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La no-respuesta y su fraqueza

Por JesRICART - 28 de Enero, 2009, 14:01, Categoría: COMUNICACIÓN

La no-respuesta y la franqueza cuestionada  que hay detrás.

Los estados de no respuesta están permanentemente presentes en los campos comunicacionales. Obedecen a distintos factores causales:

uno, porqué se carece de respuesta lo cual evidencia  una ignorancia.

dos, porqué la que se tiene es incoherente y falta de ética, lo cual evidencia o la falta de inteligencia o la prepotencia de unos intereses inconfesables o ambas cosas a la vez.

tres,  por protocolo o por  la inconveniencia política de hablar o contestar  lo cual prioriza la hipocresía

y cuatro, por la evitación de situaciones emocionalmente difíciles de tratar lo cual establece la presunción de la propia  vulnerabilidad.

La comunicación interhumana  se empantana en laberintos de difícil salida cuando encierra datos o prohíbe argumentos o elude respuestas correspondientes a sus preguntas específicas. Es así que se encalla en espacios de desinformación y silencio a costa de la verdad y la autenticidad de los procesos de relación.  Desgraciadamente la llamada verdad sólo puede ser la resultante de inferencias y análisis por encima de confesiones y declaraciones. La verdad se sirve de la sinceridad aunque sean cosas distintas y esta se genera a partir de necesidades subjetivas en contextos objetivos para su permisividad. En tanto que no es -o no pude ser-  ejercida por sistema, la complicación de las producciones comunicativas incrementa la formación de sus ficciones adoptadas por más seguidores en detrimento del conocimiento público de las leyes que mueven  las razones del contacto humano. El debate significativo no es el refrendo acerca de si hay que ser o no sincero ante las encrucijadas existenciales  sino si ésta es posible ser establecida de una manera permanente. Para André Maurois “Ser sincero no es decir todo lo que se piensa sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa”. Decir todo lo que se piensa es un imposible fáctico , una irreverencia personal y una  indeseabilidad coyuntural. Decirlo fraccionalmente y en la medida de las posibilidades de cada hablante de acuerdo con la situación atencional de quien le interese proporciona elementos para pedir la ampliación de respuestas en tanto se busque su facilitación.

A mayores situaciones  vividas de no respuesta, el hablante puede  zafarse provisionalmente de la disonancia concreta con el medio que le pregunta, pero eso le lleva a refugiarse en su fortín de privacía, o en su mundo interior aparte  que no tendrá nada que ver con su apariencia.

Por el contrario, a  una cantidad mayor de situaciones de respuesta el hablante puede colocar su rol y espacio ante el mundo, defender su identidad sin  tener porqué esconderla y autentificar su ser a partir de esa interacción entre las adversidades que encuentra y el discurso que presenta. Ambos criterios pueden coexistir en una misma biografía: la necesidad subjetiva del decir varía a lo largo del itinerario existencial. Vasco Patrolini lo reflejó gráficamente “Teníamos veinte años y éramos sinceros” Tener 40 o 50  o más y seguir necesitando decir  lo que  te parece continuamente el mundo y los demás es más una pulsión que obedece a una trama psíquica que una  necesidad de verdad y de coherencia personal. Llega un momento vital en que deja de ser necesario hablarlo todo o que, el balance de sus costes al hacerlo, lleva a desestimar tal operación dejando para otros que ocupen la escena pública con sus tejidos de adjetivos y descalificaciones mientras el hablante prefiere ser más pensante que coreógrafo[1] , más reflexivo que expresivo y más  analítico que proyectivo. La escena pública es el lugar de confrontación de las propias tesis pero también el lugar de erosión de los predicados. El otro pone la fuerza de la duda en cualquier afirmación y eso lo valida en su diferencia y en su peso en la elaboración y avance de la historia del pensamiento. A la vez el otro no es siempre un contrincante de la controversia interesado en una metodología de transparencia sino que puede adoptar el rol del chacal dispuesto a destripar cualquier signo de vida y dato de inteligencia. La controversia pública es tanto menos significativa cuánto más se repite los monigotes en la palestra del engaño o de la representación mímica. Tampoco en la privacía es posible decirlo o transparentarlo todo. No todas las preguntas tienen respuesta y lo que es mas significativo hay preguntas en que dejan de ser hechas. El interrogatorio al otro sobre sí mismo para hacer un balance inmediato y calcular las posibilidades de fusión o de rentabilidad que pueda tener la unión con  él, es algo culturalmente inaceptable. El interrogatorio es para las comisarías y los centros de tortura, la poesía para los encuentros selectivos de humanos sentimentales. Quererlo saber todo del otro remite en el fondo al deseo de quererlo controlar. Autodefensivamente no entregarse más que a dosis es una manera supervivencial de coexistir con un variado mundo de relaciones en las que cada persona vive fortificada en sus corazas, sus prevenciones, sus miedos y sus fijaciones.  La no-respuesta en los actos culturales o en los parlamentos políticos o en los ámbitos científicos son maneras tácitas que evidencian una imposibilidad de saber o una falta de coherencia o de completud. Difícilmente alguien reconoce en público no tener la respuesta. En lugar de eso opta por decir otra aunque no sea la pedida. En el ámbito privado la no-respuesta encubre los déficits inherentes a la propia biografía y a una vida compartida con otro. Hay relaciones convivenciales  que pueden durar toda una vida sin abordar determinados temas tabúes o preguntas dañinas así como hay asociaciones y empresas que se mantienen una década tras otra por funcionar sobre la base implícita de no tocar algunos temas que podrían generar conflictos irresolubles y , posiblemente, disoluciones. En ambas situaciones la franqueza queda cuestionada y la transparencia de la que hacía elogio Octavio Paz queda como un criterio latente cuya utilizabilidad sistemática resulta conflictiva.



[1] en Cinema Paradiso, Alfredo el  maquinista de cine que perdió la vista por accidente le dice a Totó cuando  lo visita en su postración: tarde o temprano, hablar o callar viene a ser lo mismo, por lo tanto prefiero callar.

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