El Blog

 
 

Calendario

<<   Enero 2009  >>
LMMiJVSD
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31  

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog
 

21 de Enero, 2009

Desdeificados

Por JesRICART - 21 de Enero, 2009, 13:05, Categoría: DEBATE SOCIAL

desdeificados.Los hijos sin dios. Segunda parte.

En una segunda parte, los hijos sin dios que hubieran dedicado toda una vida al desenfreno de los pecadores (es decir al goce de sus cuerpos sin recortes presupuestarios para sus lujurias) tendrían un ultimo minuto de lucidez para la reconciliación con lo divino y entrar en el reino del paraíso por la puerta grande. Siempre me pareció, ya de niño no dispuesto a que le mintieran,  muy interesante este recurso de última hora para recibir la extremaunción. En comparación a otras religiones el catolicismo era un chollo, bastaba un acto de contrición para ganar la eternidad. Todo aquel que no había vivido una vida de votos y de esfuerzos podía alcanzarla, bastaba pedir perdón y besar la señal de la cruz. Una religión interesante desde el punto de vista más económico. Pero esto no cuadraba con la vida de los piadosos que iban para santos dedicando sus biografías sin mácula, a la oración y a la prédica.  En el fondo, el catolicismo no cree en esa mentira. No es el mismo hijo de dios el que cumple con los dictados de la iglesia que el que se separa de ellos. Despues de los años puedo decir que a pesar deser convenientemente manipulado por mis profesores y sacerdotes, olvidé todo aquello que me enseñaron en materia religiosa y en particular las cantinelas aprendidas de memoria.  No es un orgullo, es solo un indicador de autodesmemorización voluntaria. Los nazis mataron a algunos judíos poniéndolos a prueba haciéndoles recitar el padrenuestro u otra oración semejante, no saberlo significa quedarse sin el salvoconducto para seguir viviendo. Ahora que lo digo debería repasar aquellas oraciones de infancia y pubertad para el alzamiento de nuevos fascismos que nos sometan a esa clase de preguntas de examen. A lo que iba: para el orbe capitalista los hijos sin dios tendríamos siempre una oportunidad última para decir, todo aquello que repudié de la iglesia madre y aquello en lo que blasfemé me arrepiento. Quiero mi pase para el final de la aventura en mi tierra pudiendo entrar en el reino de los cielos. No creo que un moribundo esté más preocupado en lo que será de su alma tras su muerte sino en lo que será de si mismo y de lo que deja en la tierra tras ella. Morir es un asunto serio como para andar buscando curas ante los que arrepentirse. Además el dormitorio no está preparando para visitantes desconocidos. Lo menos que querría llevarme al otro mundo, es la imagen última de alguien, un absoluto desconocido pero profesionalizado en esas lides,  que venga a perdonarme por los errores que haya cometido en mi vida, que al ritmo que voy produciéndolos van a ser bastantes y con quien no me hubiera tratado nunca antes. Opino sinceramente que hay que ser muy fanático para ir consolando a los moribundos y a sus familiares en estos quehaceres. Por otra parte el profesional de la religión que lleva toda una vida predicando la vida eterna no puede ir con su crisis de fe de tal concepto, si ha madurado con ella, y traspasársela a un parroquiano en su última hora. Mira macho de todo esto nasti de plasti. Despues de muerto oscuridad total, a lo máximo flotación efímera por las coordenadas existenciales sin poder intervenir en nada del orbe material. El hijo sin dios no espera consuelo antela muerte. Tampoco lo esperó durante la vida. Le tocó aceptar lo que había en su transitoriedad y tuvo que sacrificar sus idealismos en aras a la lenta evolución del mundo de los vivos. Sus esfuerzos en aproximaciones místicas o en comprensiones del mundo  lo más que le proporcionaron fue correligionarios para diseñar otra clase de ritos. En el mejor de los casos pudo trabajar mental y conceptualmente en una noción distinta de dios, el dios de consumo a escala individual. La deificación unipersonal. Eso tendría que ver con el yo soy dios que los más atrevidos a competir con omnipotencias se han atrevido a decir. El silogismo es elemental: si todo es dios, luego entonces yo soy dios. Pero esa conclusión choca con ese empeño en poner a dios en el lugar del juez y de la entidad distante a cualesquiera otras conocidas.

