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Abril del 2009

Las Motos y las Aceras

Por Néstor Estebenz - 27 de Abril, 2009, 13:04, Categoría: CALIDADdeVIDA

Cuado fui motero decía cosas como que la  velocidad se goza más con una moto que no con otros vechiculos con parabrisas. Me parecía que el contacto con los elementos me mantenía más despierto y próximo a las verdades de las naturalezas. Ahora prefiero ver el viento fuera de mi vehículo y gozarlo como una moviola desde el confort estable. De la velocidad no hago gozo sino un dato del desplazamiento y de la fórmula matemática de la que forma parte me interesa más el tiempo y el espacio que ella misma. En principio tengo el tiempo para ir a todos los sitios, la velocidad la supedito a ello. Debió ser por eso que terminé por preferir los coches a las motos después de tener unas cuantas: una osa, una ducati, una vespa,…bueno… Siempre me quedó un bonito recuerdo como motero e incluso una cierta admiración por esos escuderos que venían de Germania a tomar el sol hispano con sus atuendos negros, sus manos puestas incómodamente a la altura de sus cabezas y sus jackets con eslóganes a la espalda o el icono de algún infiernillo.

Reconozco las múltiples ventajas de una moto por moverse por las ciudades. Son los que se cuelan poniéndose en primera línea de semáforo y los primeros en salir, son los que se burlan de los atascos en las carreteras, son los que emulan mas la libertad, el poder llegar más lejos y más rápido con un vehículo mas pequeño y en principio con menos coste de consumo. Esas y otras razones han popularizado la moto. La moto garantiza llegar a tiempo a la cita, más que el coche en una ciudad infestada de tráfico.

Sus elogios terminan cuando el motero con prisas te ralla el coche por colarse como puede entre dos carriles o te abate el retrovisor externo; se acaba  cuando estaciona su máquina en la acera, más exactamente junto al bordillo, de tal manera que al aparcar un coche al lado el conductor o el acompañante encuentran  dificultades para abrir la puerta y para salir. Uno de mis vecinos en su afán de custodia de la suya la puso en la puerta de entrada peatonal de la escalera. Otro vecino y yo que coincidimos en ese momento, nos ayudamos mutuamente para sacarla fuera arrastrándola. Hay gente que no aprende si no es enseñándola exactamente cómo se hacen las cosas, es decir cómo deben hacerse. El dueño de aquel vehículo no repitió la fechoría. Otro la pone (es la E 7481 DGP) junto a un árbol y al bordillo de tal modo que siempre impide el acceso a los coches. Le dejamos una nota en el manillar  diciéndole que ahí molestaba. Caso omiso. La tiene metida ahí siempre todo el día. Es posible que le dejemos una segunda nota por si no leyó la primera. No habría una tercera. Darle una patada y tumbársela seria una lección expeditiva pero no es cuestión que la gente tenga que aprender las cosas de esta manera, o sea que seguiremos convirtiendo su desconsideración en nuestra molestia. Pero si alguien opina de manera distinta y da esa patada y la echa sobre el asfalto no seré yo quien me ponga a levantársela.

