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La doble discusión sobre la libertad.

Por Rotsen Znebetse Lagon - 11 de Diciembre, 2008, 7:32, Categoría: DEBATE SOCIAL

Por un lado la libertad impedida hace a los humanos en sujetos deficitarios no pudiendo aspirar jamás a la plenipotencia de su capacidad. De otro, la libertad dada acelera un despliegue de expresiones que van en contra de la dignidad o pueden afectar a la sensibilidad y, pero aún, contra la libertad de otros.  Ambos factores son las coordenadas del laberinto periodístico y en general de todo acto de la palabra. ¿Hasta dónde llevar el decir sin caer en la chabacanería, la falta de respeto o la escena grotesca del ataque verbal? Eterno y complicado tema sobre los límites de la libertad. Eso nos enfrenta a un complejo panorama que emplaza a mantener un doble discurso: el de la lucha por la libertad como lo crucial para el futuro, la justicia, la circulación de informaciones y el acceso de libre uso al conocimiento, y el de la lucha contra los protagonismos abusivos de esos márgenes de libertad que van en contra de su misma vocación. El antiguo eslogan de libertad para todos nunca fue tan extremista que llegara a decir libertad para todo (sin s final de palabra). Hay acciones humanas, justamente todas aquellas que van contra la libertad que no pueden ser autorizadas a que sean libres. Sabemos distinguirlas rápida y perfectamente. La gran cuestión es cómo hacerlo, quien debe hacerlo y con qué criterios se distingue lo decible de lo no decible. En el peor de los casos los cabezas huecas (me refiero a los neonazis) y  los escenarios-espía de intimidades ajenas vapuleadas públicamente, sin olvidar platós de aspaventosos atropellándose mutuamente en el habla, es mucho  mejor que esta misma gente militando en ejércitos para imponer, via razzia, sus ideas. Los usos de la libertad ponen en evidencia lo que entiende cada cual por ese concepto. Y ciertamente son deplorable las formas lingüísticas que se usan desde la prepotencia, el agravio y en definitiva la continua producción de discurso lesivo con la que se carga y recargan lso dictums de las llamadas culturas. Tengo la experiencia de no haber podido soportar debates televisados por esa falta de educación en los contertulios. No me extraña que se prefiera (yo también lo haría) una entrevista sosegada en profundidad (tercer grado y formatos equivalentes) con presentadores o entrevistadores/as especializados de programas  que no participaciones en jaulas de grillos en las que nadie va escuchar y todos van a imponerse con el mayor tiempo chupando cámara y diciendo lo suyo.

Son pocos los espacios comunitarios de habla donde no haya presiones en formas habladas en contra del otro, ensañándose con la vulnerabilidad ajena. He visto la capciosidad en los sitios más cultos y selectos. Desde la academia a los barriobajeros en el habla coexisten toda clase de formas suministradas por las factorías de palurdos, malintencionados y falsarios. Esas son categorías reconocidos. Todo el mundo habla de ellas. Hay dos problemas en el ejercicio de la libertad, desde el uso compaginado y respetuoso: uno que para no herir a nadie se tiene que mantener el discurso en una generalidad tal que no supera el abc metodológico del tema, dos que al señalar las piedras tiradas pero no las manos que las tiran es una forma auto coercitiva de la propia expresión.

Recuerdo la primera experiencia en un foro de política española, un distrito en Telépolis.com colonizada por opiniones sobre todo derechistas, para abreviar. Se solía hablar –quienes de eso hablaban- de Paracuellos y de Santiago Carrillo como  supuesto asesino. Algunas aportaciones eran monotemáticas pero  pluriobsesivas. Algunos de los nicks repetían docenas o cientos de veces su misma entrada (un exabrupto, un insulto, una grafía inconexa) para ocupar espacio y sabotear artículos echándolos bastante  muy abajo para que la barra desplazadora tarda en llegar hasta ellos. Ese foro no tenía previsto esos usos (¿de la libertad?). Lo mejor que recuerdo de este foro y todo lo que pude aprender de él, despues de insertar bastantes artículos, era el de un tipo paciente de ideología ácrata que paraba siempre los golpes de los neonazis diciéndoles: prefiero la democracia de concederte la palabra aunque me insultes que no la realidad de enfrentarnos a tiros. Bueno era esa la idea, aunque la frase me la acabo de ingeniar para ilustrar la anécdota. Un tiempo después entré en ese foro y no quedaba ni rastro de los miles de entradas que se habían hecho. Todo fue a alguna clase de alcantarilla digital. Me pareció razonable esa supresión. Es como si invitaras al patio de tu casa al vecindario a celebrar su asamblea diaria para tratar reivindicaciones y en lugar de tener una actitud asamblearia y responsable se la pasara gritándose e insultándose hasta altas horas de la noche si llegar a ninguna conclusión e impidiéndote dormir. El anfitrión más ducho terminaría por no renovar su invitación.