La deificiación es una noción que parte de la existencia de un dios con los atributos de único y   ominipotencial del que  el sujeto deífico se ha desembarazado para extender la idea de la divinidad a los recursos  humanos potenciales. Los valores de bondad, comprensión, identificación, trascendencia,  tienen más que ver con la deificiación que la del dios todopoderoso que no tiene el menor reparo en castigar a los humanos por el hecho de hacer orgías y no ir a misa.  

Pero esa deificación alternativa, propia de los residentes de algo llamado como nueva era, pero con vocablos antiguos y formas parecidas, no resuelve gran cosa. Vivir una vida terrena preparandose para un registro no terreno y eterno es tanto como perderse el ahora y el aqui de unas cuantas décadas a cambio de una hipótesis del mañana en el más allá para una eternidad de la que no se sabe nada.  Para dilucidar eso deberiamos cuestionar la misma idea de eternidad. Si todo tiene sus límites por qué ¿el tiempo no va a tenerlos? Si se calculan cifras bárbaras como la duración del cosmos o el fin de las estrellas ¿por qué suponer que las almas van a ser eternas?

 Ese deseo de permanecer en la estela espiritual entraría en contradicción con las previsiones de finitud del cosmos. Muy bien, el cosmos desaparece y las almas sin necesidad de reencarnarse  o volver por repetido al universo de la sensorialidad se pasarías los milenios por los milenios en el gozo continuo de la comprensión permanente de todo. Eso escapa a la comprensión de una mente racional pero no dudo que es una interesante idea que puede  seguir alistando a  fanáticos tras ella. ¿qué prefieres ser un muerto para siempre o vivir en una eternidad interminable sin nada qué hacer, porque no hay retos, ni superaciones, ni posibilidad de orgasmar o de comer o de pasear o de hacer el amor?. Si eres todo ,estás en todas partes, lo conoces todo, lo sabes todo. Dime ¿qué pinta un alma tranquila en todo esto? El paraíso de existir sería el lugar donde las almas llegarían para suicidarse por no tener razones para hacer nada en tal lugar.

Quedémonos en algo más de nuestra latitud, más simple y más practico como criterio de vida: deificación sí, como un entreno a la budeidad, como una auto-organización a las condiciones de existencialidad material a las que estás sujetado, incluyendo las intelectuales y las espirituales. No tenemos porque renunciar al registro espiritual pero no tenemos el menor derecho a convertirlo en un pretexto para creer en un trascendentalismo  de obligatoriedad eternal que supondria una condicion de perpetuidad mucho peor a la condición de transitoriedad dentro de cuerpos mortales.

Los  sujetos desdeificados ni siquiera necesitan/necesitamos pasar por la experiencia de los santones o en creernos que somos elegidos para algún camino místico en especial. (Espero que por decir eso, el dios que me tenga a su cargo no me obligue a llevar una vida de alma errante posándome como una libélula de planeta en planeta sin encontrar la luz), basta reconocer las evidenciasf ísicas que existen. La gran teoria de la iluminación espiritual (en otras palabras, el conocimiento absoluto) se basa en una observación simple. El punto de luz es lo que atrae cualquier forma de vida a muchas millas a la redonda. Basta observarlo en una noche de verano con una farola encendida en la calle o en una  habitación con una vela ardiendo. A veces, ese poderoso atractivo de la luz lleva a que los insectos que vuelven a su alfrededor se achicharren. Puede ser un buen consejo para las almas postmortem buscando el paraíso: cuidado no os zambulleís en el destello de la primera antorcha que encontréis.

La ética personal ante un mundo no-ético

Por JesRICART - 21 de Enero, 2009, 13:00, Categoría: DEBATE SOCIAL

Mundo es una expresión abstracta que admite su concreción en el cómputo  de las conductas que lo componen. Su falta de ética como uno de los ejes universales es notoria. Todos los códigos nacionales e internacionales no la garantizan aunque persigan y castiguen lo antisocial y se presente como una instancia referencial superior. Ante una falta de ética general no queda disculpada la falta de ética personal. El futuro de aquella ética si lo hay pasa por el refuerzo de la ética personal desde la base de cada persona.

