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La mano de los anónimos

Por Néstor Estebenz - 29 de Marzo, 2009, 14:27, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

La mano de los anónimos. 

 

Nuestra pareja vive en un bloque de relativa reciente factura construido por una empresa[1]  con la que se pillaron los dedos, ellos y todo el vecindario, al suponerle  una honestidad que no tenía. Es un bloque que tiene una cierta elegancia por su curvatura y su fachada a blanco negro: el blanco del hormigón y el opaco de las cristaleras de las balconadas. Es una fachada cebra y se diría que ha sido puesta así por si alguna vez la gente se desplaza hacia arriba (hacía el cielo) en lugar de por las calzadas. Esa fachada cebra detendría el paso de los ovnis dando prioridad a los excursionistas  atmosféricos. En todo caso, el blanquinegro siempre es llamativo y la cosa no queda nada mal.

Como todo bloque nuevo fue maqueado para la compra y dejado para el después un montón de errores e imperfecciones de acabados[2]  y de estructura[3] y de escrituras[4]    que fueron poniendo en entredicho la capacidad constructora de la empresa y la habilidad sensorial de sus operarios y técnicos, además de la de sus representantes legales.

Nuestros protagonistas son unos vecinos más de ese bloque de cuatro escaleras y dos niveles de parking con  unos cien apartamentos y   bastantes más personas sufriendo las consecuencias  de la negligencia empresarial y del hábitat poco correcto. Ellos como los demás sucumbieron a la primera impresión y los desastres del edificio irían emergiendo luego. Pero si ese iba a ser el hogar para siempre o por unos cuantos años, pensaron en que lo mejor sería adecuar las cosas lo más cercanas a l bienestar. Plantaron plantas en los tres metros cuadrados de tierra del patio y en una ocasión sacaron las lamas de atrás, que uniformiza la contra fachada e impide ver los trapos de las galerías de los apartamentos que las tienen, con el objeto de limpiarlas. Pero ese gesto radió de luz la cocina y decidieron demorar la reinstalación a  hablarlo en una reunión de escalera que  se propuso pero no quedó nunca convocada. Sacar las lamas (pensadas para ser colocadas una vez, pero no para ser quitadas, limpiadas y recolocadas nuevamente) fue un trabajo duro. Quedaron guardadas en la plaza de parking a la espera de su lavado y reinstalación si no se encontraba una fórmula alternativa mejor. Eso sucedió un agosto y  para el siguiente otoño nuestros pupilos recibieron un primer anónimo[5]  (letra de bloque, mayúscula, sin acentos ni puntuación, firmada por un “tus vecinos” y con la afirmación de que su actitud dividía al vecindario). !Vaya por dios¡ alguien que se hacía representante de toda la comunidad opinaba por todos, pero eso sí sin dar la cara. La caligrafía prometía lo suyo y daba unas cuantas pistas de personalidad de la persona propietaria de la  mano escritora: líneas que empezaban en paralelo con la hoja pero conforme iban avanzando tenían una tendencia tobogánica hacía abajo (¿signo de autodesestima? ¿Problemas de afirmación? ¿Problemas de desodorante?)A pesar de tratarse de un anónimo daba pistas al decir que con tal actitud, los buscadores de luz estaban enfrentando a los vecinos. Sí, es cierto que hicieron un escrito firmado y con el número de teléfono y la dirección puesta, que dieron a los presidentes de escalera para que lo colgaran en los tablones de anuncios. De hecho no hicieron la pesquisa de averiguar si fue leído por todo el mundo pero al parecer, de las cuatro escaleras, dos se reunieron y decidieron estar en contra de quitar las lamas. Pero ni a esas reuniones fueron invitados  los intrépidos ni ningún presidente de escalera les notificó la conclusión. Fue uno de la gestoría  local[6]  que levaba los asuntos administrativos de la finca. Una asesoría de esas que cobra demasiado por hacer muy poco y quizás se sintió necesitada de prestigiarse ante un grupo de vecinos dada su incompetencia con las facturas, la administración en general y su descrédito ante otro grupo de vecinos. Lo que sí hizo la gestoría fue enviar una carta emplazando a la reinstalación de las lamas. Como gestores que son, también hacían la gestión de la presión y la división,. Es decir la de reforzar la tendencia mezquina de unos vecinos contra la libertad de otros.

