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El acto testimonial

Por JesRICART - 13 de Diciembre, 2008, 2:28, Categoría: DEBATE SOCIAL

El acto testimonial ¿por qué?¿Para qué?

Llegué a la conclusión de que todo lo que se puede hacer por el mundo, por sus reparaciones, por los demás,  es dejar el acto testimonial de una protesta. Desistí, como tantos otros, de las proclamas de la lucha y las convocatorias colectivas a la protesta. Dejé de concebir el futuro como una cita con unas coordenadas socio-históricas extraordinarias en que una revolución partera alumbrara una nueva realidad. Dejé el proselitismo. Abandoné toda tarea militante de tipo partidista. Dejé de meterme en las confrontaciones verbales que no llevaban a nada. Claudiqué. Me desafilié de toda bandera y no pensé en términos de un proyecto organizativo de vanguardia con el que hacer algo por el país o por  los congéneres. A partir de esos presupuestos vi como se desencadenaron curiosos avatares intelectuales en mi pensamiento. Dejé de pertenecer a mi época y a mi realidad concreta. Tomé distancia de todo. En cierta manera pasé a ser huésped de una torre de marfil sin necesidad de implicarme en las coyunturas del día a día. Me dijeron que estaba por encima de todo pero nadie me dije que pasara de las cosas. Lo que sí hice fue no morder los anzuelos de lso consumos de los dimes-diretes de la llamada actualidad. Teoricé una tesis brutal y fantástica: la actualidad es la manera con que permanentemente se sabotea el conocimiento de la historia. Sin ese conocer que es el que da una visión de proceso la conciencia siempre queda pospuesta, en su ligar se tienen decires prestados que comentar, noticias de última hora de las que hablar, posicionamientos a favor o en contra de tal o cual estímulo o novedad menores.

Desde entonces decidí que la única participación a la que no estaba dispuesto a renunciar era el de comunicar el propio pensamiento, testificar del mundo que había visto, no para que lo cambiaran los vecinos de lado, si no para que futuras generaciones tuvieran alguna pista porque las generaciones actuales no fuimos capaces de dejar algo mejor.

El acto testimonial se iba a concretar en un encadenamiento de intervenciones precisas no dejar pasar nada relevante que fuera denunciable. El testimonialismo no era menos militante que el activismo de una etapa anterior. Al contrario, la decisión de testificar –fundamentalmente en forma de textos a difundir- requeriría más  abnegación y horas personales  que todo lo que había hecho antes. El problema del testigo es que sus testimonios le recortan la realidad.  Con el análisis por montera el mundo y sus cosas no tenía tanto que desentrañar.  Despues de unos cuantos años de dedicarme a eso fui advirtiendo que cada análisis puede ser tergiversado, cada verdad contraatacada con una mentira, cada posición crítica ridiculizada, cada  discusión amenaza con presiones legales si sale de su reducto. La lucha teórica no era, no es ni puede ser, una lucha solo contra el estado o contra contubernios de poder organizados en contra de la sociedad entera. La lucha teórica es una lucha contra la sociedad misma. Eso convierte al analista que no deja de ser objetivo en un bicho extraño para los tiempos que corren, en alguien que puede ser peligroso tan pronto extienda sus análisis a los trapos sucios de lo que sea. Al igual que el debate, que no admite alianzas, la lucha teórica no puede defender una posición u otro a conveniencia de un postor como el viejo sofismo. Cuenta con muchos recursos documentados pero no puede subscribir verdades perennes ni en otros autores ni en los propios trabajos.

El problema del teórico es un problema de comprensión. Se le pide que concrete o que explique a lo que quiere llegar cuando tal vez no lo sepa ni el mismo autor. La diferencia entre la lucha teórica y el periodismo es que este explica –generalmente con titulares desproporcionados- anécdotas de esa actualidad mientras que aquella presenta una elaboración en proceso, que comparte, si puede, pues, sin terminar. A diferencia también de la política que siempre pide conclusiones al final de reuniones la lucha teórica no se compromete a darlas. La cita con la elaboración en el estado en el que esté puede o no proporcionarlas. La lucha teórica testimonia el estado de las cosas, de las relaciones, del saber, de las posiciones de los unos y de los otros, del estado de la nación, de los enfrentamientos. Su objetivo no es llevar a la propuesta magistral o la conclusión irrefutable, sino justamente lo contrario, desenmascarar las proposiciones que se disfrazan de tal magistralidad y desautorizar las conclusiones equivocadas. La lucha teórica es titánica y popperiana y sigue su curso testimoniando los déficits de comprensión, la crisis de intelectualidad, la cultura única, proporcionando elementos para el disenso en lugar de caer en la  trampa del consenso total que seria tanto decir como la mentalidad uniformada.