Si ya sé que los moteros no lo tienen fácil para aparcar sus vehículos. Si dejan las motos en los lugares de aparcamientos de coches impiden la maniobra para aparcar de estos, aunque es el lugar legal donde ubicarlas si no optan por alquilar plazas de parking, si las dejan en las aceras molestan a los peatones sin dejar de molestar a los conductores ya que; como digo, tienen dificultades en acceder o descender sus coches.  ¿Qué hacer?  Repartirnos el espacio más cómoda y civilizadamente entre todos. ¿Cómo? Buscando sitios para ubicar las motos, pero claro por mucho que haya donde estacionarlas o todas podrán estar  junto a la puerta del edificio en el que se vive. Los encargados de gestionar la locomoción rodada tienen que ubicar aparcamientos reservados, pintados y señalizados para motos pero si no lo hacen los moteros tampoco pueden ir de pavos dejándolas de tal modo que molesten. ¿Es que no podéis caminar unos cuantos metros a pie y dejarlas donde no molesten? A veces, en algunas aceras hay tantas juntas que hacen un parapeto en forma de línea continua. ¡Por favor! Lo que un solo obstáculo puede ser sorteado multiplicado por docenas se convierte en una pesadilla. Por su lado los peatones afectados son más considerados de lo que caben. Acatan la afrenta y callan. Sabe que las motos no deben estar ahí pero se acostumbran. Alguna vez chocan con ellas o tienen que sortearlas cuando se tienen las manos ocupadas con bultos, pero bueno ¿qué se le va hacer? Pincharlas o agujerear los depósitos o tumbarlas no, eso ya se ha dicho. No es lo correcto, además el pobre muchacho la debe estar pagando a plazos y farda con ella pero oiga ¿no puede ser un poco más considerado? ¿No tiene sitio? ¿Es que no hay una explanada un poco más lejos, o una acera más ancha sin que moleste tanto al otro lado del paso cebra? Vega, venga, piensa un poco y encontrarás una solución.

Todas las fricciones determinadas por la cuestión del uso del espacio son un barómetro del individualismo reinante. El egómetro (la medición del ego superlativo de cada cual) pasa por observar la imposición de las propias cosas en el reino soberano de los demás. Pues no, ten tus juguetitos pero no nos toques los colgajos con ellos.

senyal de minus tombada

Por VicMAL - 22 de Abril, 2009, 11:56, Categoría: DISCAPACIDAD

Introito :A Trinitat Vella, just davant d’ unes instal.lacions esportives, camps de football, hi ha un espai  de pàrking reservat per cotxes identificats amb usuaris que tenen limitacions de mobilitat. Aquestes places acostumen a estyar seyalitzades amb dos distintitus: un pal que enlaira la placa blava amb la famosa icona  que esquematitza una figura humaa amb cadira de rodes  i la mateixa icona pintada al terra de color grog. Des de fa bastant temps (setmanes que ja corren a fer-se mesos), el señal de tràfic està tumbat damunt l’ acera, el seu lloc d’ anclatge al terra mig tapat i, ¡com no! la plaça acostuma a ser ocupada per un cotxe que no en té el dret.

Adagio: Si ja és prou feixuc aconseguir que les places reservades per persones amb atencions especials siguin espontàniament respectades (això passa tant als seients del metro, com en els wcs, que es fan servir de magatzems, com al tema que ens ocupa de l’ aparcament), encara és mes difícil que ho facin quan el senyal és tombat (no dubto que per algú que no hi estava d’ acord, el tub que sosté la placa no presenta cap bony de col·lisió)i no és visible. D’ això n’ és perfectament consciet els equips de revisió de la qualitat urbaa, els estrategues del civisme i els nois que fan rondes amb els seus cotxes, vinga a fer quilòmetres i fer despesa de combustible, que porten gorra de plat i uniforme flamant.  Tots plegats sabe `prou bé que hi ha coses que s’ han de fer d’ ofici. S’ ha de donar part quan es comprova ,una malifeta i subsanar-la l’ abans possible i no esperar que un veí, ara com jo, que tinc altres coses que fer, es posi a l’ ordinador per documentar aquest fet. Com que no es la primera vegada ni –dissortadament- será l`última (la meva confiança institucional no arriba tat lluny com per creure el contrari) em consta que una part de l’ activitat del ciutadà victimitzat passa i cotinuarà passat per la protesta documentada perquè es preguin les solucions.

Allegretto: Recordant que el seny és una cosa molt catalana i que el tarannà català accepta la critica encara que sigui punyent i burxi els kiwis en les maneres encara que no amb els garfis, el protestari de torn compta amb l’ entusiasme burocràtic de l’ encarregat de torn perquè  dongui les directrius oportunes amb la dotació corresponent de ciment, pot d’ aigua, sorra, paleta i gaveta per enviar operari i aprenent a verticalitzar l’ estri, caigut abans que vingui el drapaire i se l’ endugui confonent-lo amb un material de reciclatge, la qual cosa augmentaria la gravetat del perjudici actual doncs ens apujarieu els impostos per justificar aquesta nova despesa.