La revolución kantiana en ese campo consiste en su noción de la autonomía personal, el enfoque según el cual no se puede aceptar como base última del comportamiento la orden de una autoridad, por elevada que ésta sea. El enfrentamiento  ante cualquier orden de autoridad delega en la responsabilidad individual seguirla o hacer caso omiso, aceptarla o contradecirla, reconocerla o negarla. En definitiva cada orden recibida, cada idea, cada mensaje, cada instrucción tiene que pasar por la criba individual de si es o no moral, si es o no legítima, si es o no aceptable. La responsabilidad de los actos sigue siendo individual aunque los condicionantes que empujen a ellos sean colectivos. Solo encuentra un atenuante, el impedimento físico que impida la rebelión a la orden injusta. De Kant se hace eco Popper que lleva audazmente este criterio al campo de la religión. Advierte de antemano que sus palabras puedan espantar  y afirma que “todo hombre crea su dios”. Siendo cualquiera de las formas en que tal entidad es manifestada y traducida para la explicación creativa de los fenómenos, es cada individuo quien tiene que juzgar si creer en ese producto diseñado y si le está permitido o no adorarlo de acuerdo con su conciencia.

Extiende el conflicto entre el individuo y la autoridad a lo humano y lo divino.[1]. La ética personal lleva a una continua batalla contra los conceptos ajenos que no tienen ninguna ética. No se puede seguir una vida ética sin entrar en colisión con el mundo que se habita. En los debates sobre ella he quedado tocado por el siguiente cuadro: el de sujetos que creen ser éticos solo porque se dedican a hablar de la ética. La ética es una actitud ante la vida y antes los demás, una manera de pensar, ser e interpretar, una forma de relación equilibrada con las diferencias y con lo ajeno y una adaptación al medio no haciendo de ningún enunciado un principio sectario. Hasta ahora las religiones que se habían propuesto como grades morales no han surtido efecto por lo que hace a generar un nuevo tipo de persona humana, o mejor dicho una verdadera persona humana. Comparte países y culturas diluidas en sus ritos y seguimientos y cumpliendo funciones exculpatorias o garantistas por lo que hace a eternidades.

La religión es el vehículo de la fe en algo que siente y no puede demostrar. Eso es común tanto a las religiones animistas primitivas como a las complejas modernas religiones. Mantiene una actitud de adhesión acrítica y convierte una hipótesis en una certeza. Eso no es lo más relevante sino que consigue hacerlo sin exigir modificaciones de comportamientos. El credo o la oración no cambian a la persona en su relación civil con los demás. Conocí a una burócrata de una embajada mauritana que tenia puesta música religiosa pero maltrataba en las formas verbales a los ciudadanos que tenían que acudir a hacer gestiones en su despacho.

La ética personal pasa por tomar distancia de las conductas terribles no dejando contaminarse por ellas reproduciéndolas. Supuestamente la ética deja a salvo al sujeto ético no mezclándose con la gente no-ética, pero eso  no es tan fácil la inevitable mezcla con el mundo significa bregar continuamente con lo impuro, No es tan sencillo mantener una vida coherente en medio de contextos de alta incoherencia. La predominancia de errores empuja a un cierto mimetismo o cuando menos a una cierta autodisculpa cuando son cometidos aunque haya sido involuntariamente. Las personas más religiosas no son en principio las más garantistas de conductas impecables. Durante algunos siglos la historia humana estuvo confundida con respecto al valor de la moral y de las amenazas de perder el goce de la vida eterna si no se cumplían unos determinadas requisitos. Se decía que la moral era lo que impedía la comisión de culpas.  La moral simple genera la moral compuesta (la doble moral) en la que una parte de la vida oculta los errores imperdonables de la otra parte. Dota de una ideología precisa para vivir o soportar una sociedad defectuosa, muy problemática, de la que se es cómplice.

La ética personal nace al margen y en contra de la moral dominante constituida que es tanto como decir de la ideología presente. La eticidad es un proceso de cualificación que no pasa por un decálogo preciso o unas cuantas ideas en formato dogmático sino por un encuentro del sujeto con sus verdades de vida que le permitan ser individuos legítimos desmarcándose de los disgustos ajenos y además le permitan vivir sin hacer daño a nadie en ningún concepto. Lo primero es más sencillo que lo segundo. La lucha por defender el propio marco de libertad lleva en ocasiones a pelearse contra los agresores. Es difícil pelearse con alguien sin hacerse daño mutuamente. Si la moral ha tenido esa imagen engañosa no lo tiene menos un virtuosismo espirituoso de la new age del tipo light (todo el mundo es bueno, om).  Hay otro registro de purificación y sintonía mística mas conectado con la tierra y con las necesidades reales. El sentido de la espiritualidad del cuerpo ocurre cuando se pierde el control: en el orgasmo, en las danzas sufíes o en las prácticas zen. Es el momento de la plenitud. Debe haber otros, o  más precisamente, corrijo, he de decir que he experimentado otros como durante la creación artística, la elevación poética, y el sentimiento holista de pertenencia al todo. Ética y espiritualidad son dos campos distintos que no se correlación con la moral y la religión que nos habían sido entregados o enseñados como tándem. Lowen define el amor como el verdadero sentimiento espiritual.