Esa lucha teórica es una nueva clase de militancia muy superior a la panfletaria y a la de las manis de protesta, y a las reuniones interminables de célula y a los congresos partidistas y a las polémicas en las cámaras parlamentarias ante los oídos sordos de las otras facciones. Esa lucha teórica  implica profundamente la estructura del pensamiento que para ser noble no puede apostar por una ideología como solución a los males sociales sino que le toca estar en permanente revisión de todas. No todo el mundo entra en la abstracción discursiva y tan pronto detecta la falta de anecdotario se retira para ir a las proveedurías de las noticias fáciles para consumo amplio. Al mundo se le hace divertido acosando y acusando a unos y a otros o reportando detalles de los demás. A la horade la detención de no sé quien se informa que se meó en los pantalones. Y de esto se hace un titular. Y los lectores aprenden con esa noticia y la reproducen. Eso sí que es estar al dia de la actualidad. El periodismo que había nacido como instrumento de información y de comunicación no está tan demostrado que cumpla ni la primera ni la segunda función. Vehicula datos, eso sí, con los que cada cual puede hacer lo que complazca. Hay un periodismo selecto heroico y admirable (Sopena como uno de sus representantes carismáticos) pero que no deja de morder los anzuelos de la realidad superada por otra filosofía que se puede ir de viaje (evadiéndose sin el menor sonrojo) de los problemas de los mortales. La filosofía sabe que no hay ningún mal que cien años dure o si bien los dura, la defunción anterior de sus víctimas lo desabsolutizan. No, no es que crea que haya que pasar por alto las injusticias diarias, el cretinismo en alza, las declaraciones infortunadas como la de no sé quien que dice que está por la autoridad y la  cultura del esfuerzo y en contra de la permisividad sesentera. Esas frases lapidarias siempre me llaman la atención. En Lógica se estudia el y  y el o en la unión de predicados, con su simbología de v invertida para la y copulativa y una forma de u para la  disyuntiva. Pues bien el análisis de declaraciones sometidas a lógica simple pone de relieve que las copulativas unen cosas difíciles de juntar y las disyuntivas desjuntan a otras que son coherentes. La declarante olvida que los sesenteros se alzaron contra el autoritarismo que no la autoridad (pero la autoridad no es el de la maestra dando bofetadas sino la del didacta enseñando la autoridad de unos conceptos sobre otros). Por lo que hace a la cultura del esfuerzo, no sabía que el mayo francés la hubiera negado ni en sus escritos o famosas pintadas ni en sus actitudes reivindicativas. Europa es la que es porque los europeos tienen muy interiorizada la dialéctica entre esfuerzo y resultados. África es la que es porque los africanos no tienen nada asumida esa dialéctica.

Los actos testimoniales no significa que lleguen siempre y si llegan que se reciban bien. Es una lucha a fondo perdido con no pocos desalientos y sin resultados a la vista. Tenemos la suerte de haber heredado literatura y saber acumulada a lo largo de los siglos de autorías formidables que dejaron de creer en el género humano pero siguieron publicando o trabajando para mejorar su aspecto en algunas cosas. No creo que este siglo pueda hacer mucho más de lo que se hizo ya en el pasado con respecto a testificar las contradicciones sociales que mantienen al mundo metido entre tantas miserias e injurias  y resolverlas. Las revoluciones habían sido la idea insurreccional para acabar con formas parasitarias de vida, pero ya no se puede pensar así. Todo lo que nos queda es denunciar cada acto éticamente reprobable, también cada concepto teórico que anime al sabotaje ético pero la evolución es una cosa que depende de cada cual. Cuanto más sepa una persona del mundo y quiera actuar en consecuencia no agravándolo mejor será este mundo. Cuanto más lo sufrague en sus crímenes peor será. El futuro es una simple ecuación matemática que depende del registro de esos dos componentes.

A la larga los actos testimoniales se queman. No sirve de nada predicar en los desiertos, salvo a quien predica que al menos muere finalmente de sed pero convencido que hizo lo mejor que pudo lo que temía que hacer. En el por qué testimonialista  hay la propia razón de ser del contributor a la teoría. Pero cuando finalmente se cansa porque cree haberlo dicho todo se puede llevar la sorpresa que toda su denuncia, análisis, o construcción teórica no paso de ser su propio teatro ante la vida, para soportarla hasta el final. Despues de muchas incomprensiones al teórico todo lo que queda es una cierta cantidad de textos que deja como legado pero no la fotografía de un mundo del que pueda sentirse orgulloso.

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