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Del cine de pantalla a la película de la realidad

Por JesRICART - 20 de Enero, 2009, 18:43, Categoría: ARTESUMA

 

Tout pour Plaire de la directora belga Cécile Telerman, con formación universitaria y práctica profesional en derecho,  traducida como ¿Por qué las mujeres siempre queremos más? tiene el sabor del cine francés con un París como decorado de fondo pero sin la lentitud de otras producciones. La historia va de la amistad de tres mujeres que se encuentran semanalmente y que se conocen desde siempre. Están en la media edad y están social y económicamente posicionadas. Son tres personalidades distintas que no se fallan las unas a las otras y siguen todos sus avatares. La una, abogada primeriza, es una consumidora compulsiva en tiendas caras que tira de su tarjeta de pago que ya tiene al descubierto y no para de reclamar a su banquero que le mantenga abierta su línea de crédito, es además la que acaba de perder a su novio cuando estaban eligiendo un apartamento en el centro por mas de 2000 euros mensuales y él se autoexcluye repentinamente de la relación; la otra es una médico de consulta pública casada con un pintor que no vende cuadros y que vienen en el extrarradio de la ciudad; la tercera es una mujer que trabaja para una empresa de publicidad casada con un ejecutivo que viaja continuamente a España donde tiene relaciones extraconyugales. El argumento es desde el punto de vista femenino, y el seguimiento de la relación entre ellas de las tres mujeres, los hombres no tienen una cohesión entre ellos, se conocen o coinciden en algunos espacios pero no se tratan. Son las parejas masculinas de ellas.  La compradora compulsiva ostenta su máximo histerismo tirando continuamente su móvil hasta que lo rompe al  no encontrar mensajes para ella. La médico exige de su compañero que sea menos crítico  con la sociedad y que venda más cuadros y la esposa del ejecutivo decide hacer un giro radical a su vida abandonando su trabajo y a su marido y llevándose consigo el hijo de ambos. En la ruptura de éstos, la lógica del engaño queda expuesta por la falta de interés sexual de ella con él y la ilógica de la vida acelerada por tenerlo todo en el régimen de los consumos y de las apariencias es montar la existencia para comprar imágenes, imágenes de cara a los demás.

De las tres, la única pareja que sobrevive es la de la médico-pintor que, curiosamente, es la más atípica. Él, un bohemio inadaptado a las efemérides sociales y ella, la encargada de llevar el peso de la casa y la que se ocupa de los críos mientras aquél se queda en cama o deja los temas domésticos por hacer. Las otras son fracasos que acaban en inestabilidad. La  más histriónica, la que rompe el teléfono, termina por consolidar una nueva pareja en la figura del banquero precisamente, después de no haberle ido bien con otro que aparece y que aclara su falta de amor por ella con lo que se creía; la expublicitaria va detrás de una nueva cita ilusionada para dar con una nueva pareja, escena con la que termina el film.  La En cuanto a la médico también intenta una relación paralela con un cineasta que la pretende pero que el momento de la intimidad no acepta pasar del primer beso y con un “no puedo” supuestamente de mujer fiel, se larga de la habitación donde estaban. Esta sigue para adelante con el embarazo del  pintor y termina la historia feliz con dos parejas en marcha y la tercera por rehacerse. El título en francés de la película no expresa el contenido de lo que en ella se dice, donde varias de las actuaciones no apuntan justamente al placer ni todo se hace para conseguirlo. En cuanto a su título traducido al castellano este más es impreciso. Lo que hay es un deseo común de tener pareja, de conseguirla y de poseerla y de radicalizarse en contra cuando esta se larga con otra (en el caso del ejecutivo) o cuando no está a la altura de la implicación (en el caso de la compradora compulsiva). La historia se puede seguir, tiene de novedad que rompe con la tradicional visión de un cine francés pletórico de liberalidad. Aquí hay mujeres celosas y fieles, tan tradicionales como pueden serlo las hispánicas. Tiene pues una concomitancia con la película de la realidad de cada día: mujeres que quieren tener más de lo que se pueden permitir, aparentar lo que no son, controlar lo que no tienen, y también vivir la vida desde la subyugación por mucha pàtina de modernidad que pongan a su feminismo de estreno, por encima de sus posibilidades materiales reales. Sí subyugación, pues no replantearse el amor en términos alternativos a la noción clásica de la privacía y posesividad significa la servidumbre al patrón ideológico de la propiedad privada, la de los sentimientos. El argumento del film le podía haber permitido a la directora introducir el debate de cómo sigue el amor después de un fracaso de pareja sin volver a caer en el cerco de otra pero no lo hace ni lo insinúa. O la incorporación del número tres (en la figura del cineasta) en una relación estable de dos sin que ésta se desintegre por aquella; tampoco lo hace.

Película que vi un día 9 de marzo con la sala mayoritaria de público femenino y elegida por el simbolismo de la jornada feminista del día anterior, el 8, y que supongo es considerada como un modelo de prototipos femeninos en los que espejarse para seguir con eso, con la liberación, por algunos sectores del feminismo militante. De hecho los personajes, masculinos y femeninos, son imperfectos, que reproducen esquemas conocidos contra los que se levantan y luchan pero que también acatan y se subordinan como el de la imprescindibilidad de la figura de pareja. Hay otra lectura y otro modo de ver la película: la de las contradicciones interhumanas en las relaciones de intimidad y el derecho de los hombres, a través de los personajes masculinos que los representan en el film a no estar a la altura de las demandas de ellas, tal como dice el novio al principio de la historia que rompe con la que hace de compradora compulsiva, o la del otro que dice estar bien sexualmente pero sin proyectos de futuro o la del otro que dice trabajar como un cabrón y buscar la satisfacción con amantes por no ser correspondido por su mujer. Los personajes secundarios de esta película, lo mismo que los personajes secundarios de la misma  realidad, también comunican mensajes, quizás los más importantes son los que no dicen, los que están condenados al silencio. Mensajes que se podrían destilar al amparo de un buen fórum tras la proyección organizada por xiscinèfils, el grupo de cine de los jueves-noche en el ateneu de Cerdanyola.

 

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