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Enero del 2009

Libertad de sujeto y reacción pública

Por YASHUAbcn - 28 de Enero, 2009, 14:06, Categoría: General

El alcance social se hace sobre la base del examen de los comportamientos. La gente es medida por lo que hace y la noción de Ser queda, predominantemente, circunscrita a los cálculos del Hacer. En esta estimación se comete una trampa de método al presumir que todo aquello que se hace forma parte voluntaria del ser, y toda conducta es una opción elegida. En realidad los actos son a menudo reactivo-mecánicos y no pasan por la criba de la reflexión y de su valoración completa siendo, en lugar de elecciones, respuestas automáticas.  Kant, siempre presente en la historia contemporánea de la filosofía, es recordado[1], como el gran inoculador del concepto de autonomía en el ser humano, estimado como un fin en sí mismo, como un creador pro-activo y no como un vasallo servil de las circunstancias o como un conjunto de reacciones ante el medio. Es antes que nada el agente de experiencias que revierten a sí mismo con las que aprender de sí mismo y de la vida. 

La denominada  experiencia humana genera una teoría sobre el saber y con ella la conciencia de los límites y de los imposibles. La experiencia da por conclusión un imposible existencial si por existencia entendemos la expresión de la vida en toda su potencia y magnitud. Y a la vez un posible de realización, si entendemos por realizativo todo aquello que hace coincidir en el deseo con su incorporación a los hechos prácticos que dan respuesta a situaciones y complacen al actor como lo constitutivo de su vida.  La libertad de sujeto es posible y  mensurable  en tanto es soberano con sus elecciones fundamentales, en particular las que le comprometen el pensamiento y el tiempo de actuación; y en tanto que su reacción pública y social no se afilia  a modas o  movimientos de adhesión sin  corresponderse él yo con la sustancia de aquellos.

No es más libre quien más clama en las poltronas de la protesta o del parlamento o del griterío, sino quien más consigue desembarazarse  de la necesidad de demostrar lo que uno es, desea y siente en contextos que no escuchan, admiten o entienden. La libertad de sujeto es la que puede prescindir de la reacción pública en el doble rol posible de aquel: como  espectador de la misma y como actor participativo. Negarse como lo uno y como lo otro puede confundirse con la absoluta indiferencia ante los avatares que le suceden a la especie de pertenencia aunque también forma parte del protocolo de la soberanía individual para vivir la vida preferida aunque sea desde el aislamiento social. Será interesante seguir al detalle el proceso biográfico de la soberanía personal vinculada y comparada a los procesos gregarios y colectivos de autonomía nacional  y construcción de una identidad étnica.  La identidad de pueblo por importante que sea en los desarrollos de los valores y los métodos de pensar de los individuos que lo integran no puede nunca arrogarse el derecho de aplastar la identidad personal. Por encima de la identidad de la nación está la identidad personal, por encima de la lengua de los contextos están los textos personales como interiorización del pensamiento personalizado. La libertad de sujeto no puede venderse como moneda de cambio por la libertad pública. Quien se autoniega en aras a la patria o al otro o a las necesidades del momento histórico deja de vivir sus potencias y no necesariamente ayuda a que las vivan los demás. Aunque la función del héroe es histórica y socialmente necesaria para la ilustración de modelos a seguir, las biografías heroicas están plagadas de personalismos y alienaciones de individuos a sus roles que las circunstancias les han preparado para que ejecuten fielmente.

La libertad de sujeto está por encima de las consideraciones de las sensibilidades coyunturales donde se ejerce. Inevitablemente el individuo expansivo chocará con los límites de sus contextos, es decir con las vigilancias y controles de los demás. Necesariamente la conducta libertaria en su lucha por la soberanía personal será restringida por la fuerza de la costumbre inactiva, el uno tenderá  a ser diluído por el todo, el individuo por la masa, el criterio personal por la eclosión multitudinaria. Si no hay sujetos libertarios no hay protagonistas de la historia y aún menos de la realidad personal innovada. Las resoluciones individualistas y vanguardistas encontrarán el freno en la mansedumbre colectiva que nunca confía totalmente en el cambio de las cosas. Los individuos se pierden a la espera de las condiciones objetivas de  las conciencias de los pueblos que se retardan en llegar. Un individuo para ser tiene que estar por encima de las reacciones públicas que no le autorizan a su realización.



[1] Adela Cortina  La herencia de un filósofo, donde recuerda a Kant ante el cumplimiento de los 200 años de su muerte.El pais, 7 de febrero del 2004

La verdad relativa

Por JesRICART - 28 de Enero, 2009, 14:05, Categoría: COMUNICACIÓN

 La verdad relativa o la sinceridad integral imposible.

La sinceridad nos sirve para reconocer que hemos mentido con glamour en el supuesto de que podamos permitirnos hacer el mejor de los balances. La declaración de la sinceridad permanente es propia de las personas insinceras cuya mentira estructural permanente  les impide saber que sus vidas están ocupadas por sus impostores. La sinceridad cuya apología ha sido constante y que sigue teniendo defensas  es declinada por la fuerza de la realidad o los imperativos de las relaciones. De hecho, toda sinceridad es una cruzada contra el tedio y la inercia ordinaria de los demás. Por eso, el acto sincero es una provocación pública y su protagonista es condenado a la indiferencia y la subestimación en el mejor de los casos y al fuego del cadalso en el peor. Juan Cruz Ruiz[1] condensa la fuerza antagonista del agente sincero de esta manera: “El pregonero de la sinceridad es una amenaza social”[2] El elogio de la sinceridad permanente es un valor etéreo que choca prematuramente con los condicionantes del universo infantil y se hace hipócrita en la vida adulta cuando las entregas de cada verdad sólo pueden ser dosificadas y de maneras relativas. Defender la estructura relativa de la verdad es apoyar la tesis de una sinceridad integral imposible. Reconocer tácitamente en el otro el derecho a la prerrogativa de sus presumibles errores pasa por no enfrentarlo desde los razonamientos propios; al callarlos se estable un nexo de insinceridad dentro de una presunción de tolerancia y pacto mutuo.

Pero la insinceridad es un comportamiento universal ampliamente compartido e incrustado en las sociedades basadas en la mentira. Buscar el proceso que las ha configurado así nos lleva al análisis de la estructura vital en la tendencia supervivencial del ser humano. La insinceridad como criterio configurante de la sociedad hipócrita contiene la inteligencia, la astucia y el plan de dominio. Lao Tsé lo dijo así “tan pronto  como la prudencia y la perspicacia existieron se vio nacer una gran hipocresía”. La hipocresía o la hipo-crítica, sitúa a los hablantes en una performance por debajo de lo que saben y en un simulacro substitutorio de lo que les gustaría preguntar o decir. Esta falta en el decir remite a la falta estructural presente en la psique humana cuyo empeño por ser choca contra sus naufragios en la nada o en la incertidumbre. El elogio de la verdad en general es tanto más factible cuanto menos posible es necesario actuarla. Lo que un deseo epistémico instaura un concurso de condicionantes de intereses contrapuestos desbanca. ¿Cómo comunicar la pasión por la mujer del amigo? ¿La codicia por los bienes ajenos? ¿La falta de dominio en el ejercicio del puesto profesional? ¿La poca altura en los roles que las circunstancias pueden llevar a colocarnos? La sociedad cree que se auto-regula por una moral pública en la que el código del honor está impreso de la apología de la verdad y es estricta por lo que hace a mentiras descubiertas[3]. Paralelamente la verdad es algo que se abre paso a través de la mentira y una larga tradición cultural en la literatura y las artes escénicas han enseñado que para hablar según que temas ha sido necesario acudir a vías representacionales, imaginarias y distintas a las reales. La mentira sigue siendo a menudo un recurso para la verdad y la insinceridad  termina por ser algo tan establecido implícitamente que forma parte de los rasgos culturales de las interrelaciones. El deseo de transparentarlo todo es una característica adolescentista. La interacción con el otro colectivo va frenando esta tendencia y va filtrando las cosas decibles de las que no lo son.

