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El cuadro de la venganza

Por Néstor Estebenz Nogal - 9 de Marzo, 2009, 22:37, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

Gloria podía haber sido perfectamente uno de los personajes  polivalentes de una de las tramas criminales de A.Christie. De haber tenido hilo directo con la autora se lo habría propuesto. Un breve bosquejo la hacía ideal para una trama de intriga: actuaba sin escrúpulos no teniendo el menor problema de conciencia en dañar a su ex marido y a la vez reunía todas las condiciones para ser el cadáver de una buena  historia para leer un domingo por la tarde.  Podía ser el personaje idóneo, ambidispuesto y con doble sueldo, contratable  para un squetch o como actriz de película dotado para hacer los dos papeles: el de asesina capciosa o el de muerta merecida. Tal vez el personaje, el de verdad, no le gustara ser reciclada como material literario pero la literatura universal o podría despreciar una tipeja como esa. La literatura en general siempre estará en deuda con los dramas personales que no paran de nutrir  febrilmente las  fértiles canteras de la imaginación.

Por lo que se refería a Ramón, su ex, había sido un devoto de ella pero no solo de ella. Sus exploraciones de otras vaginas con contagios no previstos con ladillas intrusas pusieron a la dama de hierro en el puesto de mando del trono de la casa forjado con el temple más duro. Antes de que se diera cuenta el marido infiel fue echado de una patada. Unos pocos días antes hubo una celebración de edad de él, tal vez cumplió los 65 años. Para el homenajeado era el festejo de la edad, para la mujer de hierro era su despedida doméstica.  La patada en su culo la puso la policía enviada por su esposa. A partir de ese momento este hombre en las puertas de la ancianidad pero con la figura de bon vivant tuvo que buscarse un piso de alquiler y medios de subsistencia. Sus contactos y relaciones lo auxiliaron. Profesionalmente había trabajado como arquitecto sin terminar la licenciatura, ni falta que le hacía. También como director de una escuela profesional. A fuerza de contar lo bien relacionado que estaba se creía su propio monotema de pertenecer a la clase alta, No era cierto pero se lo creía tato que actuaba como tal aunque tuviera lo justo para pagar su alquiler.

Ambos habían tenido dos hijas que ya estaban en la edad adulta y que por alguna razón tomaron partido por la madre. El padre era el risueño, el cantamañanas, el viajero, el chistoso, el pomposo, el que siempre contaba historias que no venía a cuento sobre sus exquisitas relaciones con la élite social a pesar de ser un pringado en lo material. Durante su biografía había subsanado su falta de medios económicos a salto de mata, mientras que su esposa era la que tenía un sueldo fijo bien remunerado.  Algo de ella no permitía que cayera bien: labios apretados, presunción de pedigree, estudios en  el extranjero, soberbia,.. El lote de su personalidad incluía detalles mezquinos. Era una mujer que de entrada levantaba sospechas. Su aspecto era intrigante. Podía ser perfectamente una envenenadora de maridos a los que disecar o de las cisternas de agua potable de toda una ciudad y hacer esto sin pestañear. Para los analistas de la sociopatía del crimen doméstico habría un ates y un después si la estudiara como caso. Antes de conocerla los hombres seria básicamente los de perfil asesino habida cuenta de tatos maridos demostrativos de su incontinencia violeta. Después de conocerla si bien no se modificaría la tesis anterior se concedería que personajes femeninos como éste administraba la violencia de una manera tan sutil que cuando menos incrementaba considerablemente el odio en su contra.

