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24 de Marzo, 2009

La retirada de las armas

Por Noé Candor - 24 de Marzo, 2009, 16:50, Categoría: The OBSERVER

Cedeuve  17 diciembre 1998

Posiblemente durante los últimos 30 años el tema ETA ha estado tan presencial en los medios de comunicación, que desde que ha declarado su resolución por una tregua indefinida, esto ha ocasionado un vacío informativo y también un  vacío de discurso en los propios agentes del poder, lo que les lleva, sobre todo a los últimos a seguir hablando de esta “banda terrorista” con el mismo énfasis de siempre. El precedente IRA y su  iniciativa de no continuar con la acción bélica, guarda una estrecha conexión con el tema en Euskadi y en general con los temas nacionalistas de la Europa Occidental donde las acciones a fuego han demostrado mantener una actividad en el candelero pero no una resolución de las grandes cuestiones en juego.

Cualquiera que fuese la mejor de las organizaciones armadas nacionalistas tiene enormes dificultades para competir con el peor de los estados que defienden militarmente su tradición a toda costa. Este factor en Irlanda ha querido ser instalado como determinante en la tregua la organización vasca. Otros como los despliegues multitudinarios (estimados en 6 millones de personas en todo el estado español) por la ejecución  preavisada de Blanco, y el cierre de Egin y el encarcelamiento del consejo central de HB, son  interpretados como datos que han recabado el aislamiento del grupo armado.

De hecho, más allá de estas circunstancias y mucho antes en el tiempo, ETA  había caído en un círculo del que no se preveían soluciones. Cada uno de los argumentos por todos y cada uno de los atentados adolecían de impecabilidad y precisión. La explosión a diferencia del disparo del francotirador puede tener -como suele ser  demostrado- nefastas e injustas consecuencias para terceros. Además los atentados contra  los peones del estado acaban retroalimentando una  auto inversión de ese mismo estado en su defensa, y la sustitución correspondiente de sus servidores caídos.

ETA ha tenido el discurso de las armas y escasamente el de la palabra. Sus textos como fuentes primarias no han sido divulgativos a excepción de  pocos comunicados, donde sus valoraciones no han sido ni exhaustivas ni convincentes. En lo que sí han sido persuasivos es en todas y cada una de sus amenazas de atentado. Nunca, nadie ha puesto en duda los avisos violentos de ETA. Y todas las conclusiones policiales y de los sucesivos ministerios del interior acerca de su definitivo desmantelamiento, han resultado ridiculizadas ante una extraordinaria capacidad de combate por tal organización[1] .Su tesis a favor de la lucha armada como de una postura de guerra por representar un segmento de opinión de Euskalherria de pueblo invadido, no ha disculpado nunca sus errores militares, cuya suma ha ido produciendo una importante fisura tanto en las fuerzas políticas´ vascas, como en el resto del estado español. Los Gora ETA que se han visto en varias latitudes geográficas, es antes un viva a una resolución de lucha a las acciones directas, que un respaldo a todo el historial combativo de la organización, cuyo  número de errores sí ha sido decisivo para la tregua. Obviamente jugar con fuego tiene riesgos que no son justificables bajo la idea de que en toda guerra mueren inocentes. Si eso no hubiera sucedido, con toda seguridad el saldo político de ETA sería elevadísimo y su inserción en la lucha política pública y pacífica tendría una mejor entrada. Ahora en  cambio, las negociaciones con ETA y su entorno, algo que siempre ha sido cuestionado por el gobierno, llega tarde y fuera de lugar. En todo caso se trata de una retirada de la violencia  definida en todo momento como tregua, es decir, como paréntesis. A pesar de que los escafandrados portavoces de la llamada “banda” al anunciarlo a la BBC, dejarán la opción de la violencia para otras generaciones venideras. Las exposiciones de ETA indicaban más conclusiones que una valoración exhaustiva y un análisis profundo de la realidad vasca  y de la propia organización. En todo caso la tregua fue entrecomillada desde el primer momento y lo sigue estando a pesar de los meses que han pasado.  ETA sin acciones armadas sigue ocupando o polarizando la atención pública y constituye un dato de primer orden en todo análisis de coyuntura. Posiblemente su autopuesta en el paréntesis permite paradójicamente ocupar una función política principal. Al no intervenir por la fuerza coactiva y por la precisión de objetivos -con suerte- militares, el no-hacer de ETA está haciendo políticamente bastante más que su hacer bélico. Permitir la oportunidad de la pacificación de Euskadi es  quitar excusas a los estatales para sus  movidas de control, es por lo tanto permitir un aumento de protagonismo de las formaciones políticas nacionalistas. ETA no deja un vacío de actividad. Los actos de increpación de los jóvenes radicales y algunas tentativas de violencia artesanal no van a involucionar un proceso ni a pretextarlo, como tampoco van a colocar las bases militantes para una  nueva organización armada.ETA al retirarse de las armas de fuego y de los explosivos con saldos militares no pocas veces nefastos para los propios intereses de la organización, coloca en primer plano y de una manera grotesca los intereses del sistema en seguir sojuzgando bajo un mismo estado nacionalidades culturales forzadas a la unidad. No es porque sí que el discurso peneuvista se esté limando de frases decorativas para explicar  sus posiciones de formas más claras[2] . Toda retirada de la violencia si se puede consolidar es porque las vías de diálogo pueden volver a ser útiles para la convivencia humana. En ese sentido es un gesto a elogiar. En cualquier caso el sonido de los disparos y de las bombas es básicamente siempre el mismo, mientras que el sonido de las palabras es infinitamente más versátil y con un poder de expansión mayor cuando son permitidas todas las voces y todas las reivindicaciones.

