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Delincuencias

Por JesRICART - 18 de Enero, 2009, 10:28, Categoría: CALIDADdeVIDA

El chico chino secuestrado y maltratado por una banda de chinos pone una vez más al desabierto la ley del silencio que alcanza a esa comunidad. Los chinos tienen fama de emprendedores, constates y silenciosos.

Un famoso es extorsionado por email. Otro es golpeado hasta lesionarlo severamente. Una mujer es atada y golpeada por su marido hasta casi matarla, otras mueren. Las páginas de sucesos lamentables superan las de los eventos bonitos o al menos el periodismo vehicula más aquellas que éstas. La delincuencia está tan extendida que es difícil vivir vidas enteras sin tener episodios de encontronazos con ella. Quien más quien menos tiene sus anécdotas de robos o asaltos que contar. Pero aunque se tenga la suerte de no pasar por ellas, la convicción de que la delincuencia existe lo condiciona todo: las ventanas de las casas se protegen con rejas y sus puertas son blindadas, hay alarmas, hay contratos con compañías de seguridad que hacen rondas, cualquier cara nueva puede ser mirada con recelo. Este es un mundo de cerraduras y llaves. Todo el mundo chapa las pertenencias que tiene. Eso incluye a los ladrones cuyos botines ponen a custodia con celo haciéndolos suyos y solo suyos.

Del latrocinio se hacen muchas leyendas. El ladrón puede ser, inicialmente, una figura resultado de la miseria empujada por las circunstancias que se ve obligada a robar. Hay una filmografía que incluso pinta al delincuente como entrañable. La criminología ha puesto las cosas en claro: quien roba pertenencias ajenas sin el consentimiento de su dueño es alguien que cuando menos coarta la libertad y crea problemas.

El ladrón objetivamente hace una redistribución de los recursos económicos y de los objetos materiales. Esto es cierto, lo que no lo es una distribución que tienda a la equidad. El ladrón de oficio termina por poseer más que sus víctimas. El barómetro del Cis dice que la ciudadanía tiene como principal preocupación la del paro y el terrorismo como tercer problema. Estos dos temas junto con el de la seguridad ciudadana están presentes en la preocupación constante de la sociedad desde hace lustros. Cada vez que sales de casa tienes que pensar en echar dobles cerraduras y por la noche cuando te acuestas hacer otro tanto. Los misterios de la calle incluyen el del tipo que anda esperando su oportunidad para meterse en tu casa y robarte, o abrirte el coche y hacer otro tanto, o acorralarte en un lugar poco transitado y quitarte lo que llevas encima.

La psicología delictiva o tiene desperdicio. Dentro de un ladrón convencido de que no le queda otro remedio que robar para sobrevivir reside uno de los egoísmos más simplistas: el de quien piensa sólo en términos de su yo y da por  seguros todos los supuestos que hace de los demás: que la vida les ha sido muy fácil o que estás forrados de dinero. El ladrón de lo ajeno se arriesga relativamente poco en comparación a lo que consigue, en particular  si no usa la coacción física o la amenaza para obtener su producto con lo cual sus posibles penas quedan muy reducidas.

Me han robado tatas veces (todas por descuido, por mis propios descuidos y excesos de confianza) que en algún momento quise convencerme de que era mi contribución involuntaria al reparto de las cosas. Me costó reconocer que dentro de un ladrón que se aprovechaba de la confianza ajena solo podía haber un parásito. Málaga es la provincia numero uno en delincuencia en España. Entre 4 y 5 robos de vehículos por cada 100 habitantes. Hay quien ha visto arder su coche a la semana de comprárselo nuevo.  Los datos y las investigaciones dan cuenta de que hay ladrones sí, pero también hay gente mala. Los ladrones no devuelven aquello que roban y que no les sirve de nada pero que tiene un valor máximo para sus dueños (tales como originales de libros). Después de pasar por esa experiencia ningún otro ladrón de ningún tipo podría contar con  mis argumentos atenuantes a su favor. Un argumento atenuante es una aprobación solapada. El problema de un código penal es que injustamente puede aplicar el mismo tipo de pena para alguien que necesitó urgentemente algo para sobrevivir y lo quitó sin autorización a alguien que hace del robo su modus de vida y lucro. No solo eso la condición de robo de un objeto de otra propiedad  se da independientemente del precio  de mercado de ese objeto.

Las noticias más espeluznantes de la delincuencia tienen que ver con redes mafiosas dedicadas a la distribución de droga y las que se dedican al tráfico humano sea para inmigración o para la esclavitud sexual. Las inversiones en seguridad del estado no paran de crecer para contrarrestar lo otro. Los robos menores sin violencia física son asuntos de poca monta en comparación a los grades crímenes. Después del tráfico de armas y de drogas, el de personas es el que produce más beneficios a los delincuentes organizados. Para todo esto, para prevenirlo o para atajarlo, las policías aumentan. Estamos en una sociedad de vigilancia y control en la que un sentimiento general de inseguridad lleva asociado uno de los síntomas de la sociedad patológica: la paranoia colectiva. A los hechos delictivos concretos y la prevención que generan toca añadir la desconfianza ante lo extranjero, lo nuevo o lo distinto.

En las latitudes hispanas basta oír hablar de una barriada gitana para tener miedo para estacionar el coche. Los gitanos tienen mala fama, apoyada estadísticamente por sus fechorías. Ignorar eso en aras a creer que todo el mundo es igual es una mentira demagógica. A cada individuo le toca cargar con los estigmas que hereda que son las señales de su grupo social de pertenencia.

A los delincuentes se les excluye de la sociedad en la que no saben vivir con el respeto debido a los demás y a sus pertenencias. Esto no quita que puedan vivir con ciertos goces en sus periodos de reclusión. No es extraño que la estripper  para los reclusos de  Picassens, actuación autorizada por el  director carcelario, creara alboroto. No es nada seguro que el sistema penal disponga de una teoría de reinserción social, todo lo más que concurre es un mecanismo de control evidente. Quien no puede vivir en sociedad y lo demuestra reincidentemente es forzado a vivir fuera de ella. El establecimiento penitenciario e principio no es más que el inmunizador para que elementos antisociales no hagan daño a sus congéneres.  Es difícil discutir esta necesidad de profilaxis y autoprotección. El problema mayúsculo es cuando a los centros penitenciarios llega inocentes por fallas del sistema judicial y por negligencias del sistema policial.

La delincuencia no es el único de los daños de relación en el que estamos inmersos. De pronto más de 40’vehiculos implicados en un choque en cadena en Lérida son reportados. Se dice que por la niebla  aunque cabe inferir la imprudencia conductora. La multitud de errores ajenos debería educarnos para no cometerlos, pero parece que en lugar de que se reduzca la estadística de la luctuosidad no para de crecer.

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