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El ladrón incompetente

Por JesRICART - 20 de Enero, 2009, 18:31, Categoría: ARTESUMA

 

Se suele suponer que el ladrón es un tipo entrenado que se dedica profesionalmente a hacer de caco y que cuando te toca el turno de ser su víctima es algo determinado por el azar contra lo que apenas se puede hacer nada. La película de Axel Cortí,   der überfall (el atraco, del año 2000) ambientada en la Viena actual, cambia completamente ésta perspectiva. Trata de un asaltante en su primera fechoría. El personaje: un tipo de 32 años sin trabajo y separado de su mujer e hijo pequeño, cargado de deudas y completamente despistado sobre su vida,  se halla alojado provisionalmente en el sofá del salón del apartamento de su hermana bajo la presión de su cuñado que no está dispuesto a ser solidario. Éste trabajo de guardia jurado o algo parecido y tiene un arma de la que se vale para perpetrar un atraco en un supermercado de su mismo barrio aprovechando que es carnavales y que podrá ir con la cara de payaso sin levantar sospechas. En el momento decisivo ante la cajera no se atreve porque ha notado que un par de clientes lo miran de una manera insidiosa y decide largarse. Al irse en su nerviosismo entra en la tienda-sastrería de enfrente. Aquí el dueño le pregunta en broma si viene a atracarle y él, cuando ya se iba, vuelve sobre sus pasos y decide efectivamente atracarlo. La historia de la película es la de la tarde en que el asaltante y los dos personajes que hay en la tienda, el sastre y uno de sus clientes que ha venido a retocar una prenda que le encargó, la pasan juntos, ya que efectivamente el colmado de enfrente ha sido asaltado por otros y ha venido la policía a detenerlos. Eso demora bastante tiempo su presencia y por lo tanto el atracador no puede huir,  Los tres personajes encerrados viven una situación llena de encadenamientos ilógicos en los que el asaltante se va perfilando a sí mismo conforme van pasando las horas, el cliente se perfila como un perfecto tonto que no ayuda a mejorar la situación  en ningún momento  y tampoco cuando se hace con el arma. Durante todo el rato la indefensión de este cliente, por sus necesidades médicas (se trata de un pensionista prejubilado con una patología cardiaca) lo convierten en dependiente del asaltante y prácticamente en su protegido. El sastre es el que más recibe: los golpes de aquel y  la gimotería de éste.

Hay toda una situación de matices de convivencia en los que el ladrón va radicalizando su violencia paulatinamente a su pesar ya que su intención no es hacer daño pero que su lugar en los hechos encañonando el arma le da un poder muy por encima de su personalidad. El sastre le da los 800 chelines que tiene y luego el tonto de su cliente otros 2000 que le traía para pagarle el encargo de la ropa. Con todo no es suficiente para el atracador que necesita más dinero. Al anochecer acompaña al sastre hasta la oficina bancaria cercana para que, con su tarjeta de crédito, le den más dinero. Cuando tiene su botín vuelve a pasar por la sastrería donde le devuelve el abrigo que le había prestado el tonto. Éste, absolutamente inconsciente por no haber impedido el robo antes bien ha contribuído a  aumentarlo y facilitarlo, sale con su abrigo a la calle y se pone la peluca del atracador que encuentra en el bolsillo. Cuando ve al sastre a la puerta del banco se dirige hacia él con intención de saludarlo. El agente de seguridad de allí le da el alto lo cual le produce nerviosismo por lo que trata de acceder a su inhalador que guarda en el bolsillo interior. Este gesto es interpretado como que va a tratar de sacar un arma y es acribillado y muerto. Al ser preguntado el sastre si se trata del atracador responde que sí y cierra el tema. Es en esta escena en el que el director da la clave de todo el tema. Hasta este momento la situación inicial de un atracador y dos víctimas se va transformando en la situación de una víctima de un atracador aprendiz que va siendo ayudado por esa segunda víctima que por su conformismo y estupidez increíbles lo terminan por ayudar en su propósito. Cuando el sastre acusa al muerto de haber sido su asaltante, en realidad lo que hace es acusar al conformismo social por encima del acto criminal de un delincuente empujado por las circunstancias. Con toda probabilidad para la sociología la existencia de la criminalidad depende en última instancia de la cuota de conformismo de una sociedad para no cambiarse a sí misma. El desenlace final es que el malo no lo es tanto (hay una escena en la que se reúne con su esposa e hijo pletórico y con dinero encima), en que el más bueno es el que queda de muerto en el suelo por tonto y en donde la víctima, que ha perdido en todo el asunto unos 3000 chelines y los destrozos de su tienda, es la que decide magistralmente ser más víctima del tonto muerto que no del delincuente desgraciado que delinque apremiado por sus necesidades en contra de su propia voluntad. 

 

 

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