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Invitación a la Desprivatización

Por JesRICART - 7 de Diciembre, 2008, 23:23, Categoría: COMUNICACIÓN

De todo lo que tenemos lo más celoso es la privacía personal. La sentimentalidad y las verdades íntimas pertenecen al universo escondido de cada cual. Es lo más intocable. De eso hacemos fiesta con quien nos apetece y cruzada contra quien sea que nos quiera irritar  los cataplines en los asuntos más queridos. Es así que la privacía es un marchamo que no se negocía. Cada cual tiene muy claro los límites de su transparencia y la el arco de proyección de sus verdades. Esto, que forma parte de la personalidad y de la estructura de pensamiento de cada cual. tiene su correlato con algo que ya existe en la estructura económica de los países: la propiedad privada.

Esta ha venido siendo objetada históricamente pero no tanto como aquella otra clase de privacía. No tenerla significa(ría) no tener derecho a los secretos lo cual es una imposibilidad biográfica porque nadie vive su vida sin tenerlos. La discusión no es tanto ésta como hasta que punto se puede minimizar la cantidad de ellos.

Cuando se habla, teoriza, defiende y lucha por un mundo ideal no puedo por menos que preguntarme si la persona que te diluvia ese discurso estaría dispuesta al valor de la transparencia o al menos a maximizarlo como conducta ordinaria en su propia vida. Lo peor del capitalismo no es que la sociedad esté escindida entre la miseria y la riqueza, o que la gente se mate por territorios o por fuentes de recursos, lo peor es que sus habitantes, sino en su totalidad, en su inmensa mayoría, terminan contaminados por la cultura del odio, por la psicología del miedo, y la ideología de la privatización que incluye el escondite del uno mismo, Nunca sabes totalmente si el otro es quien es o dice ser,  ya que nadie suelta demasiado de sus verdades. Comparativamente es peor la  privacía sentimental, según la cual todo el mundo calla sus sentimientos, que la propiedad  patrimonial privada. Ambas están conectadas claro está, pero así como se le concede gran importancia al hecho de las grandes fortunas acumuladas en unas pocas manos, o a los propietarios más ricos del planeta (algo que es una consecuencia lógica y perfectamente legal dentro del sistema de lucro) se le quita importancia o apenas es considerado el secretismo privacionista en el que vivimos. Está tan naturalizado que se respetan los secretos, aunque su divulgación pasaran a alumbrar más la conciencia ciudadana.

El esfuerzo analítico por comprender las cosas, las coyunturas, las complejidades económicas, el gran mundo de los otros, pasa irrevocablemente por desprivatizar información. Los análisis de verdad no se limitan a tener en cuenta las informaciones publicadas si no también las no publicadas. De no hacerlo, los análisis terminarían por ser tan superficiales como las informaciones restringidas que se publican. Bueno, de hecho la diferencia entre un reportaje superficial de un análisis es la investigación mayor que éste ha hecho.

Algo que se aplica en cuestiones de interés social común se puede reflexionar a hacerlo en las de ámbito privado. No hace falta escribir una carta a un presidente o un cargo público de un país o una comunidad para poderla dar al mismo tiempo como articulo divulgativo de una reflexión o una demanda. También caben otras modalidades de proyección sin que tengan tanta aparatosidad. No hace falta que la parte escritora de una carta tenga por nombre un nombre conocido ni quela parte destinataria sea la de un gran político o una figura insigne de la coyuntura o de la etapa de un país para que el contenido de un texto sea importante y pueda darse a conocer a terceras miradas. Es conocida la estrategia divulgativa  de escribir textos públicos (cartas o artículos) dirigidas a personalidades famosas. ¿Dónde está el problema si se traslada ese criterio al campo personal proponiendo su desprivatización? Significa chocar contra el peso de la cultura en la que están muy trabados los límites del decir y a quienes decírselo. Todo ejercicio de desprivatización ha de contar con reacciones sulfúricas cuando no con amenazas. Existe una verdadera pandemia del escondrijo. La gente oculta sus pasados biográficos o pide encarecidamente que no sean revelados. Todo lo que A confidencia a B no puede saberlo C aunque le competa. La demanda de confidencialidad por una parte va en contra de la necesidad informativa objetiva de otra. Lo que a la privatividad compete es lo que la misma elaboración teórica se plantea: ¿hasta dónde llevar el discurso analítico y la extensión informativa de las cosas? en qué plataformas divulgarlo? Todavía no he encontrado la persona que comparta conmigo una corresponsalía recíproca de decires y debates y que acepte su comunicación publica paralelamente al sostenimiento de la construcción de la relación privada. La propuesta es abierta. En realidad no es una idea tan nueva. De alguna manera ya se ha venido experimentando (y haciendo espectáculo de consumo con ello) con gente dispuesta a hacer convivencias que sean filmadas se produzca lo que se produzca, De otra parte el exhibicionismo de la intimidad con las producciones pornográficas hace tiempo que funciona sin que se le caiga los anillos a nadie. También hay quien tiene su vida privada colgada en su web no sol como relato o como fotos sino con una web permanentemente emitiendo toda su vida de interior. Mientras las partes implicadas estén de acuerdo no hay nada que oponer.