La reflexión acerca de la violencia forma parte del desarrollo cultural de cada historia nacional. No existe país ajeno a la violencia, ni estado que no se haya constituido con componendas de fuerza. Por lo tanto todo debate concreto acerca de la violencia de unos por sus intereses, hay que enmarcarla en el proceso histórico general del que arranca, y no limitarlo al hecho de si la violencia es buena o es mala. De nada sirve afirmar lo segundo si no es comprendida la base raíz que la gesta. Ni siquiera las treguas, los armisticios, las rendiciones o las clausuras bélicas, ponen fin al substrato de disponibilidad del género humano hacía la violencia. Esta rebrota cíclicamente cuando no han quedado resueltos los antagonismos por los que surgiera antes. Por ello la consideración de toda suspensión de la violencia no puede quedar limitada a razonamientos políticos y coyunturales. Además de estos hay que considerar la naturaleza humana y la pervivencia de comportamientos primitivos.

 

Por lo tanto aunque toda retirada de las armas sea un motivo de ilusión y de elogio, no resuelve la situación sino es comprendido el origen de la violencia como respuestas a situaciones que son vividas como negadoras, impuestas por una fuerza externa. Tratar de demorar negociaciones y procesos de diálogo reclamando la devolución de las armas como si se tratara de una guerra de trincheras es no haber entendido nada del proceso vasco. Y las armas, sin duda, volverán a sonar, empuñadas por unas manos u otras  para reclamar lo que no se consigue por las vías del diálogo[3] . La celebración de un silencio de las metralletas y pistolas, da la oportunidad equilibrada para que los comandos ejecutores, reflexionen acerca de su papel pasado y para que las potenciales víctimas que pudieran ser sus dianas, reflexionen también acerca de su oportunidad desde sus puestos de mando para  mejorar las circunstancias de convivencia social.



[1] Es absolutamente secundario el factor cuantitativo de si sus miembros en activo se han contado por decenas o centenas,o ,improbablemente,por millares.lo cierto es que se ha regenerado una y otra vez cumpliendo un rol polar en la escenografía de la lucha social y política  de la geografía hispana.

[2]  La portavoz del gobierno vasco ante el tema de la protección policial de los ediles del PP por la Policía Nacional y guardia civil al decidir  retirar  su protección por  la Ertzantxa ante la evidencia del cumplimiento de la tregua, se ha expresado en términos inequívocos de  confrontación de gobierno a gobierno. Una verdadera antesala verbal a un ultimátum en toda regla.

[3] conscientemente exponerlo así es tratarlo como una simplificación y sin duda la valoración de una casuística violencia  sistemática de un grupo armado contra otro hay que enmarcarlo dentro de las teorías de guerra sintetizadas por el acontecer histórico. esto emplaza a otro  texto más riguroso.

