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El uso ajeno del propio nombre

Por JesRICART - 20 de Enero, 2009, 11:17, Categoría: The OBSERVER

Desde que una persona tiene un nombre puede ser referido por el mismo y ser registrado y documentado en multitud de soportes y oficinas. El nombre personal sirve para la distinción de una individualidad, para llamarla, señalarla, buscarla, encontrarla, relacionarla, documentarla. Todas esas funciones so propias de la deferencia pero también de un control. Un sujeto tiene multitud de documentos que lo acreditan: partidas de nacimiento, bautismales, cartillas sanitarias, tarjetas de crédito, diplomas o títulos, escrituras,  carnets de socio, en la matricula del colegio, en la cartilla de escolaridad o en el permiso de conducir.  Su nombre figura en una guía telefónica. Está apuntado en agendas personales de sus conocidos. Su uso  es cuantioso. Empezó mucho ates de que advirtiera que su nombre quedaba depositado en multitud de registros y seguirá a lo largo de su vida, incluso después de ella. Hay fallecidos que siguen recibiendo correspondencia a su nombre o el tarjetón de unos grandes almacenes felicitándoles por su aniversario. Ese tipo de registros documentados de tipo legal viene dado con el fárrago de las biografías sociales inevitablemente fichadas. Hay otro tipo de usos del nombre propio por los demás. Los más habituales son su constitución  como terceras personas referidas en conversaciones de otros. Si supiéramos todo lo que se habla de nosotros sin estar presentes es posible que nos alarmáramos. Por otro lado cuando alguien se siente con mayor libertad de hablar de una persona es cuando no está presente al no sentirse intimidada por su mirada o por su voz. Los protocolos culturales han configurado inverosímiles situaciones de hablar sin decir o practicar el trato humano   sin querer conocerse realmente. Dado que la mayoría de veces e que es usado el nombre de uno el propio interesado no está al corriente de lo que se dice de su persona no hay motivo de preocupación. Cuando se les ha notificado aquello que se ha dicho de él/ella sin ser correcto, a veces siendo una injuria o una difamación en toda regla, lo más fácil es que entre en cólera e intente subsanar la situación enfrentando a la persona que ha empleado discurso lesivo en contra de la persona injuriada. Ocurre que esa posibilidad de un careo tras la injuria o la información en falso no suele proporcionarla la vida ordinaria. Esta tiene por uno de sus juegos el juego del escondite o lo que es lo mismo la elusión de personas o situaciones que pueden crear problemas con sus enfrentamientos. Si alguien en su análisis autobiográfico se atreve a hacer una lista completa de situaciones no resueltas de este tipo que podemos denominar como faltas de reparación, la cantidad puede ser alarmante, en todo caso es mayor cuantas mayores sean las transacciones relacionales con lso demás sean de tipo afectivo, económico o profesional. Esas faltas de reparación están dentro de las causas cruciales de las interdistancias que las personas toman entre ellas para no caer en las redes de abuso ajenas usando de maneras negativas el propio nombre.

El humano social conoce prematuramente este tipo de juegos dañinos en las relaciones humanas, cuando en los primeros ámbitos grupales para los juegos lúdicos, incluso los juegos infantiles, unos se ocupan en malmeter a otros contra terceros. No siempre queda claro quien es más amigo de quien pero hay “amigos” que hacen de esta indagación algo crucial y necesitan estar muy seguros de quienes son sus mejores amigos y quienes no lo son tanto. En todas partes, la gran discusión es la de la confianza: en quien confiar más, en quien no confiar tanto y en quien no confiar absolutamente en nada. Si tuviéramos que calcular un índice de felicidad propondría el cálculo de los desencuentros, parte de los cuales son directamente alimentados por las faltas de reparación, actuando como restadores ¿por qué a la gente le cuesta tanto reconocer  sus errores, asumir las consecuencias de sus traiciones o simplemente pedir disculpas? La vida pasa por decir muchas veces lo siento. Aquel famoso slogan de película que afirmaba lo contrario referido al amor fue una absoluta estupidez que toda una generación de enamorados trató de aplicar en sus historietas privadas sin conseguirlo. Ni el amor significa no decir nunca lo siento ni la vida humana es posible que curse honestamente sin pedir disculpas por los errores cometidos. Presuponer que no hay que disculparse nunca es lo mismo que decir que siempre se es impecablemente correcto y que al actuar no se daña aunque sea inadvertidamente a nadie.