Allegro: Com que el ciutadà encara té molt de panoli confia en que els gestors de governs locals i de districtes fan tot el que està a les seves mans per fer una ciutat més humaa i vivible. Sí, el que està a les seves mans seguramet, el que està a distancia dels seus peus que s’ hi ha d’ anar expressamet ja és un altra cosa. Cada vegada que toca comentar fets d’ aquesta mena un es pregunta perque la policia local, que déunidó la part del pressupost que se’ n du, per no afegir l’ altra policia de mossos i mosses (a veure quan es posen les piles i deixen el sexisme de la seva denominació clàssica. Per cert, com que tenim temps, acabo de recordar que en Belloch i altres magnataris de Saragossa acaben d’ apuntar-se a un curs flamant amb experts de filol.logia per aprendre a parlar amb un llenguatge no sexista. Sembla que aquests cursos s’ han posat de moda. Em pregunto si no hi ha cursos per recordar les normatives urbanístiques als assalariats del sistema que sou els encarregats de fer-les complir) no es dedica a donar una guaitada en el seu itinerari de ronda de les malifetes que troben al mobil.liari urbà i entre elles, la que cometo a part del dèficit clàssic de tolerar que aquestes places siguin utilitzades fraudulentament en contra doncs del sector que en té més necessitat. Com que la gent que té minus vàlues es un sector que psicològicament ha aprés resignació i adaptació no hi ha perill que es constitueix en un grup radical per escarmentar als infractors tirant-los de les orelles, el que més fan es deixar-los-hi engantxines al parabrises per recordar-los que aquell lloc que ocupen és usurpat. No em consta d’ engantxines per posar als fronts dels guàrdies municipals per recordar-los-hi les seves feines.

Drama: per molt que un fet sigui exposat irònicament no disminueix el seu pes d’ adversitat i drama. El que per unes cames musculades i robustes estacionar quilòmetre amunt o quilòmetre avall tant se val per una persona sense força per caminar que en prou feines s’ aguanta de peu per uns mecanos articulats i uns bastons o es val d’ una cadira de rodes, aquest quilòmetre és la diferencia que hi ha entre la llibertat de moviment i la seva prohibició.

Mapa: La plaça referida és la mes propera a l’ estació del metro línea vermella, trobant-se a faltar un parell més de llocs reservats al més a la vora possible d’aquesta.. Només és una en una explanada d’ estacionament en que hi caben centenars de cotxes.

Conclusió: segur (en un rampell de seguretat que em ve de no sé on) que aquesta info-sol.licitut, si trobo la manera internáutica de vehiculitzar-la, no caurà en ulls glaucs poso punt i final aquí perque hi ha coses mes importants d’ aquest món que em/ens reclamen l’ atenció.

Una entrevista de más

Por YASHUAbcn - 20 de Abril, 2009, 12:13, Categoría: COMUNICACIÓN

Una entrevista de más[1] 

Mikelomag me llamó a finales de un verano después de mucho tiempo de no saber nada de él. Expresó su deseo en verme y  me comentó algo de unas reuniones exquisitas que estaba prodigando. Lo de exquisito se apoderó en seguida de mi imaginación. Todo el mundo  debería llevar algo para cenar que no necesariamente fuera caro pero  que fuera elegante y selecto. Me cautivó la idea y decliné su primera proposición de una cita personal para tenerla en el seno de una reunión de ese grupo. De hecho Mikelomag no me parecía pertenecer a ninguna clase pudiente ni me daba la impresión que tuviera muchos ingresos económicos como para patrocinar encuentros con ese punto de elitismo; aún así me pareció una buena idea. En todo caso una cita con un nuevo grupo permitía siempre un incremento de probabilidades mientras que una cita con una sola persona, si resultaba agotada o aburrida, era su decremento.

