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Una cita equivocada

Por JesRICART - 22 de Marzo, 2009, 9:50, Categoría: DISCAPACIDAD

Cumplimos con la cita indicada, una cita con el neurólogo e el Guttmann, hospital especializado en limitaciones severas de motricidad y sensonrialidad. La cita estaba programada desde algún tiempo antes. Tras la espera correspondiente  entramos al despacho solo que su responsable os dijera que él  no era el especialista indicado del plantel profesional ya que todos los casos de poliomielitis pasaban por otro especialista por criterio. El neurólogo al revisar sus citas programadas ya advirtió la posible equivocación de ella, pero el error había sido cometido por admisiones. Lo que para quien tomara el teléfono de programación de visitas había sido un simple desliz para nosotros supuso ver rota toda la mañana. Desplazarnos significó cargar con la moto eléctrica, subirla al autor, ir de nuestra ciudad hasta Can Ruti en Badalona lugar de ubicación del centro. Ya que no fue posible dedicar la mañana para el motivo de la visita aprovechamos para dar un paseo por el patio y quedarnos a comer al restaurant (por cierto el menú bastante ordinario y caro teniendo en cuenta quela cerveza sin alcohol se paga arte). Comentamos si dejar constancia del hecho en la hoja de reclamación y como redactarla. Al fin convinimos hacerlo de las dos maneras posibles, de la forma manuscrita con la hoja registrado a su entrega y fotocopiada para guardar su demostración y por vía digital usando el email. Nunca entenderé demasiado las hojas de reclamación. Suelen generar acuses de recibo en el mejor de los casos y nada más. Basta con que el motivo que las genera no vuelva a aparecer para que sea el resorte para otra reclamación equivalente.  La  asignación de  su espacio  centimetrado para la cuestión  en sí misma es tan reducido que la persona reclamante debe recordar sus conocimientos  Ella se ocupó de hacerlo de la primera manera y yo de la segunda. Estaba advertido: escribir un texto largo te arriesgas a o ser leído y lo que importa es el objetivo de la reclamación: que no vuelva a suceder un error de este tipo para que a otro minus no se le haga perder el tiempo miserablemente con todos los problemas de movilidad que tiene. Yo opino que la literatura siempre cuenta con alguien dispuesto a dedicar tiempo para conectar con lo sutil más allá de las frases simples para constatar un hecho.

Comparativamente a años pretéritos en que la asistencia médica trataba a sus enfermos como pacientes pasivos, sumisos y descerebrados la actualidad es de lujo deferencial; tanto que muchos hospitales tienen un aire de residencias de placer, con profesionales amables y de trato impecable. Aquellos antiguos engreídos que se creían los reyes del mambo y no escuchaban la voz de sus clientes ensartándolos con sus diagnósticos nada más verlos han desaparecido o deben estar en franca retirada. La amabilidad  pone un porcentaje de toda cura. No es un simple protocolo es una filosofía actitudinal. A todos os gusta ser tratados como personas sea cual sea nuestra condición existencial y rol concreto.

Esa nueva calidad en el trato o quita que a veces se cometan errores, o ya porque la persona al cargo quiera cometerlos sino porque los mismos automatismos técnicos del trabajo lleva a pequeñas negligencias. A fin de cuentas una negligencia no es más que una ausencia momentánea de consciencia de la efectividad. Hacer una cosa mal implica tenerla que hacer por repetido, o sea que el negligente es también el perjudicado directo por su incorrecto y si no lo es directamente lo va a ser su compañero del otro turno en el mismo puesto o el de al lado en el mismo despacho.

Cuando se valora cada puesto de trabajo en su protocolización se trata de no desperdiciar el tiempo, ni el de los servicios, el de la empresa, por tanto; ni el ajeno, el del cliente, el de la sociedad. Esta sociedad que definimos como la multitud de relaciones de los unos con los otros se va mejorando detalle a detalle, con la re-corrección de cada comportamiento, conducta a conducta, persona a persona.  Puesto que los empleos rutinizan un tipo de gestos y a veces superan la capacidad o el tiempo laboral para enfrentarlos sosegadamente posiblemente las prisas inducen a una caída de la atención y dar una hora con quien no corresponde pasado por alto la circunstancia, como fue el caso, que todo afectado de polio debía ser enviado a un determinado profesional, el dr. Portell, y solo a este. Esto debía saberlo la oficina de admisiones pero también la usuaria puesto que o era la primera vez que acudía al instituto. Ni la una preguntó lo necesario para asignar al profesional debido ni la otra informó exhaustivamente de lo que pretendía porque la otra le indicó amable pero concisamente que o era necesario.

Nada de lo dicho es grave, bien mirado la vida está llena de citas equivocadas y de gestiones superfluas que toca regestionarlas de otra manera, pero decirlo puede ayudar a funcionar mejor todos con todos y hacer que el tiempo dedicado al ocio lo sea por decisión voluntaria y no por un error ajeno que nos lo imponga.

Mi compañera y yo nos hicimos el guiño de complicidad respectivo pensando que habíamos cambiado un poco más el mundo. No era la primera ni sería la última hoja de reclamación que llenáramos. Cuando menos hacerlo servía para documentar hechos y demostrar una estadística, la de la  ratio de atención al público con la efectividad.

 

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