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Intercambio de Casa

Por JesRICART - 8 de Abril, 2009, 0:55, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

Intercambio de casa[1].

Prestar la casa es prestar todo un pack de cosas. Si la experiencia con los préstamos deja no pocas veces mal sabor de boca por el trato que se ha dado a la cosa concreta prestada y su devolución demorada, la de dejar la casa no forma parte de las prácticas más habituales en países en los que predominan las personas descuidadas y poco atentas. Todo el discurso sobre posesión y habilidad utilitaria de los objetos frente al discurso de la propiedad falla en el hecho evidente de que los propietarios cuidan más de sus cosas que los usuarios. Durante décadas hemos visto el desagradable estado de los recursos públicos siendo indicativos de la cultura dominante. Si quieres saber el nivel de cultura de un país no cuentes tanto el número de libros o de periódicos se edita por año, acude a los servicios, a las calles, a las salas, a los parques. Hay muchos más elementos en el espacio comunitario que proporcionan señales de lo que es la sociedad que no los proporcionados por las estadísticas de productos culturales, índices de escolarización o de alfabetización. Esos dos registros distintos llevan a la siguiente paradoja: a mayores niveles universitarios, cultos y sofisticados no les corresponde directamente mayores niveles de respeto de los espacios, los recursos, la atmósfera y la confortabilidad ajena. En las ciudades más bonitas todavía viven chusmas cuyos actos de afirmación pasan por sus destrozos y sus detritus. Nos gustaría vivir en un mundo mejor que incluyera u mayor umbral de confiabilidad en el otro, pero eso parece no estar a la vista. En todo caso ese mundo hay que construirlo en y desde los círculos más inmediatos en que pueda circular esta idea como factor influyente. Mientas un considerable contingente de gente lucha por una mundo mejor, con las antiguas formas usadas (barricadas, cócteles, griteríos,…) por las dos  generaciones anteriores que no consiguieron hacerlo conformándose con el estado del actual, en las relaciones directas apenas si se avanza en formas de compromiso con los recursos y en su socialización. No hay nadie (si lo hay lo reto a una cita para un careo analítico, un duelo verbal para desenmascararlo) a excepción de quien pertenece a la membrecía de una comunidad (religiosa o mística o de algún tipo) en que no pase por la apropiación de sus privacías que guarda con celo (desde colecciones, libros, cámaras, coches u ordenadores hasta  patrimonio inmobiliario). La opción de la propiedad simboliza en la sociedad moderna (la española una de las que más en Europa) una peculiar forma de esclavitud por la vía de las hipotecas de larga duración y el esposamiento de las manos por no poder hacer otras elecciones de vida y de relaciones.  La casa (léase el apartamento, la mayoría de personas no disponemos del lujo ecológico de poder vivir en una según la definición original de lo que es) reúne y resume muchos datos de la vida. Es a la vez el ancla donde se han echado raíces y la rueda de molino atada al cuello que ata a un lugar. Aunque no se nace, se vive con la idea de que lo mejor es tener una casa en propiedad y tener como juguetito preferente de por vida, siempre hay reparaciones qué hacer ya que entre otras cosas los bloques de apartamentos se levantan a menudo con la malicia deliberada de entregarlos con déficits. A diferencia de pretéritos asalariados que era temporeros o que no terminaban de ubicarse por sus migraciones, las sociedades desarrolladas ha hecho de la propiedad donde vivir un objetivo crucial. En casa se tiene todo o prácticamente todo lo que se ha comprado y acumulado a lo largo del tiempo, es el lugar de reposo, el nido de intimidad, el cuartel desde el que hacer los preparativos para la salida diaria hasta el puesto de trabajo o de tarde en tarde para ir de vacaciones; es el sitio para invitar o ser visitado por las personas más próximas. A veces todo eso se hace en 50 metros cuadrados, los más afortunados tienen el doble. Los antiguos pisos podían tener el doble de ese doble. Cuanto más grande un espacio más posibilidades o, también, mas necesidades atencionales para el orden y la limpieza y todo lo relativo a mantenimiento.

La relación que se tiene con el nido proyecta la personalidad que se tiene. Ese espacio representa el mundo propio, el de la familia o el de la pareja (los más afortunados posiblemente ha aprendido a vivir solos y a buscar sus estímulos emocionales en espacios externos). Es un espacio crucial pero que a la vez hay que cuidar. Hay quien no se atreve a dejar por mucho tiempo su apartamento solo por lo que pueda pasar. Tenerlo ubicado en un bloque con un vecindario significa rodearlo de variables externas o de factores de improviso (desde escapes de agua del de arriba a un agujero en la pared hecha por el de al lado). Hay quien no se atreve a ir de vacaciones por los casos que se ha dado de vecinos espías que aprovechan la circunstancia para colarse en el apartamento dejado por unos días para desvalijarlo tranquilamente.