Entendámonos: no es que no  me apeteciera el reencuentro  con él pero no tenía ningún registro de su confidencialidad, comunicación o  identificación en mi memoria. Sólo lo recordaba cómo alguien llamativo dentro de un grupo de raros con el que salí  de excursión en unas pocas ocasiones y nada más. ¡Ah sí! recordaba algo acerca de su  declaración  de homosexual y punto. Al parecer él de mi se acordaba de bastantes más cosas.   Tal vez porque le había regalado alguno de mis textos impresos y eso le dio una visión de mi mayor de la que le pude comunicar directamente con mi voz.

Tomé nota de la cita para un sábado noche. El plan era ir a la playa. Llegado el día, la lluvia y un  lapsus de olvido  me hicieron perder mi asistencia. Nada grave. Le había dicho más de ir por compromiso que por interés. Estaba tan bien con mi acompañante -a la cual también conocía y que también iba a venir- que a los dos se nos pasó por alto ir al lugar de la cita. Llamé en seguida pero el número del  que disponía estaba mal anotado.

Pasado algún tiempo más restablecimos el contacto y quedamos de nuevo. Ésta vez, él y yo. Accedí a la cita ya que fue establecida en mi ciudad  del extrarradio metropolitano. De haberme tenido que desplazar expresamente al centro cosmopolita es posible que la hubiera declinado. 

Le mostré mi ciudad y estuvimos como dos horas y media de plática. Lo llevé a pasear por la ribera de las ranas, un lugar cuyo nombre oficial desconozco pero que es un paseo precioso de árboles y de croares en los veranos y donde suelo ir a pasear cuando quedo con alguien para eso. Me habló de  la crueldad de la vida y de la soledad, sus dificultades en establecer una pareja sexual en su caso.  Sus problemas físicos, su retraso biográfico para alcanzar la vida sexual. Jamás había tenido una vida convivencial establecida; y –ojo al dato- había tenido que tomar medidas para contener sus reacciones violentas. Me habló de sus ejercicios de meditación y relax, de las sesiones de vipassana donde había participado y de los cuartos oscuros donde era posible tener tratos carnales sin saber con quién. En fin, me hizo de consultante para una sesión analítica pero sin pago. También se las ingenió para preguntarme si yo estaba disponible. No entendí muy bien la pregunta ya que al principio de la cita me objetó que yo tenía un aspecto asalvajado. Había entendido perfectamente su objeción. Él,  pretendidamente rasurado, era una víctima de su imagen para conseguir relaciones que el infortunio le prohibía, yo sin estar atento a la mía no estaba en el drama de esa tesitura. Él pertenecía a un club de perfeccionistas que un pelo de mas o una ralla equivocada en el cabello podían ser imperdonables, yo pertenecía a otro donde las formas eran más excusadas en función del fondo de las comunicaciones.

En un momento dado trató de demostrarme su vanguardismo y su arrogancia transgresora pidiéndome que fuéramos juntos cogidos de la mano. No se la retiré pero le hice notar que era una mano temblorosa, gélida y sudada, elementos propios de la ansiedad y de la inseguridad.

Le expliqué mi teoría de la psicología de relaciones y los conflictos entre el yo y el otro. No entendió para nada mi prosa, e incluso se disgustó por hablarle con conceptos tan difíciles,  según me dijo. Me igualó automáticamente a un plural con otro psicólogo, su cuñado, con el que tampoco tenía facilidad comprensiva. La verdad es que no entendí su protesta, puesto que su profesión, o eso dijo, era la de terapeuta y trataba con los problemas de la gente. Ni siquiera me hice la pregunta de cómo podía ser eso y desde luego no se la expresé. Tan pronto enseñó sus cartas de la ignorancia y su desinterés por salir de ella (antes de concluir la primera hora de la cita) no vi la posibilidad de una comunicación intelectual con su persona ni una amistad emocional. Mucho menos cuando su propuesta inicial de que participara en sus encuentros “selectos” no la mantuvo por temor a que fuera a uno de ellos y lo desbancara del puesto de mánager. No concebí como podía ser maestro de ceremonias de una reunión de solitarios. Si él era así, ¿cómo estarían los demás para admitirlo como organizador? El resto del encuentro fue para seguir un guión de cortesía y perder miserablemente el tiempo. Lo acompañé hasta la estación del ferrocarril. En ningún momento me surgió invitarlo a casa. Antes de despedirnos me dijo: Me ha gustado mucho ver que estás tan bien. Y le contesté a mí también me ha gustado verte de nuevo.



