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El Debate y sus aliados

Por JesúsRICART - 8 de Diciembre, 2008, 16:47, Categoría: DEBATE SOCIAL

 

Del debate social sobre las sociopatías del sistema capitalista debería haberse derivado la construcción de una teoría clarividente tras las que cerraran las filas las gentes lúcidas de nuestra época para generar otra alternativa existencial o al menos un modelo de sociedad  mejor.  Ese debate (no uno en concreto sino el conjunto de ellos) no solo no gestó una gran directiva o alternativa teórica sino que fue dando lugar a las formas divagativas para la elusión  u oclusión de las verdades. La política, que era definida como el arte de lo posible, también fue mostrando ser el arte de la diletancia, de la demora, de la evitación, de la inconcreción, del enredo, de la falsedad y del enfrentamiento interideológico permanentemente irresoluto. Desde el punto de vista de  su casta ejercitándola consta(ba)n pequeños avances, mociones, leyes, reglamentacines, modificaciones de áreas determinadas. Desde el punto de vista del grueso de la ciudadanía, colocada en la posición receptora y observadora desapasionada de las actividades de aquella, la sentimentalidad dominante pasaría a ser la de la frustración dominane algo que se rastrea en todos los países y latitudes, salvo coyunturas esperanzistas muy puntuales. Cambian muchos pequeños detalles para no cambiar el fondo de la historia. El debate público es agotador tanto por lo que hace a seguirlo como escuchas como por lo que hace a participar como protagonistas. No es porque sí que la discusión política en muchas partes esté mal vista e incluso no sea considerada protocolariamente aceptada en según qué ámbitos.

Metodológicamente el debate es la base formativa de las conciencias. A la conciecia social  no se accede por instantaneidad o como recibo de un don de lucidez,sino tras el esfuerzo de lareflexión y la confrontación con otras reflexiones. Eso es debate. Tenerlo circunscrito únicamente en cosas externas al uno, sin implica la subjetvidad de la acción polemista es otra cosa. Debate es discusión, es análisis y argumentación, por tanto crítica. El debate no deja a nadie en la neutralidad y en su desarrollo no solo evidencia las incoherencias, también descubre los intereses para secundarlas.

Cuando alguien se pasa de la ralla en un debate da la imagen de polemista irreductible pero también termina por ser señalado como polémico. Una persona que no calla no es aceptable en todo momento y lugar dada su condición de no sumisión. El debate significa desentrañar errores y lo que se considera como tal desde criterios que desmenuzan las posiciones que sean. No se puede señalar el error sin responsabilizar a su gente. No se puede recoger la piedra del suelo que ha destrozado el cristal de tu ventana o tu cráneo sin preguntarte quien la ha tirado y por qué.

El debate, con todo su elogio metodológico, no tiene una aceptación tan popular. Los lugares de la palabra seria para llevarla hasta su último desenlace ni son tantos ni están tan concurridos. Evidentemente cada enmarcamiento o tipo de encuentro predecide ya los protocolos verbales, los temas recomendados, su profundidad o su relajación.  El debate es discutir  todo lo conexo a un tema dado. Después de 60 minutos de hacer esto por distintos motivos el abandonismo intelectual se va produciendo. Hay quien reconoce no tener más capacidad atencional después de una hora de conversación. Toca reconocer la evidencia de ese límite también. Es completamente razonable que se aguanta más atención en conversaciones menos significativas cargadas de componentes fáciles que no en las significativas con datos difíciles de comprender y argumentos difíciles de asimilar.

La cultura no propicia el debate, ni siquiera los licenciados alcanzan su licenciatura habiendo practicado en clase durante varios años de universidad demasiados ejercicios de polémica por no decir ni uno solo. La invitación al debate queda como una fórmula hueca o puramente formal. Raramente se instrumenta hacerlo. La organización funcional de cualquier tiempo de institución o empresa o centro de estudios se basa en un encadenamiento de funciones no en su permanente cuestionamiento que es lo que arrojaría el debate. El debate dentro del espacio de coloquio tras una conferencia es lo que puede enriquecer lo que ésta ha aportado. En una unidad didáctica, el espacio dedicado a la reflexión de la materia dada, es lo que más permitiría comprenderla, en lugar de limitarla a tomarla como la versión buena o la única versión. En la asamblea reivindicativa, el debate que fuera más allá del punto economicista, motivo del encuentro, es el que permitiría avanzar en conciencia. El debate es la palabra clave para darle la vuelta a las cosas y comprenderlas en toda su magnitud. Eso incluye revisar las propias posiciones y las de las colegas. El aliado del debate es el que admite desbancar a su socio teórico como aliado posible. Participar en algunos desde posiciones de alianza previas de subgrupos que decidan qué presentar al grupo general puede generar connivencias que vayan en contra del mismo análisis o de las verdades que se pretenden.

