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Las Calles Meadas

Por JesRICART - 13 de Enero, 2009, 14:05, Categoría: CALIDADdeVIDA

Las zonas de los centros urbanos  y en especial de los lugares de mayor concentración de locales de la industria del ocio nocturno terminan por tener un aroma peculiar de los deshechos orgánicos de los farreros que tienen urgencias en aligerar sus vejigas. Si la vida es un trayecto entre una boca y un ano, o en este caso un meato, es un tema de primer orden en la civilización comprobar como la ludomanía predominante va acompañada de las huellas que dejan niñatos y señorones, orinantes de distintas edades y sexos, en cualesquiera lugares que la urgencia de sus necesidades demanda. La experiencia de estar en la gran metropol y tener una necesidad imperativa de descargar los adentros es algo que todo el mundo ha experimentado. La tal circunstancia, por falta de previsión seguramente, puede suceder en el momento más inesperado y en el lugar menos acondicionado. Las emergencias anatómicas no tienen espera  ni piden audiencia. No siempre hay un establecimiento público abierto y cuando lo hay parece obligado a  consumir algo si se hace uso de su wc (apetezca o no se disponga de tiempo o no). Además no todos los establecimientos, incluso los de buen ver, tienen lavabos en condiciones provistos de papel higiénico por ejemplo y bastantes ostentan carteles que son de uso reservado para la clientela. La situación está dada: gentes con necesidades imperativas después de haber cargado sus buches de cervezas y bebidas varias, carencia de lavabos públicos en suficiente cantidad y nocturnidad y rinconerías suficientes donde cumplir con la llamada de la Naturaleza. Resultado: las calles meadas. El olor de un pipí puede ser integrado a la idiosincrasia de una esquina, el olor de cientos se convierte en un problema nacional de salud pública. El gobierno chino tuvo que reforzar un puente (¡un puente!) donde la gente tenia costumbre de ir a mear, consiguiendo destruir el hierro de parte de su estructura. Y es que los oxhalatos y el amoníaco tienen su poder corrosivo. La imagen de alguien meando contra las paredes de una calle no tiene nada que ver con la  bucólica del caganer de los pesebres. Este y su producto se integraban a las bondades de la montaña aquél y su porción de contaminación convierten la ciudad en más asquerosa de lo que ya lo es por sus otros factores antiecológicos.

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