Muchos de los problemas interpersonales quedarían resueltos con las autocriticas precisas en los momentos oportunos. La ausencia de estas ligan a la persona actora a una doble falta: la del error actuado en su momento, quizás con atenuantes, y la de reparación misma, siempre un agravante.E una ocasión, una persona[1] con la que habia compartido protoagoismos en una época de revuelta social veinte años atrás o más se quedó con un bulo que corrió acerca de mí pero que ya desmentí  en aquel entonces[2] .Prevaleció el bulo pero no el desmentido. Dsa persona que aun lo reprodujo tantos años despues no coincidiría con ella para contradecirla pero me dio el detallazo de lo mal que se escribe la historia. Si se hace en los peqeuños detalles como este también se hacen en los de mayor cuantía. En otra ocasión averigüé que alguien utilizó mi nombre para una memoria con una actividad que ni iba a hacer ni hice. Averigüé este detalle por casualidad buscando mi propio nombre en un buscador digital para localizar un determinado artículo que lo había firmado con él. Mi nombre estaba referido en el contexto de una frase de una sola línea pero mal[3]. Al pedirle que lo rectificara no aceptó hacerlo. Fue suficiente este detalle para saberme víctima de su uso fraudulento por alguien que a partir de este punto no iba a merecer calificativos de homenaje. Desde el momento en que tienes un nombre puedes ser victimizado por alguien que lo use incorrectamente. Puede hacerlo por ignorancia expresiva, por una disposición mal intencionada o casi siempre por abuso de confianza. Los historiadores que escribían en nombre del poder ya escribieron la historia de acuerdo a las instrucciones dadas por este para remontar unas figuras y hundir fuera de la memoria a otras. La historia documentada ni ha sido toda la historia de los actos o de las ideas ni ha recogido con precisión las verdades. Lo más que podemos decir es que ha habido/hay documentalistas que trabajan con la verdad por delante pero ese no es el criterio universal, garantizado y consensuado de todos los que escriben sobre las circunstancias y los protagonistas.

Cuanto más público sea un nombre más probabilidades tiene para su uso indebido. Esto lo saben bien los actores y actrices de la farándula y en general los personajes públicos que salen a diario o casi en acontecimientos espectaculares del campo que sea: del arte o de la política. No pueden ir detrás de todos los tratamientos que se hacen con sus declaraciones para rectificarlas en sus errores. Deberían tener al menos un alter ego para ocuparse exclusivamete de eso. Por otra parte la vida es demasiado rica en otros filones experimentales como para malgastarla corrigiendo a mentirosos y desgraciados que viven del espionaje de las intimidades de los famosos.

Desde el momento en que das tu nombre pero, especialmente, lo publicas o lo vinculas a actos públicos (escribir y publicar lo son) te arriesgas a interpretaciones equivocadas cuando no maliciosamente lesivas. Es inevitable pasar por esa condición de victimidad. Todo lo que se puede hacer si no se quiere caer en la trampa de las discusiones redentoras y rehabilitadoras del propio nombre es esperar a que la cordura ajena coloque cada quien y cada nombre en la objetividad que le corresponde.

No podemos evitar que los demás utilicen nuestros nombres  pero sí discutirles cuado lo hacen indebidamente con resultados de lesividad contra la propia imagen.



[1] Puri Palomar , la cual lo comentó cuando menos a mi Isaac Ricart.

[2] (el de tirar unos cócteles molotov detro de una sede de la cCNs, el sindicato verticla del franquismo que se ocupaba sistemticamentede traicionar los intereses salariales y de todo tipo de la clase obrera. En ese local supuestamente habia unas bomboas de butano)

[3] Memoria del 2007 de la CCONG que afirmaba que iba a hacer un ceso de disminución mental en Hombori como si yo fuera un agente censal.

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