 La sinceridad integral tiene un caudal potencial de herida emocional al otro tanto más elevada cuanto menos dispuesto esté a ser descubierto en sus secretos o a mirarse en un espejo  aumentativo. La verdad relativa es un juego verbal disipativo, fallado por los convencionalismos, que esconde la idea de la verdad total imposible aunque en realidad practica la comunicación de acuerdo con ella. Relativizarla toma la manera social -y no sólo académica- de abstraerla para librar las conversaciones de sus contenidos pragmáticos y de las costumbres personalizadoras.  Las ideas pueden ser dichas cuanto más crípticas sean expresadas y  no son toleradas en la proporción directa de la nominalización de las conductas rechazables. Lo que pasa en el orden de las verdades personales o privadas también pasa en el orden de las verdades públicas, de estado y científicas. Las sociedades de cada época se resisten a admitir según que descubrimientos  y sus reconocimientos son demorados al máximo posible si ponen en discusión el rol egocéntrico del hombre o de determinadas creencias o instituciones. Así mismo las familias ocultan las verdades de sus personajes disidentes o problemáticos dentro de sus linajes que puedan dañar sus imágenes de poder o clanes.

 

 



[1] Vinculado a El País.

[2] Juan Cruz, Contra la sinceridad  Martínez Roca.Barcelona  2000 p.94

[3] La sociedad catalana se sintió estafada cuando Enric Marco, presidente entonces de la  Amical Mauthausen que había enseñado en espacios de todo tipo los horrores nazis del holocausto, admitió no haber sido residente nunca de mningun campo de exterminio a partir de las investigaciones realizadas por algunos historiadores y concretamente por Bermejo.Su mentira reconocida sería un duro golpe contra la historiografia basada  en fuentes primarias de confidencialidad oral no apopyada documentalmente y aprovechada  por los negacionistas del holocausto judío. La confesión de Marco no invalidaba su condición de actor real y de mensajero de una información real contra el olvido histórico. Era una revivencia con su confesión del cretense que afirmaba que todos los cretenses eran unos mentirosos. El reconocimiento verdadero de la mentira la invalida de una manera u otra. Terricabras capturó la situación con precisiñón quirúrgico: estábamos ante el caso de un mentiroso que decía la verdad. 

La no-respuesta y su fraqueza

Por JesRICART - 28 de Enero, 2009, 14:01, Categoría: COMUNICACIÓN

La no-respuesta y la franqueza cuestionada  que hay detrás.

Los estados de no respuesta están permanentemente presentes en los campos comunicacionales. Obedecen a distintos factores causales:

uno, porqué se carece de respuesta lo cual evidencia  una ignorancia.

dos, porqué la que se tiene es incoherente y falta de ética, lo cual evidencia o la falta de inteligencia o la prepotencia de unos intereses inconfesables o ambas cosas a la vez.

tres,  por protocolo o por  la inconveniencia política de hablar o contestar  lo cual prioriza la hipocresía

y cuatro, por la evitación de situaciones emocionalmente difíciles de tratar lo cual establece la presunción de la propia  vulnerabilidad.

La comunicación interhumana  se empantana en laberintos de difícil salida cuando encierra datos o prohíbe argumentos o elude respuestas correspondientes a sus preguntas específicas. Es así que se encalla en espacios de desinformación y silencio a costa de la verdad y la autenticidad de los procesos de relación.  Desgraciadamente la llamada verdad sólo puede ser la resultante de inferencias y análisis por encima de confesiones y declaraciones. La verdad se sirve de la sinceridad aunque sean cosas distintas y esta se genera a partir de necesidades subjetivas en contextos objetivos para su permisividad. En tanto que no es -o no pude ser-  ejercida por sistema, la complicación de las producciones comunicativas incrementa la formación de sus ficciones adoptadas por más seguidores en detrimento del conocimiento público de las leyes que mueven  las razones del contacto humano. El debate significativo no es el refrendo acerca de si hay que ser o no sincero ante las encrucijadas existenciales  sino si ésta es posible ser establecida de una manera permanente. Para André Maurois “Ser sincero no es decir todo lo que se piensa sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa”. Decir todo lo que se piensa es un imposible fáctico , una irreverencia personal y una  indeseabilidad coyuntural. Decirlo fraccionalmente y en la medida de las posibilidades de cada hablante de acuerdo con la situación atencional de quien le interese proporciona elementos para pedir la ampliación de respuestas en tanto se busque su facilitación.

A mayores situaciones  vividas de no respuesta, el hablante puede  zafarse provisionalmente de la disonancia concreta con el medio que le pregunta, pero eso le lleva a refugiarse en su fortín de privacía, o en su mundo interior aparte  que no tendrá nada que ver con su apariencia.

Por el contrario, a  una cantidad mayor de situaciones de respuesta el hablante puede colocar su rol y espacio ante el mundo, defender su identidad sin  tener porqué esconderla y autentificar su ser a partir de esa interacción entre las adversidades que encuentra y el discurso que presenta. Ambos criterios pueden coexistir en una misma biografía: la necesidad subjetiva del decir varía a lo largo del itinerario existencial. Vasco Patrolini lo reflejó gráficamente “Teníamos veinte años y éramos sinceros” Tener 40 o 50  o más y seguir necesitando decir  lo que  te parece continuamente el mundo y los demás es más una pulsión que obedece a una trama psíquica que una  necesidad de verdad y de coherencia personal. Llega un momento vital en que deja de ser necesario hablarlo todo o que, el balance de sus costes al hacerlo, lleva a desestimar tal operación dejando para otros que ocupen la escena pública con sus tejidos de adjetivos y descalificaciones mientras el hablante prefiere ser más pensante que coreógrafo[1] , más reflexivo que expresivo y más  analítico que proyectivo. La escena pública es el lugar de confrontación de las propias tesis pero también el lugar de erosión de los predicados. El otro pone la fuerza de la duda en cualquier afirmación y eso lo valida en su diferencia y en su peso en la elaboración y avance de la historia del pensamiento. A la vez el otro no es siempre un contrincante de la controversia interesado en una metodología de transparencia sino que puede adoptar el rol del chacal dispuesto a destripar cualquier signo de vida y dato de inteligencia. La controversia pública es tanto menos significativa cuánto más se repite los monigotes en la palestra del engaño o de la representación mímica. Tampoco en la privacía es posible decirlo o transparentarlo todo. No todas las preguntas tienen respuesta y lo que es mas significativo hay preguntas en que dejan de ser hechas. El interrogatorio al otro sobre sí mismo para hacer un balance inmediato y calcular las posibilidades de fusión o de rentabilidad que pueda tener la unión con  él, es algo culturalmente inaceptable. El interrogatorio es para las comisarías y los centros de tortura, la poesía para los encuentros selectivos de humanos sentimentales. Quererlo saber todo del otro remite en el fondo al deseo de quererlo controlar. Autodefensivamente no entregarse más que a dosis es una manera supervivencial de coexistir con un variado mundo de relaciones en las que cada persona vive fortificada en sus corazas, sus prevenciones, sus miedos y sus fijaciones.  La no-respuesta en los actos culturales o en los parlamentos políticos o en los ámbitos científicos son maneras tácitas que evidencian una imposibilidad de saber o una falta de coherencia o de completud. Difícilmente alguien reconoce en público no tener la respuesta. En lugar de eso opta por decir otra aunque no sea la pedida. En el ámbito privado la no-respuesta encubre los déficits inherentes a la propia biografía y a una vida compartida con otro. Hay relaciones convivenciales  que pueden durar toda una vida sin abordar determinados temas tabúes o preguntas dañinas así como hay asociaciones y empresas que se mantienen una década tras otra por funcionar sobre la base implícita de no tocar algunos temas que podrían generar conflictos irresolubles y , posiblemente, disoluciones. En ambas situaciones la franqueza queda cuestionada y la transparencia de la que hacía elogio Octavio Paz queda como un criterio latente cuya utilizabilidad sistemática resulta conflictiva.



