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18 de Marzo, 2009

Container de basura y reciclaje

Por YASHUAbcn - 18 de Marzo, 2009, 15:27, Categoría: CALIDADdeVIDA

Container de basura y reciclaje inmediato.

La evolución de la basura, (su concepto, su eliminación, su tratamiento…) es un  indicador muy elocuente de la misma evolución humana. Los animales más limpios ya son los que se lavan y toman distancia de sus excrementos y al revés, los más sucios son los que no lo hacen. Los humanos son animales que han aprendido a separarse de sus detritus. La conducción arquitectural del depósito de  las aguas sucias del hábitat permitió higienizarlo y colocar a cada cual en su lugar: al humano impoluto en condiciones de revista y sus sobrantes orgánicos a suficiente distancia para no molestar.

Puesto que todos los habitantes del planeta compartían ese particular común denominador de ser fabricantes de desperdicios se instituyó la figura del recolector de basuras. ¡Nunca antes un oficio hizo tanto por el bien de la humanidad! El basurero se convertiría en la chacha del vecindario, en la abuelita que limpiaba los mocos a todos, en la mamacita que desenmierdaba  el culo de los bebecitos. Todavía recuerdo la primera imagen de ellos en tiempos en los que se recogían los basureros puerta a puerta y se echaban en enormes capazos hasta llenarlos al carro tirado por caballos primero y por un camión después. Además del capazo el oficiante se valía de una especie de paleta o recogedor de mano, creo recordar que curvo, y que recogía los restos del suelo. Los cubos domésticos solían ser de metal y ahí se ponían directamente todos los restos de comida y otros. Al paso del tiempo se obligó a que estuvieran encerrados en las bolsas de plástico, obligación que sigue en vigor. Tras ser vaciados volvían a su lugar en la cocina o en la galería para seguir cumpliendo su misión.

Con el tiempo aparecieron unos cubos mas grades, tipo bidones a los que se lazaba directamente las bolsas. El hábito de sacar a la calle el cubo fue sustituido por el de llevar la bolsa de  plástico. Esto se reguló para que las bolsas no estuvieran todo el día desprendiendo mal olor. Ese detalle hizo que los vecinos coincidieran en ascensores a la hora de bajar sus bolsas, las relaciones sociales no detectaron un gran incremento pero se supuso que algunas era debidas a esas coincidencia. Ir a tirar la basura también pasa a formar parte de alevosías recogidas por imaginarios. No me consta un estudio de porcentajes de  vecinos aprovechando esta ocasión para encontrarse y hacer manitas.

Para cuando aparecieron containers, (aquellos primeros de metal) los horarios  fueron más laxos aunque lo recomendable siguiera siendo llenarlos por la noche. Eso se resolvió con los de  distinto tipo liberando de sacar las basuras por la noche, aunque lo recomendable siga siendo  echarla en aquellos de fracción orgánica (los restos de comida).

Los containers de basura además de las moscas atraen a rebuscadores de objetos aún validos para la venta a pesar de ser  objetos usados. Eso dio lugar al mercado de la rebusca no diré que floreciente pero sí característico en las grandes ciudades. Los objetos de segunda (y enésima mano) han ido en aumento en proporción directa a su producción masiva industrial. La sociedad produce y produce y desde la industrialización de la economía  los negocios del reciclaje no han parado de surgir. Como que el capital de inversión pone el ojo en nuevos productos con los que atiborrar a consumidores o hay peligro que no haya restos de todo proceso de fabricación y de compra. La crítica al consumo es tan conocida que no es necesario seguir abundando en ella. El problema no sería tanto la línea de adquisiciones como las dificultades con la conservación. Hay cosas que tras romperse resulta más barato comprar otras substitutas que no repararlas por el encarecimiento del coste de trabajo. La sociedad está montada de tal modo que está abocada a un despilfarro continuo. Por otro lado los llamamientos al conservacionismo de la naturaleza también indican que la garantía del futuro de la civilización depende directamente de la ecología reequilibrada. Es así que el acto vecinal de ir hasta los containers y deshacerse correctamente de los restos metiéndolos en el que correspondan además de ser cívico es ecologista.

Del container simple para rechazos a su conversión en un  punto inmediato de reciclaje no se necesita/ría demasiada inversión. Basta hacer un pequeño recinto con los distintos tipos de contenedores en la misma calle, en cada  barrio o sector de barrio, para no solo ir a tirar sino también ir a tomar lo que pueda interesar. Es cierto que ya existen plantas de reciclajes municipales pero el uso de frecuencia a ellos es minoritario y con una frecuencia e baja. En cambio ir a los containers del lado de casa es un acto muy frecuente, desde cada día al menos una vez a la semana.

Espontáneamente los vecinos ya dejan objetos de los que se quieren deshacer pero que aun valen, junto a los containers, en el suelo para que otros que necesiten aquello puedan aprovecharlo. He dejado recientemente un mueble desmotado intacto con la nota de que estaba integro por si quería ser aprovechado, en otra ocasión también dejé una bicicleta con otra nota asegurado que funcionaba y que era para quien la quisiera. Ambas cosas desaparecieron en horas. Cuando tengo que deshacerme de revistas, juguetes u objetos de cocina válidos ni siquiera los llevó hasta el conteiner. Los dejo en el descansador del vestíbulo de la escalera de vecinos. A las pocas horas alguien los ha reciclado.

Un pequeño recinto[1], que reúna los distintos containers, el de ropa también, con fácil acceso por los camiones de carga discretizarían los mismos containers cuando se desbordan o tienen cosas al lado y permitiría esa reutilización inmediata de los objetos que aun pueden cumplir una función antes de ser estrictamente reciclados por sus materiales.



[1] Del tipo que usa en las calles el ayuntamieto de San Climent Sesseves en Girona aunque e este caso usa unas paredes de madera para proteger las basuras de las ráfafas de viento, la tramuntana tan característica en l’ Ampurdà.

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