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La ciudad ojeada

Por JesRICART - 21 de Marzo, 2009, 12:55, Categoría: CALIDADdeVIDA

jesusricart@hotmail.com

Hablar de ciudad es hablar de todo: de calles, de viandantes, de respeto, de bares (¿es cierto que hay tres cientos en Cerdanyola? Esto tocaría a una media de 130 parroquianos por cada uno), de contaminación, de  graffittis, de fiestas, de colectivos y entidades, de reivindicaciones, de conquistas, de fracasos, de administradores, de administrados (o desadministrados), de deporte, de industria y trabajo, de imagen, de contaminación, de política, de cultura, de presupuestos. En resumen es hablar de convivencia y cociudadanía.  Es hablar también de lo que viene de afuera: de virus informáticos, de pactos  de gobiernos, de legislaciones, de proyectos en archivo, de propuestas lanzadas, de grupos, re-grupos y dis-grupos. Es hablar, un poco de aquí y un poco de allá. Ojear -más que hojear- las noticias publicadas y las cosas que nunca serán noticia. Es estar al corriente de los que unos dicen y no hacen, y de lo que otros hacen y no publicitan. La ciudad es el millón  de variantes que contiene, que van desde la farándula y el folclor a  las acciones cotidianas, las de orden individual y las grupales dimanadas de  entidades y colectivos. En conjunto,  es el teatro de operaciones donde vivir y convivir: una verdadera hazaña de la posmodernidad dados intereses e ideas tan distintas. La ciudad es esa realidad compleja y polimorfa, tan integrada por los que tienen más voz en los medios y en los púlpitos, como por quiénes nunca serán (seremos) invitados a  hacer escuchar la suya. (La nuestra).Es ese conglomerado de pasiones y supervivencias, de conflictos en estado latente, de resabios no resueltos y lugar compartido de deseos para vivir una mejor calidad de existencia y un mayor ejercicio en el respeto mutuo. Casi podríamos resumir  que el sentido de toda política social es la de construir una  convivencia fructífera en paz.  No obstante cada sector presenta sus quejas y cabe hacerse eco de ellas: los urbanitas exigiendo una política urbanística ideal, los jóvenes pidiendo  un futuro de brillos, la gente mayor pidiendo más  equipamientos de relación, los estudiantes  queriendo mejoras en la enseñanza, los paganos pidiendo reducción de impuestos, los comerciantes  protestando porqué no venden tanto, los solidarios pidiendo más implicación institucional en las ayudas y los residentes en general  pactando el acuerdo tácito de que la vida social y colectiva podría ser mejor de lo que está siendo. Cada loco con su tema, cada sindicato y partido y peña reivindicante con su parte de mundo qué cambiar. Las gentes descomunicadas se quejan de que no hay sitios donde hablar el tú-a-tú humano, tan en bancarrota Y las gentes comunicantes se quejan de no llegar con sus discursos a los cansinos de palabras o de artículos largos y densos.

La ciudad es un parchís multicolor con tantos jugadores como   habitantes. El producto final (y esa es la palabra, ¿acaso gestionar una ciudad no es aplicar los criterios  también  de gestión de calidad  según los métodos en boga en cualquier empresa que se autoprecie?) es un poti-poti  de varianzas, ante el que cada ciudadano decide su positura particular: “estoy bien, estoy mal, me compensa vivir aquí, no me compensa, esto podría ser el paraíso y nos lo destrozan,  los presupuestos para cultura está repartidos con discriminación, las mejoras se hacen esperar,...” Desde esta ventana  miramos lo incompleto y seguramente nos haremos molestos por eso, molestos para unos (los de arriba) y para otros (los de abajo) que tampoco  constituyen  aquello de la razón histórica que antes se decía. Como buenos tomasianos (lo de marxistas, populistas, nacionalistas y otros mix-istas ya hace lustros que dejó de estar de moda) somos exploradores de llagas, y si el propio hijo crístico de dios reprendió al  Tomás-santo  por poner en duda a su palabra, cómo no vamos a generar comentarios adversos a nuestra pequeña odisea desde la letra pequeña. En la ciudad ojeada hay mucho por lo que pelear y en los descansos algunos aplausos de interludio a los méritos. Aviso para incrédulos:  El séptimo de caballería  viene en nuestra ayuda  con Miguel Bosé y su troupe de trompeteros. 

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