[1] en Cinema Paradiso, Alfredo el  maquinista de cine que perdió la vista por accidente le dice a Totó cuando  lo visita en su postración: tarde o temprano, hablar o callar viene a ser lo mismo, por lo tanto prefiero callar.

Idealismo y Realismo

Por JesRICART - 28 de Enero, 2009, 13:59, Categoría: DEBAT CRITIC

El fin del idealismo es el momento de crisis y drama en el que uno sabe  que ya no puede intervenir en la salvación del destino de los demás. El idealismo termina cuando su teoría deja de ser una defensa a ultranza de la utopía y su práctica deja de insistir en la modificación proselitista del comportamiento a escala social.

El exceso de realismo empieza cuando  ante la constatación de la tendencia hegemónica social se puede mantener la observación vigilante desligada de la militancia política aunque no se caiga en la obediencia a la conformidad.  La complacencia con la realidad  reduce el grado de disonancia que sus injusticias y alienaciones puedan producir. Mantener el espíritu crítico con ella es un incremento de la disonancia con aquella gente que nunca perdona las verdades. Según Terencio  “La complacencia nos gana amigos, la franqueza odios”. El idealismo es la expresión conceptual de la complacencia con el otro potencial creyéndolo sede de libertades con capacidades suficientes para correr riesgos. En su configuración está presente la falta de análisis riguroso, la inercia a la confianza incondicional, la presuntuosidad de un futuro  feliz con marchamo de inevitabilidad y una fuerte dosis de disculpa de las conductas ajenas interpretándolas como las consecuencias lógicas de los expolios ambientales que hayan sufrido. El idealismo se basa en una metafísica de los sentimientos por los que exculpa cada situación personal en aras a los contextos de un imperio social. A pesar de su inconsistencia en la forma y en el fondo gana suficientes adeptos como para, curiosamente, convertirse en una fuerza objetiva contable y real. Sin el romanticismo idealista no habría habido  visionarios, inventores, aventureros, revolucionarios y gentes múltiples capaces de transfigurar situaciones seducidos por el embrujo de perspectivas ideales. El idealismo persigue objetivos ideales sin partir de los balances que los acrediten. Es un campo de varianzas donde cabe toda clase de locura y de deseo social. Tiene por acepción popularizada la de la gente de conciencias adelantadas que no se dan por rendidas a pesar de todos sus reveses. El idealista es el que construye un imperio de solidaridad desde el patio o la rinconera de un espacio como ha hecho Vicenç Ferrer en la India. El idealista termina por ser el constructor de una parte de la realidad por la que ningún realista hubiera apostado antes de verla con sus propios ojos.

El realismo no se basa en la pretendida sociología científica de reconocimiento de los imposibles y de coincidencia con las corrientes de la historia. El realismo es el intérprete oportunista de la realidad para mantenerse en su inmovilismo cuando le conviene. El realismo se expresa entre conservadores mientras el idealismo es propio de los liberales. Distintos momentos en la historia del pensamiento han alumbrado fracciones entre los unos y los otros. El pensamiento occidental tiene una larga lista de referencias de autores de unas filas u otras aunque bien es cierto que hacer líneas drástica de separación entre ambos campos  no resulta tan sencillo. El realismo es una actitud ante la vida más que un pensamiento desarrollado. No es la escuela es la subordinación a la calle.  Es la actitud de la resignación y la supeditación. El realismo es el nombre del tradicionalismo y consecuentemente de la inmovilidad.  La realidad se vale de sus contingentes realistas que la pactan y la aquietan. La realidad no es nada sin la gente que la hace y la configura. La realidad no es la naturaleza a la que se esconde, no son los edificios que van cambiando según modas, no son las instituciones o las leyes que ocupan las culturas, son sobre todo las gentes que la crean y consolidan. La realidad es la expresión dialéctica de sus miedos y límites. El límite de lo social y de la historia que pueda contener no lo pone el paradigma de la realidad invariable sino la concepción de su pensamiento hegemónico al tildarla de involucionable.

 A pesar de que la conformidad realista se basa en una gran dosis de mentira personal ésta no puede ser sostenida para siempre. En principio nadie podría llevar su mentira hasta el final de sus días pero los recursos mediáticos recientes están permitiendo dar soporte a personalidades vácuas y generaciones de seres sin pensamiento autónomo aunque cuenten con argumentos inducidos y con performances más o menos atrayentes.  Asistimos a un fenómeno masivo de vacuïdad en el que la falta de personalidad y de verdad esencial pretende ser cubierta con la pantomima de las modas y las frases hechas. Todo el mundo lleva su disfraz aunque necesite de tarde en tarde decir que lo es. Séneca enseñó que   “nadie puede llevar mucho tiempo el disfraz”. Las vidas personales se ven cruzadas por influencias inicialmente realistas y episódicamente realistas. En ambos campos tiene que sobrevivir como sujeto transicional y proyecto de novedades, de otro modo sucumbe al tedio de lo cotidiano inamovible y a la otra mentira de todo ideal posible. El idealismo de lo social se corresponde con el ideal del yo. Aquel choca con el realismo de una sociedad sin perspectiva de liberación y este con el yo austero y restricto de una personalidad limitada cuando no traumada.

 

El no ante los demás

Por JesRICART - 26 de Enero, 2009, 21:06, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

Los huéspedes del poder debe tener un resentimiento de venganza cotra la sociedad o a causa de su antipopularidad. ¿cómo explicar si no las declaracioes sorpresivas de un S.Berlusconi por lo que hace poner a u soldado armado custodiando a cada mujer italiana? La persistencia de figuras tan criticables en los puestos de gobierno, durante tanto tiempo invita a ua meditación más psicológica que política sobre la sociedad patológica. Cuando un grupo humano permite la perpetuación de un representante co un largo historial de manipulación del país y de enredos iternacionales (apoyo al ataque a Irak) y la ciudadania no aprende quitándoselo de en medio (no hace falta elimiarlo, de acuerdo con la famosa forma verbal que conjugan las mafias y de las que se hace eco las filmografías, sino escluirlo de la vida pública). Uo de los detalles más idignos de las castas de poder, es que los salarios oficiales (sin contemplar sus negocios y chanchullos) de sus profesionales se sigue cobrando en unas cuantias impresionantes después de su ejercicio ejecutivo. Sea quie sea el político de turno, y lo hagacomo lo haga, dedicarse a este oficio es entrar en el club de los ricos. Los excargos (exembajadores, expresidentes, exministros,…) siempre tienen la aureola dehijos insignes de la patria a los que el sistema quiere pagarles el ultimo centimo mientras vivan. Eso es una carga impresionante para el tesoro público. La sociedad lo sabe pero sigue pagando sus impuestos.

 

El servicio de espionaje del PP en el gobierno de la comunidad de Madrid financiado con dinero público, si llega a demostrarse co rotudidad  debería ser suficiente para borrar de la faz de los cargos públicos y de las arenas políticas tanto de la ciudad como del resto del país a este partido que tanta injuria viene profiriendo a lo largo de su historia. Lamentablemente sus seguidores incondicionales seguirá prefiriedo dar apoyo a la derecha por rancia, sin  que sea que arriesgarse con opciones más progresistas.

Los espacios de noticias se reparten las mas  ideológicamente mas efastas con las más graves en el capítulo de sucesos: edificios que se caen y matan a criaturas porque nadie pensó que vientos de mas de 150kms/hora no se darían nunca jamás y la estructura no estaba preparada para esa posibilidad. Una curiosidad observacional del mundo es que en los peores momentos sigue predominando mas dedicació atencional a los deportes y las desgracias espectaculares que a la discusión al sistema de vida en su conjunto. La desconfianza social lleva a un no ante los demás, pero no se puede vivir en sociedad con eso. La desconfiaza mútua, lo mismo que la violencia, entra en un proceso creciente de retroactividad de las partes. Cuanta más reserva y prevención ante  los demás menos implicación, adhesión o afecto.