[1] http://disc.server.com/discussion.cgi?disc=201407;article=2694;title=Hoyenelmundo

B-4040-BX El karma del coche mal vendido

Por YASHUAbcn - 20 de Abril, 2009, 12:07, Categoría: CORREOconElPODER

Fue el B-4040-BX Seat 124 color blanco. A principio de los 90 andaba por alguna parte de la ciudad de la Hache o en una de sus calles fronterizas cuando vi un Seat 124 estacionado en la calle proponiéndose para la venta. No era un gran coche, de hecho muy vulgarizado, dada su similitud al lada de un modelo parecido, pero había sido el coche del jefe de mi padre en la empresa para la que trabajaban cuando esta se desplazaba con una paupérrima Guzzi. Por alguna extraña razón experimenté un impulso de adquisición. Si bien es cierto que no tenia coche alguno es probable que pudiera haber seguido sin el por algunos años más. Tuve la entrevista con su dueño y di una vuelta a la manzana para probarlo. Cerramos el trato casi inmediatamente. 60mil pesetas por todo: motor, carrocería, asientos, parasol, limpiaparabrisas, ruedas…Me ocupé de hacer las gestiones en Tráfico y donde tocara para hacer el cambio de nombre. El coche lo usé bastante para trayectos cortos. Por aquel entonces yo vivía  en Valldoreix en una torre ocupada e iba  casi a diario a Barcelona a la Universidad. No recuerdo si el motor me había fallado alguna vez. Por las mañanas atravesaba las montañas. Era un tiempo en que la gasolina no era tan cara. Ponía mil pesetas cada vez que repostaba, mis economías no andaban floridas  y tampoco necesitaba poner más por los pocos quilómetros que hacía. Unos meses después de eso y unos 4000 kms más por razones que no recuerdo empezaba a estar harto ya de aquella máquina. En todo caso solía estacionarla a la entrada de la city para luego manejarme con el metro, costumbre ésta que sigo practicando tras tantos años y que recomiendo encarecidamente, tanto para potenciar el transporte público y reducir la contaminación medioambiental  como para reducir el consumo privado y los gastos. En una ocasión lo estacioné junto al cementerio de Sant Andrés, cerca de la parte alta del paseo Fabra y Puig. Cuando fui un par de días después por la noche, lo arranqué sin dificultad, pero ya en avda. Meridiana se quedó sin combustible (¡me lo habían robado! ¡Así un rayo hubiera partido fulminado al ladrón antes de dañar mis intereses! ) con el tiempo justo para salir a la altura de la curva de salida de Trinitat Vella. Ahí lo dejé y ya un poco harto del coche, (por más que ahora intento recordar las razones de esa decisión no las tengo) colgué un cartel en la ventana para venderlo. De ese coche no recuerdo grandes aventuras. Recuerdo que di clases de conducción a mi pareja de entonces que a pesar de tener su permiso de conducir desde jovencita había olvidado el manejo y poco más. No hice ningún viaje largo, por tanto no amortice lo que gasté por él con tan pocos miles de kms hechos.