Es probable que el ex viviera a costa de ella durante sus periodos de inseguridad laboral o es posible que ella se lo recriminara si es que fuéramos a buscar ese vocabulario tan lesivo para recriminar al faltante de su falta de rol. Tal vez desde hacía años estaba preparado psicológicamente para que ocurriera eso. Sin embargo ella se otorgó el derecho legal a expulsarlo y las autoridades y la jueza que se ocupó del tema apoyó esa resolución. La expulsión del hogar doméstico fue por tres años tras los cuales él, un tipo indispuesto para el enfrentamiento y más dado a las gracias fáciles y la risa tonta que no a los análisis no se atrevería  nunca a tomar posesión del espacio. Se puso en manos de una abogada joven que encontró en ese servicio una buena historia para la dilatación al máximo. Si la autora de misterios podía sacar partido tanto a la futura asesina como a su ex marido dispuesto a recibir los estoques de aquella torera, la abogada del infortunado leería como libro de cabecera por las noches el código penal para ver como se podía resolver el caso. Los años fueron pasando, hubo juicios por medio, las hijas, unas mujeres ya, testificarían a favor de la madre, pro tato en contra del padre. El, magnánimo y un verdadero hijastro en un cruce de un chiste con una leyenda mala lo perdonó todo. Perdonó a sus hijas porque tuvieron hijitos y él tuvo pues nietos con los que querría tener contacto, llegó a creer que su ex había modificado su duro carácter de reina de trono férreo porque tuvo alguna entrevista y se comportó con sosiego. En su fuero interno la víctima daba por perdida su casa, después de haber vivido bastantes años de su vida en ella y de tener todas sus pertenencias metidas dentro sin poder acceder a ellas. Fue pasado el tiempo y la cosa quedó en punto muerto. En realidad Ramón dio por perdida la mitad de su propiedad aunque lo último que decidieron fue venderla y partirse las ganancias, claro que eso que parecía una conclusión razonable resultaba difícil de concretar con una arpía como Gloria y con tantos reveses de promedio. La que se quedó con la casa debería pagar no la mitad de su venta sino la mitad más los gastos ocasionados por estos años de privación del hogar.

En todo este tiempo Ramón se contuvo. No fue a la casa con un cerrajero y la  reabrió para entrar. Tampoco convirtió en picadillo a su ex y la dio a comer a los perros para hacer desaparecer el cuerpo del crimen. En esta historia no hay crimen, un caso de una esposa que se hizo con la propiedad común tras llegar a un desacuerdo convivencial con su marido echándolo a la brava del hogar compartido con el beneplácito de unas autoridades que le prestaron crédito a lo que ella dijo y se lo quitaron a él. En otros muchos casos parecidos a este el marido rebotado regresa al escenario y apuñala a la chica tomándose la justicia por su mano. Es así como la estadística de la fatalidad crece. En este caso, este hombre pobre camino de ser un pobre hombre no quiso llevar la historieta más lejos de las posibilidades de su interpretación. Creía en los valores hispanos, en la familia, en los descendientes, en la herencia, incluso en la palabra. Se equivocaba. No hay ninguna institución que tenga tanta credibilidad para  confiar plenamente e ella, y la que menos la del matrimonio. En cuanto a la familia que había fundado no quedaba mucho de ella por no decir nada. Seguiría la descendencia pero una vez disuelta la pareja cofundadora el resto se venía abajo. El país tenía una estadística de disoluciones de pareja en cantidades epidémicas y al mismo tiempo ilusionarios con ilusiones baratas se seguían prometiendo amores eternos sin saber si llegarían con el desierto despierto a finales de mes.

Ramón informaba puntualmente a sus hermanos de cómo seguía la trifurca con su ex y la batalla por recuperar su propiedad, es decir la falta de batalla. Buscaba y conseguía la compresión sobre su mala suerte, pero todo quedaba ahí. Le resultaba práctico haberse puesto en manos de malos abogados de los que presentaba los honorarios sin resolver nada, porque así se mantenía en stand by y no deterioraba aun más la relación con la que había sido la mujer de su vida y la madre de sus hijas. Seguramente era lo mejor que podía hacer: mantener la prudente distancia irónica de todo. Franquear la proximidad a la que le hizo lo que le hizo tal vez le desencadenara un enfado que no pudiera controlar. No se preguntó acerca de la casuística de maridos echados como trapos sucios de sus hogares pero le sonaba que la casuística de conflictividad doméstica era elevada y que no solo las mujeres si no también los hombres figuraban en la lista de las víctimas.

