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El humo de los vecinos

Por JesRICART - 4 de Marzo, 2009, 21:52, Categoría: CALIDADdeVIDA

El humo nos llegaba en forma de partículas invisibles en su fase final que invadía el vestíbulo del rellano que compartíamos puerta con puerta nuestros nuevos vecinos y nosotros. Seguía como fenómeno aéreo fuera de control  por las rendijas de su puerta y de la nuestra  para invadir nuestro vestíbulo  interior, quedando parado frente a las puertas intermedias: la que da a nuestro salón y la que da a la cocina. Puesto que los inquilinos anteriores a estos no eran fumadores, la llegada de estos y su humo se hizo notar considerablemente.

Los autores: un chico y una chica jóvenes (i en el caso de ella, no tanto) empeñados en matarse lo antes posible a base de ingerir tóxicos malsanos, posiblemente un montón pero de momento sólo nos constaba el del tabaco, fácilmente cuantificable por docenas de cigarrillos por dia. Los imaginábamos encontrándose  por la noche tras una jornada de trabajo insípido, si es que trabajaban en algo, para hacer el rito de su humareda. Conocíamos su pisito ya que se lo alquiló a ellos un colega nuestro con el que teníamos bastante trato. No tenía muchos metros cuadrados y los nuevos residentes no acostumbraban a usar la terraza para el lugar de sus fumatas ni a tener las puertas correderas que daban a la misma para disipar su nube mortífera.

Como medida supervivencial cuando los conocimos les pedimos que tuvieran la precaución de mantener la puerta abierta del vestíbulo comunitario  de los dos domicilios para que el humo pudiera expandirse. Extrañamente la puerta a la que metimos una cuña, bueno en realidad una simple pieza de pinza que hacía la misma función, siempre volvía a estar cerrada.atravesábamos la distancia entre ésta y nuestra puerta de entrada y luego la del salón para fumar la menor cantidad de partículas humeantes posible.El humo no siempre se ve pero desde luego siempre se nota.Y para los sistemas perceptivos más obturados aunque no lo note la  sensibilidad consciente el cuerpo sí recibe la agresión en su interior.Y bla-bla multiplicado por cuatro porque de eso todo el mundo ya sabe un rato.

A la primera oportunidad que tuvimos pues les advertimos de la lógica de la física moderna por lo que hace a humos en general y a su insolencia como propiedad en no detenerse ante puertas, colándose por rendijas y cerraduras. Los chicos tomaron buena nota y nos parecieron realmente impresionados por nuestra demanda de austeros.  Durante un tiempo siguieron fumando pero la verdad es que notábamos menos el grado de contaminación ambiental.

Al cabo de unos meses vino en nuestra idea un neonato. La perspectiva de un hijo dignifica a padres y socios y el entorno se modifica en algo para darle acogida haciéndole creer que el mundo es un lugar divino para aterrizar. El caso es que dejaron de fumar o al menos dejamos de notar el humo. En su lugar  nos maravillaban  las fragancias de inciensos que nos seducían en la perspectiva de la paz posible y de la vida bella.

Una vez el niño nacido, la mamá volvió a adoptar el tabaco y su humo como esculturas efímeras de compañía. Eso sí, sentándose en el patio mientras balanceaba al bebé al lado de la puerta por el lado del interior con una mano y sostenía el pitillo con el otro, como si la forma artística de las piruetas humeantes respetaran las narices del pequeño. Me sentí solidarizado con el  pequeñajo. Supongo que algún adulto  debería defenderle sus derechos a un aire sano en aquel momento y hacerle notar a la mamá que al fumar ella lo hacía fumar a él y todavía no había cumplido la edad legal para hacerlo.  Yo no hice de adulto en se día al respecto como tampoco lo vengo haciendo desde hace años, justo desde el momento en que se que los niños son propiedades privadas lo mismo que las motos o los coches o las plumas estilográficas y que no hay nada más temerario que decirle a un propietario cómo tiene que cuidar su propiedad.

Posiblemente puede parecer exagerada mi protesta con lo del humo de tabaco (ni yo mismo hubiera creído meterme en un combate radical en contra de los fumadores pero lo cierto es que sus residuos flotantes me mataban lentamente), pero de momento respiramos, no tenemos que atravesar la parte del pasillo comunitario invadido por él y el vecinito algún dia nos dirá tal vez cuando seamos ancianos: gracias a vosotros en parte pude pasar los primeros meses de vida sin estar  atragantándome con un ambiente insano. Eso no sucederá desde luego, porque a fin de cuentas nuestra contribución no pasó de una única conversación un día que coincidimos y que nos vinieron a tiro.Pero es seguro que cada vez que un fumador es objetado por su fumar por otra persona que se ha librado del humo en el fondo se sabe tocado por reconocerse como un fracaso que sigue de adicto a pesar de que en el fondo quiere dejarlo. Pues bien, equiliquestion. Seguiremos con el tema porque donde hay humo hay  alguna clase de fuego aunque sea sin llamas y sin pirómanos, pero sí con pasiones y dialécticas de palabras

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