Una sociedad es el resutlado también de lo que sus miembros va admitiendo, medida a medida, año a año. En España y en Europa se pagan más impuestos que en los USA. Es tal cantidad de dinero que recoge el estado por todas y cada una de las operaciones económcias que se hacen, que por mucho dinero que tenga que dar para hacer frente a catastrofes materiales, ayudas sociales o desequilibrios económicos no hacemás que devolver a la sociedad lo que le quitara antes. El mismo aparato de estado en España, país cosiderado la 8va potencia económica mundial,  implicado en la administración de recursos, necesita un automantenimiento considerable. unos 86mil concejales, casi 9mil alcaldes, 17 presidencias y 1600 parlamentarios  autonómicos, 350 diputados, 300 senadores, una casa real, doscietos parlamentarios en Estrasburgo y 20 ministerios. Solo en sueldos esto arroja una cifra impresionante. Si a eso se añaden los dineros que se llevan miltiares y funcioarios, el sentimiento de vergúenza ciudadana de perteencia a un paíscon tanto gasto público, es total.

Las administraciones en lugar de simplificarse tienden a aumentar con previsiones de más funcioariado. Este, además, se convierte en el más interesado en no movilizarse para cambiar de estatu quo salvo para conseguir mejores salarios y condiciones laborales.

La descrédito de la política (entiéndase de los titulares de la gestión pública), de la justicia (entiéndase, de sus adminsitradores), de la economía (entiéndase, de la banca, que cobra por todo incluido por documentos que te cuelan no solicitados), de los servicios (entiéndase, compañáis telefonicas y otras que no cumplen con los contratos) genera un panorama psico-social de reserva ante el otro.

Los ejemplos de transgresiones a la libertad so una constante diaria. Un juez de época, Garzón, sigue persiguiedo toda sospecha de formación de un partido abertzale desde la prohibición de HB. El sistema sigue sin entender que las ideas se vencen en la confrotación y no a golpe de decreto a pesar de que el nacionalismo,(todos, no solo el vasco, también el españolsita)es unas de las enfermedades ideologicas de la humaidad en su fase infantilista de desarrollo. ese magistrado no deja de ejemplificar los dedos coléricos de un sistema sociopolítico que cada vez interviene más en el cotrol de las conductas de los individuos. El gran debate de este milenio es, va a ser cada vez más, las opciones de injerecia del estado con los comportamietos ciudadanos. Los estados desde sus orígebes siempre lo hicieron. El tirarno era el unico dueño y señor de todos los súbditos. Nadie podia hacer nada sin su consentimiento, todos era sus siervos y estaban a merced de sus caprichos. El estado moderno que se quiso fundar en la razón y fue evokucioando a modelosdemocraticos debía maximade los idividuos para plenipotenciar sus creativiades. Se ha comprobado que la libertad ilimitada no es posible.La gente fuma (se mata y mata a los demás de paso) en lugares publicos donde ni tiene la menor consideración o se estrella en la redviaria con formas de conducir que no controla. Siu el individuo no se sabe automoderar, el estado iterviene en él imponiéndole la moderación. Ese criterio nunca tedria que haberse impuesto, pero cada vez se impondrá más: la negligencia de los individuos de un lado en no crecer lo justificarán por un lado y la misma esecia de estado que se erige y se estructura para el control societario lo explciarán por otro.

Todo ello está conectado con la indisposición al otro. Ante su presecia, su sugerencia, su propuesta, su argumento, la cabeza ladea antes el no que la mente haya tenido tiempo para considerar el tema detenidamente. ¿Vivimos en sociedad? Sí, es decir hay gente en la calle y en los espacios en los que cocurrimos. ¿La sociedad está preparada para un gran proyecto societario que vaya hacia la felicidad colectiva? ¡En modo alguno, cada cual va a la suya! La sociedad y sus miembros se pueden reinterpretar desde la óptica de los distintos grupos de negadoresque concurren para negar futuros plausibles o presentes alternativos.

Decir no es todo lo que nos queda ante la mentira y actuar en cosecuencia. Estar en el sí de bobos a todo no ayuda gran cosa al momento. Muchas ayudas pasan por el no que zarandean al solicitante limosnero más que menesteroso. Cambios de futuro pasan (deberian pasar) por el no a candidaturas partidistas cuyas promesas se puede prever que no van a (poder) cumplir.

Protección civil (otra forma de intervencion de estado pero esta aceptable) pone en alerta a la ciudadania ante ráfagas de viento y peligros posibles.

El no ante los demás, es la destilación detantas criticas analiticas a un mudo deplorable en el que son demasiados los implicados en el mal para pesar que es ua fatalidad preparada por minorías perversas.

La manifestación: la protesta ritualizada

Por Néstor Estebenz Nogal - 24 de Enero, 2009, 15:56, Categoría: ECOSdeSOCIEDAD

El último despliegue contestatario contra las malas artes israelíes ha arrojado  una racha de comentarios contrapuestos que hacen pensar que la unidad de las manis no es tan unívoca como parece. Una manifestación política no deja de ser un acto de palabra en el cual ésta queda pre-pactada (las consigas concretas que van a ser voceadas). Esto es asi para quelas negociaciones interpartidistas puedan surtir efecto. Las plataformas que surgen como coordinadoras  puntuales reactivas a coyunturas ya se fundamentan en unos cuantos postulados (no tantos) para facilitar la cohesión. Una vez decidido y organizado la concentración multitudinaria, en la que el itinerario es predecible, el aspecto resultante es el de todos a una con un sonoro no a la guerra o una oposición explicita a los ultrajes mas recientes que empañan la coyuntura. Colateralmente concurren otros eslóganes complementarios, pero también otros más que no tienen nada que ver con el asunto (Alá es grande). El acto suele terminar con la lectura de un manifiesto público. Desde hace algún tiempo se puso de moda que los encargados de estas lecturas fueran gente especialmente reconocida por su imagen dentro del campo de la farándula, o por personalidades con nombres prestigiosos. Ese no es un detalle banal. La manifestación  autorizada que se distingue, sobre todo, por su masividad y anonimato, concentra la expectación en una/s cabeza/s visibles reconocibles que por su arte y parte en la mediática tenga una imagen sin mácula.