Pero el gran dilema es ¿a  quien dar cobijo en su discurso y a quien no dárselo?  Hay dos marejadas de fondo distintas: una no aceptar las palabras ajenas por una actitud despectiva, agresiva y destructiva y otra no aceptarlas porque forman parte de un discurso disidente que no comparte el anfitrión.

La experiencia en ese foro de Telépolis me sirvió para varias cosas. Comprendí que no se puede estar perdiendo preciosos cuartos de hora mordiendo anzuelos y deshacer entuertos con uno y con otro confundiendo espirálicas e interminables conversaciones con el debate. En segundo lugar que el debate no tiene porque ser reactivo ni lineal sino que las diferencias se pueden llevar a un plano conceptual sin necesidad de personalizar siempre con quien las tienes. Y tercero, que no toda gramática encadenada despierta el interés de la lectura. Es asi que se puede participar en foros sin leer todo lo que en ellos se escribe y seleccionando  a quienes de cuyas contribuciones se pueda aprender.

El estado actual de este debate sobre las dos libertades, la buena y la mala, para tontear con simplificaciones, no puede ser resuelto. Estamos condenados a tener que soportar continuos ataques al buen gusto en aras a la libertad permitida y no existe una ética consensuada o unos criterios estables configurados en forma de filtro ético que diga quien lo pasa y quien no. Existen códigos que reglamentan el uso de la palabra, esto sí, pero no existen los que regulan el pensamiento ni van a existir nunca, salvo –según la futurología- en alguna sociedad de androides servoautomatistas, aunque tengo mis dudas con respecto a si será mucho pero que la nuestra.

Sin embargo, la manipulación de la palabra con fines seductivos sí puede hacer suponer que pueden existir esos filtros universalmente consensuados. Craso error, sería una especie de linchamiento en un flash psicológico común de un colectivo contra el individuo que piensa de manera distinta o se aparta de las inercias de los demás. La libertad de expresión nunca va a ser del agrado de todo el mundo como tampoco lo es la lluvia u otras expresiones atmosféricas. Lo que a un público gusta a otro disgusta. Hasta donde llevarla, permitirla y auto permitírnosla acompañará las discusiones y comentarios de las próximas décadas. Mejor esto, que no deja de  ser un indicador de salud pública, que no estar todavía en la primera tesitura de reenvidar la libertad básica para poder decir lo que se piensa. El fenómeno encontrado ahora es que abierto el cerco para que todo el mundo se exprese, lo que había a expresar tampoco se hacer con la fluidez civilizada que habíamos esperado. Ese cerco abierto y el uso intenso de la libertad demuestran la existencia de una vasta sintomatología que exhibe neurosis y paranoias por muchos años enclaustradas. Qué cada cual se exprese y manifieste como sienta, crea o piense y por lso medios de expresion que sea (tal como rezan las constituciones) siempre y cuando no insulte, agreda o haga daño intencional a nadie con sus opiniones o proclamas (tal como sugiere el sentido común). Pero ahí donde alguien propone una opinión disidente otra persona podrá sentirse emocionalmente lastimada.

Los adultos como los niños piden gratificantes que les unan al grupo o que les ayuden a localizar el suyo. Así como el bebé encuentra en el registro simpático de la risa una fuente para el fortalecimiento de la relación mutua con el adulto, éste sigue esperado en la producción artística y el posicionamiento humorístico la reactualización de esos lazos (el humorista es el único critico al que se le permite su oficio siempre que sus productos puedan ser tolerados por aquellos de quienes se ríe a su costa, las mismas ideas aceptadas en un humor corrosivo no lo serán expresados en un artículo serio y documentado).Charles Darwin. Ya sugirió que la risa ayuda  al fortalecimiento de lazos entre padres e hijos. El bebé que ríe excitado de placer por las cosquillas, gratifica a sus adultos y eso les conecta emocionalmente. Tal unión supone una mayor seguridad  para la supervivencia de la criatura[1]. Selección Natural como centro de su teoría, siendo secundario la idea lamarckiana de los caracteres adquiridos. Teólogo naturalista. Crítico de la clasificación en el método científico. Utilizó la confluencia inductiva y tuvo en cuenta los embriones como registradores de especies. El origen de las especies (1859) marcó el hito que da paso al nacimiento de la biología moderna. No tenemos un libro semejante que marque el hito que de paso a una nueva literatura de la tolerancia  y más que esto de la sinergia. Esa literatura de la sinergia deberá esperar todavía algún tiempo para manifestarse con fuerza y ser reconocida.

 

 

 



[1] (RojasMarcos,L.El país semanal).

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