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Una inquilina que nos defraudó

Por YASHUAbcn - 4 de Marzo, 2009, 21:51, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

Después de 14 meses y algo mas volvíamos a casa. Durante este tiempo la tuvimos alquilada a una persona amiga. Sabíamos que Montsecas había introducido algunos cambios por su cuenta como cambiar el termo pero no sospechábamos que hubiera tomado decisiones que nos afectaban sin consultarnos como trasladar muebles.  Montsecas era considerada como amiga por Vic, mi compañera, no por mí a pesar de que la conocía desde hacía 30 o más años  pero con la que no tuve una relación directa pero sí  breves contactos no verbales en algunas coincidencias. Era directora de una escuela de adultos y estaba atravesando una depresión, una hipoteca de una casa de más de 2000euros mensuales que no podía asumir sola, la responsabilidad de una hija en  una edad problemática y unos enormes deseos de tomar distancia con la historia de su ex de quien se acababa de separar. Vino un par de veces a casa antes de darle las llaves para darle las explicaciones oportunas de cómo tratar las cosas.

Vino acompañada de otra pareja amiga también de Vic que la tutorizaba y se ocupaba de ella en esa aciaga fase de su biografía. Nos sorprendió su nula postura atencional, su baja intelección, y para mí,  su cara de pato. Todo reunido en el cargo destacado de docente aunque por aquel entonces estaba de baja laboral. Durante nuestra ausencia le costó medio año ponerse al día de la comunicación por correo electrónico. Sus escasas y brevísimas notas no dieron ninguna información. Para cuando recuperamos nuestro espacio nos fuimos encontrado con varios pequeños problemas que todos sumados hicieron un gran problema y os defraudaron de la persona en cuestión. El problema volvía a ser mío, no era la primera vez que un inquilino me devolvía un espacio alquilado todo lo contrario a impecable. Las ralladas sobre la superficie barnizada de la mesa de la ola dejando la firma de su hija Albita no eran un detalle más a disculpar sino algo más del fracaso materno relacional con la niña que tenía en pupilaje, evidentemente no tan pautada. El problema era mío porque Montsecas se venía a sumar a una larga lista de gente deplorable. No servía de nada discutirle los detalles. Era evidente que nos devolvía la casa en peores condiciones como se la habíamos prestado y ella lo sabía. Un mueble muy práctico, una cama nido con madera bonita y esquinas forradas de cobre de las usadas en mobiliario náutico, herencia de la familia de Vic, había desaparecido. Albina no le gustó y en su lugar pusieron una cama bastante más fea. La cama ido la trasladó a otro local y de ahí otras personas lo llevaron a otro u otros, de tal manera que fue almacenado en uno de su hermano que fue embargado por la entidad bancaria, algo que suelen hacer los bancos con los acreedores que no pagan. Montsecas nos contó el proceso como si fuera la víctima y sin darnos noticias claras de la actualidad de ese mueble en concreto. Había dejado la cama y somier de su hijo montada por si nos la colaba como sustituta. Este detalle en el día de nuestra llegada con el trabajo que tuve en descargar nuestras cosas me tocó desmontarlo porque ella no tenía idea de hacerlo a pesar de darle por 3 veces la oportunidad de que lo hiciera. Otra butaca del mismo estilo, reliquia familiar del padre de Vic también había sido trasladada a otra casa, pero al menos de esta había noticias de poderla recuperar.

Durante unas horas temía tocar cada cosa por si se me desintegraba en las manos: una lámpara antigua de metal dorado se cayó al tratar de darle la luz, una banqueta también antigua estaba con la pata rota, una preciosa planta junto al televisor  metida dentro de una cesta de mimbre fue dejada a la intemperie y murió, la cesta se pudrió. Otra cesta parecida también se pudrió. Un portamacetas de madera en el salón también fue dejada junto a otra butaca de madera, expuestas a la lluvia con sus consiguientes daños irreparables. El parquet estaba hinchado en el vestíbulo, la humedad era evidente. La puerta de entrada rozaba con el suelo considerablemente teniendo que hacer esfuerzo para abrirla del todo. La puerta del salón rascaba con el suelo dejando marcas en el parquet por tener o haberla liberada en la parte del suelo de las piedrecitas que habrían quedado atrapadas. La maneta de la cazoleta del detérgete  de la lavadora estaba sacada. El tendedor de ropa estaba completamente oxidado. La barra de la bañera estaba torcida, las cortinas sucísimas. Una pieza de cerámica del lavabo rota. La tapa de madera de la taza de wc cambiada por una de plástico. El wc perdiendo agua. Encontramos restos de arena de gato y Vic, con un olfato más fino que el mío, detectó olor de pis de gato. La tapa de un cajón de módulo de la habitación que utilizamos para despacho desaparecida. El candado de la reja desparecido, en su lugar compró otro, un mi candado que con un golpe de mal de ojo de un ladrón potencial lo hubiera abierto. Teniendo en cuenta que nuestra casa  era unos bajos y ya habían entrado para robar en un par de ocasiones, el detalle indicaba el compendio de la irresponsabilidad. Además el cierre de la puerta corredera que daba al patio junto a la reja estaba roto. El operario que vino a arreglar la perdida de agua del wc y este cierre bloqueado no arregló ninguna de las dos. Montsecas se demoraría en venir a recoger el somier de la cama de su hija que se quedó aguardando en el vestíbulo para molestia de nuestros vecinos inmediatos. Al menos la tele funcionaba y el equipo de música y radio también. El lector de Dvd también. Lo cierto es que le confiamos muchas cosas y todo el mobiliario.

