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La historia de cada día

Por JesRICART - 16 de Febrero, 2009, 12:05, Categoría: COYUNTURAMA

Mahmud Ahmadineyad  de Irán tiende el guante a los USA para el diálogo desde la igualdad y el respeto. Sus relaciones quedaron dañadas desde el asalto a su embajada en Teherán.  Reza Pahlevi, hijo del último sha, propugna una transición para su país a la española queriendo ser el Juan Carlos de su país. El Irán de la autoafirmación islamista sorprendió al mundo por su fundamentalismo. La figura femenina sigue estando sojuzgada aunque nuevos aires de liberalidad tienden a platearse relaciones de placer fuera del control matrimonial.

La mujer islámica no está maltratada por el Corán pero sí por las políticas dominantes de los países musulmanes que siguen siendo machistas. En el fondo de todo machismo hay un miedo ancestral a  la potencialidad extraordinaria de la mujer.

Las bodas con niñas de 10  o 12 años con hombres adultos todavía sigue vigente en Arabia Saudí y otros países musulmanes. El agravio empieza con el ataque a los derechos infantiles antes de que se constituya en ultraje a la condición femenina.

 El hombre ha recurrido a su fuerza física para sojuzgarla mientras que la mujer se ha rendido a la sumisión desarrollando  la astucia para su supervivencia. Algo que no queda suficientemente explicado en la historia humana es el salto cualitativo en la posición de poder que tenía la mujer en la época del matriarcado a la del patriarcado. En aquella era ella quien controlaba la principal fuerza de producción por la vía de la reproducción humana. Era ella quien sabia los hijos que tenía y de quien eran o podían ser. En el patriarcado es el hombre que la encajó en el esquema del modelo social que hegemonizó. La mujer fue recreada según las necesidades varoniles para sociedades más guerreras y competitivas. La mujer que mas permite la elaboración de la condición de libertad humana como persona no es precisamente la mujer islámica sino la occidental con siglos de lucha feminista en su historia por la igualdad de derechos primero y por la diferenciación de sexos después. En la historia de cada día, la binomialidad descriptiva del ellos-ellas sigue siendo una constate en los discursos de amplio consumo. Es así que el discurso del nosotras-vosotros (o al revés, nosotros-vosotras en una medida diferente) no para de sostener u tipo de feminismo fundamentalista que convierte la condición de mujer en inmaculada por su pertenencia a un género biológico sin valorar sus atributos de individualidad. Ese tipo de discurso de marca, el de fidelidad a una categoría por la condición biológica de pertenencia no puede contribuir a la compresión del mismo hecho diferencial de la persona dentro de una extensión plural. El conflicto que ya existe entre individuo y estado, se corresponde con el que existe entre individuo y sociedad, y finalmente entre individuo y grupo. Cada vez que una posición de portavoz de un grupo, el que sea (nosotros los blancos, nosotros los comunistas, nosotros los jóvenes, nosotras las mujeres, nosotros los nacionalistas,…) dicta lo que son sus miembros está a un paso de dictar también como se deben de comportar. Es un mecanismo por el cual se aliena el comportamiento y se restringe implícitamente la libertad personal.

Las plataformas divulgativas de la llamada información pública proporciona el dato de que  Bar Refaeli (alguien relacionado con Di Carpio) ya es top model o que Rebeca Loos (vinculada a Beckham) está  embarazada (nombres que cito ahora y olvidaré antes de terminar de redactar esto). ¿De verdad que eso interesa a alguien? Estrictamente o tienen más valor que los hoax o bulos que corren por internet aunque se basen en datos correctos. Cabe suponer que desde el momento en qué se publica tiene su público. Algo de lo que pertenece a la estricta privacía, la preñez, se convierte en un dato de consumo general, detalle que puede desfavorecer al neonato por la excesiva carga de expectativa (también especulación) con el que va a nacer y por lo que hace a la subida a la pasarela del exhibicionismo de la otra chica coloca en el lugar de la vitrina un rol de sojuzgarían tradicional de la mujer. Una curiosidad de la liberalidad moderna, la de los senos voluptuosos, las caderas prominentes y las vaginas en clave de apertura es que con todo esto no se escapa a la figura fetiche de la fémina y la de objeto de consumo visual o excítate en el que la oferta de su belleza sustituye la ausencia  (afortunadamente no siempre) de su inteligencia o al menos de su crítica. (Leí un titular que preguntaba algo así ¿siempre que son guapas han de ser tontas?). En la historia de cada día se nos mezclan los ecos de la frivolidad a los de los gestos diplomáticos y los de las crueldades más inverosímiles. Niñatos que apenas han estrenado su vida de adultos se constituyen en asesinos porque confunden una conversación de intimidad con chicas con un compromiso de noviazgo. Cada vez que un maltratador maltrata o mata a una chica se está poniendo en cuestión todo el mecanismo educativo de una sociedad que falla por repetido. Mientras la cultura entera, también la occidental, no reconfigure la condición libertaria de cada ser humano por encima de cualquier otra cuestión, seguirá habiendo asesinos por no tolerar la libertad ajena. Comparativamente la mujer occidental permite una mayor elaboración del concepto de libertad frente a la descalificada y marginada por su religión, aunque tanto una como otra está lejos de ser reconocidas en su totalidad.

En tiempos de crisis lo mejor que pueden hacer tanto sus observadores y analistas como, sobre todo, sus víctimas y perdedores, es estudiar los nexos de unión del fracaso financiero al fracaso del modelo social que incluye ideologías castistas y clasistas que están en la cocausalidad de los grandes desajustes. La tan celebrada incorporación de la mujer al trabajo industrial, reconocida como un avance por el feminismo igualitarista e lugar de revalorarla en su idiosincrasia la alienó a los procesos de explotación de los que ya venía formando parte el hombre. La elaboración actual no ha alcanzado el nivel de plantear la codicio de sujeto desde la persona que es, sino desde el rol que ocupa, incluyendo el rol de género. Una mujer ha de ser…(lo que marque la tradición), u hombre ha de ser…(ídem). Tanta conversación de loro al respecto no consigue agotar el interés periodístico y las clacas invitadas al tema pero sí el interés de la inteligencia. En la vida de cada día, lo que hace ellos o lo que hacen ellas, por lo que hace a su proyección performántica en los mecanismos de reproducción de imágenes y de titulares escuetos, no debería tener sentido para la literatura reflexiva pero la verdad es que sigue teniéndolo para los imputs-chiclets para las masas que han sustituido las conversaciones por nuevas formas de rumoreo.

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