Vivir en comunidad  lleva a esos roces. Y eso genera posiciones para todos los gustos. Los anónimos que se irían sumando (dejados en el parabrisas del coche y en el buzón): la misma letra, la misma mano, el mismo tono, seguía confirmando que detrás de un anónimo vive una mente  mentecata, meliflua y con problemas de identidad, incapaz de asumir su propio nombre y capaz de otras canalladas tal vez peores. Fue por eso último y no por ninguna consideración legal, que los inquilinos acabaron recolocando las lamas o parte de ellas, puesto que le fueron robadas un par en su permanencia en el garaje. !Es que hay vecinos para todo¡ Vueltas las piezas a su lugar, aquella mente incapaz de coexistir con el agujero en la contra fachada, cesó  de enviarles  papelajos y  la pareja  continuó haciendo su vida a pesar de compartir un techo con algunos indeseables colados en la nómina de los vecinos. Un bloque de pisos-ya se sabe-es un pequeño/gran universo. No pasa nada y la indiferencia es casi total y absoluta  mientras todo el mundo permanece en su puesto obedeciendo el rol  estándar de no destacarse por nada. Tan pronto uno lo hace, aunque sea para proponer mejoras, genera envidias, murmuraciones y tiradas de piedra desde manos escondidas.  Nuestro escritor fracasado de firma oculta, hacía o quería hacer de voz pública contra  personas que solo pedían más luz y que vivían a menos de un minuto de su puerta.  ¿Qué clase de mezquindad puede ocultar alguien incapaz de tomar la palabra y de tratar las cosas a la cara? en particular cuando en alguna reunión parcial donde no estaban presentes los infractores se permitía despotricar en su contra. En todo caso no sería el único ni el último en recorrer a tales procedimientos. Los artífices de los anónimos prodigaban en otras comunidades de vecinos  y quien no lo tiene claro ni tiene entereza para mirarse a su propia cara podía recurrir a artimañas de esa naturaleza o peores. Por si acaso, ante alguien que no se sabe lo que es y de que taras presume, es mejor no ponerse al tiro de sus pedradas.

Pero  redactar anónimos sin duda da ventajas a quien se ampara en ellos: la de comunicar un deseo y una opinión sin comprometerse por hacerlo. Hay quien llega a recurrir a pintadas de pared para acusar a alguien con nombre y apellidos por tal o cual hecho. !sea por la cultura popular a falta de mejores recursos y mayores  astucias¡ Hay quien se venga  solapadamente  de  los vecinos que no le caen bien, porque son más guapos, ganan más dinero  son más felices y son incapaces de perdonárselo. Por último hay quien desdemoniza las situaciones entre-vecinos llevando sus múltiples temas a guiones de cine o de pantalla[7] .Hay quien cuenta su pequeña anécdota por escrito para descargarse  de la mala leche ajena. Hay quien simplemente sucumbe a la situación y se da por rendido para cambiarla y sabe que vivir bajo una misma techada con cientos de personas da conductas de todas las especies. Sin llegar a extremos de otras ciudades[8]  - donde vivir en vecindad puede ser igual a ir a un campo de batalla- qué duda cabe que la vecindad puede significar  quedar enganchado a un fenómeno impuesto, donde los más demagogos de lo comunitario, sin dar la cara, hacen apología  de democracia o de intereses mayoritarios.  Como sea que todo el mundo tiene derecho a expresarse el escritor de anónimos también lo tiene, y aunque lo que diga no justifique el gasto de papel sobre el que lo haya escrito, un remoto acto de conmiseración hace tener en cuenta el hecho de que entre vecinos pueden confluir verdaderos  matagatos y almas en pena esforzadas en ser desgraciadas a perpetuidad.

 

 



[1] su nombre de avanzada del espacio, Espais , no camuflaba su verdad de  ser un tinglado para las ofertas de baja calidad.

[2]  pulsadores de timbres al revés, puertas que no cierran bien, tabiques frágiles que presentan  grietas.

[3]  desagües en el parking en el nivel más alto del suelo impidiendo el vaciado de encharcamientos de agua por accidentes.

[4]  las medidas de las plazas de parking no corresponden con las reales pero la empresa se sacó un as de la manga diciendo que a través de la notaría fue notificado vecino a vecino verbalmente por la cuestión.

[5] Este relato tiene por anexos los documentos relativos a la historieta de tbo, pero tampoco son indispensables para hacerse una composición de lugar de las movidas del juego.

[6] Mangants de Sistelles SL

[7] La serie Neighbours podría hasta ser material de aprendizaje  para la rectificación de conductas.

[8] En algunos barrios marginales de ciudades norteamericanas hay bloques que han llegado a ser bastiones armados donde la policía no se atreve a entrar y desde donde disparan contra otros.

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