Camino de esas sociedad sino ideal mejor que se pretende, un recurso al alcance de la mano seria oes aprender a prestarse las cosas (no deja de ser una forma de socializarlas) y dentro de ellas, el de intercambio de casas. Yo vengo a la tuya y tú vienes a la mía o yo voy a pasar uno días a una de la lista de compromiso de usuarios y el propietario de ella va a otra ofrecida por otra persona. Eso se puede funcionar con la presunción de respeto a las cosas del otro aunque se le conozca ni se le vaya a conocer a cambio de otro que no se tiene porque conocer respete las propias. El esquema parece elemental. Algo que se aprende en la primera lección de respeto. Existen propuestas organizadas en este sentido. Hay que tener mucha confianza para dejar la casa y todo lo que contiene a alguien por una temporada sin tener que acudir a sacar las cosas más delicadas para que no sean maltratadas, rotas o desaparecidas. No hay mejor experiencia que la de poder gozar de la máxima confianza para poder prestar lo propio a alguien y recuperarlo al menos en las mismas condiciones en qué se prestó. La experiencia contraria, la de prestar algo y recuperarlo en peores condiciones sienta fatal. Se infieren conclusiones terribles como de no volver a confiarse nunca más. No es nada extraño que haya caseros con apartamentos vacios que no quieran alquilarlos por miedo y amigos no tan amigos que no se atrevan a prestar sus cosas si han tenido resultados desagradables de préstamos anteriores.

Tras pasar por distintos registros de experiencias de préstamos confieso que soy muy celoso de mis cosas después de haber perdido un montón de ellas por confiarlas a personas de las que no sospeché a priori su alto nivel de irresponsabilidad. Generalmente cuestionar ese hecho a las cosas perdidas les has seguido la perdida de relación con esas personas. El hecho no es banal porque ese tipo de experiencias forman parte del ámbito cotidiano, del de las relaciones directas, y del poder posible. O tiene nada que ver con poder político o con estructuras económicas o con grandes revoluciones sino con la responsabilidad, un principio tan universal e histórico como poco actualizado y desgastado.

Teóricamente sigue siendo posible la práctica fluida de los intercambios como algo natural. Irían a mas si la gente cuidara mas lo ajeno pro ser ajeno que incluso lo propio y lo devolviera en las mismas condiciones o lo substituyera por otro en caso de pérdida o daño. Y van a menos en tanto tras cada experiencia después de haber dejado la casa o las cosas tienes que hacer un inventario de pérdidas que te toca asumir a ti y de las que se desentiende el responsable de ello. Es entonces cuando te dices que además de la lista concreta de pérdidas te toca hacer el balance de un fracaso del usuario, unido al fracaso de la relación con esa persona por no decir un fracaso de época por lo que hace a la confiabilidad con los demás.

Teóricamente sigue siendo posible el/los intercambios de casa, prácticamente es necesaria `pasar por un cierto número de veces haciéndolo y quedar satisfecho para creer en ello como una alternativa de futuro. En lugar de eso parece dominar el recelo. Lo que pasa en las relaciones comerciales ordinarias con la cesión de cosas (apartamentos o coches de alquiler) que desconfía a priori pidiendo fianzas (no en vano los caseros tienen que perseguir a los inquilinos con respecto a evaluar el estado en que han dejado los espacios arrendados) o números que tarjetas de crédito que quedan como líneas abiertas de pago es lo que termina por imponerse en toda clase de relaciones si no se tiene tanta seguridad con quien se prestan las cosas. O peor que eso ya ni siquiera se prestan o la sola idea de hacerlo parece descabellada.

El posicionamiento ante el tema es completamente distinto cuando se tiene un piso recién alquilado con mobiliario reciclado de los basureros o de segunda mano y regalado con apenas objetos de valor y en un domicilio de tránsito, a treinta años después con uno de propiedad, decorado con objetos caros y delicados. Así que por un lado quiero defender la teoría de ese intercambio y por otro me duelen las experiencias de haber prestado cosas y casas con resultados nefastos.



[1] Debo advertir que este texto ha sido escrito tras recuperar nuestro domicilio  que ha estado en manos de una inquilina supuestamente de confianza que nos los devolvió 14 meses después con unos 30 detalles de imperfecciones en las que no ha faltado las desapariciones y las perdidas definitivas de cosas que no recuperaremos.

 

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