Todo el proceso es una forma de concretar la libertad de expresión pero con recortes tales (a los que induce la misma negociación para el acuerdo unitario) que no permiten toda la expresión. Ciertamente en un acto multitudinario caben sub-actos en los que hay iniciativas e imaginería vertebrados en torno a la idea común, también otros que se descontrolan y llevan la radicalidad hasta los destrozos o la violencia. Lo interesante de la manifestación es que contra lo que se cree no deja de ser un acto teórico en el que la idea de una política internacional, de un mundo distinto o de una  noción de paz, en lugar de ser defendida en formas orales o escritas en otros círculos menores, se hace de una forma contundente y única tomando la calle por unas horas. Cada manifestación vive la ensoñación de su ¡basta ya!  Su inmediatismo recuerda el infantilismo del bebé que no le ha dado tiempo de aprender el ritmo de las cosas y entender la necesaria  demora en los procesos y cuando tiene hambre quiere inmediatamente la ingesta nutricia. Una multitud  tampoco ejerce todo su peso aunque se manifieste con la voz unitaria de parar una guerra o una invasión. Para los soldados o invasores eso son sólo murmullos de mosca mientras esos murmurantes no vayan directamente a pararles los pies. Un verso que lo pida no significa taponar cañones o reciclar como acero la artillería. Hay algo de la manifestación que moviliza para pedir lo que solo va a quedar como un gesto testimonial que es totalmente hipócrita. El rito permite la descarga catártica del malestar y de la necesidad de expresar una opinión en contra del estado de las cosas. La protesta se opone a una realidad tal como nos es vendida y, por supuesto sin ella, es probable que una buena parte de la ciudadanía siga en la inopia total pensando que todo está bien. La protesta, en sus distintas variantes, hace de indicador del submundo ideológico que hay en país. El viajero que recorre geografías nada más cruzar una frontera advierte el estado de la sociedad de fondo viendo los indicadores de protestas escritas en las paredes o en los actos públicos que denuncian circunstancias inaceptables.  En principio un país activo es el que su pueblo se preocupa por su destino y vigila las operaciones de su gobierno para que no le time. La protesta nace como legítimo derecho al recurso de la crítica libre. Los modelos democráticos son los que más la aceptan, aunque cuando determinados sectores (como los del funcionariado) se la plantean, a las autoridades no les gusta. Las manifestaciones sí, dicen, pero solo se las contempla como actos testimoniales no para recoger o reconsiderar sus reivindicaciones. Establecer la causa directa de una protesta para la conquista de algo: el cese de una violencia, la readmisión de despedidos, la libertad de detenidos, la paralización de unas obras antiecológicas o la rehabilitación de un solar como parque no siempre es tan fácil de establecer. Lo es más hipotetizándolo como causa indirecta. Lo que sí es más fácil de establecer es la conexión entre conquistas menores y acciones contundentes exigiéndolas (aumentos de salarios o mejoras urbanísticas determinadas). Cuanto más estructural sea un objetivo y más complejo por su entramado en el panorama internacional más difícil es demostrar que el movimiento social protestatario sea la única forma de conseguir resultados sociales. Al revés, cuanto más puntualista y materialista sea más fácil es de conseguirlos, pero se sabe bien la circularidad de las conquistas salariales que luego so absorbidas por los aumentos de precios. La protesta pública tiene una segunda discusión: la de que forma parte del espectáculo social. Tener un lugar donde ir a protestar, un dia y una hora, aceptando una coordinadora neutra no sospechosa de ideologismos ni partidismos no deja de ser una escusa para el paseo, para encontrarse con caras conocidas, para pulsar en directo la situación, para creerse incluso que así se cambia la historia y para descargar la conciencia conformista del quedarse en casa sin hacer nada. La frase se dice de corrido: ¿quedarse en casa implica no hacer nada?  Luego se escrutará cada detalle de la manifestación: quienes han ido y quienes no, quienes han cumplido con su deber solidario (se llegan a escuchar galimatías de contertulios que se preguntan si un conseller como Saura se puede o no permitir ir a una manifestación política y uno cambia de dial) y se hará un balance para la publicación inmediato acerca del éxito de asistencia, raramente el análisis de contenidos trascenderá a la resonancia mediática,

Retrocedamos en el sentido del concepto: manifestar es un verbo anterior a los actos públicos llamados manifestaciones. La lucha por las verdades es algo anterior y posteriores a las manifestaciones, más bien el acto manifestativo puntual no pasa de ser una fiesta de la forma, un lugar de altoparlantes del texto  estable, oral o escrito. Una opinión critica expresada en el ámbito privado o doméstico o en el mini-público, en un aula o una conferencia, no es mas critica por el hecho de ser compartida por millones de personas declamándola en la plaza del obelisco o en las coordenadas neurálgicas de cada ciudad.

Los ecos de las manifestaciones no paran de llegar a los receptores. No hay ningún sujeto por contestatario que sea que acuda a todas las convocatorias de protesta: unas sí, otras no, y a las que se va tampoco significa que se acepte todo lo que converge en ella. Por encima de la importancia puntual de la manifestación está la continuidad coherente en cada vida personal del objetivo conectado de aquella con la lucha por una vida feliz ganada día a día.

Tras el acto catártico de muchas manifestaciones, el cambio de resultados en el escenario internacional (tomemos el cese de la ofensiva contra Gaza, previsto desde el principio de ella) habrá quien ingenuamente creerá que ha sido su manifestación la que ha hecho cambiar el registro del combate. Habrá que preguntarle porque no se siguen convocando manifestaciones para el derrocamiento del nuevo muero de la vergüenza, el uso de armas prohibidas exigiendo sanciones internacionales por haberlo hecho o  por el fin de ventas de armas del gobierno español,  y por otros asuntos menos vistosos espectacularmente pero más revolucionarios.

Las guerras por luctuosas que sean no son los únicos escenarios criminales. La gente también muere porque se le caen muros encima por no aguantar ráfagas de viento pero también por estar mal construidos o no estar revisados, por ingerir productos en mal estado o por caerse de sus andamios e condiciones laborales estresantes.

La lucha política más importante no es la de la manifestación, tampoco las declaraciones y manifestaciones públicas de las autoridades sino la del dia a dia cualificando la vida en lo concreto, mejorando cada cual como persona.

 

El delito ecológico y el análisis de basuras

Por JesRICART - 24 de Enero, 2009, 15:55, Categoría: ECOSdeSOCIEDAD

El delito ecológico suena como algo muy gordo: grandes vertidos de tóxicos a afluentes de ríos, sobrecalentamiento del planeta por densificar la capa de co2, usos de productos nocivos para la salud y se tiende a exculpar lo que hace el ciudadano descuidado con los restos que deja a su paso. Cuando en una localidad, como st Sadurní de Noia, su gobierno local, de CiU, opta por sancionar a vecinos concretos con 90e  por no respetar las pautas de reciclaje  de basuras, el grupo opositor que por sigla se supondría que estaba más a la izquierda, los socialistas, afirman que esa medida es incorrecta porque se ha interferido e la privacía por analizar las basuras para averiguar los responsables que se deshicieron de ellos.

Curiosa actitud crítica esta que por proteger la privacidad está dispuesta a silenciar el crimen o el error, o las conductas equivocadas. Desde hace décadas se viene insistiendo en la importancia de la ecología y en la necesidad de reequilibrar el planeta tras muchos agravios recibidos. Es difícil que haya alguien que no sepa que no existen distintos tipos de contenedores para distintos reciclajes de basuras y que cívicamente está invitado a respetar la lógica de las separaciones de las basuras que produce. Si no lo hace no es porque no sepa que haya que hacerlo sino porque prioriza su falta de espacio, su falta de tiempo, su falta de deferencia, su falta de interés a las necesidades colectivas y a las decisiones adoptadas para cubrirlas.

El análisis de basuras y el análisis de restos es lo que arroja verdades no siempre consentidas por quienes las producen. Cuestionarlo como una injerencia en la privacidad de los demás es un criterio demencial. Por esta lógica el detective no podria nunca averiguar la autoría de un acto criminal. Está claro que mezclar papel con cristal, con plásticos y restos orgánicos es una conducta criticable y punible, basta que un ayuntamiento articule esta punición para que se le vengan los desprecios encima. ¿Que hay que esperar otras dos o 3 décadas para que la gente adopte nuevos hábitos? Nuestra civilización es un asco porque la gente “civilizada” no ha aprendido a vivir respetando su  entorno. La libertad  llega hasta este límite. La persona más libre pierde sus derechos y los respetos ajenos cuando por su parte no presenta los suyos. Haz la siguiente sencilla prueba de campo: Llega a cualquier ciudad, sal a la calle y pasea sin itinerario prefijado, déjate llevar por tus pasos, afina tu sistema perceptivo y libérate de toda idea preconcebida, toma nota de los atractivos y los disgustos de cada elemento espacial, acústico, olfativo, táctil o visual con los que te encuentres. Llévatelos e tu memoria y luego, de regreso a la habitación de tu hotel o donde sea, repásalos preguntándote la responsabilidad que está detrás de cada cosa. Hipótesis de la conclusión a la que llegarás: la mayoría de estímulos aversivos (ruidos de claxon, gases de tubos de escape, fachadas antiestéticas, paneles luminoso-estridentes, basuras en la calle, humo de tabaco, peleas, voceríos, escupitajos, banderas, eslóganes, titulares,…)tienen por autoría las manos y las conductas concretas de gente muy concreta, individuos como tú, que o tiene porque ser magnates maliciosos o grandes capitalistas ignorantes de los efectos deplorables producidas por su industria contra el medio ambiente. Estos individuos que vacían los ceniceros en la via publica, que conducen como bestias,  que rompen mobiliario o que no tienen estética en decorar los exteriores de sus casas (sí, ya se que son hechos substancialmente distintos) podrían arreglar mucho mas el mudo de lo que creen si llegan a la misma conclusión operativa que tú, -en el supuesto de que sea la tuya- no tener la responsabilidad personal de impactos contra la realidad compartida.