En definitiva, polemizar es polemizar desde posiciones argumentadas no desde pactos acordados de buena vecindad. (yo no  te discutiré esto si tú no me discutes lo otro). Eso lleva a observar una cierta incompatibilidad entre el debate íntegro y las necesidades políticas de cada momento que reconduce la discusión a coyunturas más apropiadas. Ese criterio hace de la política y del debate riguroso dos términos en fricción cuando no incompatibles. El político que plantea la polémica permanente e el doble sentido de revisar el país y la coyuntura en la que se vive pero también el partido y la institución en la que se está se convierte en un tipo polémico y un tanto indeseable para los demás. ES posible que eso también suceda de igual modo en otros campos más etéreos: el de la poesía, el del arte y la literatura, el de la filosofía incluso. Es prácticamente imposible hacer un debate, del tipo que sea, en términos que no tengan concreciones prácticas y por tato sin personalización, a no ser que se mantenga en su permanente dilución abstracta.

Debate significa contribución a la disertividad. Eso lleva tiempo. La cultura pauta unos tiempos implícitos o explícitos para dedicarlos a la cosa intelectual. Las limitaciones mentales e intelectivas no permiten grandes proezas. Es así que el didacta se da por contento si en una hora consigue explicar un par de conceptos y el estudiante queda satisfecho  si consigue entenderlos.  También hay quien no abandona un libro hasta terminarlo o no se pone dormir hasta muy avanzada la madrugada despues de hacerlo. Hay quien no sale a comer (conozco al menos una persona: yo) hasta no terminar lo asignado como cuota de trabajo creativo de la mañana.

En la macro estructura representacional del saber, la de los grandes eventos de la investigación, los protocolos formales de los debates y sus formas aliadas, tácitas incluso, han llevado a sesgos considerables, incluso por lo que hace a porcentajes muy desiguales de los segmentos que participan en estos. Con Good.Mary L.(Venture Capital Investors) química dedicada a estudiar las tendencias imperantes en la investigación científica en su país, desde posiciones independientes y desde la administración, se puede señalar la discriminación atencional por lo que hace a las aportaciones de saber. Presentación en la AAAS (Asoc.Americana para el Avance de la Ciencia).Solo ha habido una decena de mujeres galardonadas con premios nobel frente a 300 hombres y de las 10 la mitad lo han sido por trabajos en química y biología.

El mundo se está perdiendo considerables contribuciones al debate, y por extensión a la ciencia y a la reculturización de los pueblos, haciendo caso omiso a otros discursos no oficiales, extraoficiales o anti oficiales. El debate es un principio metodológico que está fuera, y por su misma dinámica en contra, de las conveniencias políticas que pautan lo que investigar y lo que poder decir en cada momento. El mejor aliado del debate es el polemista dispuesto a aceptar verdades sin por ello caer en las bajas emociones de los odios y las rivalidades de las cuales ni siquiera  las castas mas preparadas para la lucha teórica están siempre expuestas.

Los antagonismos conceptuales suelen generar disonancias éticas  que pueden derivar a enfrentamientos personales en los que predomina la visceralidad y el dolor sentimental más que el raciocinio y la objetividad. El modo en que los sujetos enfrentados resuelven esto no es el de recolocar unas premisas de trabajo en concordia sino el de la auto o heteroexclusión. Solo que al eliminar el agente que trae una polémica no se elimina la causa que la produjera. Todavía se confunde al polemista con la polémica en sí, a quien vehicula una crítica con el causante que crea lo criticado, quien conciencia algo con la responsabilidad de que exista ese algo.

Estrictamente los aliados que tiene el debate quedan descalificados para ser aliados entre sí. El debate pide una sola incondicionalidad: la devoción al método discursivo, eso desintoniza inmediatamente con quien deja de seguirlo. Entrar en sesiones polémicas permite aprender mucho de los demás. Cuanto más se escucha más se aprende, cuanto más se habla  sabiendo lo que se dice también, al medir las reacciones que producen o no producen las tesis aportadas.  

La falta de debate en multitud de ámbitos es lo que propicia que las acciones de poder se hagan detrás de lo asumido colectivamente. Claro que otras dinámicas de debate puede hacerse interminables sin llegar a ningún consenso. El uso de la palabra también pasa por otros registros de juego y de perversión en los que se pretende deliberadamente que no sirva para concienciar  algo.

 

 

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