El principio de un nuevo comienzo

Por Néstor Estebenz - 24 de Marzo, 2009, 16:45, Categoría: MOVIMIENTO SOCIAL

 

-crisis de la IR

-de la lucha política a la regeneración existencial

 

 

El argumento de depósito  de situar en  los hijos del mañana los auténticos apreciadores del Hoy y en ellos  quienes tengan posibilidad de disfrutarlo en sus consecuencias de ventajas, es un argumento con varias fallas de peso. De una parte, la convocatoria del Futuro como una entidad con capacidad de crítica es una presunción temeraria. De otra, apelar a la Historia como sucedáneo  subterfugial de ese supuesto futuro supuestamente unido a todo lo que le antecede es apelar a una entidad todavía más compleja, por caer en la ilusión de que hay una sola historia o un solo futuro o un solo modo de interpretar el pasado desde una atalaya única de los interpretadores del después. Además sobreactuar cada presente en la apelación de un mundo mejor para el futuro de los hijos, emplazados a vivirlo  y no tener que pasar por las penalidades de sus antecesores, es un argumento clásico en la lucha social de toda clase de áreas de pobreza, y tan aplastante que nadie se atreve a discutirlo. Sin embargo en éste recurso a un “mundo mejor para nuestros hijos” hay la cobertura implícita de un doble fenómeno: el de la pospuesta del goce y de la delegación en otros protagonistas para gozarlo. Las generaciones futuras existen por una aplastante evidencia: por las precedentes que las hacen nacer.

 

A diferencia de la conducta animal, los protocolos de la procreación oscilan en función de cálculos y voluntades, y según los estilos marcados por cada geopolítica y estado existencial. La tenencia de hijos obedece a un deseo personal e íntimo y psíquico de sus procreadores, antes que a razones de extinción de la especie(no es por disminución poblacional que pueda quedar extinguida)o a razones de necesidad material(algo absolutamente incuestionable en occidente, donde los hijos dejan de ser los garantes de la ancianidad). El argumento pues del “por nuestros hijos” cae en una doble trampa: si lo que justifica una lucha por un gozo social óptimo, son ellos y hay obstáculos para la felicidad colectiva, quizás lo más apropiado sea no tenerlos para no someterlos a un mundo de servidumbres y aun futuro incierto. Si tenerlos es la razón de lanzamiento a la lucha, pone en entredicho la conciencia de partida de los progenitores. Por un lado y por otro, éstos en lugar de aparecer como unas conductas santas y entregadas, aparecen en un segundo análisis como unos oportunistas situaciones. Los padres se amparan en los hijos en distintos extremos comportamentales: tanto en los de encontrar una razón para el combate, como en los de encontrar una desactivación total de la militancia y una justificación de las versiones conocidas de cobardía. El cabeza de familia situado como el responsable  de un núcleo familiar, como jefe soberano a escala de su pequeña tribu, se ve atado de pies y manos para hacer conductas de riesgo que le puedan desmontar de su rol y de su función protectora. Pero hay algo más, la posposición del goce social e individual, como una praxis habitual de vida donde rija la felicidad y donde las luchas contradictorias no se salden con explotación, represión y encarcelamiento; a una etapa sine die del futuro, es un modo de enmascarar los problemas individuales que cada sujeto vivo tiene ya de por sí en su relación con el deseo y con el goce existencial. La vida es para vivirla, no para sufrirla en las peores circunstanciases una vida de la que sacar sus jugos, desde lo sensorial a lo intelectivo. Desde luego, cada contexto admite más o menos dilatación de tal concepto. Y el proceso vital cita momentos traumáticos y de sufrimiento, de un modo inevitable. No son tan graves, tanto como su estaticidad.

 

 Durante décadas lo que ha ido incorporando oleadas de militancias a generaciones de lucha contra un sistema opresor  y formas perversas de dictadura, ha sido el deseo -entre utópico y semipracticable-de un mundo mejor. Quien ha experimentado en cuerpo, psique y alma propia el dolor y no ha visto derrotada su sensibilidad, no desea para nadie procesos semejantes y por lo tanto, quiere en el fondo de su ser, una concepción de relaciones humanas mejor en el futuro. La traducción en actividad política sistemática de tal noción, ha comportado paradójicamente la reproducción de mecanismos lesivos en las relaciones interpersonales, inspirados en los mecanismos sociales que se decían combatir. El sujeto reivindicativo no ha dejado de ser-a pesar de su función objetiva de luchador-un sujeto contradictorio manejado por las influencias ambientales. Donde la principal víctima del proceso ha sido él mismo, cuando ha consumado caídas neurótico-obsesivas, donde ha declinado su primacía y su deseo existencial de bondad, en aras a una lideridad, y al erótico  fantasma  de  poder de influencia sobre los demás. El reconocimiento de tal mecánica y la retoma de la vida personal después de largos períodos de vida política, ha coincidido con la fase del desencanto y la desactivación de la política. En esa interfase para el reencuentro con uno mismo, el  ex militante crítico, asimila doblemente su recuperación como individuo curricular con metas personales pendientes, con  la objetividad (supuesta)de transformación completamente en crisis. En la crisis de una izquierda, como un estallido multicromático nacen infinitas competencias innovacionistas. La lucha sigue.

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