Cada vez que he vivido en una ciudad o en un distrito distinto o cada vez que visito una y estoy de paso me pregunto qué es lo qué me hace estar bien o estar mal del entorno. Inevitablemente y para mi propia desgracia teórica no puedo echar la culpa de los problemas con los que me encuentro al sistema en abstracto sino a la gente concreta que ocupa el espacio en la manera de ocuparlo.

Por muy privada que sea la vida de un vecino si no ha alcanzado el grado de cultura suficiente ¿a qué cuento viene respetarle preservándolo en el anonimato cuando por su cuenta no cumple con lso requisitos de la convivencia social? Si hay alguien que todavía ataca, por inconsciente que sea, a los intereses de la comunidad despreciando el gasto que se ha hecho en infraestructura para el reciclaje de basuras, no separando las suyas, de alguna manera habrá que advertírselo, educarlo, corregirlo, reconducirlo, reciclarlo a él mismo. Sé de mucha gente amable, estupenda, crítica social, anticapitalista, amorosa, cariñosa, divertida, elegante, lúcida, artística, sensible, preciosa, bonita y amiga que no tiene ni puñetera idea del impacto nefasto de su desidia por lo que hace a su pequeño delito ecológico diario de no hacer la separación metódica de basuras (que sumado, al cabo del año, se convierte en un gran delito ecológico). Uno de los indicadores de evolución de un país es la organización industrial de sus detritus para su reutilización posteriores por elementos diferenciados. Cuando un país no la tiene ni siquiera planificada, su visitante educado en esa otra cultura se siente perplejo. No sabe que hacer con las basuras que genera porque no hay lugares especificas para ellas. Muchos sitios en África son basurales en los que los humanos  y las ratas comparten el mismo espacio físico.

Es una suerte y privilegio de los países mas organizados que el sistema de basuras múltiples esté organizado. Para quien no se haya enterado y no lo use convenientemente no está de más reeducar aunque sea por la via punitiva a quien incumple conductas mínimas de funcionamiento social. El dinero recaudado no será para enriquecer las arcas del municipio sino para pagar los gastos generados por la lasitud de sus vecinos más irresponsables en este punto.

 

Desdeificados

Por JesRICART - 21 de Enero, 2009, 13:05, Categoría: DEBATE SOCIAL

desdeificados.Los hijos sin dios. Segunda parte.

En una segunda parte, los hijos sin dios que hubieran dedicado toda una vida al desenfreno de los pecadores (es decir al goce de sus cuerpos sin recortes presupuestarios para sus lujurias) tendrían un ultimo minuto de lucidez para la reconciliación con lo divino y entrar en el reino del paraíso por la puerta grande. Siempre me pareció, ya de niño no dispuesto a que le mintieran,  muy interesante este recurso de última hora para recibir la extremaunción. En comparación a otras religiones el catolicismo era un chollo, bastaba un acto de contrición para ganar la eternidad. Todo aquel que no había vivido una vida de votos y de esfuerzos podía alcanzarla, bastaba pedir perdón y besar la señal de la cruz. Una religión interesante desde el punto de vista más económico. Pero esto no cuadraba con la vida de los piadosos que iban para santos dedicando sus biografías sin mácula, a la oración y a la prédica.  En el fondo, el catolicismo no cree en esa mentira. No es el mismo hijo de dios el que cumple con los dictados de la iglesia que el que se separa de ellos. Despues de los años puedo decir que a pesar deser convenientemente manipulado por mis profesores y sacerdotes, olvidé todo aquello que me enseñaron en materia religiosa y en particular las cantinelas aprendidas de memoria.  No es un orgullo, es solo un indicador de autodesmemorización voluntaria. Los nazis mataron a algunos judíos poniéndolos a prueba haciéndoles recitar el padrenuestro u otra oración semejante, no saberlo significa quedarse sin el salvoconducto para seguir viviendo. Ahora que lo digo debería repasar aquellas oraciones de infancia y pubertad para el alzamiento de nuevos fascismos que nos sometan a esa clase de preguntas de examen. A lo que iba: para el orbe capitalista los hijos sin dios tendríamos siempre una oportunidad última para decir, todo aquello que repudié de la iglesia madre y aquello en lo que blasfemé me arrepiento. Quiero mi pase para el final de la aventura en mi tierra pudiendo entrar en el reino de los cielos. No creo que un moribundo esté más preocupado en lo que será de su alma tras su muerte sino en lo que será de si mismo y de lo que deja en la tierra tras ella. Morir es un asunto serio como para andar buscando curas ante los que arrepentirse. Además el dormitorio no está preparando para visitantes desconocidos. Lo menos que querría llevarme al otro mundo, es la imagen última de alguien, un absoluto desconocido pero profesionalizado en esas lides,  que venga a perdonarme por los errores que haya cometido en mi vida, que al ritmo que voy produciéndolos van a ser bastantes y con quien no me hubiera tratado nunca antes. Opino sinceramente que hay que ser muy fanático para ir consolando a los moribundos y a sus familiares en estos quehaceres. Por otra parte el profesional de la religión que lleva toda una vida predicando la vida eterna no puede ir con su crisis de fe de tal concepto, si ha madurado con ella, y traspasársela a un parroquiano en su última hora. Mira macho de todo esto nasti de plasti. Despues de muerto oscuridad total, a lo máximo flotación efímera por las coordenadas existenciales sin poder intervenir en nada del orbe material. El hijo sin dios no espera consuelo antela muerte. Tampoco lo esperó durante la vida. Le tocó aceptar lo que había en su transitoriedad y tuvo que sacrificar sus idealismos en aras a la lenta evolución del mundo de los vivos. Sus esfuerzos en aproximaciones místicas o en comprensiones del mundo  lo más que le proporcionaron fue correligionarios para diseñar otra clase de ritos. En el mejor de los casos pudo trabajar mental y conceptualmente en una noción distinta de dios, el dios de consumo a escala individual. La deificación unipersonal. Eso tendría que ver con el yo soy dios que los más atrevidos a competir con omnipotencias se han atrevido a decir. El silogismo es elemental: si todo es dios, luego entonces yo soy dios. Pero esa conclusión choca con ese empeño en poner a dios en el lugar del juez y de la entidad distante a cualesquiera otras conocidas.

La deificiación es una noción que parte de la existencia de un dios con los atributos de único y   ominipotencial del que  el sujeto deífico se ha desembarazado para extender la idea de la divinidad a los recursos  humanos potenciales. Los valores de bondad, comprensión, identificación, trascendencia,  tienen más que ver con la deificiación que la del dios todopoderoso que no tiene el menor reparo en castigar a los humanos por el hecho de hacer orgías y no ir a misa.  

Pero esa deificación alternativa, propia de los residentes de algo llamado como nueva era, pero con vocablos antiguos y formas parecidas, no resuelve gran cosa. Vivir una vida terrena preparandose para un registro no terreno y eterno es tanto como perderse el ahora y el aqui de unas cuantas décadas a cambio de una hipótesis del mañana en el más allá para una eternidad de la que no se sabe nada.  Para dilucidar eso deberiamos cuestionar la misma idea de eternidad. Si todo tiene sus límites por qué ¿el tiempo no va a tenerlos? Si se calculan cifras bárbaras como la duración del cosmos o el fin de las estrellas ¿por qué suponer que las almas van a ser eternas?

 Ese deseo de permanecer en la estela espiritual entraría en contradicción con las previsiones de finitud del cosmos. Muy bien, el cosmos desaparece y las almas sin necesidad de reencarnarse  o volver por repetido al universo de la sensorialidad se pasarías los milenios por los milenios en el gozo continuo de la comprensión permanente de todo. Eso escapa a la comprensión de una mente racional pero no dudo que es una interesante idea que puede  seguir alistando a  fanáticos tras ella. ¿qué prefieres ser un muerto para siempre o vivir en una eternidad interminable sin nada qué hacer, porque no hay retos, ni superaciones, ni posibilidad de orgasmar o de comer o de pasear o de hacer el amor?. Si eres todo ,estás en todas partes, lo conoces todo, lo sabes todo. Dime ¿qué pinta un alma tranquila en todo esto? El paraíso de existir sería el lugar donde las almas llegarían para suicidarse por no tener razones para hacer nada en tal lugar.