No era la primera vez que me tocaba hacer una lista de pérdidas ni la primera inquilina que no estaba a la altura de las cosas dejadas. Siempre que alguien defrauda por prestarle cosas de las que no se responsabiliza reaviva un debate clásico sobre el riesgo de confiar y de prestar. Para esta ocasión el problema era ligeramente mas grave ya que confiamos la casa a una persona amiga con un trato de confianza, 650euros con todos los gastos pagados. Fue un grave error. Quien tiene los gastos pagados de sus consumos no suele auto moderarse para reducirlos. Fue así que los consumos de teléfono se dispararon enormemente. Posiblemente la niña que tenía prohibido por la mamá  el uso de internet doméstico por experiencias peligrosas con chats que había tenido ates del traslado se pegó al teléfono. En ocasiones como muy bien podría ser, una niña púber puede ser uno de los principales agujeros económicos en una economía familiar.

Preguntarle por cualquier detalle a Montsecas era perder el tiempo. Tuvo un escape en la bañera y llamó al seguro de hogar pero la reparación dejó una pieza rota y un fragmento de pared pendiente de repintar. Sus otros detalles: substituir el teléfono de ducha por otro con el tubo más rígido y dejarnos un par de pizzas congeladas en la nevera y un par de litros de aceite de oliva no resolvían los otros déficits. Teníamos por delante hacer reparaciones que ella no resolvió en su momento y nos tocaba decidir qué cantidad reclamarle por los abusos de teléfono y la pérdida del mueble. Hiciéramos lo que hiciéramos la relación posterior con ella sería nula. Si no la hubo los 30 años anteriores no la habría los 30 posteriores. Por supuesto, nunca más le prestaríamos nada, pero esa conclusión cada día un poco más confirmada para más gente, solo indicaba la constitución autodefensiva de la imposibilidad de confiar en prácticamente nadie. ¿Quién dijo que ceder una casa a una persona amiga que creíamos de confianza era más garantía que hacerlo a un completo desconocido? Nos equivocamos, ojalá pudiera haber escrito un relato que ensalzara virtudes y tuviera que tragarme las palabras dichas hasta aquí.

El efecto perverso de este tipo de experiencias es que para otras ocasiones la persona amiga será tratada con todos los controles muy afinados, pidiendo una fianza de dos meses y no comprometiendo objetos caros o de un valor sentimental especial. Cuando me hablaban de propietarios viviendo en una casa y con otra vacía pero no dada al alquiler me sorprendía, ahora no me sorprende en absoluto. Un inquilino se mire por donde se mire es un elemento que puede ser muy peligroso si no es cuidadoso. Puestos a alquilar habría que dejar un espacio completamente desnudo a los nuevos residentes pero eso tiene otros problemas, como tener un lugar alternativo donde dejar el mobiliario del anterior.

Con Montsecas no perderíamos el tiempo para decirle todos los rotos encontrados. Le pasaríamos una factura para que, la satisficiera  o no, supiera que para nosotros sus errores se traducían en un precio en metálico. Se dice que el dinero lo cura todo, no es cierto, pero al menos escenifica en cuanto se estima el alcance  de unos desperfectos. En lo cotidiano y lo más elemental la defraudación que se experimenta con gente conocida revierte negativamente a la cuota de confiabilidad que se presta al mundo en general. Esta es una de las conclusiones que hace el mundo más intratable, más inhumano, pero no adoptarla te mantiene preso en la condición de burlado.

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