Sin examinar sus nefastas consecuencias en su impacto cultural y en el subdesarrollo de los países en los que está extendido, el animismo, comparado a las religiones monoteístas, es definido como la doctrina que considera el alma como principio vital para la existencia y su presencia en todas las cosas. En ese punto tiene más valor para el pensamiento y el reconocimiento de la pluralidad que las religiones institucionales.

La falta de ética contemporánea, su correlato con el imperio de la deshonestidad, no significa dejar de tener la propia. La discusión es si es posible una ética universal o tan solo un planeta humano con éticas personales mutuamente compatibles. No diré que la idea de ética universal no sea seducible pero tiene demasiado eco de los códigos unitarios, los mandamientos únicos. Mientras los expertos intentan llegar a una conclusión sobre su posibilidad (mucho más el plan para crear la convención mundial que la subscriba) los no tan expertos en diplomacias, burocracias ni jurídicas pero vigilantes de aquel proceso en el supuesto que se diera algún dia, que de momento no es el caso, podemos seguir dedicando el tiempo a la continua cualificación personal y al progreso ético persona a persona. Eso no es proselitismo. Los elementos del juego están dados para todos, la cancha también, es cosa de cada cual actuar éticamente o no los bailes y mejunjes colectivos. Eso diserta el traslado al yo como uno, la resolución de las cosas y no al ellos como responsables, la resolución de las de todos, desbancando este como parámetro principal. 

 

 

 

 

 

 

El ruido verbal

Por JesRICART - 21 de Enero, 2009, 12:59, Categoría: COMUNICACIÓN

La contaminación acústica constituye un verdadero dolor de cabeza. Quien tiene la mala suerte de tener un local nocturno en su edificio o vivir en una calle de ajetreos festivos, concentracionarios de litronas y otros noctámbulos que necesitan del ruido como acto de autoafirmación cabe acompañarlo en el sentimiento. Los vecinos se defienden contra los ruidos no buscados con cubos de agua, habrá quien lo hace con escupitajos otros líquidos infames. Cuando se empezó a hablar de contaminación por ruido se pensaba automáticamente en industrias pesadas y desconsideradas. Una larga historia de regulaciones y normativas fue controlándolas, pero la cosa no terminaba ahí: uno de los ruidos más insoportables de la vida diaria es el de los automóviles y sus bocinas. Detrás de cada acto ruidoso hay un ser humano que lo produce. El problema ya no es de las grandes máquinas sino de los pequeños individuos que sumados en forma de masa pueden producir situaciones insoportables. Más que murmullo lo que se escucha de una sala llena de gente hablando o gritándose, es una especie de run-run en el que no se entiende nada.  Hay otra variedad más sutil del ruido verbal que es el de la palabra tranquilla pero no por eso aceptable. La gente cuando se encuentra habla, habla por todo y por cada cosa, no puede estar callada. La propiedad de hablar es que pone e evidencia al hablante. En muchas ocasiones puedes pensar ante tu hablante ¿por qué no te callaras de una vez? ante una hemorragia de sílabas sin ton ni son. El ruido verbal forma parte de los ecos urbanos. Basta salir a una calle concurrida para tenerlo como telón de fondo. La mayor parte de frases con las que te cruzas acústicamente no tienen el menor interés. Muchas de estas mismas frases te las encuentras portadas por tu interlocutor con el que tienes una cita o porque forma parte de tu ámbito personal. Por deferencia lo atiendes aunque no te interese lo que dice  lo más mínimo. En mi condición de sujeto reservado poco dedicado al hablar he tenido tiempo de observar las mil y una formas de habla, también las formas de escucha. Según la sensibilidad específica de cada cual se pueden vivir experiencias curiosas en los dos registros: hablando por sospechar que no se entiende o no interesa lo que se dice, y escuchando por perder un tiempo valioso en sandeces. La gente necesita hablar porque así le parece estar más viva. En el acto de habla hay una auto confirmación del yo en activo. El hablante se distingue por sus actos de habla pero no todos los actos de habla se distinguen por la inteligencia si bien sí son actos de significado. La mal llamada sociedad multicomunicada inunda de prosas de todo tipo todos los ámbitos con tal extensión y profusión de incongruencias que o es extraño que algunas filosofías se distingan por abogar a favor del silencio.