A los pocos días alguien de Sabadell, de la Creu de Barberá, un hombre, me llamó interesado en probarlo. Como yo, por aquel entonces, todavía confiaba en el género humano y no sospechaba a priori de los peligros potenciales de desconocidos, le dije a este individuo por teléfono que pasara a recoger las llaves de contacto y que dejara en depósito su dni y que lo probara por su cuenta. Ahora que lo pienso me parece que fue una total estupidez pedir que alguien se desprendiera su dni para ir a conducir un vehículo por la vía pública, también que lo fuera por su parte en hacerlo. Por aquel entonces andaba mas ocupada y siempre en mi vida me he resistido a dedicar el tiempo a gestiones y cuestiones mecánicas de esta clase. El hombre  en realidad dejó el dni de otra persona, según parece de su esposa, al lugar que le indiqué sin que yo estuviera ahí para verificarlo. Al tipo no lo vi. Luego por teléfono  al decidir comprarlo convinimos  un precio, (el mismo que yo había pagado) pero dejó menos de la mitad alegando que el coche le iba a generar muchos gastos. Le pedí que lo devolviera para cancelar el trato pero no lo hizo. Entregué el dni depositado en una jefatura de policía para que fuera a recogerlo ahí. Al tiempo apareció ese contumaz conductor sin que arregláramos nada. El se quedó con el vehículo pero yo no lo firmé ningún documento de venta pero tampoco lo di de baja, según creo recordar. Error que 15 años después pagaría con saña al serme embargada una de mis cuentas, la de ING. Los avisos de pago de los impuestos de circulación de este coche nunca los recibí o nunca me enteré de recibirlos en ninguno de los domicilios que por aquel entonces yo había usado. La notificación bancaria del embargo me sentó muy mal. (Siempre que hace esto un banco te sientes traicionado, es el depositario en el que confías tu dinero y obedece las órdenes de estado como un perrito faldero). Hice mi reclamación correspondiente a la oficina de recaptacion municipal de Hacienda del Ayuntamiento barcelonés y me quedé con la gestión pendiente de averiguar qué había pasado con ese coche. Con el malnacido que me hizo esta jugada nunca más se supo. Es seguro que apunté su dirección, nombre y teléfono en alguna parte, pero nunca fui a su barrio para tratar de recuperar el coche. Al depositar el dni en la comisaría de policía tampoco era denunciable ya que yo le había facilitado la llave. Ni siquiera era un hurto, se trataba de un préstamo no devuelto. Tuve motivos para abofetearme ante el espejo pero no perdí el tiempo conmigo mismo  y con mis errores.

La experiencia de tener un coche usado como éste, después de una larga colección de tener otros, fue que un coche viejo puede no ser una ganga. Este no lo fue. Los casi 400euros que costó divididos por los quilómetros usados saldría a 1 euro los 10kms + combustible. Demasiado caro. Por el tiempo que lo tuve tampoco lo disfruté. Otros vehículos mejores vinieron a ocupar su lugar.

Por lo que hacía la burocracia siempre encuentra tu cuenta bancaria en la que darte un zarpazo pero no tu dirección, email, teléfono donde notificarlo. El karma de éste coche todavía se puede vengar de mí mientras no sepa en qué condiciones legales está. Por parte de la burocracia de estado, reclamar  los débitos de unos impuestos  después de tantos años parece el  resultado de una agresión y alevosía. ¿No prescribían estos asuntos pendientes después de cinco años?



[1] enLyM

Intercambio de Casa

Por JesRICART - 8 de Abril, 2009, 0:55, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

Intercambio de casa[1].