Quedémonos en algo más de nuestra latitud, más simple y más practico como criterio de vida: deificación sí, como un entreno a la budeidad, como una auto-organización a las condiciones de existencialidad material a las que estás sujetado, incluyendo las intelectuales y las espirituales. No tenemos porque renunciar al registro espiritual pero no tenemos el menor derecho a convertirlo en un pretexto para creer en un trascendentalismo  de obligatoriedad eternal que supondria una condicion de perpetuidad mucho peor a la condición de transitoriedad dentro de cuerpos mortales.

Los  sujetos desdeificados ni siquiera necesitan/necesitamos pasar por la experiencia de los santones o en creernos que somos elegidos para algún camino místico en especial. (Espero que por decir eso, el dios que me tenga a su cargo no me obligue a llevar una vida de alma errante posándome como una libélula de planeta en planeta sin encontrar la luz), basta reconocer las evidenciasf ísicas que existen. La gran teoria de la iluminación espiritual (en otras palabras, el conocimiento absoluto) se basa en una observación simple. El punto de luz es lo que atrae cualquier forma de vida a muchas millas a la redonda. Basta observarlo en una noche de verano con una farola encendida en la calle o en una  habitación con una vela ardiendo. A veces, ese poderoso atractivo de la luz lleva a que los insectos que vuelven a su alfrededor se achicharren. Puede ser un buen consejo para las almas postmortem buscando el paraíso: cuidado no os zambulleís en el destello de la primera antorcha que encontréis.

La ética personal ante un mundo no-ético

Por JesRICART - 21 de Enero, 2009, 13:00, Categoría: DEBATE SOCIAL

Mundo es una expresión abstracta que admite su concreción en el cómputo  de las conductas que lo componen. Su falta de ética como uno de los ejes universales es notoria. Todos los códigos nacionales e internacionales no la garantizan aunque persigan y castiguen lo antisocial y se presente como una instancia referencial superior. Ante una falta de ética general no queda disculpada la falta de ética personal. El futuro de aquella ética si lo hay pasa por el refuerzo de la ética personal desde la base de cada persona.

La revolución kantiana en ese campo consiste en su noción de la autonomía personal, el enfoque según el cual no se puede aceptar como base última del comportamiento la orden de una autoridad, por elevada que ésta sea. El enfrentamiento  ante cualquier orden de autoridad delega en la responsabilidad individual seguirla o hacer caso omiso, aceptarla o contradecirla, reconocerla o negarla. En definitiva cada orden recibida, cada idea, cada mensaje, cada instrucción tiene que pasar por la criba individual de si es o no moral, si es o no legítima, si es o no aceptable. La responsabilidad de los actos sigue siendo individual aunque los condicionantes que empujen a ellos sean colectivos. Solo encuentra un atenuante, el impedimento físico que impida la rebelión a la orden injusta. De Kant se hace eco Popper que lleva audazmente este criterio al campo de la religión. Advierte de antemano que sus palabras puedan espantar  y afirma que “todo hombre crea su dios”. Siendo cualquiera de las formas en que tal entidad es manifestada y traducida para la explicación creativa de los fenómenos, es cada individuo quien tiene que juzgar si creer en ese producto diseñado y si le está permitido o no adorarlo de acuerdo con su conciencia.

Extiende el conflicto entre el individuo y la autoridad a lo humano y lo divino.[1]. La ética personal lleva a una continua batalla contra los conceptos ajenos que no tienen ninguna ética. No se puede seguir una vida ética sin entrar en colisión con el mundo que se habita. En los debates sobre ella he quedado tocado por el siguiente cuadro: el de sujetos que creen ser éticos solo porque se dedican a hablar de la ética. La ética es una actitud ante la vida y antes los demás, una manera de pensar, ser e interpretar, una forma de relación equilibrada con las diferencias y con lo ajeno y una adaptación al medio no haciendo de ningún enunciado un principio sectario. Hasta ahora las religiones que se habían propuesto como grades morales no han surtido efecto por lo que hace a generar un nuevo tipo de persona humana, o mejor dicho una verdadera persona humana. Comparte países y culturas diluidas en sus ritos y seguimientos y cumpliendo funciones exculpatorias o garantistas por lo que hace a eternidades.

La religión es el vehículo de la fe en algo que siente y no puede demostrar. Eso es común tanto a las religiones animistas primitivas como a las complejas modernas religiones. Mantiene una actitud de adhesión acrítica y convierte una hipótesis en una certeza. Eso no es lo más relevante sino que consigue hacerlo sin exigir modificaciones de comportamientos. El credo o la oración no cambian a la persona en su relación civil con los demás. Conocí a una burócrata de una embajada mauritana que tenia puesta música religiosa pero maltrataba en las formas verbales a los ciudadanos que tenían que acudir a hacer gestiones en su despacho.

La ética personal pasa por tomar distancia de las conductas terribles no dejando contaminarse por ellas reproduciéndolas. Supuestamente la ética deja a salvo al sujeto ético no mezclándose con la gente no-ética, pero eso  no es tan fácil la inevitable mezcla con el mundo significa bregar continuamente con lo impuro, No es tan sencillo mantener una vida coherente en medio de contextos de alta incoherencia. La predominancia de errores empuja a un cierto mimetismo o cuando menos a una cierta autodisculpa cuando son cometidos aunque haya sido involuntariamente. Las personas más religiosas no son en principio las más garantistas de conductas impecables. Durante algunos siglos la historia humana estuvo confundida con respecto al valor de la moral y de las amenazas de perder el goce de la vida eterna si no se cumplían unos determinadas requisitos. Se decía que la moral era lo que impedía la comisión de culpas.  La moral simple genera la moral compuesta (la doble moral) en la que una parte de la vida oculta los errores imperdonables de la otra parte. Dota de una ideología precisa para vivir o soportar una sociedad defectuosa, muy problemática, de la que se es cómplice.

La ética personal nace al margen y en contra de la moral dominante constituida que es tanto como decir de la ideología presente. La eticidad es un proceso de cualificación que no pasa por un decálogo preciso o unas cuantas ideas en formato dogmático sino por un encuentro del sujeto con sus verdades de vida que le permitan ser individuos legítimos desmarcándose de los disgustos ajenos y además le permitan vivir sin hacer daño a nadie en ningún concepto. Lo primero es más sencillo que lo segundo. La lucha por defender el propio marco de libertad lleva en ocasiones a pelearse contra los agresores. Es difícil pelearse con alguien sin hacerse daño mutuamente. Si la moral ha tenido esa imagen engañosa no lo tiene menos un virtuosismo espirituoso de la new age del tipo light (todo el mundo es bueno, om).  Hay otro registro de purificación y sintonía mística mas conectado con la tierra y con las necesidades reales. El sentido de la espiritualidad del cuerpo ocurre cuando se pierde el control: en el orgasmo, en las danzas sufíes o en las prácticas zen. Es el momento de la plenitud. Debe haber otros, o  más precisamente, corrijo, he de decir que he experimentado otros como durante la creación artística, la elevación poética, y el sentimiento holista de pertenencia al todo. Ética y espiritualidad son dos campos distintos que no se correlación con la moral y la religión que nos habían sido entregados o enseñados como tándem. Lowen define el amor como el verdadero sentimiento espiritual.

Sin examinar sus nefastas consecuencias en su impacto cultural y en el subdesarrollo de los países en los que está extendido, el animismo, comparado a las religiones monoteístas, es definido como la doctrina que considera el alma como principio vital para la existencia y su presencia en todas las cosas. En ese punto tiene más valor para el pensamiento y el reconocimiento de la pluralidad que las religiones institucionales.