Sin llegar a la patología del verborrágico compulsivo hay un tipo de agentes verbales que utilizan cualquier pretexto para hablar sobre lo que sea sin que venga a cuento o tenga un interés verdadero para lo que se está hablando en el momento o para lo que se está preguntando. Una recepción crítica y precisa de lo que se escucha puede llegar a conclusiones alarmantes que si se atreve a decirlas en voz alta in situ incorpora un elemento de fricción considerable: mira de todo lo que más has dicho solo me interesa la parte que hace referencia a la cuestión equis. Es tanto como decir:  todo lo demás podías haberlo callado y os habríamos evitado el gasto de la media hora que has empleado.  En general,  a toda la parafernalia que se añade sin tener sentido ni justificación para el momento dado, se le puede llamar ruido verbal. Las frases puede ser ocurrentes y algunas referencias mencionadas de paso tener un interés secundario pero por lo demás son superfluas. Una buena parte de producciones verbales son superfluas y por añadidura estériles, lo que explica que sigan produciéndose es que justifican una actuación. Esto no solo se da en el ámbito de la oralidad sino también en otras conductas humanas: desplazamientos físicos innecesarios, actuaciones desajustadas con las demandas situacionales o producciones gráficas desmesuradas para el objetivo expresivo planteado. Con respecto a esto último  no deja de ser curioso que quien practique el ruido verbal consumiendo preciosos tiempos con peroratas que se pueden evitar e infos duplicadas se queje por la extensividad expresiva gráfica. Al revés quienes nos quejamos del ruido verbal nos resarcimos con textos en los que exponer, desarrollar y en definitiva decir lo que el espacio acústico no le permite entrar. Cuanto mas he ido participando en los actos de habla menos sentido le encuentro a una buena parte de ellos. Hay gente que necesita hablar de una forma pulsional porque en ello empeña su dictum, su ordeno-y-mando sutil, su rol directivo.

La tesis de todo el asunto es la confirmación entre ruido verbal y  primitivismo. Por lo general no quien habla más sabe más sino más bien lo contrario. Su habla, es un acto escénico que remite a la necesidad de ser escuchado, de tener público o ya –en la degradación de ese rol- de ser obedecido.

Volviendo a la comparativa de la contaminación acústica más desagradable, la de los vecinos que no son respetuosos exagerando con su ruido, el ruido verbal en actos de habla ordinarios no contemplan las pautas de respeto. Una vez traté a una individuo compulsivo-verbal que era capaz de despertar a sus compañeros de piso para irles a soltar sus confidencias. Recogí esa experiencia en Pat y Jim: diálogos convivenciales donde el protagonista masculino seguía con su trabajo con tapones en los oídos mientras la protagonista patológica seguía con su perorata aunque no la escuchara. Una de las cosas peores que se le puede hacer a una persona es no escucharla pero a su vez la no-escucha forma parte del recurso natural a la autodefensa cuando no hay otra posibilidad de escapada.

Afortunadamente para los hablantes, la gama de discursos es tal que es prácticamente infinita. El hablante ávido de público con suficiente adaptación podrá hablar de lo que sea incluyendo el tema de la autocritica por ser un hablante abusivo con tal de seguir hablando. Hay culturas más dadas a la meditación o al silencio y menos necesitadas de las estridencias orales. Cuando  es detectado alguien que habla por hablar sin ajustar su expresión a un decir y a unos significantes lo mejor que se puede hacer es reducirlo para no cosumir tiempo personal propio. Esto pasa por los silencios y las exclusiones. La forma más educada de excluir a otro que produce ruido verbal es autoexcluyéndose del campo acústico al que llega su voz. Eso no quiere decir negar la comunicación sino oponerse a esa forma verbal de protagonismos que en realidad tampoco quieren hacerla. Hay países en los que se habla más y se dice menos comparativamente a otros. Mejor no señalar. Cuando pregunto algo a alguien y para contestarla necesita contarme su vida o bien me la cuenta igualmente sin tampoco contestar a la pregunta procuro no elegirlo para otra pregunta una próxima vez y me pongo a salvo para no repetir el mismo tiempo muerto. Es como uno de esos chistes malos que por muchas veces que te lo cuenten nunca lo recuerdas para reproducirlo.

Blog alojado en ZoomBlog.com