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Quitando, que es gerundio.

Por JesRICART - 21 de Marzo, 2009, 13:01, Categoría: Las PAREDES HABLANTES

Veo un antiguo conocido por el paseo Cordellas. Ambos vamos en la misma dirección en aceras distintas. Ralentizo el paso para permitirme un minuto de observación. La última vez que lo encontré me pareció que estaba algo ido. Tiene un modo de andar descompasado. Viste informalmente, la barba y el cabello blanco le sientan bien pero todo él da un aire desmadejado. Su arritmia en el desplazamiento me llama la atención, su encorvamiento, también. Es un avejentado prematuro. En cierto momento se detiene junto a un árbol del que arranca uno de esos papelotes de alguien que anuncia algo, para dar clases o para ofrecerse de no sé qué. Lo arruga con energía. No creo que lo haya leído. Su decisión estaba tomada. El árbol lo primero. Creo que este hombre sigue trabajando de jardinero y fundó una asociación de amigos con los árboles. Es de los míos. Un ecologista nato. Al limpiar el árbol del papelote y del celo adhesivo, un par de segundos, mira inquieto a su alrededor, tal vez por un remoto sentido de culpa al destruir una acción ajena. Nuestras miradas se cruzan.

¿Te dedicas al kitting? Cruza la calle y le explico lo que es el kitting. Alguien ha britanizado el verbo quitar para definir acciones como esa, la de arrancar de paredes, árboles o postes publicidad no deseada. Me cuenta que en París han arremetido contra vallas publicitarias y que aquí deberíamos ser más radicales. Le digo que estoy de acuerdo pero no hay tiempo para la conversación, el hombre de pronto ha decidido cambiar su itinerario, regresa a la otra acera y da marcha atrás. Pienso en el infeliz que ha hecho las copias del papel arrancado que consigue clientes para lo que ofrezca y ganarse la vida de alguna manera. De acuerdo, ha usado un árbol como soporte para su mensaje. Eso no está bien. Los árboles tienen derecho a que sus cortezas estén libres de toda clase de tintas. Los restos de papeles pegados en ellos y en paredes y donde sea afean la calle. No es precisamente lo que más las afea. Los anuncios eléctricos de las fachadas y los vehículos estacionados perturban infinitamente más el espacio que unos cientos de anuncios de esa clase. Pero eso forma parte de la cultura integrada, de lo legal, de lo acostumbrado. Nadie, salvo manguis y ladrones y grúas municipales -como gremio concomitante- quita los coches de las calles porque ocupan un sitio de todos. Los quitadores deben hacer un bien comunitario, nos sacan de en medio información indeseada, sólo que el ritmo de ésta es muy superior a las manos eliminadoras de aquella. La curiosidad del quitador al que me refiero es el pronto muelle sobre el que andaba que le hizo atacar al papel nada más verlo. Llevaba la decisión puesta. No necesitaba dedicar un segundo de reflexión para decidir perdonar al papel o quitarlo. Si este individuo fuera dejado en los alrededores de la Pl. Castilla de Madrid, junto al parque del agua se pondría las botas arrancando los cientos de papeles con los que asiáticos se dan citas, buscan trabajo, intercambian objetos, dan alternativas de alojamiento y en una palabra...sobreviven. El quitador es el zorro justiciero e implacable que abortaría todo su proceso. ¡Que respeten los árboles, que se anuncien en otra parte, que se lo monten de otra manera,...! Recabemos la opinión de un árbol cualquiera.

-¿Tanto te molesta que alguien use tu corteza para colgar un anuncio? –le preguntaríamos-

-En absoluto. Prefiero infinitamente eso a que vengan un par de tórtolos y graben con su navaja un corazón y sus nombres y una fecha celebrando el día en que hicieron el amor bajo mi sombra. –nos contestaría, por ejemplo-

-qué opinas de los que os limpian de papelotes.-seguiríamos con la encuesta-

-bueno, los de mi especie no se dedican a dar opiniones sobre estas conductas. Somos seres estables, quietos, más longevos de lo que se cree, ocupados en asuntos más serios, que vemos pasar generaciones enteras por nuestro lado, que asistimos a las historias de los interiores de las casas contiguas, que registramos los actos que se cometen a nuestro alrededor y desde luego, los que se hacen en contra nuestra .A partir de tener las raíces profundas y un cierto diámetro ya no nos duelen las patadas y nos apiadamos de los tontos que tratan de arrancarnos de cuajo. Sólo nos asustan las máquinas excavadoras y los taladores sin piedad que de tarde en tarde se lleva uno de nosotros por delante sin decirnos por qué También nos corrompe la contaminación atmosférica y la sequedad.  Llevar o no-llevar puesto un papelote o dos o tres es algo en lo que ni siquiera no nos fijamos. No es algo digno de mencionar en cuanto a que pueda afectarnos a la salud. Si nos limpian de ellos no es para hacernos un favor a nosotros sino para hacérselo a la vista de quienes nos miran.

-Lo ideal sería una ciudad limpia con lugares donde se pudiera anunciar la gente sin tener que acudir a colgar los anuncios por postes y paredes. ¿Qué opinas?

-¡Por supuesto! Ese es un ideal que los humanos tenéis que construir. Nosotros seguiremos entendiendo que mientras esta ciudad no exista podemos hacer un favor pasivo a quienes nos necesiten para comunicar sus  mensajes. Nos basta que se nos cuide y  respete.-dijo el árbol-

Tenemos una teoría de la supervivencia social de las relaciones por un lado, una garantía de continuidad existencial de los árboles no afectada por ser soportes de esta clase de publicidad y la figura de un quitador que más parece alguien afectado por una compulsión limpiadora de un TOC que no por tener una exquisita sensibilidad ecologista, la cual de ser cierta puede ser puesta en duda por la falta de exquisitez solidaria si el autor del cartelismo  se anuncia por una lógica de necesidad.

No puedo por menos que guardar cierta simpatía con los que acuden a esos modos de anunciarse para trabajos baratos cuando los anuncios de pago les resultan rechazables. En alguna ocasión yo mismo había acudido a esa estrategia para dar clases o contactar con clientes.

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