La falta de ética contemporánea, su correlato con el imperio de la deshonestidad, no significa dejar de tener la propia. La discusión es si es posible una ética universal o tan solo un planeta humano con éticas personales mutuamente compatibles. No diré que la idea de ética universal no sea seducible pero tiene demasiado eco de los códigos unitarios, los mandamientos únicos. Mientras los expertos intentan llegar a una conclusión sobre su posibilidad (mucho más el plan para crear la convención mundial que la subscriba) los no tan expertos en diplomacias, burocracias ni jurídicas pero vigilantes de aquel proceso en el supuesto que se diera algún dia, que de momento no es el caso, podemos seguir dedicando el tiempo a la continua cualificación personal y al progreso ético persona a persona. Eso no es proselitismo. Los elementos del juego están dados para todos, la cancha también, es cosa de cada cual actuar éticamente o no los bailes y mejunjes colectivos. Eso diserta el traslado al yo como uno, la resolución de las cosas y no al ellos como responsables, la resolución de las de todos, desbancando este como parámetro principal. 

 

 

 

 

 

 

El ruido verbal

Por JesRICART - 21 de Enero, 2009, 12:59, Categoría: COMUNICACIÓN

La contaminación acústica constituye un verdadero dolor de cabeza. Quien tiene la mala suerte de tener un local nocturno en su edificio o vivir en una calle de ajetreos festivos, concentracionarios de litronas y otros noctámbulos que necesitan del ruido como acto de autoafirmación cabe acompañarlo en el sentimiento. Los vecinos se defienden contra los ruidos no buscados con cubos de agua, habrá quien lo hace con escupitajos otros líquidos infames. Cuando se empezó a hablar de contaminación por ruido se pensaba automáticamente en industrias pesadas y desconsideradas. Una larga historia de regulaciones y normativas fue controlándolas, pero la cosa no terminaba ahí: uno de los ruidos más insoportables de la vida diaria es el de los automóviles y sus bocinas. Detrás de cada acto ruidoso hay un ser humano que lo produce. El problema ya no es de las grandes máquinas sino de los pequeños individuos que sumados en forma de masa pueden producir situaciones insoportables. Más que murmullo lo que se escucha de una sala llena de gente hablando o gritándose, es una especie de run-run en el que no se entiende nada.  Hay otra variedad más sutil del ruido verbal que es el de la palabra tranquilla pero no por eso aceptable. La gente cuando se encuentra habla, habla por todo y por cada cosa, no puede estar callada. La propiedad de hablar es que pone e evidencia al hablante. En muchas ocasiones puedes pensar ante tu hablante ¿por qué no te callaras de una vez? ante una hemorragia de sílabas sin ton ni son. El ruido verbal forma parte de los ecos urbanos. Basta salir a una calle concurrida para tenerlo como telón de fondo. La mayor parte de frases con las que te cruzas acústicamente no tienen el menor interés. Muchas de estas mismas frases te las encuentras portadas por tu interlocutor con el que tienes una cita o porque forma parte de tu ámbito personal. Por deferencia lo atiendes aunque no te interese lo que dice  lo más mínimo. En mi condición de sujeto reservado poco dedicado al hablar he tenido tiempo de observar las mil y una formas de habla, también las formas de escucha. Según la sensibilidad específica de cada cual se pueden vivir experiencias curiosas en los dos registros: hablando por sospechar que no se entiende o no interesa lo que se dice, y escuchando por perder un tiempo valioso en sandeces. La gente necesita hablar porque así le parece estar más viva. En el acto de habla hay una auto confirmación del yo en activo. El hablante se distingue por sus actos de habla pero no todos los actos de habla se distinguen por la inteligencia si bien sí son actos de significado. La mal llamada sociedad multicomunicada inunda de prosas de todo tipo todos los ámbitos con tal extensión y profusión de incongruencias que o es extraño que algunas filosofías se distingan por abogar a favor del silencio.

Sin llegar a la patología del verborrágico compulsivo hay un tipo de agentes verbales que utilizan cualquier pretexto para hablar sobre lo que sea sin que venga a cuento o tenga un interés verdadero para lo que se está hablando en el momento o para lo que se está preguntando. Una recepción crítica y precisa de lo que se escucha puede llegar a conclusiones alarmantes que si se atreve a decirlas en voz alta in situ incorpora un elemento de fricción considerable: mira de todo lo que más has dicho solo me interesa la parte que hace referencia a la cuestión equis. Es tanto como decir:  todo lo demás podías haberlo callado y os habríamos evitado el gasto de la media hora que has empleado.  En general,  a toda la parafernalia que se añade sin tener sentido ni justificación para el momento dado, se le puede llamar ruido verbal. Las frases puede ser ocurrentes y algunas referencias mencionadas de paso tener un interés secundario pero por lo demás son superfluas. Una buena parte de producciones verbales son superfluas y por añadidura estériles, lo que explica que sigan produciéndose es que justifican una actuación. Esto no solo se da en el ámbito de la oralidad sino también en otras conductas humanas: desplazamientos físicos innecesarios, actuaciones desajustadas con las demandas situacionales o producciones gráficas desmesuradas para el objetivo expresivo planteado. Con respecto a esto último  no deja de ser curioso que quien practique el ruido verbal consumiendo preciosos tiempos con peroratas que se pueden evitar e infos duplicadas se queje por la extensividad expresiva gráfica. Al revés quienes nos quejamos del ruido verbal nos resarcimos con textos en los que exponer, desarrollar y en definitiva decir lo que el espacio acústico no le permite entrar. Cuanto mas he ido participando en los actos de habla menos sentido le encuentro a una buena parte de ellos. Hay gente que necesita hablar de una forma pulsional porque en ello empeña su dictum, su ordeno-y-mando sutil, su rol directivo.

La tesis de todo el asunto es la confirmación entre ruido verbal y  primitivismo. Por lo general no quien habla más sabe más sino más bien lo contrario. Su habla, es un acto escénico que remite a la necesidad de ser escuchado, de tener público o ya –en la degradación de ese rol- de ser obedecido.

Volviendo a la comparativa de la contaminación acústica más desagradable, la de los vecinos que no son respetuosos exagerando con su ruido, el ruido verbal en actos de habla ordinarios no contemplan las pautas de respeto. Una vez traté a una individuo compulsivo-verbal que era capaz de despertar a sus compañeros de piso para irles a soltar sus confidencias. Recogí esa experiencia en Pat y Jim: diálogos convivenciales donde el protagonista masculino seguía con su trabajo con tapones en los oídos mientras la protagonista patológica seguía con su perorata aunque no la escuchara. Una de las cosas peores que se le puede hacer a una persona es no escucharla pero a su vez la no-escucha forma parte del recurso natural a la autodefensa cuando no hay otra posibilidad de escapada.

Afortunadamente para los hablantes, la gama de discursos es tal que es prácticamente infinita. El hablante ávido de público con suficiente adaptación podrá hablar de lo que sea incluyendo el tema de la autocritica por ser un hablante abusivo con tal de seguir hablando. Hay culturas más dadas a la meditación o al silencio y menos necesitadas de las estridencias orales. Cuando  es detectado alguien que habla por hablar sin ajustar su expresión a un decir y a unos significantes lo mejor que se puede hacer es reducirlo para no cosumir tiempo personal propio. Esto pasa por los silencios y las exclusiones. La forma más educada de excluir a otro que produce ruido verbal es autoexcluyéndose del campo acústico al que llega su voz. Eso no quiere decir negar la comunicación sino oponerse a esa forma verbal de protagonismos que en realidad tampoco quieren hacerla. Hay países en los que se habla más y se dice menos comparativamente a otros. Mejor no señalar. Cuando pregunto algo a alguien y para contestarla necesita contarme su vida o bien me la cuenta igualmente sin tampoco contestar a la pregunta procuro no elegirlo para otra pregunta una próxima vez y me pongo a salvo para no repetir el mismo tiempo muerto. Es como uno de esos chistes malos que por muchas veces que te lo cuenten nunca lo recuerdas para reproducirlo.

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