Prestar la casa es prestar todo un pack de cosas. Si la experiencia con los préstamos deja no pocas veces mal sabor de boca por el trato que se ha dado a la cosa concreta prestada y su devolución demorada, la de dejar la casa no forma parte de las prácticas más habituales en países en los que predominan las personas descuidadas y poco atentas. Todo el discurso sobre posesión y habilidad utilitaria de los objetos frente al discurso de la propiedad falla en el hecho evidente de que los propietarios cuidan más de sus cosas que los usuarios. Durante décadas hemos visto el desagradable estado de los recursos públicos siendo indicativos de la cultura dominante. Si quieres saber el nivel de cultura de un país no cuentes tanto el número de libros o de periódicos se edita por año, acude a los servicios, a las calles, a las salas, a los parques. Hay muchos más elementos en el espacio comunitario que proporcionan señales de lo que es la sociedad que no los proporcionados por las estadísticas de productos culturales, índices de escolarización o de alfabetización. Esos dos registros distintos llevan a la siguiente paradoja: a mayores niveles universitarios, cultos y sofisticados no les corresponde directamente mayores niveles de respeto de los espacios, los recursos, la atmósfera y la confortabilidad ajena. En las ciudades más bonitas todavía viven chusmas cuyos actos de afirmación pasan por sus destrozos y sus detritus. Nos gustaría vivir en un mundo mejor que incluyera u mayor umbral de confiabilidad en el otro, pero eso parece no estar a la vista. En todo caso ese mundo hay que construirlo en y desde los círculos más inmediatos en que pueda circular esta idea como factor influyente. Mientas un considerable contingente de gente lucha por una mundo mejor, con las antiguas formas usadas (barricadas, cócteles, griteríos,…) por las dos  generaciones anteriores que no consiguieron hacerlo conformándose con el estado del actual, en las relaciones directas apenas si se avanza en formas de compromiso con los recursos y en su socialización. No hay nadie (si lo hay lo reto a una cita para un careo analítico, un duelo verbal para desenmascararlo) a excepción de quien pertenece a la membrecía de una comunidad (religiosa o mística o de algún tipo) en que no pase por la apropiación de sus privacías que guarda con celo (desde colecciones, libros, cámaras, coches u ordenadores hasta  patrimonio inmobiliario). La opción de la propiedad simboliza en la sociedad moderna (la española una de las que más en Europa) una peculiar forma de esclavitud por la vía de las hipotecas de larga duración y el esposamiento de las manos por no poder hacer otras elecciones de vida y de relaciones.  La casa (léase el apartamento, la mayoría de personas no disponemos del lujo ecológico de poder vivir en una según la definición original de lo que es) reúne y resume muchos datos de la vida. Es a la vez el ancla donde se han echado raíces y la rueda de molino atada al cuello que ata a un lugar. Aunque no se nace, se vive con la idea de que lo mejor es tener una casa en propiedad y tener como juguetito preferente de por vida, siempre hay reparaciones qué hacer ya que entre otras cosas los bloques de apartamentos se levantan a menudo con la malicia deliberada de entregarlos con déficits. A diferencia de pretéritos asalariados que era temporeros o que no terminaban de ubicarse por sus migraciones, las sociedades desarrolladas ha hecho de la propiedad donde vivir un objetivo crucial. En casa se tiene todo o prácticamente todo lo que se ha comprado y acumulado a lo largo del tiempo, es el lugar de reposo, el nido de intimidad, el cuartel desde el que hacer los preparativos para la salida diaria hasta el puesto de trabajo o de tarde en tarde para ir de vacaciones; es el sitio para invitar o ser visitado por las personas más próximas. A veces todo eso se hace en 50 metros cuadrados, los más afortunados tienen el doble. Los antiguos pisos podían tener el doble de ese doble. Cuanto más grande un espacio más posibilidades o, también, mas necesidades atencionales para el orden y la limpieza y todo lo relativo a mantenimiento.

La relación que se tiene con el nido proyecta la personalidad que se tiene. Ese espacio representa el mundo propio, el de la familia o el de la pareja (los más afortunados posiblemente ha aprendido a vivir solos y a buscar sus estímulos emocionales en espacios externos). Es un espacio crucial pero que a la vez hay que cuidar. Hay quien no se atreve a dejar por mucho tiempo su apartamento solo por lo que pueda pasar. Tenerlo ubicado en un bloque con un vecindario significa rodearlo de variables externas o de factores de improviso (desde escapes de agua del de arriba a un agujero en la pared hecha por el de al lado). Hay quien no se atreve a ir de vacaciones por los casos que se ha dado de vecinos espías que aprovechan la circunstancia para colarse en el apartamento dejado por unos días para desvalijarlo tranquilamente.

