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Desdeificados

Por JesRICART - 21 de Enero, 2009, 13:05, Categoría: DEBATE SOCIAL

desdeificados.Los hijos sin dios. Segunda parte.

En una segunda parte, los hijos sin dios que hubieran dedicado toda una vida al desenfreno de los pecadores (es decir al goce de sus cuerpos sin recortes presupuestarios para sus lujurias) tendrían un ultimo minuto de lucidez para la reconciliación con lo divino y entrar en el reino del paraíso por la puerta grande. Siempre me pareció, ya de niño no dispuesto a que le mintieran,  muy interesante este recurso de última hora para recibir la extremaunción. En comparación a otras religiones el catolicismo era un chollo, bastaba un acto de contrición para ganar la eternidad. Todo aquel que no había vivido una vida de votos y de esfuerzos podía alcanzarla, bastaba pedir perdón y besar la señal de la cruz. Una religión interesante desde el punto de vista más económico. Pero esto no cuadraba con la vida de los piadosos que iban para santos dedicando sus biografías sin mácula, a la oración y a la prédica.  En el fondo, el catolicismo no cree en esa mentira. No es el mismo hijo de dios el que cumple con los dictados de la iglesia que el que se separa de ellos. Despues de los años puedo decir que a pesar deser convenientemente manipulado por mis profesores y sacerdotes, olvidé todo aquello que me enseñaron en materia religiosa y en particular las cantinelas aprendidas de memoria.  No es un orgullo, es solo un indicador de autodesmemorización voluntaria. Los nazis mataron a algunos judíos poniéndolos a prueba haciéndoles recitar el padrenuestro u otra oración semejante, no saberlo significa quedarse sin el salvoconducto para seguir viviendo. Ahora que lo digo debería repasar aquellas oraciones de infancia y pubertad para el alzamiento de nuevos fascismos que nos sometan a esa clase de preguntas de examen. A lo que iba: para el orbe capitalista los hijos sin dios tendríamos siempre una oportunidad última para decir, todo aquello que repudié de la iglesia madre y aquello en lo que blasfemé me arrepiento. Quiero mi pase para el final de la aventura en mi tierra pudiendo entrar en el reino de los cielos. No creo que un moribundo esté más preocupado en lo que será de su alma tras su muerte sino en lo que será de si mismo y de lo que deja en la tierra tras ella. Morir es un asunto serio como para andar buscando curas ante los que arrepentirse. Además el dormitorio no está preparando para visitantes desconocidos. Lo menos que querría llevarme al otro mundo, es la imagen última de alguien, un absoluto desconocido pero profesionalizado en esas lides,  que venga a perdonarme por los errores que haya cometido en mi vida, que al ritmo que voy produciéndolos van a ser bastantes y con quien no me hubiera tratado nunca antes. Opino sinceramente que hay que ser muy fanático para ir consolando a los moribundos y a sus familiares en estos quehaceres. Por otra parte el profesional de la religión que lleva toda una vida predicando la vida eterna no puede ir con su crisis de fe de tal concepto, si ha madurado con ella, y traspasársela a un parroquiano en su última hora. Mira macho de todo esto nasti de plasti. Despues de muerto oscuridad total, a lo máximo flotación efímera por las coordenadas existenciales sin poder intervenir en nada del orbe material. El hijo sin dios no espera consuelo antela muerte. Tampoco lo esperó durante la vida. Le tocó aceptar lo que había en su transitoriedad y tuvo que sacrificar sus idealismos en aras a la lenta evolución del mundo de los vivos. Sus esfuerzos en aproximaciones místicas o en comprensiones del mundo  lo más que le proporcionaron fue correligionarios para diseñar otra clase de ritos. En el mejor de los casos pudo trabajar mental y conceptualmente en una noción distinta de dios, el dios de consumo a escala individual. La deificación unipersonal. Eso tendría que ver con el yo soy dios que los más atrevidos a competir con omnipotencias se han atrevido a decir. El silogismo es elemental: si todo es dios, luego entonces yo soy dios. Pero esa conclusión choca con ese empeño en poner a dios en el lugar del juez y de la entidad distante a cualesquiera otras conocidas.

La deificiación es una noción que parte de la existencia de un dios con los atributos de único y   ominipotencial del que  el sujeto deífico se ha desembarazado para extender la idea de la divinidad a los recursos  humanos potenciales. Los valores de bondad, comprensión, identificación, trascendencia,  tienen más que ver con la deificiación que la del dios todopoderoso que no tiene el menor reparo en castigar a los humanos por el hecho de hacer orgías y no ir a misa.  

Pero esa deificación alternativa, propia de los residentes de algo llamado como nueva era, pero con vocablos antiguos y formas parecidas, no resuelve gran cosa. Vivir una vida terrena preparandose para un registro no terreno y eterno es tanto como perderse el ahora y el aqui de unas cuantas décadas a cambio de una hipótesis del mañana en el más allá para una eternidad de la que no se sabe nada.  Para dilucidar eso deberiamos cuestionar la misma idea de eternidad. Si todo tiene sus límites por qué ¿el tiempo no va a tenerlos? Si se calculan cifras bárbaras como la duración del cosmos o el fin de las estrellas ¿por qué suponer que las almas van a ser eternas?

 Ese deseo de permanecer en la estela espiritual entraría en contradicción con las previsiones de finitud del cosmos. Muy bien, el cosmos desaparece y las almas sin necesidad de reencarnarse  o volver por repetido al universo de la sensorialidad se pasarías los milenios por los milenios en el gozo continuo de la comprensión permanente de todo. Eso escapa a la comprensión de una mente racional pero no dudo que es una interesante idea que puede  seguir alistando a  fanáticos tras ella. ¿qué prefieres ser un muerto para siempre o vivir en una eternidad interminable sin nada qué hacer, porque no hay retos, ni superaciones, ni posibilidad de orgasmar o de comer o de pasear o de hacer el amor?. Si eres todo ,estás en todas partes, lo conoces todo, lo sabes todo. Dime ¿qué pinta un alma tranquila en todo esto? El paraíso de existir sería el lugar donde las almas llegarían para suicidarse por no tener razones para hacer nada en tal lugar.

Quedémonos en algo más de nuestra latitud, más simple y más practico como criterio de vida: deificación sí, como un entreno a la budeidad, como una auto-organización a las condiciones de existencialidad material a las que estás sujetado, incluyendo las intelectuales y las espirituales. No tenemos porque renunciar al registro espiritual pero no tenemos el menor derecho a convertirlo en un pretexto para creer en un trascendentalismo  de obligatoriedad eternal que supondria una condicion de perpetuidad mucho peor a la condición de transitoriedad dentro de cuerpos mortales.

Los  sujetos desdeificados ni siquiera necesitan/necesitamos pasar por la experiencia de los santones o en creernos que somos elegidos para algún camino místico en especial. (Espero que por decir eso, el dios que me tenga a su cargo no me obligue a llevar una vida de alma errante posándome como una libélula de planeta en planeta sin encontrar la luz), basta reconocer las evidenciasf ísicas que existen. La gran teoria de la iluminación espiritual (en otras palabras, el conocimiento absoluto) se basa en una observación simple. El punto de luz es lo que atrae cualquier forma de vida a muchas millas a la redonda. Basta observarlo en una noche de verano con una farola encendida en la calle o en una  habitación con una vela ardiendo. A veces, ese poderoso atractivo de la luz lleva a que los insectos que vuelven a su alfrededor se achicharren. Puede ser un buen consejo para las almas postmortem buscando el paraíso: cuidado no os zambulleís en el destello de la primera antorcha que encontréis.

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