Las noticias que llegaban de esta historia no tenían mucho valor ni interés. o más, e todo caso, que los de cualquier otro culebrón televisado o no. Las tragedias particulares de este tipo pasan a formar parte de las noticias menores dentro de una sociedad de espectáculos en que todo, incluidos los problemas, se reciclan como botijo de entretenimiento. Con el tiempo alguien inventará un negocio para comprar tragedias privadas ya  consumadas para revenderlas en cómodos fascículos a esa parte del público que le pasa la vida en el completo aburrimiento.

Lo último que supimos es que la tal Gloria, cuanto más vieja más mezquina, hizo una lista de bienes comunes antes de la veta de la casa. En esta lista puso el mobiliario que él había heredado de su familia. Este relato acaba aquí, no porque haya terminado, sino porque es aburrido siempre hablar de lo mismo. E el mejor de los casos los dos excónyuges venderán el edificio y se repartirán como buenos amigos la suma. Puesto que tienen nietos estos harán de telón de fondo que les mantendrá en contacto el uno con el otro aunque sea como referencias. Difícilmente habrá una reunión de efemérides por navidad en la que los nietos, sus papas y los abuelos se reúnan todos. En el caso remoto de que eso sucediera los dos ex podrán las caras correspondientes de los roles que se esperan de ellos. Las criaturas crecerán en este mundo con el timo de que la familia es uno de sus pedestales y no entenderán porque, siéndolo, la suya ha pasado por lo que ha pasado. Para no crear problemas el abuelo Ramón no malmeterá a los nietos contra su abuela aunque esta o perderá ocasión para hablar mal del abuelo.

Aparentemente todo habrá acabado con una resolución civilizado. En la práctica las fieras o tan dormidas de dentro soñaran con despedazar al contrincante. En una novela criminal el primero que mata al otro no hace más que representar una puesta en escena de un crimen para el que ya no tenía más paciencia de espera. Cada día se escriben varios crímenes, es lícito que la literatura negra se aproveche de ellos para complacer las ansias lectoras de quienes no sucumben en ellos y viven vidas plácidas en las que es posible disfrutar en diferido todas las tragedias sin sufrir en directo por ninguna. Esta historia pivotaba en torno a un cuadro de venganza, simple por lo demás, el de ella por sentirse burlada por él. Es posible que Ramón no hiciera otra cosa en toda su vida que burlarse de ella, pero en todo caso fue consecuente al estar dispuesto a pagar por hacerlo. Bien mirado perder la propia casa o el derecho de uso a ella por el puntillismo ilegal de una jueza era una suerte de liberación. Mientras él trazó nuevos rumbos, hizo nuevas amistades, reconstruyó su vida sentimental e íntima, ella seguiría ligada a los cálculos de beneficio de la casa. A fuerza de controlar desde el torreó su castillo no lo abandonaría nunca consumiéndose en vida. En esa historia, la mala era ella, y el bueno era él, aunque la historia misma no podía poner más de un centavo de entrada en taquilla. Me aburrí tato al escucharla como ahora al narrarla entre la nebulosa de datos que no retuve en su momento y que no he ido a actualizar para no levantarme de la butaca.

Lo único de bueno que tiene el relato es que hay historias que aunque no acaban bien no acaban con fiambre. Si alguna vez hubo algún motivo para que un marido despechado recuperara su territorio cuchillo en mano fue en ésta ocasión. En vez de hacer eso pudo más el guion racional de mantenerse como víctima que no tener un ataque de furia para extender su victimidad. Lo cual veía demostrar que en tierras catalaovallesanas que es donde sucedió todo eso todavía imperaba si no la cordura sí la contención.

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