Toda la ansiedad que pueda mover la propuesta de la desprivatización de la información (en todo momento hay que suponer que se habla de sentimentalidad, opiniones, análisis e informaciones de carácter personal pero de interés comunitario no por razones de curiosidad sino de saber teórico) no incluye dar pins o números de cuenta bancaria (¡bastantes riesgos se corren al dárselos a las empresas de servicios para que facturen los gastos!) o bajo que ladrillo de tu casa guardas la pasta. Todos esos datos, salvo a los cacos, no interesan a nadie. La desprivatización de las informaciones celosamente guardadas por las personas está muy discutida por la cultura del ultraindividualismo. Los primeros en oponerse a toda divulgación son los más inmediatamente implicados: familiares, amigos, compañeros, socios, y cada ex dentro de estas categorías. Lo mas importante del habla y del heterogéneo campo del lenguaje escrito es sus registros simbólicos, por tanto sus significantes, más que quien dijo qué o estuvo donde o si dijo aquello pretendió decir lo otro. Por tanto toda confidencialidad extensiva a lo público de esa tan temida desprivatización informativa no es tan grave si los implicados se toman la vida como juego, como reconstrucción creativa y como fuente de inspiraciones mutuas. De Jürgen Habermas, a pesar de conocerlo desde el principio de mis lecturas políticas y filosóficas, no ha sido hasta finales de los 90 que volví a retomarlo y hasta le propuse  a un director  académico, hacer con sus materiales, una tesis doctoral sobre el tema del plus simbólico en los actos comunicativos. En aquel momento todavía no había captado la totalidad de los problemas que son derivados de la comunicación cuando las valoraciones y las informaciones generan reactancias de odio y de malestar, ambos estados emocionales generalmente estériles en quienes los padecen, cerrando todo tipo de conexión relacional. El ser humano sigue fracasando a escala internacional en esta operación de cese de todo contacto cuando el otro deja de tomárselo como compañero sinérgico para verlo únicamente como antagonista y como nulidad. Generalmente quien maneja estos absolutos para la descalificación de lo ajeno suele tener una mentalidad absolutista bajo una ideología de cobertura.

El concepto de desprivatización es mucho más anterior al planteamiento de hacer un espacio de correo público o un  site donde depositar historias personales en curso de irse dando. La novelística y la historiografía ya se ha venido ocupando de desprivatizar lo que era competencia de situaciones muy personales y cerradas, solo que reconvirtiendo los materiales con suficientes disfraces. De no haber habido gente dispuesta a hablar de otra gente a pesar de esta y con o sin su permiso jamás habría avanzado la literatura pero tampoco el análisis de la realidad. Gracias a eso prácticamente antes de la adolescencia pude leer de Georg Holmstein autor de la Reina de Saba, una introducción al misterioso oriente. Una de las primeras narraciones que leí en mi pubertad. El libro lo conservé durante muchos años mientras sus páginas se amarilleaban y el carácter de su vieja edición lo hacían impresentable. En cuanto a su contenido excitó de alguna manera mis primeras imágenes sensuales. Lo que viene entregado como unidades de cultura han pasado por un tipo u otro de desprivatización. ¿La investigación no es acaso de revelar las leyes de aquello que hasta que no son descubiertas pertenecían a la privacía de lo oculto?

Así como en las aulas universitarias continua siendo necesario insistir en la invitación al debate, en los espacios de Transculturalidad, la de la invitación a la transparencia y la desprivatización de materiales colegiables que puedan tener interés públicos, podrá permitir desempolvar los pliego de cartas de los armarios o permitir transcribir correos personales en espacios socializados. ¿Que hubiera sido de la historia literaria de las letras amorosas, sin la publicación de confidencias y poesías que inicialmente solo tenían por destinataria a una sola persona?

 



[1] http://sussanamaraselva.unblog.fr/2008/12/08/invitacion-a-la-desprivatizacion/

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