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Regalías

Por YASHUAbcn - 11 de Enero, 2009, 17:35, Categoría: General

Los regalos son previamente puestos en un expositor pero no expuestos. No se sabe lo que contienen hasta el preciso momento en que van a ser abiertos.  Los sofases o mesas sirven como su ubicación. Cada uno está cuidadosamente envuelto. El envoltorio del regalo la proporciona la nota de misterio y es lo que le da la categoría de tal. Incluso cuando el destinatario sabe lo que va a recibir pasar por el protocolo de desenvolverlo tiene su encanto. ¿Y si es otra cosa? ¿y si no es lo que pedí? ¿y si ha desaparecido bajo el papel? Tras el desayuno: chocolate con roscón de reyes  que preconfigura los comentarios: que si a quien le ha tocado el haba, que si el muñequito tenía que ser para mí, que si está bueno, que si quiero más, que no tanto que engorda. ¿Y qué me dices del chocolate?, ¡se quemó! El chocolate quemado es otra cosa. Guarda la apariencia como si no hubiera pasado nada, tiene el mismo color pero no tiene nada que ver con su sabor legítimos y los intestinos que no están para aguantar tanto abuso se dicen: a la próxima me vengo con un cólico. Se ha traído una especie de sección de oportunidades a casa. Los regalos se abren por orden: primero los niños que son los más ansiosos. (A los 3 años saben que ir a casa de los abuelos tienen un sentido práctico: te regalan cosas. A los 30 se espera que se mueran para ver que han dejado en herencia), después la parentela adulta, uno tras otra, mirado lo que hay dentro de las cajas y de los paquetes. El rol está prefigurado: se agradecen los detalles, la renovación de vestuario o los objetos domésticos con utilidades prácticas. Quien tiene de todo agradece detalles más simbólicos. Mi cuñada ha preparado un libro de recetas de su puño y letra para sus hijos. Le ayudamos a completarlo después de sus largos ratos de sobreesfuerzo en la tarea. Descubro que no ha sido llamada por los caminos de la redacción y añado algún párrafo extra  a una de las libretas. Mi compañera y yo nos quedamos en un segundo plano mientras que tras la hora larga de abrir y mirar paquetes nos toca nuestro turno. Un sobrino y su pareja  se han acordado de nosotros. Nos ha traído pastas y miel. Saben que somos consumidores de miel.

A Nani le regalamos un  cd audio con mi música de armónica y otro con poesía recitada y cantada. A fuerza de escuchar la música con sonido ampliado termino por creerme que es audible.

Empiezo a leer un Saramago, el Evangelio de Jesucristo. Tengo que hacer un pequeño esfuerzo para pasar de las primeras 30 páginas, luego parece que ante el viaje por imperativo legal de José y María desde Nazaret a Belén la cuestión se pone más interesante. Saramago me cae simpático. Es la voz del tiempo, de un tiempo el nuestro con el que nunca hemos podido identificarnos del todo. Es un tiempo de ecos. No hay día que no los tenga ni noche que no sirva para poner un corte entre el escenario de la vigilia y el escenario del día siguiente.

Una parte de la realidad llega por la pantalla del televisor. Recuerdo haber leído una teoría de los rosacrucianos que decían que el televisor era como un cañón que bombardeaba a distancias cortas a sus televidentes. Esa teoría estaba apoyada por toda una argumentación de tipo técnico al someter a esos desgraciados en su campo eléctrico. Hay un puñado de millones de personas que miran la tele 10 o más horas pro día, es decir casi todo el día.  Si no tienes nada sobre lo que hablar no tienes más que encenderlo y tener motivos para actualizar tu arsenal de comentarios. A voz de pronto la mayoría de programas son para entretener. Entretener  es un verbo muy fino que significa salir de la realidad de los números insoportables y meter la atención en un puzzle con el que enladrillar todo el panorama con colores ficticios. La ficción es un plato dulce y preferible a comer la realidad en la pocilga de al lado. El problema de la ficción es que tiene una industria de ficciosos detrás y una multitud de seguidores delante que no barra el paso de la realidad que se cuela por el culo de todos con la vaselina apropiada. Supuestamente el imaginario es la alternativa: darle la vuelta a los hechos reales para aprender de sus substancias y desechar sus ordinarieces.

En la pequeña pantalla todas las ideas ya han sido explotadas, no importa si robadas, plagiadas o copiadas. Cualquiera puede haber llegado antes que tú para ordeñar un detalle y sacarle la punta de su negocio. E los productos envasados para retroalimentar y consolidar las fantasías infantiles, los niños/as son los primeros que llaman a orden a sus papás/mamás para que no introduzcan la mas leve modificación por descuido en el relato de los cuentos. Su futuro intelectual debe estar hipotecado ya desde ese preciso momento. El niño que quiere escuchar los mismos cuentos de la misma manera contados así pro cientos de veces o jugar con el mismo tipo de juguetes estandarizados y anunciados puntualmente por la tuve para todos, aloja ya la mente del adulto que veinte, treinta, cincuenta o setenta años después tampoco querrá otros productos distintos a los ofrecidos por el mercado oficial y otras versiones diferentes de la realidad a la que es entregada con los máximos controles.

Antela exposición de juguetería y regalos a nosotros ni siquiera se nos ha ocurrido traer nada a esta prolongación de sección ambulante de los grandes almacenes en el site de la unidad doméstica. De dar algo daremos algo hecho con nuestras manos y voces y no algo proporcionado por un apéndice industrial.

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