Camino de esas sociedad sino ideal mejor que se pretende, un recurso al alcance de la mano seria oes aprender a prestarse las cosas (no deja de ser una forma de socializarlas) y dentro de ellas, el de intercambio de casas. Yo vengo a la tuya y tú vienes a la mía o yo voy a pasar uno días a una de la lista de compromiso de usuarios y el propietario de ella va a otra ofrecida por otra persona. Eso se puede funcionar con la presunción de respeto a las cosas del otro aunque se le conozca ni se le vaya a conocer a cambio de otro que no se tiene porque conocer respete las propias. El esquema parece elemental. Algo que se aprende en la primera lección de respeto. Existen propuestas organizadas en este sentido. Hay que tener mucha confianza para dejar la casa y todo lo que contiene a alguien por una temporada sin tener que acudir a sacar las cosas más delicadas para que no sean maltratadas, rotas o desaparecidas. No hay mejor experiencia que la de poder gozar de la máxima confianza para poder prestar lo propio a alguien y recuperarlo al menos en las mismas condiciones en qué se prestó. La experiencia contraria, la de prestar algo y recuperarlo en peores condiciones sienta fatal. Se infieren conclusiones terribles como de no volver a confiarse nunca más. No es nada extraño que haya caseros con apartamentos vacios que no quieran alquilarlos por miedo y amigos no tan amigos que no se atrevan a prestar sus cosas si han tenido resultados desagradables de préstamos anteriores.

Tras pasar por distintos registros de experiencias de préstamos confieso que soy muy celoso de mis cosas después de haber perdido un montón de ellas por confiarlas a personas de las que no sospeché a priori su alto nivel de irresponsabilidad. Generalmente cuestionar ese hecho a las cosas perdidas les has seguido la perdida de relación con esas personas. El hecho no es banal porque ese tipo de experiencias forman parte del ámbito cotidiano, del de las relaciones directas, y del poder posible. O tiene nada que ver con poder político o con estructuras económicas o con grandes revoluciones sino con la responsabilidad, un principio tan universal e histórico como poco actualizado y desgastado.

Teóricamente sigue siendo posible la práctica fluida de los intercambios como algo natural. Irían a mas si la gente cuidara mas lo ajeno pro ser ajeno que incluso lo propio y lo devolviera en las mismas condiciones o lo substituyera por otro en caso de pérdida o daño. Y van a menos en tanto tras cada experiencia después de haber dejado la casa o las cosas tienes que hacer un inventario de pérdidas que te toca asumir a ti y de las que se desentiende el responsable de ello. Es entonces cuando te dices que además de la lista concreta de pérdidas te toca hacer el balance de un fracaso del usuario, unido al fracaso de la relación con esa persona por no decir un fracaso de época por lo que hace a la confiabilidad con los demás.

Teóricamente sigue siendo posible el/los intercambios de casa, prácticamente es necesaria `pasar por un cierto número de veces haciéndolo y quedar satisfecho para creer en ello como una alternativa de futuro. En lugar de eso parece dominar el recelo. Lo que pasa en las relaciones comerciales ordinarias con la cesión de cosas (apartamentos o coches de alquiler) que desconfía a priori pidiendo fianzas (no en vano los caseros tienen que perseguir a los inquilinos con respecto a evaluar el estado en que han dejado los espacios arrendados) o números que tarjetas de crédito que quedan como líneas abiertas de pago es lo que termina por imponerse en toda clase de relaciones si no se tiene tanta seguridad con quien se prestan las cosas. O peor que eso ya ni siquiera se prestan o la sola idea de hacerlo parece descabellada.

El posicionamiento ante el tema es completamente distinto cuando se tiene un piso recién alquilado con mobiliario reciclado de los basureros o de segunda mano y regalado con apenas objetos de valor y en un domicilio de tránsito, a treinta años después con uno de propiedad, decorado con objetos caros y delicados. Así que por un lado quiero defender la teoría de ese intercambio y por otro me duelen las experiencias de haber prestado cosas y casas con resultados nefastos.



[1] Debo advertir que este texto ha sido escrito tras recuperar nuestro domicilio  que ha estado en manos de una inquilina supuestamente de confianza que nos los devolvió 14 meses después con unos 30 detalles de imperfecciones en las que no ha faltado las desapariciones y las perdidas definitivas de cosas que no recuperaremos.

 

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