiciones legales está. Por parte de la burocracia de estado, reclamar  los débitos de unos impuestos  después de tantos años parece el  resultado de una agresión y alevosía. ¿No prescribían estos asuntos pendientes después de cinco años?



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