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El arte planteado y el arte implícito

Por JesRICART - 20 de Enero, 2009, 13:47, Categoría: ARTESUMA

El concepto ya originario latino de arte (artem) concibe la facultad y el acto manipulativo de recrear unas condiciones naturales desde el uso de materiales y sensaciones, tanto para  copiar como para fantasear sobre lo material y lo inmaterial. Pero puesto que todo esfuerzo copiativo introduce elementos propios de lo creativo, el producto procesado es una realidad distinta a la realidad de partida que se ha emulado. La hipótesis de Pérez de Ayala sobre la imposibilidad artística si el arte fuera igual a lo real que trata de representar no tiene razón de ser, puesto que todo acto de representación, cambia el objeto base o pretexto para la representación en un objeto bis que es lo representado y que no es directamente lo que representa.

 

Ciertamente no hay galería de arte ni artista específico que pueda competir con la infinita variedad formal del orden natural, aunque no es menos cierta la capacidad planificadora de lo creable desde lo humano y la introducción de infinitas series distintivas de otras formalidades. Uno de los indicadores de progreso es el de la reformulación de los modos formales con que se rodea cada generación y época.

 

 Los motivos de traslación de las formas vivas y naturales a las expresiones pictóricas están presentes en los albores artísticos. Pero incluso sin ellos o con su desaparición por el paso de los tiempos, los soportes ya cumplen una función esteta. Si esto es así ¿queda algo que escape a la función estética? Se podría contestar que toda producción multiseriada acaba con una de las prerrogativas artísticas: la de la originalidad. No obstante el valor original de cien unidades repetidas de un objeto colocadas de de una determinada manera, tienen en conjunto un valor añadido: el de ser un objeto visual distinto. Por supuesto puede variarse la cifra exacta al antojo de la osadía estética, tantas veces como se desee. Esto introduce una  nueva dificultad conceptual: ¿cuando acaba lo original y  cuando comienza lo repetitivo? Una de las reivindicaciones de cada vanguardia es la de sus abanderados  ser los primeros en un algo. De otra parte las taxonomías de conductas expresivas por grupos y clases, colocadas en los manuales de estudio y en las historias del arte por épocas priorizan lógicamente los criterios comunes temporales y los puntos de inflexión de sus variaciones.

 

Si hay un arte pragmatizado indistintamente de la voluntad de la mente y el cuerpo creador y otro implícito en las formas naturales inscritas en la evolución de la materia perceptible por la que tanta perplejidad creó en el romanticismo alemán, ¿a que obedecen las  artes humanas a través de los tiempos? Objeción totalmente superflua si se recuerda que los distintivos de los pueblos y culturas entre  sí dependen de estas formas artificiosas de los motivos existenciales. En todas partes proliferan las formas  y las escenas domésticas y los colores y las escenas tópicas de las tragedias y felicidades humanas. Lo que varían son las combinaciones cromáticas y la sensibilidad más especificada de cada representación. Los elementos  que atraen de una cultura a otra, no son las semejanzas sino las discordancias. El hecho de las  propuestas diferentes para hacer unas mismas cosas es lo llamativo. Las coincidencias a miles de kms de distancia, recuerdan la pertenencia a una misma condición de especie existencial. Son las diferencias y no las coincidencias las que han generado los deseos de codicia o de pertenencia de lo que no se tiene o de lo que no se ha sabido adquirir desde la creatividad. Incluso en nuestro siglo en una de sus épocas más fanatizantes y oscuras: la del III Reich en su cruzada genocida y expansionista respetaron la existencia de cuantiosas obras de arte y las conservaron. La bestia en sus peores momentos acaba por enamorarse de la bella y respeta su fragilidad a la vez que admira su encanto. Una tela puede llegar a representar todo el valor de sensibilidad de una época  y atrapar como objeto mirado la mirada más destructora de ese mismo momento. Por su parte la naturaleza expresa su fuerza descomunal y sus enseñanzas emblemáticas en formas etéreas que permanecen y quedan reveladas como exhalaciones de perfección, por encima de las vicisitudes circunstanciales de los humanos, sepan o no admirarlas.

 

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